El cuarto de Tadano olía bien. O al menos eso creía Najimi, cuando notó aquel pequeño aparato rociador en las alturas de la pared de enfrente suyo, por el distintivo siseo que hacen. Aquélla, con muy poca vergüenza reposaba sobre la cama, jugando en su móvil al tiempo que Tadano intentaba terminar su parte del trabajo de una vez y hasta siempre.
―Desde que Shouko y tú salen este cuarto ha dejado de ser un criadero de champiñones ―dijo Najimi, quien reía con una dulce e infantil malicia.
―Champiñones, dice. Peor el tuyo apestando a mota ―respondió, algo fastidiado debido en parte a su impaciencia por finalizar.
Najimi no respondió, sino que se distrajo observando con detenimiento aquél aparato, que por alguna razón le había llamado la atención.
―Oye, Najimi. ¿Qué juegas?
O quizás solo tenía un colocón de la hostia
―Fútbol ―respondió, devolviéndole su atención al juego
―¿Desde cuándo te gusta el fútbol?
―Me gusta jugar con los chicos ―respondió, aunque Tadano parecía más concentrado en su tarea.
―¿Jugar con los chicos? Pensé que te llevabas mejor con las chicas.
«Pft. Idiota» se dijo a sí misma. No respondió, aunque sí abandonó la cama para sentarse a su lado. Tenía muchas ganas de molestarle.
―Dime, ¿ya se besaron con Shouko? ―preguntó usando aquél fastidioso tono burlón que a él no agradaba.
Tadano se había sobresaltado. No esperaba que fuera a hacerle aquella pregunta en concreto.
―¿Q-qué? ¡No! ―respondió completamente avergonzado. Y atemorizado; esa carita casi ingenua de Najimi solo produce terror genuino en aquellos quienes la conocen―. Es demasiado pronto para eso… ―remató.
―¿Cómo vas a salir con alguien que no has besado aún? Podría tener herpes.
Najimi no paraba de reír entre palabras.
―Tonto… ―su mirada ahora yacía perdida― Sabes que Shouko no es el tipo de chica que besas en la primera cita.
―¡Aburridooooo..! ―exclamó― Y dices ser su novio, ja.
―¡Que no ha dos días siquiera que empezamos a salir! ―Tadano lucía verdaderamente fastidiado, algo atípico en él.
―¿Y? ―Najimi reía, la situación le divertía demasiado― Cualquiera podría robárselo antes que tú.
―Qué estás diciendo, idiota… ―su temperamento estaba al límite.
―Hasta yo podría. Ya sabes, besarla como amigas~
―¡Basta y-...!
Sus palabras fueron interrumpidas por un dulce y apasionado beso, tan retraído en su simpleza que, cuando Tadano cayó en su cuenta, éste ya había terminado. La mirada de Najimi era la usual, la que pretende inocencia. Ésta vez, aquella misma mirada no le producía otra cosa sino terror.
―Nunca dejes que nadie te robe tu primer beso ―le susurró al oído, no sin antes marcar su camisa con el labial que ahora compartían.
Tadano permanecía sin reacción alguna, y antes que pudiera decir algo, Najimi ya se hallaba impaciente.
―Me voy, creo que te rompí. Fufu ―fuera lo último que diría antes de tomar sus cosas y marcharse a casa, si no fuese porque olvidó decirle algo:
―Asegúrate de lavar tu camisa, Chi-to-rú.
Tadano no hallaba respuesta. Lo último que oyó fue la risa juguetona de Najimi y aquél maldito rociador.
