El tan esperado día de primavera en el que entraría a la academia ninja llegó.
Estaba tan nerviosa que apenas y podía escuchar las voces en su entorno, enfocándose en los inquietos latidos de su corazón; que aturdían sus oídos, y estrujando con mucha fuerza las correas de su mochila azul oscuro.
Kagome, parada detrás de ella, la vio con comprensión. Como su pequeña HanaYasha de 5 años no estaba acostumbrada a convivir con niños humanos, le costaba hacer a un lado sus caóticos pensamientos y pensar en sí misma, como otra niña que soñaba con convertirse en Shinobi.
Ni ella ni InuYasha le habían dado comentarios negativos al respecto. Al contrario. Respetaron su decisión y la motivaron a seguir ese camino. Razón por la cual, ella la había acompañado personalmente a la ceremonia de ingreso.
-¿Vamos? – le preguntó, con una sonrisa animada.
La niña, girando y mirando hacia arriba, asintió, extendiéndole su mano derecha. Kagome volvió a sonreír y la tomó, ayudándola a mantenerse de pie en el ancho y largo pasillo principal del edificio.
Otros niños humanos también habían asistido a la ceremonia con sus padres, recibiendo elogios y bromas... hasta que sus miradas se dirigieron a ellas, comentando sobre su apariencia.
HanaYasha aflojó el agarre a la mano de su madre, imaginando un escenario en el que todos se burlaban de ella. Ya no podría ser admitida en la academia ninja y vagaría por siempre en los bosques. Todo por tener una apariencia cercana a la de un Youkai.
-Hana-chan.
Entonces, la voz de su madre la trajo de vuelta a la realidad, haciéndola dar un respingo antes de que sus ojos dorados voltearan a su rostro.
En silencio, Kagome señaló su sonrisa.
Por ello, recordó la sugerencia que le dio la noche anterior. "Cuando te sientas intranquila, sonríe y saluda". Volvió su mirada al frente. Sonrió y gritó a todos los presentes:
-¡Buenos días!
Ante tanta efusividad dada de su parte, los adultos no pudieron evitar devolverle sus palabras. Los niños, viendo aquello, los imitaron, algo que alegró profundamente su corazón y le quitó de golpe el miedo que tenía encerrado.
Kagome sonrió orgullosa. Apretó con más fuerza su mano y la condujo al final del corredor. Detrás de unas puertas corredizas de madera, abiertas de par en par, se hallaba el patio, donde la mayoría de los niños que entrarían a estudiar ya estaban formados.
A sus espaldas, estaban sus respectivos padres; también formados en 10 filas, esperando a que el director de la academia; Hiruzen Uzumaki, diera el discurso de bienvenida. Entre el grupo de adultos, Kagome reconoció a Fugaku Uchiha, sonriéndole y saludándolo con su brazo derecho, una vez que sus miradas se encontraron.
-Ve a formarte, pequeña. – le pidió a la niña. – Volveremos a casa cuando la ceremonia haya terminado.
HanaYasha asintió. Se apartó de Kagome y buscó una fila para formarse. Cuando finalmente creyó haber encontrado la indicada, se topó de frente con un niño de piel blanca, ojos azules y corto cabello rojo.
Taichi. El hijo de Koga y Ayame.
Por unos segundos, ambos se miraron en silencio y se dedicaron muecas que expresaban el asco que sentían el uno por el otro; sacando la lengua y estirando sus parpados hacia abajo.
En eso, sus ojos dorados voltearon a su derecha. Formado detrás de tres niños, se hallaba el chico al que había salvado meses atrás. Este, sintiendo su mirada, se giró hacia ella, sorprendiéndose con su apariencia... para luego voltear a su izquierda.
Pensando en ello como un gesto divertido, HanaYasha parpadeó animada y sonrió. Rodeó a los tres niños y se formó detrás del chico de ojos negros, llamando la atención de Taichi, cuya mueca lo hacía tener un tic en su ojo izquierdo.
¡¿Por qué demonios lo había dejado solo?!
Luego, sus ojos azules se dirigieron al niño frente a ella.
No sabía quién era, pero, desde ese momento... ¡Lo declaraba su rival de por vida!
PPPPP
Una semana después, el grupo de primer año entró a clases, con Iruka Uzumaki como su profesor y guía.
Por el entusiasmo de haber dado su primer paso para convertirse en los próximos ninjas que defenderían su aldea con honor, muchos de los niños no podían dejar de hablar, por lo que el adulto joven no tuvo más alternativa que gritar y amenazar con castigos.
Al instante, la gran cantidad de pequeños se apresuró en tomar sus asientos.
-¡Antes de comenzar a explicar los fundamentos básicos del ninjutsu, quiero que todos se paren al frente, digan sus nombres y sus sueños para el futuro! – añadió el docente, señalando al primer alumno sentado a su izquierda.
El menor, saltando por los nervios, se apresuró en levantarse y en pararse a un lado del escritorio. Los minutos transcurrieron al igual que los niños.
HanaYasha vio con curiosidad el reloj, colgado encima del pizarrón, hasta que una voz fría y arrogante llamó su atención.
Los ojos blancos del niño que se presentaba en ese instante, le dieron escalofríos. Parecía como si pudieran observar, algo más que los órganos en su cuerpo.
-Me llamó Neji Hyuga. – espetó, cruzado de brazos. – Tengo la ambición de convertirme en el líder de mi clan y ser uno de los ninjas más fuertes que han existido en Konoha.
Una niña con el cabello castaño; peinado en forma de dos moños, fue la primera en aplaudirle, seguida por otros de sus compañeros.
El chico, sonriendo con arrogancia, se retiró de vuelta a su asiento, dándole permiso al que seguía para presentarse.
El niño de ojos negros.
Taichi, quien se había acostado perezosamente en su lugar; subiendo sus pies a la mesa, se enderezó y lo miró enojado.
-Soy Itachi Uchiha. Mi sueño es destruir a los Youkai malignos más poderosos del mundo.
Los niños quedaron tan atónitos con su presentación, que lo miraron en silencio por unos segundos... antes de comenzar a mofarse con estruendo.
Taichi era quien más escandalo hacía, tomándose el estómago y extrañando a los chicos que lo acompañaban.
Itachi se encogió de hombros. No le desanimaba en absoluto sus reacciones. Confiaba en sus habilidades y contaba con el apoyo de su amigo Shisui, así que sabía que podría cumplir su sueño tarde o temprano.
En eso, sus ojos se encontraron con los ojos dorados de HanaYasha. Rodeada de carcajadas y muecas, ella era la única que no se había reído de sus palabras.
Y se hubiera quedado unos segundos más sorprendido, de no haber sido porque Iruka mandó a llamar a la siguiente niña.
Tuvieron que pasar otros 5 para que HanaYasha finalmente pudiera presentarse. Estaba nerviosa. Pero no podía permitir que los demás se dieran cuenta de eso.
-Mi nombre es HanaYasha Higurashi. – dijo, haciendo una breve reverencia y sonriendo un poco. – Mi sueño para el futuro es...
-¿Ya viste su cabello? – dijo de repente un niño de cabello verde pálido, desconcertándola con su risa.
-¡Si! ¡Y esas orejas son horribles! – agregó la niña sentada a su lado.
De repente, a ambos les cayó encima un par de pergaminos. Al voltear al otro lado del aula, vieron a Taichi parado en su escritorio, con los brazos cruzados y una expresión de pocos amigos. Los chicos que estaban a su lado, se encogieron en sus asientos.
-¡¿Cuál es tu problema, monstruo?! – le preguntó el niño, con una vena punzante en su cabeza.
-¡No! ¡¿Cuál es SU problema?! – replicó, poniéndolo nervioso por la intensidad de su voz. - ¡HanaYasha estaba hablando! ¡¿Cómo se atreven a interrumpirla con sus comentarios estúpidos?!
-Taichi tiene razón. – dijo el maestro Iruka, señalando la puerta. - ¡Tenma, Ichigo, están castigados! ¡Fuera de la clase!
Fulminando a Taichi con la mirada, los dos niños chasquearon la lengua y obedecieron.
-HanaYasha. Puedes continuar. – comentó con una sonrisa.
La aludida asintió.
-¡Mi sueño para el futuro es...! – exclamó más animada. - ¡...convertirme en la primera kunoichi del clan Higurashi!
Al escuchar aquello, muchos de sus compañeros comenzaron a cuchichear. Neji Hyuga frunció el ceño. Ese sueño era más que ridículo. Un monstruo jamás podría convertirse en ninja.
-¡Ya, silencio! – gritó Iruka, apagando el alboroto entre sus estudiantes.
No obstante, antes de que el siguiente niño se levantara para presentarse, Taichi le ganó, saltando de la mesa de su lugar hacia el escritorio de su maestro.
-¡Soy Taichi! ¡Pertenezco al clan Higurashi, pero también soy un orgulloso miembro de la tribu de los hombres lobo del este! – declaró con el ceño fruncido y los brazos cruzados, para luego señalar al niño de ojos y cabello negro. - ¡También sueño con convertirme en Shinobi, pero, ahora que te conocí, Itachi Uchiha, quiero derrotarte...! – volteó hacia la niña peliplateada. - ¡...y casarme algún día con HanaYasha!
-¡¿Qué?! – exclamó asustada, mirándolo con una mueca.
Iruka y los demás niños los miraron atónitos.
-¡Pero si tú me odias! ¡Además, mi papá jamás lo permitiría!
-¡Tranquila! – dijo sonriendo. - ¡Lo haré cambiar de opinión en un dos por tres!
-¡¿ESTÁS LOCO?!
-¡Ya fue suficiente, vuelvan a sus asientos! – ordenó Iruka.
Dando respingos por el miedo y la vergüenza, los dos obedecieron, subiendo los escalones a los lados de los asientos. Una vez que pasaron otros 6 niños más al frente; incluyendo a la chica de cabello castaño peinado en dos moños, cuyo nombre era Tenten, la primera clase de ninjutsu dio comienzo.
PPPPP
En cuanto la campana sonó en todos los salones, dando por concluido ese día, niños de varias edades salieron de la academia ninja, corriendo y saltando por las ramas de los árboles o los senderos de tierra para volver a sus casas.
HanaYasha no tenía tanta prisa por volver, sintiéndose más que decaída por lo ocurrido con Taichi durante las presentaciones.
¿De dónde había sacado tanta osadía como para pensar que InuYasha accedería a una relación entre ambos? Y peor aún... ¡Todos, incluyendo a Itachi Uchiha, habían sido testigos de esa apasionante demostración de demencia!
Agachando la cabeza; más de la que ya la tenía, se detuvo a unos metros de la entrada de la academia y suspiró.
Ni siquiera cuando fue la hora del almuerzo sus compañeros la dejaron tranquila, riéndose de ella y de la "bonita pareja" que hacía con Taichi.
Gruñendo enojada, alzó la mirada y negó, moviendo la cabeza de un lado a otro. De pronto, sintió una mano sobre su hombro derecho, dando un respingo y volteando.
Su grado de sorpresa sobrepasó su límite al toparse con Itachi Uchiha, por lo que sus hombros se tensaron y sus mejillas se ruborizaron de golpe.
-Gracias. – le murmuró, confundiéndola. – Por salvarme de ese gusano Youkai hace unos meses y por no decirle a nadie.
Parpadeó, frunció el ceño y se llevó sus manos por detrás de su nuca.
-A diferencia del lobo apestoso, yo soy más discreta. – comentó, dirigiendo sus ojos dorados a los árboles a su izquierda.
Sin embargo, al escuchar una pequeña risa de su parte, movió sus orejas de perro y también sonrió, volviendo la mirada hacia él.
-M-Me llamo HanaYasha.
-Lo sé. – asintió. - Te presentaste frente a mi padre en esa ocasión, ¿Recuerdas?
Su comentario le dio un escalofrío por la vergüenza y la hizo ruborizar de nuevo. Aquel día se había puesto inmensamente feliz por haber compartido unas pequeñas palabras con el comandante de la policía militar, siendo un secreto que debía mantener escondido de sus padres, para que no se enteraran de que había estado sola en el bosque.
-A propósito... - la voz del niño la sacó de sus pensamientos. - ¿Cómo supiste que soy del distrito Uchiha?
Sonriendo de nuevo, la niña ya iba a explicarle con lujo de detalle sobre sus características como Hanyou.
No obstante, un repentino globo, relleno con pintura roja se lo impidió, al estrecharse en el lado derecho de su cara. El golpe no fue la gran cosa, pero se vio forzada a cerrar su ojo por el líquido que le caía desde la frente, manchando también su flequillo plateado.
Itachi volteó indignado hacia la entrada de la academia. Tenma había sido el responsable, festejando su buena puntería con una sonrisa insoportable, al lado de sus amigos Ichigo y Rouga.
-¡Oye, monstruo...! – exclamó el chico de cabello verde pálido, tomando otro globo lleno de pintura y lanzándolo con fuerza.
Ichigo y Rouga hicieron lo mismo, sin importarles que Itachi se viera involucrado. De pronto, una sombra se colocó frente a HanaYasha, devolviendo los globos con su espada enfundada hacia el grupo, quedando con las sandalias, las piernas y las ropas salpicadas de pintura. Al pensar que se había tratado de una especie de maleficio, los niños huyeron despavoridos, bramando cosas sin sentido sobre espíritus.
-¡Shisui!
Itachi lo llamó atónito, al mismo tiempo que le dedicaba una pequeña sonrisa; devolviendo su arma a las cuerdas cruzadas de cuero en su espalda, y se giraba hacia HanaYasha.
-No te lastimaron, ¿O sí? – la interrogó, agachándose a su altura.
La pequeña negó, mostrándose incómoda por la pintura roja que se sostenía con la mano derecha.
-Itachi, ayúdala a subir a mi espalda.
El aludido asintió y obedeció, rodeando a la Hanyou con sus brazos para guiarla. Después de que Shisui tomara sus piernas, saltaron hacia las ramas de los árboles, yendo hacia el bosque y llegando a un rio poco profundo. Al bajar de la espalda del muchacho, Itachi volvió a ayudarla, arrodillándola en la orilla. Ella tomó parte del agua que pasaba hacia su izquierda con sus manos y se enjuagó el rostro.
-¿Cómo...? – preguntó Itachi, volteando al chico de rizado cabello negro.
-Fui al escondite. Pero, como no estabas ahí, creí que te había pasado algo. – explicó, sacando un pañuelo de sus cortos pantalones azul oscuro y ofreciéndoselo a HanaYasha.
En cuanto lo vio, le agradeció al chico con una reverencia y lo tomó, pasándoselo por su rostro y quitando los restos de agua y pintura. En eso, sus orejas de perro se movieron y su mano derecha, reaccionando, atrapó un pescado que pasó nadando a su lado.
-Genial... - murmuró Shisui, anonadado, viendo cómo se levantaba y se lo ofrecía.
-¡Gracias por ayudarme! – exclamó la menor, con la cabeza agachada.
-Si atrapas otros cuatro, podríamos hacer una fogata.
HanaYasha asintió. Dejó que tomara el pescado en sus manos y luego, entró al rio, dejándose guiar por los sonidos de la naturaleza.
Itachi mantuvo su completa atención en sus movimientos... hasta que recibió una palmada por parte de Shisui, pidiéndole con una sonrisa que reuniera madera para una fogata.
Él asintió, apresurándose para poder seguir viendo a la Hanyou. Sin embargo, para el momento en el que consiguió juntar bastantes ramas en sus brazos, ella ya había terminado, ganándose más halagos de Shisui.
-¡AY!
De pronto, un estrepitoso ruido hizo temblar la tierra, haciéndolos voltear hacia los arbustos. Taichi se sacudió la cabeza antes de ponerse de pie.
-¡Lo sabía! ¡Te escapaste para estar con Itachi Uchiha! – exclamó indignado, señalando enojado a HanaYasha.
-¡Piérdete, pulgoso! – bramó molesta. - ¡Ya tuve suficiente de ti por hoy!
-¡JA! ¡¿Te refieres a mi perfecta declaración de amor?! – cuestionó con una sonrisa burlona.
La Hanyou se enojó tanto con aquella cara, que soltó los pescados. Corrió de prisa hacia él y, con una patada, lo mandó a volar unos metros por encima de las copas de los árboles. Itachi y Shisui se quedaron perplejos. Jamás habían conocido a una niña que tuviera tanta fuerza.
PPPPP
La junta entre los líderes de Konoha se dio por finalizada, dándole la oportunidad a InuYasha de acercarse a Hiashi Hyuga. El hombre de mirada severa, ojos blancos; que anunciaban a los demás que era el portador del Byakugan, y largo cabello castaño, le dio una indicación a su hermano gemelo; Hizashi, antes de dirigirse al Hanyou. Bastó una sola mirada para que comprendiera sus intenciones. Por ello, caminaron a lo largo del corredor y se detuvieron en un balcón donde nadie podría escucharlos.
-¿Cómo se encuentra Asagi? – preguntó InuYasha.
Hiashi, en lugar de responder, sacó una carta del interior de su kimono negro y se la extendió.
-La redactaron sus padres adoptivos.
-¿De verdad puedo leerla? – cuestionó, tomando el sobre.
El hombre asintió, dándole permiso para abrirlo y sacar el escrito. El matrimonio Hyuga que se había ofrecido a cuidarla, después de haber pasado unos días en el hospital del distrito Haruno, explicaba que se sentían felices de que diera sus primeros pasos. Comiera más y estuviera llena de energía.
El Hanyou rio con esas líneas, recordando los disparatados saltos que HanaYasha daba en su habitación a la hora de dormir, haciéndolo batallar, tanto a él como a Kagome.
Al terminar, guardó la carta en el sobre y se la devolvió a Hiashi. Después, subió a la barandilla metálica, dándole las gracias, y se marchó por las ramas de los árboles.
Fin del capítulo.
