05 / 10 / 2024
Prompt: Rubbing
Receta
—"Esto debe ser fácil, solo es prender fuego" —pensó Platinum, arrodillándose frente al enorme horno de piedra.
Diamond le había explicado cómo encenderlo, ya tenía la leña y la hojarasca lista para que Platinum solo pusiera un trozo de papel con alcohol y empezará la llama. Así lo hizo, encendió la hoja de papel y la acercó a las ramas secas. El fuego poco a poco comenzó a crecer, avivado por un abanico de palma que había encontrado en esa cocina. Cuando se dio cuenta que la llama ya se sostenía por sí sola, la chica hizo un gesto ganador y se levantó.
—Listo —dijo Platinum con un tono orgulloso.
—Bien hecho, pensé que terminarías quemando la cabaña —bromeó Pearl, llevando un enorme costal de harina.
—Muy gracioso —Platinum arqueó la ceja, molesta.
—Bien hecho, señorita, entonces ya podremos comenzar a cocinar —Diamond se acercó a Platinum, dándole un delantal. Luego de que la chica se lo puso, le ofreció uno a Pearl.
—Paso, ya creo que con Platinum no todo saldrá bien —bromeó, aunque de inmediato al sentir la mirada inquisidora de la chica y Diamond, solo se encogió de hombros—. Solo bromeo, además, creo que los chicos de Paldea llegaran pronto, y si llega Nemona entonces tendremos que echar un combate, así que hagan pan delicioso.
Platinum asintió, despidiéndose de su amigo, en realidad le gustaba jugar a molestarse cuando hacía sus bromas, su forma de devolverle el chiste. Además, ese día no podía estar más emocionada, pues Diamond le enseñaría a cómo preparar pan dulce, y qué mejor que hacerlo de la forma tradicional. Luego de colocarse su mandil, se acercó al chico, tocando levemente su hombro.
—Estoy lista —dijo Platinum, sonriente.
—Perfecto —Diamond le sonrió de vuelta—. De acuerdo, la receta para estos bizcochos es bastante simple pero muy laboriosa, así que primero verifiquemos que tenemos todo —Diamond se volteó a verla y alzó sus manos—. ¿Se lavó las manos señorita?
Platinum se quedó mirando las manos de Diamond por unos segundos, eran bastante grandes, casi del tamaño de su rostro, y se miraban bastante lindas, o al menos así le pareció. Luego de inspeccionar cada pliegue de su palma, Platinum alzó las suyas, dándose cuenta de la diferencia.
—Claro —Platinum acercó la suyas, dándose cuenta que las manos de Diamond parecían duplicar su tamaño—. Tienes unas manos muy grandes.
—Si, es útil cuando amasamos —respondió Diamond, sonriendo con un ligero sonrojo—. Pero no se preocupe, señorita, sus manos lindas también servirán.
Platinum sonrió al escuchar aquel halago, Diamond siempre resultaba ser un caballero hasta en esos momentos. Era algo que le encantaba de él, su forma tan tierna y paciente de ser con ella, su tono dulce cada que le explicaba cómo medir bien la harina y la levadura, y ese sutil toque gentil cuando le pedía algún ingrediente. Le encantaba, amaba esos ojos azules que observaban con determinación la comida, y esos labios tiernos con los cuales hablaba de forma tan articulada, y besaba de igual forma en las ocasiones que habían tenido la oportunidad.
La harina pronto comenzó a flotar por el aire, ensuciando las manos de Platinum. No podía negarlo, el sentir su mano sucia le hizo tener la necesidad de lavarla, pero no podía, tenía que soportar la sensación, en especial cuando Diamond comenzaba a verter los ingredientes.
—¿No trajeron los guantes de cocina de la tienda? —preguntó Platinum, pesando la levadura.
—No encontramos en las tiendas cercanas —admitió Diamond, apenado—. Pero está bien, mientras nuestras manos estén limpias.
Mientras Platinum terminaba de pesar la levadura y la agregaba a la mezcla, Diamond comenzó a romperlos huevos y verterlos en el hueco de la harina. La luz de la cocina era tenue, apenas dos focos naranjas que lograban mantener a raya la oscuridad de la noche. Además, el calor del horno comenzó a hacerse sentir cuando Platinum sintió una gota de sudor serpenteando por su cara. Suspiró, quiso limpiarse con un codo, pero solo logró ensuciarse un poco más de harina.
—¿Quieres intentar batirlos? —preguntó Diamond, luego de romper todos los huevos.
—Claro —dijo Platinum.
Diamond se apartó. Platinum de inmediato observó el caldillo que estaba en el centro de la harina. Acercó su mano, vacilante sobre hacerlo o no, hasta que pudo sentir el líquido viscoso. Comenzó a hacer movimientos circulares, rompiendo las yemas poco a poco. La sensación de tocar algo desagradable poco a poco desapareció, solo se sentía raro, mojado, baboso, pero al menos pudo deshacerse de la viscosidad cuando Diamond comenzó a agregar poco a poco el agua.
—Bueno, ahora viene lo difícil —dijo Diamond—. Sentirás que la masa se pega a tu mano, pero no te desesperes, ambos lo haremos.
Platinum asintió, ya había visto antes cómo era el proceso de amasado. Poco a poco ambos fueron integrando la harina a la mezcla líquida. La sensación era aún más extraña, como si estuviera haciendo lodo al mezclar el polvo con los huevos, pero poco a poco sentía la masa formándose, tomando forma bajo sus manos mientras Diamond le iba calculando el agua.
—Intente hacerlo de esta forma y será más sencillo.
Platinum se erizó al sentir el toque de las manos de Diamond. Con sutileza, el chico le mostró una forma más sencilla de tomar la masa, con movimientos más fuertes que terminaban de integrar los ingredientes. Aunque puso atención a su explicación, sus mejillas ardieron al sentir las grandes manos de su pareja sobre las suyas, un pequeño temblor que recorrió su cuerpo hasta que Diamond le soltó.
De inmediato sintió como su corazón se aceleró al verlo. Esa forma tan brusca en cómo trataba la masa le hizo sentirse extraña, nerviosa, mordiéndose el labio inferior hasta que se dio cuenta que necesitaba darse prisa y terminar de amasar su parte. Cuando sintió sus brazos quemarse, Diamond le dijo que era suficiente.
—Para ser su primera vez salió muy bien —dijo Diamond, sonriente.
—Gra-gracias, es algo pesado —dijo Platinum, nerviosa.
—Se terminará acostumbrando, no se preocupe —Diamond sonrió—. ¿Puede pasarme la mantequilla?
Platinum asintió, dándole un enorme pedazo de mantequilla. Al tomarlo, Diamond lo lanzó con fuerza contra la masa, el sonido del golpe en la mesa metálica resonó por toda la cocina. Se quedó quieta, mirando como Diamond, con aquella naturalidad innata, comenzaba a estrujar con brusquedad la masa entre sus dedos, moviendo la enorme mesa de metal donde estaban trabajando.
Platinum no pudo evitar sentir una corriente eléctrica recorrer su cuerpo, desde su estómago hasta su pecho. Sostuvo sus manos con fuerza mientras no apartaba su vista ni un solo segundo, observando como las manos de Diamond se hundían en la masa, la apretaban, la moldeaban con una fuerza que no había visto nunca en él. Se relamió los labios y el sudor comenzó a hacerse más notorio, no sabía si era por el horno, o por los brazos de Diamond, pero definitivamente hacía mucho calor ahí. Su mirada hipnótica solo se despegó cuando una idea surgió en su cabeza. Volteó a ver a todos lados, cuando se aseguró que no había nadie se acercó a su amado.
—¿Me permites amasarla? —preguntó Platinum, sonrojada.
—Claro, solo déjame quitarme y…
—No.
Diamond arqueó la ceja, sin embargo, pronto se dio cuenta de a qué se refería cuando Platinum se agachó y se puso en medio de él y la mesa. Sentir el cuerpo de Platinum tan cerca del suyo le hizo sonrojarse de golpe, quiso apartarse, pero Platinum tomó sus manos y se lo impidió.
—Hagámoslo los dos —dijo con un tono coqueto.
Diamond sintió como su corazón comenzó a acelerarse de golpe.
—Claro, señorita —respondió con una voz quebrada por el nerviosismo.
Así lo hizo. Intentó centrarse en la masa, ayudando a Platinum a estrujarla, tomando suave y torpemente sus manos y guiándola. Así lo hizo, pero tenerla tan cerca le dificultó mucho la tarea. Tragó saliva, aunque su vista estaba en la masa, sus ojos lentamente rodaban en el cabello de Platinum, el cual emitía un aroma dulce y fresco, como recién lavado. Sintió un escalofrío recorriendo su espalda al sentir aquellos cabellos tan cerca de su rostro, sintiendo la necesidad de morderlos.
Platinum se sonrojó al sentir la respiración de Diamond en su nuca, sonriendo de manera coqueta mientras dejaba que el chico tomara sus manos y la ayudara a amasar. La sensación de aquellas enormes manos tomando la suyas le hizo enderezarse de golpe, acercando su cuerpo al de Diamond. El chico lo sintió, el cuerpo de Platinum tan cerca, sintiendo sus muslos y asentaderas rozando tímidamente su regazo. Sus piernas temblaron de golpe.
—Se-señorita, yo…
—Shhh, solo sigue enseñándome a amasar, Diamond —dijo Platinum.
Diamond lo entendió, sabía cuál era la danza qué Platinum quería jugar.
—Pe-pero, Pearl…
—No lo sabrá —dijo, tomando la masa—. Ahora termina con esta masa, por favor…
Diamond tragó saliva, nervioso. La masa necesitaba plegarse, por lo que tuvo que acercarse más a la mesa, dejando apenas separación entre ellos. Platinum se zarandeó por la ligera arremetida, sonriendo y moviendo ligeramente sus caderas.
Diamond sintió como todo su cuerpo temblaba ante los movimientos de Platinum, el calor poco a poco se empezó a hacer notar cuando el sudor rodó por su rostro, nublando ligeramente su vista. Continuó amasando, con lentitud, hasta formar una masa uniforme a la cual terminó de dar unos últimos retoques, golpeándola con la palma. De inmediato pudo notar cómo Platinum temblaba ante aquellos azotes, su respiración se volvía más pesada. Con sus dedos comenzó a juguetear en las palmas de Diamond, recorriendo cada centímetro de la misma.
—Tienes unas manos muy grandes, Diamond —dijo Platinum.
—Gracias, señorita… —Diamond estaba sonrojado, su respiración agitada elevaba el cabello de Platinum— Deberíamos calentar el chocolate.
—Claro.
Con una sonrisa coqueta, Platinum finalmente se separó de Diamond. El chico suspiró aliviado, pero al voltear a ver cómo Platinum agitaba sus caderas al caminar se quedó de piedra, embobado. Platinum volteó a verlo con ojos coquetos, tomó las barras de chocolate y un enorme tarro de crema de avellana. De inmediato tomó un poco con el dedo y se acercó a él. —¿Por qué no usamos este mejor?
—Bueno, es que para que salga mejor hay que…
Diamond no terminó, pues Platinum acarició sus labios con sus dedos repletos de crema de avellana. El roce de sus labios y el dulce sabor le hizo finalmente ceder, tomando con delicadeza la mano de Platinum y lamiendo suavemente sus dedos. El sabor dulce y la sensación de lamer aquellos dedos le hizo lanzar un gemido ahogado, pasando su lengua delicadamente entre ellos y provocando que Platinum temblara. Cuando terminó, Diamond le miró con los ojos entrecerrados.
—Delicioso —dijo, claramente excitado.
Platinum tuvo una idea. Volvió a la mesa y se sentó sobre ella. Se quitó su delantal y untó de aquella crema en su pecho, cerca de su clavícula, mirando a Diamond con una mirada provocativa, invitándolo a comer.
La invitación fue recibida. Diamond se acercó a ella, tímido al principio, pero la tomó entre sus brazos y comenzó a pasar su lengua por el pecho de Platinum. La chica gimió al contacto, aferrándose al cuerpo de su amado y disfrutando del cosquilleo de la lengua en su piel. Su espalda se curvó de inmediato, solo para después relajarse cuando Diamond terminó de comer y atacó sus labios.
Un choque eléctrico recorrió sus cuerpos. Sus bocas cálidas se juntaron de golpe, dejando que ambas lenguas juguetearan entre ellas. Diamond deslizó sus manos hacia los muslos de Platinum, sintiendo como ella temblaba ante aquel toque, sabía lo que quería, así que comenzó a masajearlos, estrujarlos como aquella masa que había dejado reposar hacia unos minutos. Al sentir cómo Platinum paseaba sus manos por su cabello, y emitía gemidos ahogados supo que lo estaba disfrutando. Platinum se pegó más a él, quería sentir esa fuerza, sus manos sujetándola con fuerza, tocando su trasero.
—Sujétame —dijo Platinum, separándose por unos instantes de él—. Hazme lo que a esa masa…
El calor de la cocina, la luz naranja y el sonido del fuego era lo único que acompañaba a esos dos, una fusión extraña que les hizo sentirse en suficiente confianza como para que Diamond decidiera cargar a Platinum.
Los muslos de Platinum eran bastante grandes, suaves, Diamond no pudo evitar disfrutar demasiado de su tacto, apretándolos y sentir como sus dedos se hundían un poco en la tela de los jeans. Sin embargo, lo que más disfrutó y le hizo sentir su entrepierna arder fue tomarla de los glúteos. Pudo sentir como aquellas suaves formas redondas parecían caber perfectamente entre sus manos, atravesando sus jeans y permitiendo disfrutar su hermosa forma, a la par que Platinum se retorcía y gemía con éxtasis.
—Hazlo… —dijo Platinum con una mirada perdida.
—Pero, si la lastimo…
—Estaré bien, Diamond, lo prometo —dijo Platinum, acariciando su pelo—. Por favor, hazlo.
Volvió a besarlo, una confirmación de que aquello era lo qué quería. Aunque el chico se vio reacio a hacerlo, la excitación y la forma tan desesperada del beso de Platinum le hicieron finalmente hacerlo.
Fue un golpe suave que resonó por toda la habitación. Platinum de inmediato soltó un fuerte gemido, sintiendo como todo su cuerpo parecía volverse agua bajo la mano de Diamond, quién volvió a repetirlo, provocando un espasmo. Ese ruido seco hizo que Diamond se mordiera el dedo, ver el rostro excitado de su amada le hizo sentir sus mejillas arder, volviendo a latigar sus nalgas una y otra vez. Platinum comenzaba a arañar el cuerpo de Diamond, en especial cuando metió sus manos dentro de sus jeans, buscando sentir mejor sus glúteos rojizos.
Mientras la masajeaba, de inmediato comenzó a besar su cuello, la zona que Platinum le hacía temblar aún más. Disfrutaba la sensación, disfrutaba de cada centímetro de ella, la mujer perfecta en sus manos, dejándose llevar por sus instintos más primarios. Pudo sentir de inmediato cómo Platinum bajó sus manos hasta su pantalón, masajeando su bulto con delicadeza, como buscando la oportunidad perfecta de poder abrir el cierre y sentirlo, cosa que hizo que las piernas de Diamond tambalearan.
Pasó su lengua por su cuello y sujetó con fuerza las nalgas de Platinum, provocando que la chica se paralizara por unos instantes hasta que decidió meter sus manos dentro de su pantalón, buscando hacer sentir igual de bien a Diamond. Un solo toque fue necesario para que el chico gimiera y mirara a Platinum con los ojos entrecerrados. Aquellas bellas y delicadas manos tomaban su miembro, acariciando poco a poco y bajando hasta sus testículos, jugando con ellos y haciendo que el chico se sintiera débil, como si estuviera a punto de caer, bajando a Platinum y cayendo presa de sus suaves y delicadas caricias.
—Hagámoslo aquí —dijo Platinum, jugueteando con el miembro de Diamond.
—Pe-pero…
—Shhh —Platinum movió sus ojos al bote de crema de avellana—. Dejaré que me untes donde tú…
—¡Dia! —gritó Pearl desde el otro lado del pasillo.
El grito de Pearl hizo que ambos se separaran de golpe. Sintieron como su corazón se detuvo por unos instantes para después acomodar su ropa cuando el rubio entró de golpe a la cocina.
—¡Dia, Scarlet ya empezó a molestar con la comida! —dijo Pearl, entrando junto a la de Paldea.
—¿Es que acaso no hicieron el pan antes…? —al ver a Platinum y Diamond tan sonrojados, una mirada de incredulidad salió de su rostro— ¿Enserio? ¿En la cocina?
—¿A-a qué te refieres? —preguntó Platinum, nerviosa.
—S-si, acabamos de terminar la masa e íbamos a hacer los panes —respondió Diamond, nervioso, ocultando su rostro.
—Si, Scarlet, ni modo que hagan pan en otra parte —dijo Pearl, cruzándose de brazos.
—¿Acaso no notas lo que estaban haciendo? —preguntó Scarlet, molesta.
—Pues haciendo pan, ¿qué otra cosa se puede hacer en una cocina, verdad? —preguntó el rubio. Diamond y Platinum de inmediato asintieron de manera nerviosa, evitando la mirada inquisidora de Scarlet.
La holder solo suspiró, incrédula de la respuesta de Pearl.
—Reserven eso para la habitación, y laven sus manos, no quiero sorpresas en mi comida —Scarlet se dio la vuelta—. Y tú, para ser el listo en el manzai, eres bastante tonto.
—¡Oye!
Pearl gritó enojado, pero Scarlet lo ignoró y se fue de la cocina.
—¿Pueden creer lo molesta que es? —preguntó Pearl, cruzándose de brazos.
—Bueno, ya sabes cómo es ella —respondió Platinum, el que la chica se fuera era un alivio.
—Sí, creo que nos daremos prisa y dejaremos los panes en el horno.
—Genial, Arven está aquí y dijo que si le prestábamos la cocina para hacer sándwiches, en lo que el pan estaba, le diré que pronto estará desocupado —dijo Pearl, acercándose a la puerta—. Por cierto, Diamond, termina rápido, necesito ganar a Violet en Mario Kart y necesito alguien que lo documente.
—Claro, estaré ahí en unos minutos —dijo Diamond, cuando su amigo se marchó lanzó un suspiro de alivio—. Eso estuvo cerca.
—Si, y Scarlet ya lo sabe —dijo Platinum, preocupada—. ¿Crees que se lo diga a Pearl?
—No creo que le interese, pero… tal vez sería hora de decírselo, para que no se entere por los demás —admitió, caminando hasta la masa de pan—. ¿Quieres hacerlo?
—No estoy segura, pero tal vez sea lo mejor —admitió Platinum, colocando otra vez su delantal—. ¿Te parece si lo pensamos con la almohada?
—Claro —Diamond sonrió—. Hay que terminar esto entonces.
Platinum sonrió, sin embargo, rápidamente se acercó a Diamond y lo tomó de los hombros.
—Pero Scarlet tenía razón, debemos terminar esto en la noche, en mi habitación —los dedos de Platinum pasearon por el rostro de Diamond—. Y mi oferta de la crema de avellanas sigue en pie, cariño.
Diamond sintió como su cuerpo se volvió agua una vez más, deseando que ya llegará la noche.
