Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto. La historia es de Lavender-Long-Stories.
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Hinata hojeó sus notas, esperando encontrar recuerdos que adjuntar a la información, pero no había nada. Se sentó sola en el porche después de usar su silla de ruedas para salir por su cuenta. Sasuke dormía profundamente para ser un ninja, con los sentidos embotados por la sensación de hogar que había creado. Ella lo dejaba dormir mientras observaba el amanecer. La despertó el dolor de cabeza y no se atrevía a importunarlo por cada molestia y dolor que tuviera.
Ya fuese por la niebla del despertar o el fin de su conmoción, no pensó que fuera mala idea hasta que oyó un fuerte golpe desde dentro.
—¡Hinata! —Sasuke la llamó, con la voz llena de pánico—. ¡Hinata!
Volvió a llamarla y oyó un fuerte golpe de algo rompiéndose. Siguió llamándola y la puerta trasera se abrió de golpe para revelar a su marido, jadeante, preso del pánico. Hinata se puso de rodillas y abrió la boca para disculparse. Sasuke se estrelló contra el porche y la envolvió por los hombros, abrazándola con fuerza contra él.
—Lo siento, Sasuke. No quería molestarte —soltó Hinata.
—¡Nunca! ¡Nunca hagas eso! —Sasuke gimoteó contra su hombro—. Ya creo que me estoy imaginando todo esto para lidiar con tu muerte. No desaparezcas.
—¿Qué? —Hinata levantó los brazos para aferrarse a él.
Sasuke soltó sollozos de dolor. Las dolorosas miradas que le dirigía desde al otro lado de la habitación con tanta frecuencia la quebraban aún más. ¿Cuántas veces se había sentado ella en silencio al otro lado del sofá y él se había cuestionado a sí mismo? Se le llenaron los ojos de lágrimas y se apoyó contra él.
¿Cómo podía ella causarle tanto dolor?
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—¡Amenazaste a mi padre! —Hinata cerró la puerta principal de la forma que solo ella sabía hacerlo, con suavidad y en silencio.
—Le informé de que íbamos a casarnos y que no se tolerarían las interferencias —confirmó Sasuke, levantándose del sofá con desgana.
—¡No lo entiendes! ¡No puedo casarme contigo! —Hinata dio un pisotón.
Sasuke se quedó inmóvil, con los ojos clavados en ella dolorosamente, mientras se le hacía un nudo en el estómago que le producía náuseas.
Hinata negó con la cabeza.
—No, no es que no quiera, pero no puede ser legal —apretó los puños mientras cruzaba la habitación.
—¿Por qué demonios no? —el corazón y el estómago de Sasuke se apretaron en señal de rechazo. Acababa de rehacer su vida y su razón para vivir lo estaba rechazando. ¿No pensaba aceptarlo de verdad?
—¡Porque soy la heredera caída en desgracia de los Hyūga! ¡No puedo casarme con el último Uchiha! —gritó Hinata—. ¿De verdad creías que permitirían algo así? Ahora has ofendido a mi padre. Ni siquiera me dijiste que hablarías con él.
—¡Lo hice! —ladró Sasuke.
—¡No considere que hablaras en serio! Te dije que no hicieras algo que... —Hinata se atragantó mientras las lágrimas le corrían por las mejillas—. Tengo que devolverte esto.
El dolor de Sasuke se desvaneció al darse cuenta de lo mucho que le temblaban las manos mientras luchaba por quitarse el anillo.
—Estás dejando que gobiernen tu vida.
—¡Sasuke, no tengo elección! —gritó Hinata, dándose por vencida con el anillo mientras se secaba frenéticamente las lágrimas—. ¡Nunca he tenido elección! —Hinata levantó la mirada con desesperación.
Sálvame.
Sasuke la atrajo hacia su pecho, donde se derrumbó. Le besó el costado de la cabeza y cerró los ojos, pensando en soluciones para el problema que había creado.
—Sé lo que podríamos hacer —Sasuke la abrazó con más fuerza—. No dejaré que te alejen de mí.
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Sasuke se acurrucó alrededor de su mujer. Hinata estaba sentada entre sus piernas, leyendo. Esperó a que ella pasara la página que él había terminado. Eso le daba tiempo para reflexionar. Lo cual no era algo bueno.
¿Y si ella se había ido?
Sasuke intentó no pensar en ello. Trató de ignorar la sensación de pavor, de que podría haberla perdido.
¿Qué hubiera hecho si ella hubiera muerto?
Sasuke no sería capaz de vivir en la casa que construyó para ella. Era la casa de ella. Allí solo vería el fantasma de ella.
Tal vez él era uno.
Sasuke no podría comer. Nada sería tan bueno como su comida. Incluso cuando hacía algo asquerosamente dulce o se las arreglaba para distraerse y quemarlo. No escucharía sus canturreos en la cocina. Ni le sonreiría a la olla, sintiéndose realizada. No sorbería de su taza de té, tan silenciosamente. A menudo se preguntaba si se la estaba bebiendo. Nunca más alinearía las tazas perfectamente en el armario solo porque le gustaba el orden.
Sasuke hundió aún más la nariz en el hombro de ella.
—¿Sasuke? —el Uchiha se dio cuenta de que Hinata había cerrado el libro—. ¿Estás bien? Te he preguntado tres veces si habías terminado la página —Hinata se movió en su regazo para verlo mejor. Llevó una mano al rostro masculino y le limpió las lágrimas de la mejilla—Lo siento.
—No lo hagas —Sasuke la abrazó con más fuerza.
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Sasuke observaba desde la distancia. Hinata se mantuvo firme durante los meses siguientes. Hizo pública su dimisión y luego no dijo nada más. La aldea enloqueció. El consejo fue interrogado sobre la repentina abdicación. Algunos sabían la verdad, lo que hizo que fuese peor para ellos ver a Hinata junto a su hermana.
Hanabi sonrió cuando el sellado de Hinata fue pospuesto hasta que el asunto fuera un tema menos candente. Eso le dio más tiempo para trabajar en un plan.
Hinata no podía acercarse a él. Dejó de usar el anillo en su dedo, pero lo llevaba en una cadena, oculto bajo su camiseta. Sasuke lo sabía. Todo el mundo asumía que la separación fue culpa suya. Ella aceptó dejar de defenderlo públicamente. Lo único que podía hacer era quedarse callada mientras la gente le decía que había tomado la decisión correcta al abandonarlo.
Sasuke llevaba la bufanda, que ella nunca se llevó, cuando salía para demostrar que la apoyaba. Para los demás, solo parecía que estaba deprimido. La buscaba en la ciudad, pero no podía hacerlo todo el tiempo.
Tenía que encontrar algo para ocuparse. Encontró un rincón alejado del Distrito con una buena cantidad de terreno y una casa que estaba en ruinas.
Sasuke la derribó. Dibujó los planos, se tragó su orgullo y fue a que los evaluara y rehiciera un profesional. Luego empezó a construir.
Sasuke sabía qué sería perfecto para ella. Una vez le había preguntado cómo era el Complejo en una conversación.
—Frío, oscuro, demasiado cerrado y abierto, pero con sensación de claustrofobia. Demasiadas habitaciones —Hinata había mirado su té con una pequeña sonrisa—. Si por mí fuera, tendría un diseño tradicional, abierto con mucha luz, con una gran cocina moderna. Un baño grande y bonito, y un dormitorio cálido. Ah, y un gran jardín.
—¿Un dormitorio? —había preguntado Sasuke con una sonrisa burlona ante su expresión soñadora.
—Bueno, quizá uno, una habitación para un bebé... —la fantasía de Hinata la alcanzó y se puso roja cuando él se rio.
Así que eso era lo que él construiría para ella, un piso llano con dos dormitorios, un baño tradicional, una gran cocina, una cómoda sala de estar y un gran patio trasero para expandirse y tener su jardín.
Sasuke olvidó algo más que el entrenamiento básico y concentró toda su energía en construir, a veces quedándose dormido en una habitación a medio terminar.
No tenía todo el tiempo del mundo.
Sasuke aprendió a hacerlo a base de ensayo, error y preguntas molestas en la ferretería. Clavó todos los clavos, pintó todas las paredes e incluso puso los azulejos del baño. La casa no era perfecta. El vestíbulo crujía porque había colocado las tablas demasiado pronto, los armarios de la cocina eran desiguales, las baldosas del baño estaban mal puestas y el tejado estaba un poco maltrecho, pero solo se notaba si se miraba fijamente, pero construyó una casa.
Sasuke se topó con un muro cuando llegó el momento de conseguir los muebles. Comprar algo bonito y nuevo quedaría raro en esa casa. Decidió dejarlo pasar. De todos modos, no tenía tiempo para cosas nuevas y bonitas. Después de todo, faltaba una semana para su boda.
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Naoko Ichigo
