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Se recomienda la discreción del espectador.
Disclaimer: Todos los personajes les pertenecen a The Pokemon Company.
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Revancha
—¡Meowscarada, Truco Floral! —gritó Scarlet.
—¡Hydrapple, Teraexplosión! —respondió Kieran.
Ambos pokémon atacaron al unísono, sus ataques potenciados por la terastalización crearon una enorme explosión repleta de brillos destellantes en la enorme arena de la Liga Arándano. Cuando la luz amainó, Hydrapple cayó al suelo, debilitado.
Kieran sintió como su corazón se detuvo al ver a su pokémon caer al suelo. Scarlet solo hizo un gesto obstinado, como si aquello fuera el resultado obvio. Había vuelto a pasar, esa chica de pelo oscuro y ojos morados le había derrotado una vez más, en su propio terreno. Sintió una enorme presión en el pecho, se llevó las manos a la cabeza, incapaz de procesar lo que había pasado.
—N-no, no puede pasar —dijo con enojo—. ¡Esto no puede estar pasándome, se supone que soy el más fuerte!
—El segundo más fuerte… —dijo Scarlet con un tono condescendiente.
Kieran volteó a verla, sintió de inmediato como le hirvió la sangre al verla con esa expresión calmada y fría, como si le mirara debajo del hombro. Sus manos se hicieron puños, quiso hacer algo, pero no podía, solo se quedó impotente viendo como todos los alumnos le alababan, le aplaudían, todos le celebraban. Cuando se levantó, pudo escuchar la voz de Drayton.
—Eso realmente fue duro, ¿verdad, "ex-campeón"?
El tono burlón de Drayton hizo que Kieran tomara el valor de golpearlo, desquitar toda su furia en un puñetazo que no encontró un objetivo cuando Drayton lo esquivó y fue con Scarlet, dejando a Kieran solo, furioso, buscando pelea. Sin embargo, la mano de su hermana le impidió hacerlo, llevándoselo consigo. Sus ojos y los de Scarlet no se separaron ni un solo minuto, arreglaría esto de una forma u otra.
[...]
La luz naranja del atardecer se filtró por la ventana de la habitación de Scarlet. El día había sido muy agitado y solo quería descansar y comer un poco. Se había puesto cómoda mientras comía algunos bocadillos de azúcar y hablaba desde su SmartRotom con su amiga de Paldea.
—¡Me alegra saber que mi rival ahora es campeona de otra escuela! —gritó Nemona con emoción.
—Ya te dije que no soy tu rival, Nemona —reclamó Scarlet, molesta.
—¡Sabes que eso es mentira! —reclamó Nemona de igual manera— Ahora que me lo dices, quiero ir a esa escuela a enfrentarme a esos entrenadores fuertes, en especial a ese Kieran.
—Suerte con conseguir la beca —dijo Scarlet, mordiéndose el pulgar—. Aunque creo que puedo invitarte a una charla, pero solo si me traes unos sándwiches de Arven, la comida de aquí no es tan rica.
Nemona asintió con emoción, el solo saber que podría ir a esa escuela era algo que le hacía dar pequeños saltos de emoción. Scarlet solo negó con la cabeza, su compañera era igual de predecible que siempre.
Luego de un rato, Scarlet escuchó como alguien tocó su puerta. Al principio les dijo que no quería ser molestada, pero el ruido se volvió más insistente, violento. Cuando se cansó, la chica cortó la llamada y caminó con molestia hacia la puerta.
—¿Quieres dejar de molestarme? —al abrir la puerta se encontró con Kieran, de brazos cruzados—. ¿Qué rayos quieres?
—¡Quiero la revancha! —Kieran entró de golpe a la habitación— ¡Te venceré esta vez!
—¿Quién te dio permiso de entrar a mi habitación? —reclamó Scarlet, cruzándose de brazos— ¡Lárgate!
—¡No pienso hacerlo hasta que me des la revancha!
Kieran se plantó de golpe en medio de la habitación. Scarlet no pudo evitar irritarse al ver la actitud de Kieran. Cerró de un portazo la puerta y avanzó hasta él de manera amenazante, no apartando su vista de sus ojos ni un minuto.
—Te he dicho que te largues —se plantó frente a él, intentando intimidarlo—. Aprende a aceptar la derrota.
—Ya te dije que no lo haré hasta que me des la maldita revancha, Scarlet Koito —las manos de Kieran se volvieron puños, como si quisiera golpearla.
En realidad lo quería, deseaba borrarle la mirada cínica que tenía cuando le ganó, como la tenía desde siempre que la conoció en Noroteo. Quiso ser su amigo, pero su actitud y la manera que le humilló le hicieron generar aversión por su imagen, por ese maldito rostro.
—Dame la maldita revancha, maldita cobarde —Kieran se acercó más a ella, intentando acorralarla.
—¿Me dijiste cobarde? Maldito remedo de entrenador —Scarlet no se dejaría intimidar— Tienes mucho valor para hablarme así maldito debilucho.
Kieran de inmediato sintió como Scarlet le arrinconó, haciéndole retroceder hasta caer sentado en su cama. No se dio cuenta de ello, solo tragó saliva y respondió a la provocación.
—¡No soy un debilucho, tú eres una asquerosa ególatra despreciable! —ni siquiera Kieran supo de dónde sacó ese insulto, solo dijo lo primero que le salió de la cabeza— ¡Dame la maldita revancha de una puta vez!
—¡No obtendrás nada de mí, tu pedazo de animal patético. Acepta que eres un asco en los combates y mantente alejado de mi maldita vista, o te haré arrepentirte de haberme conocido!
—¡Ya lo hago, maldigo el día que conocí a la peor chica de todo Paldea!
—¡Y yo me arrepiento de conocer a alguien tan falto de afecto materno, que se arrastra para tener un poco de atención femenina! —Scarlet se subió arriba de Kieran, haciendo que este se acostara en la cama— ¡Aprende tu asqueroso lugar debajo de mí!
—¡Eres una maldita perra! —gritó Kieran con enojo— ¡Ojalá te mueras!
—¡Te llevaré contigo hijo de puta!.
Ambos sintieron como su corazón estaba a punto de explotar. Sus rostros estaban rojos, sus ceños fruncidos y sus gargantas comenzaron a secarse por tantos gritos. Se miraban con odio puro, no apartaron su mirada hasta que Kieran la desvió y se pudo dar cuenta en la posición en la que estaba. No lo había notado, Scarlet estaba sentada sobre él, arrinconando por sus brazos y con su rostro tan cerca que podía sentir su respiración.
El odio disminuyó lo suficiente para sentir como un escalofrío recorrió su cuerpo. Se puso nervioso, más al centrar su atención de cómo se sentía el peso de los muslos y nalgas de Scarlet sobre su regazo, era liviana, muy liviana. Su rostro se sonrojó y volteó a otro lado, intentando disimular el nerviosismo. Scarlet arqueó la ceja, confundida, pero al sentir un bulto cerca de su trasero su ceño se frunció aún más.
—¡¿Tienes una erección? ¿Enserio eres tan pajero?! —reclamó Scarlet, molesta.
—¡T-tú eres la que está sobre mí! —reclamó Kieran, molesto.
—¡Y eres tan asqueroso que te encanta, ¿verdad?! ¡Maldito puerco!
—¡Cállate de una maldita vez y bájate! —reclamó Kieran.
Sin embargo, Scarlet no lo hizo, solo se quedó de piedra y se cruzó de brazos, esbozando una mirada dominante.
—Eres tan precoz que estoy segura que si me quedó así eyacularás, ¿verdad? Maldito virgen.
—¡Ya bájate! —el rostro de Kieran se puso completamente rojo.
Pero Scarlet no lo hizo, solo se quedó sentada sobre Kieran. No podía negar que le gustaba sentir sus muslos ahí, pero esa maldita sonrisa le molestaba, quería borrarla, pero no lo haría, ella se quedaría ahí burlándose de él, y no podía permitir que eso pasara. Tomándola de los hombros, Kieran le bajó a su nivel con fuerza.
Sus labios chocaron de pronto. Scarlet se sorprendió de inmediato, intentó alejarse de su agarre, pero fue inútil, el agarre de Kieran era fuerte, una fuerza que ella no sabía de dónde demonios había sacado. Sin embargo, el sentir los labios de Kieran luego de unos segundos le hizo seguirle el juego. No lo había notado, eran muy dulces, suaves, hacía mucho que no había besado a alguien, y la rudeza con la que lo hacía le hizo ceder un poco, aun cuando Kieran le soltó.
Luego de unos minutos se separaron, hilos de saliva salieron de sus bocas mientras recuperaban el aliento con sus rostros completamente excitados y agitados.
—Te gustó eso, ¿verdad? —dijo Kieran con una sonrisa cínica.
—Púdrete, pequeño bastardo —dijo Scarlet, furíca—. Te mostraré quién manda aquí.
Scarlet tomó los brazos de Kieran y volvió a besarlo. Esta vez ella tomaría la batuta. Kieran de inmediato sintió como los labios de Scarlet se movían de forma mucho más sincronizada, dictando la forma de moverse. Era un movimiento hipnótico, sentía como su cuerpo comenzaba a calentarse, en especial cuando sintió que la lengua de Scarlet golpeaba sus dientes, entrando directamente en contacto con la suya.
Ambas lenguas jugueteaban entre ellas, mientras el beso se volvía más y más profundo, excitante, Kieran sentía como su lengua se movía por voluntad propia junto a la de Scarlet, a la par que sentía una enorme presión en sus shorts, quería quitárselo, pero el agarre de Scarlet era mucho más fuerte. Necesitaba quitársela, lo único que se le ocurrió fue mordisquear ligeramente sus labios, aquello hizo que Scarlet lanzará un ligero gemido, sus ojos se entrecerraron hasta que se volvieron a abrir de golpe.
—Te dije que yo dictaba el ritmo, imbécil —reclamó, retomando el aliento.
—N-no —aprovechando la abertura, Kieran lanzó a Scarlet al otro lado, al tenerla a su merced pudo ponerse sobre ella—. Me toca.
Sus labios volvieron a chocar, Scarlet quiso quitárselo de encima, pero Kieran comenzó a tocar su abdomen desnudo, provocando que ella se retorciera ante el tacto de sus manos frías. Su espalda se curvó mientras sentía los dedos de Kieran tocar cada centímetro de su piel desnuda, bajando con lentitud hasta sus shorts y adentrándose dentro de ellos, quitándoselos y también los de él.
—E-eres un asqueroso gusano —reclamó Scarlet, entre besos.
—Y tú una sucia mocosa —reclamó Kieran, tomando aire—. Cállate.
Kieran atacó su cuello, besándolo levemente. Scarlet volvió a retorcerse ante el tacto de sus labios, con sus piernas moviéndose instintivamente alrededor de las de Kieran, sintiendo de manera directa el bulto en sus boxers. El chico se tomó su tiempo besando y lamiendo el cuello de aquella chica que tanto despreciaba, que tanto le obsesionaba, saboreando cada parte de aquella piel que desprendía un olor profundo, embriagante.
Sus manos jugaron con el cuerpo de Scarlet, desplazándose hasta su sostén. Intentó quitarlo, pero sus movimientos eran torpes al intentar sincronizarlos con sus labios recorriendo su cuello.
—Eres un inútil… —la voz de Scarlet era profunda, sus manos se encontraron con el pelo de Kieran y le hicieron retroceder. Su rostro estaba descompuesto, sus mejillas rojas y sus ojos entrecerrados. Aquello le hizo esbozar una sonrisa fanfarrona— Te mostraré cómo se hace, maldito inútil.
Kieran sintió el jalón hacia el otro lado de la cama. Su visión estaba brumosa, cuando quiso recuperarse, Scarlet se sentó arriba de su regazo una vez más, quitándose el brazier. Su cuerpo se paralizó de golpe al ver sus pechos completamente desnudos, sueltos, un bufido molesto salió de sus labios al saber que le gustaba, que eran lindos. Scarlet rió de manera sarcástica, de inmediato bajó los boxers del chico, revelando su miembro erecto de golpe.
—No sabes la puta suerte que tienes de que te haga esto —dijo Scarlet con un tono retador.
—Tú tienes la suerte de que yo te deje hacerlo.
Esa respuesta fue suficiente para que Scarlet se acostara sobre él. Pasó su mano por su miembro, sujetándolo con fuerza y empezando a estrujarlo suavemente. Al sentir el toque de Scarlet, Kieran gimió, pero su boca fue tapada por su mano. La miró a los ojos, esa maldita mirada le hartaba, pero la sensación de sentir como lo tocaba le hizo retorcerse ligeramente, un escalofrío seguido de un sentimiento de debilidad. Se sentía vulnerable, débil, sus gemidos ahogados solo aumentaban su frustración de no poder hacer nada.
Un golpe hizo que Scarlet cambiara su expresión de golpe. Kieran le había nalgueado y sujetaba sus nalgas con fuerza. Scarlet se puso furica y volvió más fuertes sus estrujadas, pero Kieran respondió metiendo sus manos dentro de su bóxer deportivo y sujetando su trasero.
Aunque su mente parecía enloquecer por como Scarlet lo tenía bien sujeto, sus manos no titubearon en masajear las nalgas de Scarlet, dándole ligeras nalgadas que hicieron que la chica se contrajera ligeramente, pero no lo suficiente para desbaratar su mirada ganadora. Fue cuando tocó su área intima que Scarlet finalmente lanzó un gemido.
—Pe-pedazo de mierda, como se te… —trató de insultar, pero el movimiento de los dedos de Kieran le hizo volver a gemir.
Lo había logrado, la expresión de debilidad de Scarlet le hizo saber que había encontrado su talón de Aquiles. Su área intima era suave, mojada, jugueteaba con los pliegues y se aventuró tímidamente en búsqueda de aquello que hizo que Scarlet volviera a gemir, volviendo su agarre lo suficientemente débil para que soltara su boca.
—T-tú eres la maldita debilucha —reclamó Kieran con una sonrisa victoriosa en el rostro.
—¿Qui-quieres callarte de una puta…?
No pudo terminar de contestar cuando Kieran comenzaba a jugar con su zona más erógena, masajeándola de manera constante, en círculos, y provocando un temblor en ella. De un rápido movimiento atacó sus pechos. Eran firmes, suaves, de inmediato sus labios comenzaron a juguetear con sus pezones, succionándolos y luego dándole ligeras mordidas con las que Scarlet solo respondió gimiendo, más agitada. Su lengua jugueteaba con sus pezones y Scarlet solo podía contraatacar yendo más rápido al sujetar su miembro, sintiendo como la punta comenzaba a lubricarse.
—N-no me ganara un… maldito... asqueroso…
Kieran sintió como Scarlet soltó su miembro y de inmediato lo puso contra la cama. Al voltear a verla su mirada estaba completamente enfocada en él, con sus ojos fijos en su rostro y las mejillas ardientes, su pelo se había despeinado por completo y de sus labios salían pequeños hilos de baba.
—Te mostraré quién es la perra aquí —dijo Scarlet con voz tan profunda que provocó un escalofrío en Kieran.
Sin darle tiempo a decir algo, Scarlet se quitó sus boxers, tomó el miembro de Kieran y lo introdujo en su área íntima. Kieran sintió la enorme presión de Scarlet de inmediato, gimió de placer al sentir su cálido y humeado interior, sus brazos se tensaron y su cuerpo pareció debilitarse ante el control de Scarlet que solo entrecerró uno de sus ojos y esbozó una sonrisa fanfarrona para después comenzar a cabalgarlo.
—¿Dime que eres mi pequeña zorra? —dijo Scarlet.
Sus manos se posaron en el cuello de Kieran. De inmediato sintió como sus dedos le acariciaron con brusquedad, como buscando la mejor oportunidad para poder apretarlo, un agarre fuerte, desesperado, que le hiciera rogar. Así lo hizo, sus manos lo envolvieron y le apretaron suavemente, cortando de poco en poco el aire mientras sus nalgas rebotaban contra sus muslos.
Kieran sintió como sus ojos parecían desorbitarse por el choque de estímulos. Los ruidos que Scarlet provocaba, su cuerpo contra el suyo, la sensación de asfixia, la enorme presión que ejercía, todo en su conjunto le hizo querer soltarse, dejar que ganara, disfrutar de cada maldito segundo de aquel acto donde su cerebro segregaba tantas endorfinas que no podía pensar. Amaba eso, amaba sentir que Scarlet lo controlaba, lo tenía donde quería, y lo disfrutaba. Se relamió los labios al voltear a ver sus pechos rebotantes y su mirada lasciva.
Lo había imaginado, no era un hipócrita, desde que la conoció en Kitakami con aquel porte tan rudo, elegante, agresivo, se imaginó llegar al punto de estar con ella, besarla, unirse a ella, y ahora eso estaba pasando, ella le dominaba, dictaba el movimiento de sus caderas contra su pelvis y le hacía gozar algo que solo en sus fantasías había pensado. Ella siempre ganaba, y aunque estaba dispuesto a dejarse vencer, su ego le hizo darle unas nalgadas que le hicieron temblar.
—¿Que rayos crees que haces? —preguntó Scarlet, molesta.
Kieran no respondió, de un jalón la tiró al otro lado de la cama y se apartó de ella. Solo fue un segundo, cuando Scarlet se preguntó qué pasaba Kieran se puso tras de ella y empujo su espalda contra la cama. Scarlet sintió de pronto como Kieran volvía a entrar dentro de ella, sujetándola con fuerza de sus caderas y dándole fuertes estocadas.
—T-tú eres mi perra, seré tú único dueño —dijo Kieran.
—¿Co-como te atreves a decirme eso pedazo de…?
No pudo responder al sentir como se aventuraba más dentro de ella. Kieran posó sus manos detrás el cuello de Scarlet y lo empujó hacía la cama, haciendo que su rostro se hundiera contra la almohada y sus gemidos se ahogaran en la tela de la misma. Kieran tenía el control ahora y lo disfrutaba, disfrutaba de la hermosa vista de su espalda sudada y firme, repleta de arañazos y heridas de sus combates. Suavemente se inclinó y comenzó a besarla, deteniéndose en sus hombros y mordiéndolos con fuerza, provocando que Scarlet gritara y mordiera la almohada.
—K-Kieran, pedazo de… —Scarlet no podía concretar palabras— ¿Co-como alguien tan patético puede hacerme…? Por Arceus… si tan solo así fueras para combatir.
Una vena en el rostro de Kieran se marcó. Luego de nalguear a Scarlet otra vez, el chico mordió el otro hombro. La chica gimió al sentir de los dientes del chico, se retorció y alzó más su retaguardia, dejando que el chico la sujetara con fuerza y entrada dentro de ella con más violencia. Le dejó hacerlo, en especial cuando sintió que su miembro empezó a temblar.
—¡Scar-Scarlet! —Kieran apenas pudo hablar, sujetando el cabello de Scarlet y jalándolo.
—¡Haz-hazlo de una puta vez! —gritó Scarlet.
Cediendo a sus instintos, Kieran finalmente dejó fluir su ser dentro de ella. Scarlet se retorció ante el agarre, sintiendo cada parte de él entrar dentro de ella. La sensación hizo que el chico se paralizara hasta que terminó, cayendo al otro lado de la cama. Ambos respiraban con dificultád, agitados, sus pelvis y piernas dolían como el demonio, un ardor apenas comparable con la velocidad de sus corazones.
Lo habían hecho, finalmente habían consumado todo aquello que ambos habían imaginado desde que se habían conocido. Kieran volteó a verla, Scarlet estaba tirada en la cama, sus piernas temblaban, sus nalgas estaban completamente rojas y su cabello completamente desorganizado. Sus ojos se cruzaron con una mezcla de pesadez y lujuria. Habían estado tanto tiempo conteniéndose, y ahora habían liberado todo lo que sentían. El sentimiento de satisfacción duró poco, pues Kieran solo lanzó una risa fanfarrona.
—¡Ah-ahora yo te gané! —dijo Kieran.
Scarlet bufó con molestia, volteando a ver a Kieran y su miembro que aún parecía estar listo para una segunda ronda. Con una mirada retadora, la chica volvió a subirse a él.
—Te borraré esa maldita sonrisa a sentones, imbécil.
