Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto. La historia es de Lavender-Long-Stories.
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Hanabi soltó una risita cuando su hermana le puso una mano sobre su hinchado vientre.
—¿Lo sentiste?
Hinata se iluminó, deslizaba las manos alrededor del vientre de su hermana amorosamente y con emoción. Sasuke sintió una emoción familiar al verla tan involucrada en la experiencia de su hermana embarazada. Lo habían deseado. Estaban preparados para ello. Podrían haber estado felizmente embarazadas juntas. Se frotó la frente para intentar ahuyentar la frustración. Su cuñada le dio una mirada comprensiva mientras su mujer estaba distraída, y él le hizo un gesto para que se marchara. Ya no podían hacer nada.
Antes del accidente, Hinata había estado muy emocionada por saber todo sobre el embarazo de su hermana. Quería saber qué esperar cuando tuviera a su propio hijo. Hinata quería ser una madre cariñosa y una tía como nunca se había visto. Quería mimar a los niños, darles atención y apoyo, para que nunca se sintieran faltos de cariño. Sasuke se preguntaba si ella pensaba que eso compensaría de algún modo su infancia y le permitiría olvidar su pasado, pero ahora ya no tendría esa oportunidad.
Sasuke se alegró mucho de que no estuviera embarazada cuando se fue de misión. Estar en cuidados intensivos en esa condición hubiera sido perjudicial. Habrían perdido al bebé, o ella hubiera tenido un embarazo miserable, incómodo, y no sabría cuánto la amaba como para tener un hijo con ella. Si se hubiera despertado embarazada, tal vez hubiera creído cuando le decían que solo estaba destinada a ser una yegua de cría.
A Sasuke no le importaba que le quitaran la oportunidad de tener hijos. Le importaba que a ella le quitaran la oportunidad de ser madre.
—¿Hasta dónde has llegado en la historia? —Hanabi rompió sus pensamientos intencionalmente.
—Estamos a punto de llegar a la boda —Sasuke vio un bulto sobresalir de la camisa de la mujer más joven cuando el bebé volvió a dar patadas.
—Oh, bien, quiero ser parte de esto. Estuve allí.
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Hanabi observó a su hermana erguirse contra el mundo en silencio mientras la miraban con lástima. Hinata no pestañeó mientras le decían todo tipo de cosas horribles sobre su interés amoroso y lo bueno que era que hubiera entrado en razón. Simplemente, se quedó callada y soportó el tormento con serena entereza.
Hinata solo dejaba entrever que estaba cansada a su alrededor, e incluso así, estaba claro que se contenía. Hanabi se preguntaba cómo era el misterioso Uchiha, el hombre por el que se enfrentaba a toda la aldea. Hinata estaba aguantando mucho por una oportunidad en el amor.
A medida que se acercaba el día previsto, Hinata se impacientaba y se ponía nerviosa. Por supuesto, Hanabi no podía hablarle de la nueva incorporación al distrito Uchiha que la esperaba, lo que hacía que estuviera igual de impaciente. Este Uchiha podría resultar ser un cuñado prometedor. Golpear al primo, hecho. Amenazar al padre, hecho. Construir una casa, hecho. Fugarse en contra de todos y romper las tradiciones, hecho.
—¿Y si cambia de opinión? ¿Si ahora se da cuenta de que no me quiere? —Hinata revoloteaba por su habitación, haciendo que Hanabi soltara una risita.
—Créeme. Él te quiere —Hinata la miró interrogante. Hanabi negó con la cabeza y le tendió una caja para distraerla—. Pensé que lo querrías para el día de tu boda —Hinata abrió la caja con curiosidad y miró dentro, sacando las elaboradas capas del kimono—. Era de mamá —le dijo Hanabi con calidez, frotando la tela entre sus dedos.
Hinata sonrió.
—No —volvió a dárselo, colocándolo limpiamente en la caja.
—¿Qué? —preguntó Hanabi, confusa.
—Deberías usarlo tú el día de tu boda —Hinata sonrió, deslizándolo de nuevo hacia su hermana.
—Tú la conociste mejor. Pensé que querrías ponértelo —Hanabi hizo un mohín.
—Es precioso. Gracias por pensar en mí, pero creo que quiero algo más sencillo. No quiero algo ostentoso —Hinata sacó la cadena de su camisa y retorció el anillo entre sus dedos.
¿Pensaría Hanabi lo mismo cuando se enamorara?
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Sasuke se concentró en el hecho de que amaba a Hinata mientras se acercaba a la torre del Hokage, solicitaba una reunión y esperaba. Partiría su espada por la mitad con los dientes, si tuviera que hacerlo, solo tenía que hacer la petición y acabar de una vez.
—Sasuke, ¿qué demonios haces aquí? —Naruto levantó la vista de su papeleo, confundido.
—Vine a pedirte... Un favor —Sasuke frunció el ceño.
—... —Naruto lo miró con exagerada sorpresa y confusión.
—¿Qué? —Sasuke gruñó.
—¿Qué clase de favor? —Naruto dejó sus papeles con más escepticismo.
Bien, uno listo.
—Necesito que nos cases a Hinata y a mí.
—Pensé que ustedes dos habían roto... —el rostro de Naruto pasó de la confusión al shock—. ¡Espera! No puedo hacer eso. Los Hyūga nunca lo permitirían.
—Si consigo el permiso del líder, ¿nos casarás legalmente? —insistió Sasuke.
—Bueno... Supongo, pero nunca... —Naruto tartamudeó. Sasuke hizo un gesto con la mano.
—Deja que yo me preocupe de eso. Tú limítate a estar ahí —exigió Sasuke—. Te deberé una.
La ceja de Naruto se alzó. Sasuke sabía que lo había atrapado. Esa mujer sería su fin.
—Bien... Necesitas un testigo —Naruto seguía confundido con la situación mientras abría un cajón con licencias matrimoniales.
—Voy a buscarlo.
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Sasuke evitaba alegremente a su antiguo profesor pervertido desde que volvió a la aldea. Era uno de los pocos que no le guardaba rencor y le había dejado vivir en paz, y silenciosamente se lo agradecía.
Era la única persona de la aldea que respetaba sus deseos.
Sin embargo, ahora mismo, Sasuke necesitaba a alguien en quien pudiera confiar para que mantuviera la boca cerrada y estuviera dispuesto a romper algunas reglas.
Así que se encontró cara a cara con Kakashi, que, para su disgusto, sabía que lo estaba buscando. Sasuke no se sorprendió.
—¿Qué puedo hacer por ti, muchacho? —Sasuke quería arrancarle la sonrisa que se escondía tras la máscara, pues estaba seguro de que el muy imbécil ya lo sabía.
—Necesito que seas testigo en mi boda —le dijo Sasuke rotundamente y sin rodeos.
—¿Oh? Bueno, ¿no es eso una sorpresa? Todo el pueblo piensa que le rompiste el corazón —el ninja copia se inclinó con arrogancia. Sasuke odiaba poder ver una sonrisa detrás de aquella máscara.
Sasuke se llevó la mano al cabello e intentó no arrancárselo.
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—Presento a mi hija, Hanabi Hyūga, como cabeza del orgulloso Clan Hyūga —anunció Hiashi con orgullo mientras Hanabi se inclinaba. El kimono ceremonial era pesado e incómodo. Hanabi envidiaba el kimono mucho más sencillo de su hermana mientras le sonreía desde al lado de Neji.
El resto de la ceremonia fue larga y aburrida, con demasiadas tradiciones y rituales. Hanabi estaba ansiosa de que todo terminara y por los movimientos de su hermana, se dio cuenta de que ella estaba igual.
En cuanto la despidieron, se quitó las horribles túnicas ceremoniales y Hinata la ayudó a quitarse las pesadas joyas y las horquillas del cabello.
Hinata se puso un kimono sencillo, de color claro y floreado, se colocó el anillo de compromiso en el dedo y se adentraron en la noche.
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Sasuke sintió que Naruto lo miraba mientras esperaban.
—Sabes que no puedo hacer esto si no tienes el permiso que dices tener —mencionó Naruto, nuevamente.
Sasuke se obligó a contener la molestia mientras su prometida llegaba del brazo de su hermana.
—Tengo la aprobación directa de la nueva líder Hyūga —Sasuke le sonrió a su futura cuñada, quien empujo a Hinata para que caminara más rápido. Las chicas soltaron una risita mientras aceleraban el paso.
—¿Eso fue hoy? —reflexionó Naruto con creciente una sonrisa—. Creo que eso es hacer trampa.
—Llámalo así si quieres, pero es legal —Kakashi sonrió a Sasuke mientras las mujeres se unían a ellos.
Hanabi se la entregó y él deslizó el brazo alrededor de su prometida por primera vez en meses. Ella se fundió a su lado y apoyó la cabeza contra él.
—¿Preparada? —le preguntó Sasuke.
Hinata sonrió alegremente.
—Por supuesto.
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Realizaron el ritual más sencillo antes de que todos firmaran su certificado de matrimonio.
—Felicidades, señor y señora Uchiha —Naruto tomó el papel para archivarlo, dedicándole a Sasuke la más grande de sus sonrisas.
La mano anillada de Sasuke se enroscó con fuerza alrededor de la cadera de Hinata, estrechándola a su lado.
—Gracias.
Hinata soltó una risita mientras su hermana le lanzaba un puñado de pétalos que él no sabía que tenía.
—Como líder del clan Hyūga, doy mi bendición la nueva integrante del clan Uchiha —inclino la cabeza de manera burlesca—. ¿Cuánto crees que tardará padre en darse cuenta de que nos hemos fugado?
Hinata se deslizó para acurrucarse más contra su ahora esposo, apoyando la mejilla en su pecho.
—Seguro que se dará cuenta cuando me vaya esta noche.
—Lo que significa que recibirás tu regalo de bodas esta noche —Sasuke le estampó un beso en la cabeza.
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Sasuke le tapó los ojos a Hinata, aunque, con el Byakugan, podría haber espiado. Por suerte, estaba demasiado asustada por la sorpresa.
—¿Preparada? —le susurró Sasuke al oído.
Hinata negó con la cabeza. Él rio entre dientes y le destapó los ojos.
Hinata se quedó mirando la casa.
—¡¿Qué?!
—Esta es nuestra casa —Hinata la miró asombrada y caminó lentamente, apoyando la mano en la valla como si estuviera, probando que fuese real.
—¿Dónde estamos? Nunca había visto esta casa —Hinata miró a su alrededor, reconociendo la parte del distrito.
—La construí para nosotros —Sasuke abrió la puerta de valla para ella.
Hinata solo se movió cuando él la guio hacia dentro con una mano en la parte baja de la espalda, todavía miraba asombrada el exterior de la casa.
—¿Construiste una casa? —se tapó la boca con las manos.
—Este distrito es un pueblo fantasma, pero esta casa es tuya —Sasuke la levantó, haciendo que ella le rodeara el cuello con los brazos. Él dio el primer paso sobre el umbral de la puerta principal. Ella soltó una risita ante la tradición—. No está amueblada. Estaba esperando a que llegaras a casa.
Sasuke la dejó en el suelo, retrocedió ante la puerta principal después de quitarse los zapatos y la soltó. Ella entró, moviendo los ojos alocadamente por las paredes. Rápidamente, encontró el camino a la cocina, dio una vuelta alrededor de la sala de estar mientras observaba su alrededor y él sonrió ante su emoción.
—¡Es perfecta! —susurró Hinata.
—Hay dos habitaciones —señaló Sasuke, dejándola explorar el dormitorio, la habitación extra y el cuarto de baño. Se detuvo a mirar por la puerta trasera y él cerró la detrás de ella—. Hay espacio para un jardín.
Hinata se sobresaltó. No se había dado cuenta de que estaba detrás de ella. Él la abrazó, apoyando la cabeza en su hombro. Ella cerró los brazos sobre los suyos. Ahora era todo suyo.
—Me encanta.
—Bien, porque no quiero volver a construir otra casa —Hinata soltó una risita.
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Hanabi se reunió con ellos y les llevo una maleta con ropa para pasar la noche y un paquete envuelto limpiamente en papel blanco.
—Podemos trasladar el resto de tus cosas esta semana. Hoy empieza la luna de miel —musitó Hanabi.
Hinata se puso roja. Sasuke intentó no sonreír ante la burla de su cuñada. Hinata tomo el paquete y se lo puso en el regazo. Al no haber sillas, se sentaron en el suelo del vacío salón.
—Este es tu regalo de bodas —ella jugueteó con sus dedos—. No es tan grandioso. Es una tradición un poco tonta —susurró Hinata.
Sasuke enarcó una ceja y abrió el papel para revelar una gran manta empaquetada con cariño en una caja. No estaba seguro de haber entendido la idea. La sacó de la caja, abriéndola. Estaba hecha a mano, aunque no profesionalmente, tomo un borde y pasó los dedos por las costuras.
—La cosí yo misma, no soy muy buena, pero en un cuento que me contó mi madre cuando era pequeña hablaba sobre hacer una manta para el lecho nupcial —Hinata era adorable. Explicó el cuento que le había contado su madre y se sonrojó.
Sasuke sonrió satisfecho.
—¿Intentas decirme algo?
Hanabi se levantó e hizo otra reverencia fingida.
—¡Es hora de que me vaya!
Hinata se puso roja al notar lo que él había dicho.
—¡Sasuke!
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—¿Tengo que contarte sobre nuestra noche de bodas? —preguntó Sasuke, intentando no reírse de su esposa, que estaba acurrucada y con el rostro oculto tras sus manos.
—¡No! —chilló Hinata.
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Notas: Awww… Le construyo una casa. Sasuke es tan detallista.
Naoko Ichigo
