—Está bien. Iré enseguida.

Najimi colgó primero. Entendía que no hacerlo daba mala suerte.

—Mááááá, me voy a lo de Hitohito. Parece que él y Shouko rompieron. Mañana le traigo el chisme así completito.

«¿Qué dijo de la tía Kiyomi? Esa borracha…» decía Najimi entre sí, mientras rescataba algunos yenes de sus bolsos. «Esa era la última. Tendré que pasar por una farmacia»

Se tumbó sobre su cama. La voz de su madre no lo dejaba pensar.

«Digo, ¿debería realmente hacerlo? Está bien si sólo es una vez, ¿cierto? A menos que-»

―¡Que no me importa el cumpleaños de la tía Kiyomi má, su casa huele a trapo mojado!.. Ugh, ya hiciste olvidar lo que estaba pensando.

«De todos modos, colgué primero. ¿No?» recordó. Y de pronto ya parecía algo más convencida.

—Mamííí. ¿Me pdepadas bento?

Lo tenía ya casi todo en su mochila.

¿Oyó mal o respondió que no?

—Hmph. Jovatona.

Compraría qué comer en el camino, y con ello en mente salió por la ventana de su habitación, como escapándose de su propia casa, tomándoselas a las de Tadano.

Golpeó su puerta. Tres veces, también por asuntos de suerte. Disque sus piecitos dolían mucho.

―¡Pasa tú, pues! —gritó Tadano desde dentro.

—Maldito golfo —dijo paso al tiempo que entraba, do notó palpando al aire que era fresco. Parece que por fin se había deshecho de ese rociador.

—Qué onda, pues.

Tadano no respondió, ni siquiera lo miró a los ojos. Solo le dio una bola de papel arrugado que había sacado del bolsillo de su pantalón.

Najimi la tomó, imaginándose el qué sería, cual fue tal que:

—Shouko me escribió esto.

Y al recomponer el papel Najimi leyó:

«Sé que a lo mejor no es tu culpa, aún así es demasiado para mí»

«Y aunque me duela, siento que he perdido la confianza de usar mi voz contigo. Al menos por ahora»

«Te escribiré. Digo, luego, por mensaje de texto. Quiero irme, tengo mucho en qué pensar»

Najimi no supo qué decir. Por primera vez y en mucho tiempo no aconteció ocurrírsele gracia alguna con la cual pudiese destensar el mal temple de Tadano.

—Esto es tu culpa.

Najimi explotó.

―¡Pues era eso!

―¡Claro que es eso!

—¡Y con qué lo dices, traidor! —dijo, aún sabiendo que llamarle así podría escalar la situación aún más.

—¡¿Sabes qué…?!

—So.

—Vete.

—No me voy. No sin que antes nos demos con la reina. Te lo prometí, ¿recuerdas? Digo, tal parece que ahora lo necesitas más que nunca…

—Najimi…

Fue entonces que hicieron contacto visual por primera vez en toda aquella tarde.

—Estás diferente.

—De qué hablas.

—De qué hablas tú. Recuerdo haberte dicho que no volvieses a intentar arrastrarme a tu mundo.

No aguantaba más verle al rostro.

—Y no solo no me escuchas, todavía arruinas el principio de lo que creí sería una oportunidad inmejorable para-

—Ti. Para ti —interrumpió Najimi, obligándole a regalarle unos segundos más de su mirada.

Disque Tadano era bueno leyendo el ambiente.

—Qué quieres decir.

Pero los trazos de Najimi eran ilegibles.

—Que eres un puto egoísta.

Quizás ni siquiera era bueno leyendo el ambiente en primer lugar.

—Y qué dices. ¿Le entramos..? —insistió Najimi.

Tenía demasiadas ganas de golpearla. Necesitaba disociar.

Asintió con voluntad casi sublimada. Y tan poco era dueño de sus acciones que comenzó a hacerlo por vía propia. Trance solo interrumpido por las ocasionales intervenciones de Najimi.

—Es solo un pinchazo… Respira profundo.

Sus palabras naufragaban en el vasto océano de sus pensamientos. ¿Qué haría para recuperar la confianza Shouko?

—Ya.

No lo sabía. Ni lo quería saber.

—Voy yo.

De repente ya no le importaba.

De hecho, ¿a quién mierda le importa Shouko?

—¿Lo sientes, manito?

La sonrisa de Najimi tenía un atractivo especial.

—Te dije que estaba rico…

Sus ojos no envidiaban de ninguna estrella el brillo.

—Ven aquí…

Aquellos besos fueron lo más cercano a tocar el cielo.