Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto. La historia es de Lavender-Long-Stories.

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Cerca, pero separados. Así se comportaban, estuvieran donde estuvieran. A su mujer le gustaban los mimos. Eso no había cambiado, aunque ella no se acordara de él, pero desde luego él no iba a sobrepasarse y le daría tiempo para que se acostumbrara. Ella no volvió a acurrucarse junto a él por la noche, sino que optó por dormir muy cerca.

Hinata se acurrucaba en el brazo del sofá mientras hablaba con él. Él se sentaba tan cerca como podía sin tocarla y no hacía ningún comentario si ella acababa apoyando una rodilla en él o le rozaba el hombro. La mantenía al alcance de su mano cuando la sentaba en la cocina para que pudieran cocinar.

A una distancia cómoda para ambos.

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Sasuke siempre estaba cerca. No era incómodo. Hinata sentía que siempre comenzaba a buscarlo antes de hacerle una pregunta o pedirle ayuda, pero siempre se detenía en seco. Era extraño sentirse tan cercana a alguien en tan pronto. No es que recordara su presencia, pero su familiaridad con ella era reconfortante y le daba la sensación de que él lo sabía todo sobre ella, así que no tenía por qué contenerse. Lo que le impedía relajarse del todo era que no conocía sus límites.

Puede que él solo se mantuviera cerca porque sabía que a ella le gustaba eso. El Sasuke que ella conoció de niña odiaba que lo tocaran, especialmente las mujeres. Entonces, ¿cuál era su zona de confort? ¿Y si ella la cruzaba y él la alejaba? Ella no quería que él sintiera que necesitaba hacerlo.

Tal vez debería escuchar más de su historia.

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Sasuke podía oír los quejidos de Naruto mientras caminaba por el pasillo. Le dieron ganas de regresarse. Lo que le hizo quedarse fue la suave voz que interactuaba con el rubio.

No creo que quiera estar aquí si sigues peleando con él.

¡Ay! —Naruto gimoteó—. Él pertenece aquí con nosotros.

Naruto-kun, él ha dejado en claro que quiere que lo dejes en paz para que resuelva todo por sí mismo. Acudirá a ti si quiere que vuelvan a ser amigos —Hinata fue interrumpida por otro grito—. ¿Por qué no acudiste a Sakura-chan? No soy una sanadora entrenada.

Ella se niega a curar cualquier cosa que me haga Sasuke —explicó Naruto—. Sé que no me ayudara.

Hubo un silencio sepulcral. Sasuke ni siquiera pudo oír el alboroto de sus movimientos.

Naruto-kun, por favor, déjalo en paz. Sé que tu corazón está en el lugar correcto, pero él no lo quiere.

¿Tú también le estás dando la espalda? —preguntó Naruto, ofendido.

Otra vez el silencio.

Creo que no has entendido —estaba claro lo que pasaba y Naruto ni siquiera sabía que la estaba presionando.

Naruto dependía de ella, pero no se daba cuenta de que estaba asumiendo muchas cosas. Él consideraba que Hinata nunca se opondría a él. Que ella siempre estaría ahí, diciéndole que tenía razón. Siquiera sabía que ella gustaba de él, o solo era un imbécil o simplemente un ingenuo. Sasuke se inclinaba por lo de imbécil, pero probablemente solo era ingenuo. Naruto no sabía que estaba abusando de su amabilidad. Pensaba que ella nunca se iría de su lado, la estaba lastimando. Típico de él. Por otra parte, Sasuke solo estaba suponiendo todo eso, pero era más inteligente que el idiota del pueblo.

Otro fuerte aullido rompió el silencio y sus pensamientos.

Por favor, dale algo de tiempo. Solo estás alejándolo más y también estás dañando su relación.

Sasuke se deslizó por el pasillo mientras oía a Naruto darle las gracias antes de salir corriendo.

Sasuke luchó contra sí mismo. Entró y pidió ayuda. Tenía la nariz rota, pero no iba a ir al hospital. No iba a ir con Sakura. Vino a esta pequeña ala de curación, con la esperanza de encontrar un sanador que lo curara y lo dejara ir.

Sasuke llamó a la puerta.

Adelante —Sasuke entró y por su rostro vio pasar la confusión, luego la vergüenza y por último la realización—. Tu nariz... —Hinata no lo interrogo de si había oído la conversación anterior o si solo llegó en un momento ridículamente perfecto.

¿Tanto se nota? —preguntó Sasuke.

Esta morada y de lado —Hinata le hizo un gesto para que se sentara—. Esto te va a doler.

Supuse que... ¡Ah! —Hinata no le dio tiempo para prepararse y volvió a encajarla en su sitio—. ¿Qué demonios?

Si te hubiera avisado, te hubiera dolido más —Hinata le dirigió una mirada de dolor mientras volvía a ponerle las manos sobre la nariz—. No soy la mejor en esto —le advirtió mientras su nariz se calentaba con su chakra.

Sasuke hizo una mueca de dolor mientras ella volvía a fusionar el hueso y sanar los músculos circundantes. Se sentía como si tuviera aceite caliente goteando por la nariz.

Lo siento —Hinata frunció el ceño mientras trabajaba. Cuando lo soltó, él retrocedió para taparse la nariz y ella le agarró las muñecas—. No toques —lo soltó con la misma rapidez.

Sus manos eran delicadas, pero estaban llenas de callos y cicatrices. Eso despertó su interés. El Puño Suave non ataques de contacto. Se basaba en el control del chakra y la precisión, no en la fuerza física, así que le pareció extraño que sus manos presentaran daños tan evidentes.

Hinata se percató de su atención y enseguida cerró la mano, con un tinte rojo en las mejillas. ¿Le avergonzaban las cicatrices? ¿Qué clase de ninja era esta mujer?

Intenta ser suave con tu nariz durante los próximos dos días, hasta que el calor desaparezca. Será entonces cuando la curación habrá finalizado —Hinata le dio un discreto vistazo para asegurarse de que no había nada más que necesitara su atención antes de volver a su papeleo.

¿Qué haces en esta ala de curación? —preguntó Sasuke.

Solo estoy haciendo un trabajo de organización para los registros de salud del clan —cierto, secretos de ojos blancos.

Sasuke se levantó, sintiendo un intenso mareo al hacerlo. Se dejó caer de nuevo en la silla, notando la mirada preocupada de ella cuando sus ojos se enfocaron.

Puedes descansar ahí un momento. No me importa.

Sasuke decidió no gruñirle algo antisocial, ya que si abría la boca perdería lo poco que tenía en el estómago.

Hinata siguió con su trabajo hasta que él se sintió bien para levantarse. Ella se giró mientras él se levantaba para irse.

No soy muy buena ni suave, pero si quieres intimidad y necesitas curación, puedes acudir a mí —ella no se volvió para mirarlo, pero él pudo imaginar la mirada tímida y triste de su rostro.

Sasuke gruñó en respuesta.

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—¿Volviste para que te sanara otra vez? —Hinata jugó con el borde de la manta que le cubría las rodillas.

—Sí, de hecho, unas cuantas veces. Nunca decías nada, solo me curabas, me mirabas con preocupación y me mandabas fuera. Empezaste a notar cosas que en realidad yo no ocultaba y fue entonces cuando Naruto y tú comenzaron a discutir más —Sasuke desvió la mirada mientras volvía a su historia.

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Sasuke estaba bajo de energía, de suerte y literalmente caído. Estaba tirado en el suelo. Se había quedado sin aliento. Naruto y él se habían peleado tras otra discusión y esta vez no tenía ganas de levantarse. Lo haría cuando encontrara la motivación. ¿Pero por qué? ¿Qué sentido tenía? Tal vez si se quedaba tumbado, se pudriría y eso le daría algo de paz.

¿Sasuke-san? —ahí estaba. Sasuke tosió y se incorporó para mirar unos ojos preocupados que se posaban sobre él, buscando heridas. Hinata estaba cubierta de una fina capa de sudor y llevaba ropa de entrenamiento. Probablemente, había oído la pelea.

Sasuke se pasó las manos por el cabello, despeinándolo.

Algún día no estarás dispuesta a sanarme —Hinata cayó de rodillas. Sasuke soltó un gemido de dolor mientras ella le ayudaba a quitarse la camisa.

Con suerte, cuando dejes de pelear tanto —Hinata hurgó en el botiquín que había empezado a llevar consigo. No era un botiquín estándar, este estaba lleno de ungüentos y más vendas de las que se podía necesitar.

¿Ahora lo llevas a todas partes? —Sasuke hizo una mueca de dolor cuando ella empezó a extender la crema con olor a menta en todos sus moretones.

Sí —respondió Hinata sin vacilar.

Sasuke cerró los ojos. Su contacto humano no hostil le resultaba extraño. Los dedos de Hinata siempre estaban calientes y dejaban una sensación extraña en su piel, normalmente fría. Ahora siempre tenía frío. Era principios de verano. ¿Por qué tenía frío? Incluso había renunciado a sus habituales camisetas de manga corta o abiertas, por una chamarra negra de gran tamaño, Sasuke escaneó los terrenos.

Hinata le hablaba sobre las heridas que le había curado a principios de semana y lo que intentaría para sanarlas, como el corte rebelde de su hombro que seguía abriéndose, incluso después de aplicarle una ronda de chakra curativo. Empezó a ponerle el ungüento en las doloridas costillas cuando se quedó paralizada. Sasuke se giró para ver qué le pasaba y vio que el borde de los ojos de ella se enrojecía cuando miraba su piel. Siguió su mirada para ver qué le pasaba, no tenía nada más que unos cuantos moretones, cortes y algún que otro rasguño.

¿Qué? —preguntó Sasuke.

Hinata se estremeció, al verse sorprendida, volviendo a su trabajo sin decir palabra.

Eso no se te da bien. Solo dímelo —Sasuke no quería tratar con una mujer llorando.

¿Estás comiendo? —susurró Hinata.

Más o menos. Comió... Ayer, un poco. Se tomaba una pastilla soldado una vez al día. Quería mantenerse alejado de las tiendas y aparte de sus peleas semanales con Naruto, aunque Naruto solía llamarlas "entrenamiento" a pesar de que todas eran provocadas. No hizo mucho más que vagar y tumbarse a la sombra donde no pudieran encontrarlo. Cuando volvía a su casa, estaba demasiado cansado para comer. Solo quería estar tumbado todo el rato, aunque eso podía deberse a la falta de comida.

Sí.

Hinata no le llamó la atención por su mentira, solo apretó los labios mientras seguía extendiendo la sustancia viscosa sobre sus costillas notablemente salientes.

¡Oye, aún no he terminado! —ambos se giraron para ver a Naruto. Lo había lanzado bastante lejos en el bosque. Tardó tanto en volver porque estaba cojeando—. ¡Oh! ¡Hinata-chan!

Las manos de Hinata vacilaron un momento y su rostro se crispó para ocultar las lágrimas de preocupación. Su tolerancia hacia el hombre hiperactivo era cada vez menor. Esto podría ser algo medianamente interesante de ver.

Yo he terminado —Sasuke había terminado hacía tres meses.

La expresión de Hinata se volvió plana, pasiva, inexpresiva, una combinación de emociones que él le había visto hacer. Ni preocupación, ni vergüenza, ni tristeza. Ella también había terminado. Interesante.

Naruto se sentó a su lado y empezó a charlar.

Hinata-chan, ¿qué has estado haciendo? No he podido verte en las últimas dos semanas. Tuve que sobornar a los trabajadores del hospital para que me curaran, ya que Sakura-chan les ordenó que me dejen caer a pedazos —soltó una alegre carcajada, sin prestar atención a la falta de felicidad correspondida.

Hinata terminó de sanarlo y le devolvió la camisa a Sasuke. Ella lo miró a los ojos, dejando que su incomodidad se reflejara en su rostro por un breve momento antes de levantarse y acercarse a un Naruto felizmente inconsciente.

Sasuke fue a levantar los brazos para ponerse la camisa, hizo un gesto de dolor y decidió mejor quedarse así.

Es que he estado ocupada —si era mentira o no, dependía de la opinión de cada uno. Sasuke siempre era capaz de encontrarla. Ella dejaba lo que estaba haciendo cuando él aparecía. Era demasiado desinteresada. ¿Y qué conseguía ella? Un hombre que solo acudía a ella porque no tenía otra opción y un amor del pasado que no se daba cuenta de que la estaba poniendo de los nervios.

Te hacen trabajar demasiado. ¿Tengo que hacer una cita para almorzar contigo? —Naruto preguntó con una gran sonrisa.

Mis comidas están ocupadas por un tiempo, lo siento —Hinata miró directamente a Sasuke. ¿A dónde quería llegar?

Oww —Naruto se inclinó, continuando su charla sin sentido, antes de volverse hacia él—. ¿Y tú?

No —Sasuke se levantó para tomar su chamarra desechada.

¿Y por qué no? De todas formas, te ves delgado... ¡Ow! ¡¿Hinata-chan?! —Naruto se sobresaltó.

Lo siento —dijo Hinata, plana y sin disculparse realmente mientras continuaba.

No —Sasuke ya le había prestado suficiente atención injustificada por hoy.

Vamos —se quejó Naruto.

Naruto-kun, por favor. Déjalo en paz —le espetó Hinata.

Naruto se estremeció. Fuera cual fuera la mirada que ella le dirigió, le había borrado esa sonrisa tonta del rostro.

Hinata tomo su bolso y se dirigió hacia Sasuke. Le ayudó con la camiseta y la chamarra antes de despedirse de él en voz baja y marcharse sin decir nada más.

De verdad está molesta —dijo Naruto, confundido, frotándose una herida.

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—¿No estabas comiendo? —preguntó Hinata.

—No, no hacía mucho por cuidarme. No entrenaba, ni comía, ni bebía suficiente agua. Solo caminaba, dormía o peleaba con Naruto. No tenía voluntad —Hinata se acurrucó sobre sus rodillas, mirándolo con los mismos ojos preocupados de entonces, aún seguía siendo su preocupada esposa—. Ciertamente, no estaba bien, pero llegaré a eso más tarde. Te estás quedando dormida sobre mí —Sasuke fue recompensado con una risita y algo de brillo en sus pálidos ojos.

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Naoko Ichigo