Rojo amapola

Declaraba el labial en su etiqueta, con el cual Najimi pintaba sus labios. La clase estaba pronta a comenzar, y con ello el flujo de personas en el salón crecía de manera exponencial.

―Te ves como una perra ―Ren reía. Molestar a Najimi a veces era divertido.

―¿Celosa? ―Respondió.

―Sí ―dijo Ren―. Llevo buscando ese mismo tono por meses.

―¿Lo quieres..? ―Dijo, o quiso decir Najimi, cuando vio cómo llegaba Tadano al salón, y su mirada se perdió con él. Ren se sentía completamente ignorada.

―Te pregunté si lo quieres ―reiteró Najimi, volteándola en seguida hacia ella, quien no respondió sino con una rabieta.

―¡Q-qué dices! ―exclamó, sin hallar qué responder en la inmediatez. De pronto le pareció que aquél día Najimi estaba actuando de una manera inusual…

―¡Ven, Ren! Vamos a saludar a Shouko y a Hitohito.

La notaba algo distraída…

―¡Hitohitoooo…! ¡Oye, tienes una lagaña!

¿Siempre fue así de arrimona?

―Me la como. Ñam.

Realmente Ren odiaba a Najimi por tener ese labial.

―La próxima por lo menos te lavas la cara después de levantarte, cochino.

Y a propósito Najimi lo dejó caer al suelo.

―Se te cayó a ti, Ren ―un sutil guiño de sus ojos y otra inocente sonrisa la convencieron de su pequeña mentira.

―Oh… Demonios… ¡Sí!, jeje, se me cayó a…, a mí ―ya lo tenía entre sus manos. Su color era vistoso como ningún otro.

―De hecho, ¿quiéres probártelo, Shouko? ―le ofreció Ren de repente, a lo cual Shouko aceptó entusiasmada.

La multitud que se congregó a presenciar la pequeña exhibición de maquillaje de la siempre adorable Shouko no dejaron que Ren pueda recuperar su recién conseguido labial.

―Te pregunté si lo querías ―y encogía sus hombros, evidenciando la burla.

―Que te jodan.

Najimi reía, el contraataque fue perfecto.

Sin embargo, su mente calló al oír cierta declaración entre el simpeaje:

―Tadano-kun, tu camisa está manchada…

―¡Sí, es cierto!

―No lo veo.

―Ahí, en la base del cuello de su camisa.

―¿No es el color del labial de la diosa Komi?

―Lógico.

―Suertudo…

―¡Presumido! Nadie pasa por alto un manchón tan colorado.

Shouko volteó hacia un Tadano completamente avergonzado, confuso ante todo y todos.

«Rojo amapola» leía sobre la etiqueta, y el murmullo de algunos en el salón confirmaban aquél enunciado.

El labial no era suyo. Lo acababa de tomar prestado de Ren.

―Vaya discreción la de esos dos…

¿De qué hablaban? Ni siquiera se habían besado con Hitohito aún.

―Shouko… ¿Estás bien?

Estaba asustada. ¿Y qué hay de aquéllo que llaman… infidelidad?

―¿... Shouko?

Ese pensamiento la hacía temblar.