Capítulo III

El mundo sigue girando

.

"Normalmente no lo planeas, simplemente pasa
Tu mundo cambia
Y de repente sientes que has quemado otra etapa" (*)

.

•.••..ஐ Volviendo al presente ஐ..•.••..

.

Desde el día del fatídico accidente, había sentido que perdía sus energías. Cada día un poco más. Ya no tenía el poder de curar heridas y tampoco tenía visiones. Era un humano más. Un humano común y corriente, tratando de sobrevivir al día a día de una triste y dura realidad. Una realidad en la que ella ya no estaba. Estaba, pero no estaba. Y para colmo de males, no sólo el cristal dorado había perdido todo su poder. Las piedras que celosamente guardaba en el cajón de su cómoda habían desaparecido. Jedeite, Nephrite, Zoycite, Kunzite. Ellos que, aun después de muertos, se habían encargado de proteger y aconsejar a su maestro. Ellos ya no estaban. ¿Qué significaba?

Una madrugada, en la que la Luna Llena brillaba sobre Tokio, había tenido esa extraña sensación y había sentido la necesidad de verlos, de sentir su presencia. Por eso había ido al cajón del mueble en el que guardaba la caja con las piedras, era el único cajón en todo su departamento que tenía llave. Había estado con ella hasta casi media noche. Solía quedarse con ella aun después de sus guardias, le hablaba bajito, le contaba de su vida, de sus amigas. Sabía que ella la escuchaba, pensaba que escucharlo le daba fuerzas para continuar luchando. Cuando salió del hospital, agotado tras una guarda de 24 horas, y otras tantas horas más sentado a su lado, vagó sin rumbo por las calles de la ciudad, hasta terminar en las puertas de un antro. De verdad necesitaba un trago. Ella llevaba días en ese estado. Él comenzaba a perder las esperanzas de que despertara. Comenzaba a perder las ganas de vivir. Por eso, volvió a su departamento entrada la madrugada, algo pasado de copas. Quizás fue eso lo que le hizo sentir la necesidad de verlos. Pero no estaban allí, no estaban en la caja. El cajón tenía llave, y la llave la llevaba siempre con él, así que era imposible que alguien se los llevara. Al menos, no una persona común. ¿Acaso tenía eso que ver con la desaparición del Cristal de Plata?

Sintió un fuerte mareo que lo obligó a detener sus rondas por las salas de internación. Apoyó una mano sobre la pared del extenso pasillo, mientras llevaba la otra a su frente. Tenía un fuerte dolor de cabeza desde su ingreso a la guardia, y ahora el mareo. La falta de sueño y la mala alimentación de los últimos días lo estaban afectando. Aunque, claro, lo que más le afectaba era su ausencia. Suspiró. Aun le quedaban varias horas de guardia, debía tomar fuerzas. Tomaría un analgésico para el dolor de cabeza y seguiría con sus rondas.

-¿Estas bien, Mamoru?- la dulce voz de su compañera de residencia lo tomó por sorpresa. Se repuso y volteó a verla.

-Sólo me duele la cabeza... no te preocupes, Mizuki.- La joven de cabellos castaños se acercó a él. Llevaba puesto un ambo blanco y zapatillas del mismo color. Su largo cabello lo llevaba atado en una trenza.

-Te ves algo pálido... - dijo, sacando su linterna del bolsillo del ambo. Poniéndose en puntas de pie, observó sus ojos, como si se tratara de un paciente más. - No has estado comiendo bien, ¿verdad? Podrías estar anémico... Si sigues así vas a enfermar.

-Te dije que estoy bien, ya deja de tratarme como si fuera uno de tus pacientes. - dijo en tono serio. Mizuki era una buena chica, una excelente doctora y compañera. Habían compartido materias desde el primer año de facultad, siempre habían sido muy buenos amigos. Pero, últimamente, le incomodaba un poco su cercanía, esa cercanía que ella forzaba todo el tiempo. Muchas habían sido las tardes y noches que ellos habían pasado estudiando. Ella siempre tuvo muy presente que él tenía novia y hasta estaba comprometido. Pero en ese último tiempo su actitud había cambiado un poco. Ahora se vestía más sugerente, se maquillaba y hasta se quitaba sus gafas de vez en cuando. Al principio había tratado de no darle importancia. Toda mujer quiere verse bella en algún momento, sus largas tardes de estudio habían terminado al comenzar sus residencias, podía decirse que ella tenía un poco más de tiempo para arreglarse, para parecer más una mujer y menos una doctora con pocas horas de sueño. Pero, con el tiempo y sus actitudes, cada vez se convencía más a si mismo de que ella buscaba algo más. Quizás el saber que su novia estaba en coma y que los médicos no le daban esperanzas de sobrevida, le haya hecho pensar que podía tener una oportunidad. Como si algo entre ellos pudiera llegar a pasar. No. Claro que eso nunca pasaría. Si Usagi dejará de existir, él se aseguraría de ir tras ella. Y así volver a nacer y poder seguir amándose en otra vida. Así había sido siempre, desde el Milenio de Plata, así había sido durante miles de años. Pero él estaba seguro de que está era su última vida, la definitiva, la vida en la que por fin podrían vivir su amor para siempre.

-Lo siento. - Mizuki bajó la mirada, como avergonzada, sus mejillas se tiñeron de rojo. - Sólo… me preocupo por ti. - dijo con su voz algo quebrada. Esa actitud lo hizo sentirse pésimo. ¿Qué ocurría? No se reconocía a sí mismo. Él nunca había sido ese tipo de hombre. Siempre había sido todo un caballero, incluso con aquellos que no lo merecían.

-No… discúlpame tú. - No quise hablarte de ese modo. Quizás tengas razón… creo que necesito un descanso…

•.••..ஐ ஐ..•.••..

.

El Sol se ponía detrás de los altos edificios de la metrópoli. Desde la ventana de aquel bar, observaba los últimos rayos de luz con cierta nostalgia. Otro día más. Otro día terminaba sin mayores novedades. Desde aquel accidente, todos sus días parecían igual de insulsos y vacíos. Sus ganas de continuar se iban esfumando como los días. Hacia apenas unos meses atrás, ella y Yuichiro discutían la fecha de su boda. Ahora, todo había quedado en la nada misma. Ya no tenía deseos de pensar en ese momento, de pensar en cuál era la fecha ideal, de planear una fiesta o pensar en un hermoso vestido. ¿Cómo? ¿Cómo iba a estar planeando la boda de sus sueños? ¿Cómo iba a planear esa boda que ella no podía tener? Usagi y Mamoru ya tenían su fecha fijada. Hasta habían pensado en hacer una boda doble. Si hasta se había soñado en Tokio de Cristal junto a su amado Yuichiro. ¿Acaso no era posible? Después de todo, siempre supieron cuál sería el futuro de ella. De su boda, de su hija. Pero nunca supieron cuál sería el futuro de ellas mismas. Sólo que serían las guardianas de la reina y de Tokio. ¿Y qué más? Chibiusa nunca había querido contarles sobre ellas, sobre sus vidas en el futuro. La reina le había prohibido hablar, ella decía que su futuro estaba en sus manos, que ellas mismas debían forjarlo, no atarse a lo que sabían que iba a pasar. Y, por eso, era mejor no saber.

Pero ahora, ¿quién sabía? Los preparativos habían quedado en la nada. ¿Qué seria del futuro? Según lo poco que sabían de lo que les deparaba el futuro, Usagi quedaría embarazada a los 22 años, que entraría al altar con Chibiusa en su vientre. Usagi cumplía los 22 en apenas tres meses. El sólo pensarlo le daba escalofríos.

Dio el último sorbo a su taza de café. Volvió a tomar su pluma y continuó escribiendo. Realmente soñaba con llegar a publicar un libro de poesías. O que alguna súper estrella cantará sus canciones. Mejor aún, que la súper estrella que haga famosa sus canciones sea Minako, ¿por qué no? Minako, que solía cantar en ese mismo bar los viernes a la noche, justo antes de que el lugar se convierta en una disco. Y ella sabía que había un cazador de estrellas que ya la tenía vista, el asistía todos los viernes al bar para escucharla cantar y ver las reacciones del público.

El sonido de la taza de café llenándose la sacó de sus cavilaciones. Su amiga había notado que había terminado su taza y le estaba sirviendo más.

-Esto te mantendrá despierta. - le dijo, guiñándole un ojo.

-¿Tanto se nota que no he dormido?- bromeó.

-Creo que ninguna de nosotras ha dormido demasiado últimamente. - respondió con un dejo de tristeza. Y no supo que contestar. Un silencio incómodo se produjo. Entonces, ella le arrebató el libro en el que tenía todos sus apuntes, aquel que la acompañaba adónde fuera, sólo por si acaso, por si la sorprendía un ataque de inspiración.

-¡Oye!- gritó molesta.

-¿Qué escribes? ¿Es una nueva canción? ¿O un poema? - dijo, leyendo algunas líneas, antes de que su dueña lo recuperará. -Wow, es muy profundo… y triste…- Reí frunció el ceño. Odiaba que su amiga hiciera eso, que leyera sus apuntes. Aún eran sólo eso, apuntes, borradores, aún le faltaba mucho para darle forma, para estar conforme con el resultado.

-No hagas eso… aún no lo termino.

- Pero es muy hermoso... ¿Sabes? Motoki tiene un amigo que trabaja en una editorial...

-¿Me lo dices en serio? - las mejillas de Rei se tiñeron de rojo carmesí, mientras que sus ojos adquirían un brillo especial. - No... ¿cómo podría tomarme ese atrevimiento?

-Motoki me dijo que su amigo no tiene problemas... ¿Por qué no preparas un borrador con tus mejores poesías? Eres buena... ¡seguro querrán publicarte!

-No lo sé... Es que yo...

-¡Ánimo! Tus poesías merecen ser leídas por el mundo.

-¡Chicas!- la escandalosa voz de la rubia llamó la atención no sólo de las jóvenes sino de todos los presentes en aquel bar. Minako mantenía esa efusividad y alegría que la caracterizaban, aun en circunstancias tan extremas como las que estaban viviendo. Era de ese modo como intentaba mantener al grupo unido y fuerte. Se acercó a ellas, llevaba su gran bolso lleno de cosas.

-¡Ay por dios!- dijo Makoto, alarmada.- ¡Ya estás aquí! ¡Ya casi es hora y yo aquí hablando como si nada! ¡Tengo que preparar todo! - dio medio vuelta y regresó a la cocina, mientras una gota de sudor resbalaba sobre la frente de Minako.

-¿Cómo está?- preguntó Rei, quien siempre intentaba hacer como que no le afectaba el estado de su amiga. Aunque la realidad era la que más estaba sufriendo todo lo que estaba pasando.

-Igual... Mamoru está de guardia esta noche, estará con ella mientras no haya ninguna urgencia. - Rei volvió a sus apuntes. Entonces Minako se sentó frente a ella y tomó su mano. Rei volvió a levantar su mirada, hasta toparse con los ojos azul cielo de su amiga. - Dime, Rei, ¿qué has sentido? - Rei abrió los ojos con sorpresa. Desde hacía unos cuantos días tenía esa extraña sensación, la sensación de que alguien la perseguía. Esa persona tenía una energía muy poderosa, podía sentirlo. Pero era una energía diferente, no se parecía en nada a las entidades que había enfrentado en el pasado, por eso no podía estar segura de que se trataba de un enemigo. Aun así, el Cristal de Plata seguía desaparecido. Algo iba a pasar, lo sabía. Había tenido algunas visiones desde el accidente de Usagi, pero eran borrosas y confusas, cada vez menos claras. El hecho de que ella se encuentre en ese estado hacía que sus poderes se debiliten.

-¿Qué... he sentido?

-Tus visiones... Aun las tienes ¿verdad? Sé que sientes que tus poderes disminuyen desde ese día... También lo siento... A veces... me da miedo no poder volver a transformarme...- Rei observó una profunda tristeza en los ojos de su amiga. - Aun así, sé que aún nos has perdido del todo su poder...

-No lo sé... Si he tenido algunas visiones... pero todo es muy confuso... de verdad no lo sé. - dijo, retirando su mano y volviendo a bajar su mirada.

-Estos días... he tenido la sensación de que alguien me persigue...- dijo Minako, bajando su tono de voz, algo avergonzada.

-¿Alguien... te sigue?

- Quisiera saber que no estoy loca ni paranoica.

-¡Mina! - Makoto volvía de la cocina a toda prisa. Los viernes eran días muy concurridos en el bar, por eso, Makoto siempre andaba corriendo de un lado para el otro. - ¡Ya casi es hora! ¿Ya tienes preparada tu rutina?

-¿Rutina? - preguntó Minako, en medio de una risita nerviosa. - Sólo tengo una idea... Improvisaré el resto. - Una gota de sudor resbaló por la cabeza de Makoto. Su amiga siempre era tan desestructurada.

-¡Pues al menos ve a prepararte! Las personas ya están empezando a llegar.

-¡Es cierto! - dijo, poniéndose de pie bruscamente, mientras tomaba el bolso que había dejado en el piso. - ¡Estaré lista en un santiamén!

.

•.••..ஐ ஐ..•.••..

.

Oscurecía. No estaba segura si era porque anochecía o por la tormenta que se avecinaba. Oxford era una ciudad demasiado lluviosa para su gusto. Aunque, a decir verdad, tampoco es que tuviera mucho que hacer, más que estudiar y estudiar. Su vida social prácticamente no había existido en el último año. Sus compañeros, a menudo, asistían a fiestas y recitales. Pero para ella no había sido fácil integrarse a un grupo de universitarios occidentales, la gran mayoría de muy buena posición económica. Claro, no cualquiera podía permitirse estudiar en Oxford, los altos costos de matrícula y los aranceles de los departamentos en el campus la hacían una universidad exclusiva. Y mantener una beca como la que ella tenía no era algo que muchos podían hacer. Tampoco era fácil para una chica japonesa ser aceptada en el racista y prejuicioso mundo anglosajón. De todos modos, eso no era algo que le preocupara demasiado. Había aceptado esa beca sólo por estudiar en una de las universidades más prestigiosas del mundo, no para hacer amigos. Por otro lado, la extenuante carrera de medicina no suele dejar demasiado tiempo para la distracción, ni en ese país ni en ningún otro. Menos si pretendía mantener sus calificaciones para no perder su beca.

Despegó la atención de su grueso libro de medicina cuando escuchó las gotas de lluvia golpear contra la ventana. Se acercó para observar la lluvia caer. Desde la ventana de su departamento podía verse el parque del campus y el viejo edificio de la facultad de medicina al otro extremo. Era un lugar realmente hermoso. El parque estaba realmente muy cuidado, el césped estaba bien cortado y había flores de todos colores decorándolo. Las edificaciones mantenían ese encanto de la Edad Media, eran una obra de arte en sí mismas. Al recorrer sus pasillos, solía sentirse dentro del mismo colegio Hogwarts, ¡hasta podría jurar que se cruzaría a Harry Potter en el comedor! Había tenido el gusto de visitar Londres durante su receso escolar de Navidad, una experiencia que quedaría gravada en su mente por el resto de su vida. Pero su vida no parecía completa, sentía un gran vacío en su corazón y un profundo dolor en su alma, un dolor que se había hecho más intenso en los últimos meses.

Recordó con tristeza aquel día, el día del fatídico accidente. Rei la había llamado por teléfono, lo que ya le había resultado extraño. Dada la distancia, un llamado telefónico era bastante costoso, por esa razón solían charlar por whatsapp. Por lo general, a través del grupo que compartían las cinco, pues no había nada que ninguna de ellas tuviera que contar que no pudieran saber las otras cuatro, no había secretos entre ellas. La llamada, claramente, indicaba que se trataba de algo importante. Pero, jamás hubiera imaginado tremenda noticia. El mundo se le había caído abajo en ese momento, había querido dejar todo y volar a Japón. Pero sus amigas la habían convencido de que todo estaría bien, de que no eche por la borda todo su esfuerzo y su beca, que Usagi lo hubiera preferido así. Y para colmo, estaba colmada de parciales en ese momento. No tenía receso escolar hasta julio, por lo que no tenía posibilidades de viajar a Japón antes de esa fecha. Eso la hacía sentir culpable. Sabía que todas estaban con ella, que nunca estaba sola, que Minako hasta se las había ingeniado para llevar a Luna escondida en su bolso. Pero, aun así, sentía la necesidad de verla, de estar con ella.

Aun le faltaba un año para recibirse. Su madre había gastado mucho dinero para que ese viaje fuera posible. La beca de estudios sólo cubría su matrícula y el alquiler de su departamento en el campus. Lo demás costos de vida, así como los costosos libros de medicina corrían por cuenta ella. Así como también el pasaje de avión que su madre le compró. No podía permitirse volver así nada más, todo el esfuerzo de su madre sería en vano. Tampoco podía echar sus sueños por la borda, estaban tan cerca de realizarse. Sólo un año más, un último esfuerzo, y sería una doctora recibida en una de las mejores universidades del mundo.

Pero no podía dejar de pensar en ese "otro futuro", el futuro que sabía que no podía eludir ni cambiar, el futuro que estaba cada vez más cerca. Porque el momento en que Usagi asumiría el poder desde Tokio de Cristal se acercaba y ella y las demás deberían asumir la responsabilidad de protegerla. Entonces no habría demasiado lugar en su vida para su carrera ni sus sueños, ni siquiera para su vida personal. ¿Acaso en el mundo del futuro se necesitaría alguna vez de un doctor? Probablemente no. Si el Cristal de Plata haría que las personas prolonguen su vida durante cientos de años, seguramente también haría que las enfermedades no existan. En el mundo del futuro, el renacimiento del Milenio de Plata, todo sería perfecto, no habría penas ni dolor, ni enfermedades, ni maldad, la muerte sería algo que ocurriría muy pocas veces. Entonces, ¿qué caso tenía estudiar? ¿Para qué quería recibirse? ¿Por qué se estaba esforzando tanto?

Observó, una vez más, el amplio parque del campus, lo recorrió con su mirada. Entonces, pudo ver la silueta de un hombre parado bajo la lluvia. Un hombre alto, corpulento. Pudo notar que sus largos cabellos ondulados estaban atados en una cola baja. Un escalofrío recorrió su cuerpo, al mismo tiempo que su corazón se estrujaba. ¿Quién era él? ¿Por qué la hacía sentir de esa manera? ¿Por qué sentía un aura poderosa, pero, a la vez, familiar?

Corrió fuera de la habitación, sólo guiada por sus impulsos. Corrió fuera del departamento, directo al lugar en el parque en que lo había visto. Pero, al llegar allí, ya no había nadie. Observó a su alrededor, mientras la lluvia que caía copiosamente, empapaba su ropa y cabello. Se quedó bajo la lluvia, con un vacío en su corazón y una duda enorme atravesando su alma. La lluvia caía con fuerza, pero eso ni siquiera le importaba. Algo le decía que las cosas no estaban bien, que el accidente de Usagi no era una mera casualidad, que necesitaba volver a Japón cuanto antes.

Las cosas se tornaron aún más extrañas la mañana siguiente. Casi no había dormido después de aquel incidente, así que las ojeras bajo sus ojos eran parte de su look esa mañana. Al terminar su clase se anatomía, su profesor preferido le pidió que lo esperara. El profesor Evans era un reconocido médico forense, y estaba a cargo de las clases de anatomía y medicina forense en esa facultad. No llegaba a los 40 años, pero tenía el suficiente reconocimiento y prestigio como para ganar un premio Nobel. Además, era bastante apuesto y hasta aparentaba tener menos edad de la que en realidad tenía. Sus rizos dorados y ojos color cielo despertaban suspiros en la mayoría de sus alumnas. Y Ami no era la excepción. Aunque no era sólo su físico, ella además lo admiraba por su inteligencia y por sus conocimientos.

El doctor Evans esperó a que todos sus alumnos salieran de su salón antes de dirigirse a ella. Entonces le pidió que se acercara. Por alguna razón, estaba más nerviosa que de costumbre, hasta podía sentir sus mejillas sonrojadas. Él provocaba ese efecto en ella.

-Señorita Mizuno.- le sonrió él, con esa calidez que lo caracterizaba. Eso hizo que se sonroje aún más. - Debo confesar que usted es una de las alumnas más brillantes que he tenido durante toda mi carrera como profesor en esta universidad...

-Muchas gracias...- dijo con el rostro completamente rojo.

-Eso por eso que me gustaría hacerle una propuesta.

-¿Una propuesta?

-Aún no tiene decidido que especialidad va a seguir una vez que se gradúe, ¿no es así?

-Bueno... yo... tengo alguna idea, pero aún no estoy del todo decidida.

-Ya veo... quizás no lo haya tenido en cuenta, pero la medicina forense es una muy buena alternativa, y tiene salidas muy variadas.

-¿Medicina forense?- repitió Ami, casi por inercia. A decir verdad, ella deseaba estudiar medicina para atender a los vivos, no a los muertos.

-Lo sé... es algo diferente a los que tenías en mente... La mayoría de los jóvenes elijen medicina con deseos de curar enfermedades y salvar vidas, no para trabajar con muertos... Pero te sorprendería lo mucho que la medicina forense puede ayudar. No quiero presionarte a que elijas algo que no quieras, pero debo confesar que me encantaría tener a alguien tan brillante como colega. - Ami se sonrojó aún más ante el elogio de su profesor. - Hace unos cuantos días que estoy trabajando en un proyecto muy interesante, a la persona que me lo encomendó le urge saber mis conclusiones, pero he estado demasiado ocupado como para volcarme de lleno a él.

-¿Un proyecto? ¿Acaso se trata de algún crimen sin resolver?

-No exactamente... ¿Te interesaría?

-¿Qué?

-Me serías de gran ayuda... haciendo tareas simples, claro, nada demasiado diferente a lo que hemos hechos con cadáveres durante las clases. Cosas simples que no he podido hacer por falta de tiempo. Para mí sería de gran ayuda y para ti sería una experiencia en algo diferente. Creo que es importante explorar todas las alternativas posibles antes de tomar una decisión.

-¿Y por qué a mí?

-Por qué eres la mejor de mi clase... ¿qué dices? - Ami guardó silencio unos minutos. A decir verdad, le intrigaba bastante saber de qué se trataba ese proyecto tan misterioso. Ser médico forense jamás había estado ni en sus planes más locos, pero, por alguna razón, sintió que debía participar de ese proyecto. Ella no era de esas personas que toman decisiones a la ligera, pero algo le decía que tenía que aceptar esa propuesta.

*•. .•*•. .•*


N/A

Siempre me he preguntado qué será de la vida personal de las sailor en Tokio de Crystal. ¿De verdad ellas dedican cada segundo de sus días a cuidar de Usagi y el Cristal de Plata? Pero, si en el resurgimiento del Milenio de Plata, todo es paz y armonía, no hay maldad ni desastres naturales, entonces ¿de qué la protegen? O sea, me imagino que deben tener mucho tiempo libre ¿no? En este capítulo, nuestras protagonistas también se lo preguntan. La verdad siempre creí muy injusto que sólo Usagi encuentre el amor de su vida y forme una familia, por eso, he decidido pensar que lo que nos mostraron en el futuro es sólo una parte de la historia, pero que realmente las chicas llevan una vida normal, con parejas y familias. Y eso es lo que intento plasmar en este capítulo.

Aquí vimos con un poco más de detalle como sigue la vida de nuestras heroínas. A partir del capítulo siguiente veremos la vida de cada una de ellas con más detalle. Y también empezaré a introducir la acción gradualmente.

¡Espero estén ahí!