Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto. La historia es de El Reino.

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Día 17: Noroke (japonés) y Nunchi (coreano)

"Hablar con cariño sobre tu persona amada" y "El arte sutil, y a menudo desapercibido, de escuchar y medir el estado de ánimo de otra persona"

Sasuke cometió el error de mirar la galería de observación que daba al quirófano. Fue solo una mirada, pero duro el tiempo suficiente para reconocer su largo cabello y sus ojos blancos. Muy poco tiempo para registrar la identidad de esa persona. Echó otro vistazo y se dio cuenta de que no era Hinata.

No pudo articular por qué supo en un segundo que la mujer no era Hinata. La curva de su mejilla, tal vez. El brillo de su cabello. La postura. ¿Quién lo sabía?

—¿Dónde tienes la cabeza? —murmuró Tsunade tras su máscara.

Sasuke sonrió y volvió a centrarse en el paciente, sedado y abierto frente a él.

—Aquí mismo. Por favor, ¿puedes darme...?

Shizune comenzó a entregarle la herramienta adecuada.

—Gracias.

No se le ocurrió nada más. No cuando Tsunade lo interrogaba mientras hacía su mejor, más limpio y refinado trabajo. Este era su paciente y su cirugía. Nunca se perdonaría a sí mismo si no hiciera todo lo posible por la persona que estaba en la mesa.

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Sasuke se quitó la gorra de operaciones y suspiró. Su larga cabellera se deslizó por el cuello hasta el inicio de su espalda. Ya se había despojado de su bata, los cubre zapatos, los guantes y su protector facial. Estaba tan limpio como podía estarlo sin una ducha.

Subió las escaleras hacia la galería de observación con los muslos cansados de estar de pie. La mujer Hyūga esperaba en la cima, con el uniforme Chunin, erguida y orgullosa.

Se enfrentaba a él con tanta confianza. Como si ella se alzara sobre él y no al revés. Eso le hizo sonreír.

Esta persona definitivamente no era Hinata. Hinata nunca usaría tanta bravuconería.

—¿Cómo conseguiste autorización para subir aquí? —preguntó Sasuke una vez que estuvo lo suficientemente cerca.

La chica lo ignoró.

—Hinata se ha estado preguntando por qué no has ido a verla. Todos te hemos estado buscando, pero Sakura dijo que estabas aquí.

La alarma lo atravesó y enderezó su columna vertebral antes encorvada por el cansancio.

—¿Ella está bien? —preguntó Sasuke.

La chica lo miró como si hubiera dicho algo muy estúpido.

—Nosotros también tenemos médicos.

Resopló y se cruzó de brazos.

—Ustedes los Hyūga, siempre juzgan sin razón.

Ella se rio.

—Lo hacemos, ¿verdad? No pasa nada. Solo he venido a ver si tenía que darte una patada en el trasero o si debía decirle a Hinata que todo está bien.

Sasuke miró a la kunoichi. Era bajita, sí, pero eso no significaba que no pudiera ser letal. Prefería no pelear con alguien estando tan cansado de la cirugía.

—¿Qué has decidido? —preguntó con recelo.

—Le diré a Hinata que estabas ocupado con el entrenamiento. Ella lo entenderá. Esto es importante.

Los ojos de Sasuke se entrecerraron.

—Actúas como si no hubiera visto a Hinata desde hace mucho tiempo. La vi el otro día.

La chica sonrió con satisfacción.

—Oh. Sakura tenía razón. Pierdes la noción del tiempo cuando entrenas. ¿Qué día es hoy?

—¿Es una pregunta capciosa?

Ella no lo hizo esperar.

—Han pasado tres meses desde la última vez que la viste.

Su respuesta fue inmediata.

—Estás mintiendo.

La chica señaló el reloj de la pared, que también mostraba la fecha.

Sasuke hizo la cuenta mental y luego jadeó.

—No.

Ella se carcajeó.

—¿Está enfadada conmigo? Oh, mierda. Yo estaría enfadado conmigo.

—No —puso los ojos en blanco—. A Hinata le encanta autocastigarse. Piensa que estás enfadado con ella.

Sasuke se pasó una mano por el desordenado cabello.

—Tengo que disculparme—lo dijo más para sí mismo.

—No te molestes. Solo tienes que ir en el Festival de los Fundadores y ese puede ser tu castigo. ¿Sabes? ¿El que se celebra todos los años? Durante el mismo día.

Él puso los ojos en blanco.

—Yo sé cuándo es.

—Es dentro de tres días.

Sasuke volvió a hacer la cuenta mental.

—¡Mierda!

—Eres gracioso —se rio la chica—. Me agradas. Toma, ten esto. Mi hermana mayor ha vuelto a hornear por el estrés. Si me presento al servicio fuera de horario, me van a penalizar. No cometeré ese cliché.

Tomo una bolsa de mano del suelo y la empujó hacia él. Sasuke miró la tela rosa decorada con un dibujo de fresa en forma de corazón. Frunció el ceño.

—Tómala —ella canturreó mientras la agitaba frente a él—. Tómala, tómala, tómala.

Apretó los labios con gesto adusto.

—Si lo hago, ¿contará como parte de mi castigo por ignorar accidentalmente a Hinata?

—Claro —ella sonrió—. Pero tienes que volver a casa caminando. Y despacio.

De mala gana, él aceptó la bolsa.

—Tres días —repitió ella—. No lo olvides.

—No lo haré —asintió con seriedad. Señaló con la cabeza hacia el quirófano—. Mi entrenamiento no será tan agitado después de esa prueba.

Se encogió de hombros.

—Le pasaré el mensaje. Me tengo que ir. Nos vemos.

Sasuke asintió mientras ella pasaba junto a él y bajaba las escaleras. Cuando se le ocurrió algo.

—Espera. ¿Quién eres tú?

La chica volvió a reírse mientras avanzaba por el pasillo y no contestó.

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Una vez en su casa, Sasuke inspeccionó cuidadosamente la bolsa y su contenido. Reconoció un par de golosinas, galletas y magdalenas envueltas en papel de cera de abeja. Había mochi, un par de bollos dulces y algo que parecían dos galletas diminutas con algún tipo de relleno.

Era amarillo. ¿Limón?

Quizá no fuese tan dulce. Tomo una y con la punta de la lengua tocó cuidadosamente el relleno del centro. No fue asaltado inmediatamente por el azúcar.

Le dio un mordisco. Su rostro se frunció como si realmente hubiera mordido un limón. La dulzura asaltó sus papilas gustativas. Le dolían los dientes. Tragando, se dirigió a la cocina a por un vaso de agua.

Su familia podía comer esto.

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Sasuke se presentó en la casa de sus padres con los dulces a cuestas. Aunque en una bolsa diferente.

Su madre, como siempre, lo recibió en la puerta. Ella vio su carga inmediatamente.

—¡Oh! ¿Qué es eso?

Se quitó los zapatos, se puso las zapatillas de andar en casa y levantó las golosinas. Su mirada se dirigió a la habitación donde podía sentir el chakra de su padre.

—Hinata —dijo con los dientes apretados.

Mikoto se encendió como una hoguera. Prácticamente irradiaba alegría.

—Oh —susurró y le guiñó un ojo.

Sasuke puso los ojos en blanco y dejó que ella le quitara los dulces.

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A la hora del postre, en lugar fruta, Mikoto sacó una bandeja con las golosinas de Hinata. Sasuke le dio crédito a su madre. La forma en que lo dispuso todo hizo que pareciera casi profesional.

—¿Qué es esto? —preguntó Fugaku con suspicacia.

—Mi amiga me ha dado unos postres —dijo Mikoto alegremente, dejándolos en la mesa.

—Ah, ¿la de la panadería? —Izumi mintió suavemente.

Su madre debió de decirle a Izumi de dónde provenían.

Mikoto le guiñó un ojo a Izumi desde detrás de la cabeza de Fugaku antes de saltar a su asiento. Itachi miró con codicia la bandeja, pero magnánimamente dejó que Izumi eligiera primero. Fugaku tomo una magdalena.

Le dio un mordisco y todos lo observaron con atención. Murmuró y todos se echaron hacia atrás en sus sillas, aliviados.

—¿Qué es esto? —preguntó, señalando los frutos secos triturados en la parte superior de su magdalena—. ¿Pecanas? Me gustan.

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Naoko Ichigo