Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto. La historia es de El Reino.
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Día 21: Sillage (francés)
"La estela del perfume de alguien; el rastro que el aroma de alguien dejo en una habitación utilizada antes que tú"
Cuando por fin tuvieron que separarse, ella se puso de pie de tal manera que bloqueó la visión del resto del grupo mientras retrocedían hacia una esquina ligeramente oscura. Ella levantó la palma de la mano, besó el interior de la misma y luego juntó su mano con la suya. Él pudo sentir la huella del brillo labial en su piel. Sasuke trató de entrelazar los dedos de ella entre los suyos. Pero no se lo permitió. En su lugar, ella recorrió lenta y suavemente su antebrazo con las puntas de los dedos, dejando piel de gallina a su paso, sin llegar arrugar la tela de su manga.
Se detuvo en su codo, antes de pasar suavemente el pulgar hacia adelante y hacia atrás sobre la sensible piel de ese lugar.
Todo el tiempo mantuvo el contacto visual. Las mejillas rojas y la respiración agitada delataban sus nervios. La tensión de su mandíbula le decía lo decidida que estaba.
Usando su otra manga para ocultar su mano, clavó las uñas en su muslo. Apretó los dientes para evitar soltar un gemido. Su sangre había sido sustituida por miel, que fluía lentamente por sus venas, hipersensibilizado su piel y calentándolo desde dentro hacia fuera. Los latidos de su corazón aumentaron, como si tuviera que trabajar más para mantenerlo erguido.
¿Cómo había hecho eso?
¿Qué demonios le estaba haciendo? ¿Por qué se sentía tan bien?
—Me iré mañana —comentó ella, sin dejar de verlo a los ojos. Él no podía apartar la mirada—. Volveré en una semana. No me ignores de nuevo.
Su mano libre temblaba. Realmente quería que ella dejara de tocarlo. Pero a la vez, no quería que ella dejara de tocarlo.
—Lo siento —soltó—. He terminado con esa fase de entrenamiento. No te olvidaré.
Su rostro se iluminó, la intensidad de su mirada dio paso al orgullo.
—¡Ah, claro! Felicidades, cirujano Uchiha.
La uña del pulgar de ella le arañó ligeramente la piel. Se le apagó el cerebro a tal punto que ni siquiera fue capaz de decirle que solo estaba cualificado para realizar cirugías simples y que le tomaría años terminar de aprender todas las cosas necesarias para ser un verdadero cirujano. ¿Cómo iba a explicarle eso cuando estaba apretando tanto la mandíbula para no babear?
Podría haber llorado.
—Tú… ¿Aprendiste a hacer esto? ¿Cómo kunoichi? —preguntó desesperadamente.
Los dedos de Hinata subieron aún más por su brazo, antes de bajar hasta la muñeca. Sasuke hizo lo posible por no estremecerse.
—No —dijo ella. Su sonrisa se volvió tímida—. Es algo que siempre he querido probarlo.
El Uchiha miró al cielo.
—¿Se te ocurrió esto por tu cuenta? —se quejó.
—Es mi despedida.
Finalmente lo dejó ir. Antes de que ella pudiera dar un paso atrás, él tomó su mano. Todo su cuerpo se sentía hipersensible.
—Hinata —su voz estaba cargada de emoción—. Ten cuidado en tu misión.
Sintiéndose mezquino y emocionado, y varias cosas más, mantuvo su oscura mirada en la de ella mientras levantaba la palma de la mano hacia su rostro. Le dio un largo y prolongado beso en el lugar donde su brillo labial aún brillaba ante la escasa luz.
Vio cómo los ojos de ella se abrían enormemente y se le cortaba la respiración.
Él sonrió. Lo justo es lo justo. La soltó y la vio marcharse.
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—¿Qué tal te fue con tus amigos? —preguntó Itachi en voz baja mientras un grupo de primos Uchiha regresaba al distrito.
Los hombres y los niños siguieron a las mujeres y a las niñas, divirtiéndose y contando sus hazañas.
—Bien —Sasuke se rascó la mejilla, pero se detuvo cuando olió algo dulce.
Se detuvo y trató de olfatear subrepticiamente su mano. Su columna vertebral se estremeció cuando se dio cuenta de que era el brillo para labios seco. Se mordió el labio inferior y después deslizó su lengua sobre ese lugar.
Tenía un sabor dulce.
Sasuke se detuvo, en medio del camino de tierra que llevaba a su casa y se dobló hacia delante, apoyando las manos en las rodillas. Se rio, pero también quiso llorar.
¿Cómo pudo acusar a Hinata de utilizar tácticas infantiles con él cuando ella le había demostrado ampliamente que estaba equivocado? Especialmente cuando una muestra de su brillo para labios fue suficiente para que él pensara en lamerle el brillo de los labios.
La verdad es que quería lamerla toda.
Sus compañeros de clan se detuvieron y lo miraron incómodamente.
—¿Qué le pasa? —preguntó un niño, agarrando la mano de Shisui.
—Eh... —dijo Shisui. Luego deslizó su mano para cubrir los ojos del niño—. Ha bebido mucho jugo para adultos. Vamos a casa.
El grupo se alejó para alcanzar a las mujeres, que no se habían detenido.
Itachi se quedó y levantó una ceja cuando Sasuke se enderezó.
—¿Tienes algo que decirme? —preguntó Itachi secamente.
Sasuke suspiró y echó la cabeza hacia atrás, cubriéndose el rostro con las manos. Cada respiración le recordaba a Hinata.
—Hermano mayor —se quejó—. Estoy enamorado.
Itachi se rio y palmeó el hombro de Sasuke. Empujó suavemente a su hermano hacia delante.
—Me alegro de que por fin lo hayas admitido.
Sasuke gimió avergonzado.
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Finalmente, en su casa, mientras el amanecer se asomaba en el horizonte, Sasuke desenredó su obi. Un paquete de papel blanco cayó al suelo.
Sasuke lo tomo. Oh. Lo había olvidado. Acercando la bolsita a su nariz, percibió un olor a lavanda y vetiver. Olía como el cabello de Hinata, lo sintió cuando se inclinó hacia ella y apretó su cuerpo contra el suyo.
—Ese maldito perro —se rio con pesar—. Lo sabe.
Sasuke se consideraba una persona de gatos. Pero podría hacer una excepción esta vez. Le debía al perro al menos un par de huesos.
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Notas: Esto fue una cita y nadie podrá decirme lo contrario.
Naoko Ichigo
