Cuando HanaYasha llegó al hospital con Taichi, se toparon en el pasillo con Neji Hyuga. El muchacho de cabello castaño volteó a ellos con curiosidad, estando parado, con la espalda apoyada en la pared y los brazos cruzados.
Ninguno lo había visto desde que se graduaron de la academia. Sin embargo, habían escuchado que sacó la puntuación más alta de la clase, graduándose con honores. Y que, con el poder de su byakugan, se había convertido en el líder de un escuadrón, con ninjas más inexpertos a su cargo.
-C-Cuánto tiempo... - HanaYasha rompió el incómodo silencio, añadiendo una risa a su comentario y llevándose una mano por detrás de la cabeza.
-¿V-Viniste a que te revisaran? – prosiguió Taichi, esforzándose por esconder el tic nervioso en su ojo izquierdo.
-Tenten se lastimó el brazo. – respondió Neji, suspirando. – Le dije cientos de veces que no usara armas más pesadas que su cuerpo, pero nunca me escucha.
Al notar lo relajado que estaba, la Hanyou y el Youkai también suspiraron, con alivio.
-¿Y ustedes? – interrogó. - ¿Qué hacen aquí?
-El hermano de HanaYasha se cayó. – contestó el muchacho lobo. - Estaba practicando con una de sus compañeras en una de las montañas de tu distrito.
De pronto, la puerta corrediza a su derecha se abrió. Tenten tenía puesto un cabestrillo en su brazo izquierdo, llevando una mueca de derrota, como si fuera el fin del mundo.
HanaYasha y Taichi la vieron apenados, antes de despedirse de ambos y correr de nuevo por los pasillos del hospital. Una enfermera que pasaba por ahí, les llamó la atención, haciendo sonreír a sus antiguos compañeros de la academia.
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-Está fuera de peligro. – anunció Tsunade, aliviando los corazones de InuYasha y Kagome.
-Ahora solo hay que esperar a que despierten. – agregó Orochimaru, retirándose unos guantes de hule de sus brazos.
-¡Mamá! ¡Papá! – HanaYasha los llamó desde el otro lado del pasillo, siendo recibida por los brazos de Kagome. - ¡¿Cómo está Daika?! ¡Taichi me dijo que se cayó de una montaña!
-Estaba practicando como poner chakra en las plantas de sus pies. – explicó Tsunade. – Pero cuando su amiga ya no pudo hacerlo durante su trayecto, se abalanzó hacia ella para protegerla.
El corazón de la joven latió con frenesí.
-Guren lo vio todo y se ofreció como voluntaria para un experimento que Orochimaru quería probar con ellos.
-Una transferencia de habilidades que puede curar órganos severamente dañados. – dijo el aludido. – Y la operación fue un éxito.
-¿Transferencia de habilidades? – preguntó Taichi. - ¿A qué se refiere?
-Al convertir la sangre de un usuario de kekkei genkai en medicina, es posible que sus componentes actúen en las zonas dañadas del cuerpo y las repare, en un lapso máximo de 24 horas. Es un experimento que se me ocurrió, en base al Jutsu de reencarnación giratoria del clan Uchiha.
-¡Pero, los dos estarán bien! ¡¿Verdad?! – bramó HanaYasha, preocupada.
-Por supuesto. – aseguró Tsunade, volteando a la vitrina de la habitación de Daika y Guren.
Ambos reposaban en dos camas diferentes, una junto a la otra, conectados a máquinas que les medían el pulso.
-Se quedaran aquí para observaciones y si recuperan la consciencia para mañana, pueden llevárselos.
De repente, la atención de los jóvenes se dirigió a un llanto que pretendía ser silencioso y discreto. Sentada en una banca junto a la pared, se encontraba una niña de piel blanca y corto cabello azul, atado. Portaba un kimono de color café claro que le llegaba por arriba de las rodillas, con una cinta azul oscuro amarrada en la cintura. El símbolo del clan Hyuga estaba tejido en su espalda.
-Ella es la amiga de Daika. – aclaró Kagome, parándose en medio de su hija y del hijo de Koga y Ayame. - Se llama Asagi.
-Asagi... - pensó la Hanyou, intentando recordar por qué ese nombre se le hacía tan familiar.
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Tres días después, HanaYasha caminó tranquilamente por el bosque que dividía los distritos Uchiha y Higurashi, llegando a la colina donde solía platicar con Itachi. Suspiró al imaginar que no estaría ahí para escucharla o aconsejarla. Como lo había hecho cuando le confesó sobre la falta de sus poderes sobrenaturales.
Sin embargo, al levantar su mirada, con el viento moviendo su largo cabello plateado, se sorprendió al encontrarlo sentado en la hierba. Mientras se preguntaba si era una ilusión, él notó su presencia, girándose para sonreírle. Al instante, subió corriendo, quedándose parada unos segundos, antes de sentarse a su lado izquierdo.
-¿Cuándo volviste?
-Ayer por la tarde. – respondió, volteando sus ojos negros de los edificios y casas de su distrito hacia ella. – Sasuke me contó que le estás enseñando a disparar con el arco.
HanaYasha asintió.
-Escucha todas mis sugerencias y es disciplinado. – sonrió. – Empezó hace poco, pero ha mejorado bastante.
-¿Y Daika cómo está?
-¡¿Lo escuchaste?! – cuestionó atónita.
-Todos en el distrito Uchiha están preocupados.
HanaYasha se calmó y asintió.
-Todavía sigue recuperándose en casa. – suspiró. - Orochimaru-sama lo describió como un "efecto secundario temporal".
Itachi asintió, dejando que el silencio los envolviera. HanaYasha lo vio por el rabillo del ojo. A pesar de que su padre le había dicho que se había convertido en su prometido, nunca ha dejado de verlo como su amigo. Por lo mismo, se preguntaba cuál era su opinión al respecto.
¿Estaba de acuerdo con la decisión de su padre? ¿La veía de un modo diferente? No... eso no era posible. Se trataban como hermanos desde que entrenaban con Shisui y con Taichi. Sería extraño que de un momento a otro empezaran a comportarse como una pareja enamorada.
De repente, él se puso de pie y le extendió su mano derecha. La Hanyou se paralizó.
¡¿Le había leído la mente con el sharingan y por eso...?! No, un momento, ¡El sharingan no puede hacer eso...! ¿O sí?
Tragando saliva con fuerza, aceptó su gesto y se levantó con su ayuda, bajando de la colina, aun con sus manos unidas.
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-¡Sakura!
Al otro lado del patio de la academia ninja, apareció ante la niña de piel clara, corto cabello rosado y ojos verdes jade, un grupo conformado por cuatro de sus compañeras de su clase. Ino Hyuga, su mejor amiga, estaba entre ellas, sonriéndole con confianza.
-¡Estas petulantes no me creen que fuiste salvada por la demonio Higurashi! – afirmó, señalando de forma incriminatoria a las otras tres.
Al instante, sus mejillas se ruborizaron.
-¡¿L-Les contaste?! – preguntó avergonzada.
Justo cuando la rubia le iba a explicar la situación con lujo de detalle, cerca del edificio, un niño de ojos y cabello negro cayó al suelo, empapado por unos globos que le arrojaron.
-Ay, ¿Otra vez? – se quejó Ino, volteando la vista hacia el incidente. - Si tiene una maldición como tanto dicen, ¿Por qué no lo dejan en paz y ya?
-¿"Maldición"? – preguntó Sakura.
-Sasuke Uchiha. – pronunció seriamente. - Él...
Una vez más, fue interrumpida por otro accidente. Los atacantes de Sasuke habían recibido, cada uno en sus nucas, una bola hecha de lodo y hojas.
-¡Naruto! – gritaron los niños al unísono, viendo con el ceño fruncido a un chico de puntiagudo cabello rubio, claros ojos azules y piel bronceada.
-¡Si se meten con él, también se meten conmigo, de verás! – declaró, formando en su rostro una expresión zorruna.
Cuando quisieron darle su merecido con los globos de agua que aún tenían, escucharon la campana de la academia.
El descanso había terminado.
-¡Esto no se quedará así! – gritó uno de los menores, haciendo resoplar al rubio.
Sasuke, aun en el suelo, se abrazó y estornudó. Naruto, al verlo, corrió al otro lado del pasillo.
-Típico de Naruto. – comentó Ino, cruzándose de brazos y divirtiéndose con la situación. – Ayudar a los desamparados.
-Es genial. – pensó Sakura, viendo como le había conseguido una toalla a Sasuke; poniéndosela sobre los hombros, y lo ayudaba a ponerse de pie.
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Paseando por el centro de la aldea, HanaYasha se asombraba con cada cosa que veía a la venta en los comercios. Una de ellas, la cual, también llamó la atención de Itachi, fue un kimono azul oscuro con patrones de lirios blancos.
Cada detalle era tan extraordinario, que los ojos dorados de la joven no paraban de brillar, mirándolo desde cualquier ángulo, hasta que la dueña del local se molestó, exigiéndole que se fuera a echar su saliva a otra parte si no estaba dispuesta a comprar algo.
La Hanyou se deprimió al instante. Todo el dinero que había ganado con sus últimas misiones, lo había invertido en golosinas para los niños que vivían en el distrito Higurashi.
Solo podían contar con ella, con Daika y con Taichi para ese tipo de favores, ya que algunos adultos; como Koga, jamás aceptarían que comieran cosas hechas por "humanos despreciables".
-¡Y al final le dijo, "Te veré en el infierno, demonio Higurashi"!
Al escuchar aquella frase, un fuerte escalofrío recorrió su espalda completa.
-¡¿D-De verdad?!
-¡Qué miedo!
Volteó despacio. En un diminuto teatro para títeres, se mostraba su épica batalla contra Zabuza. Aterrada, contuvo el aliento. Y antes de que pudiera apoyarse en Itachi; por sentir que estaba por desmayarse, vio estremecida como se acercaba para ver el final.
-¡Y así, damas y caballeros...! – prosiguió el presentador, quitándose de su cabeza su elegante sombrero de copa negro. - ¡...fue como la poderosa HanaYasha Higurashi derrotó a Zabuza Momochi, el líder de los 7 espadachines de la niebla!
Los adultos que miraban la función callejera aplaudieron. El único que no lo hizo fue Itachi, atento al repentino cambio de expresión del hombre, pasando de incredulidad a una alegría extrema.
-¡Miren, ahí está! – gritó, señalando al otro lado de la calle.
De forma automática, los presentes se voltearon y corrieron hacia HanaYasha. Ella, pasmada y con un tic en su ojo izquierdo, fue incapaz de moverse... hasta que Itachi volvió rápidamente a su lado y la tomó del brazo izquierdo, comenzando a correr.
-¡Espere, demonio Higurashi!
-¡Queremos un autógrafo!
-¡M-Me duele la mano! – mintió por la presión. - ¡Tendrá que ser otro día!
Y con ese último grito, los aldeanos detuvieron su persecución, suspirando decepcionados mientras se dispersaban por los alrededores. Itachi y HanaYasha también se detuvieron. Mientras ella hacia berrinches en sus pensamientos; armando planes diabólicos contra Danzou, porque él era el único que sabía sobre su batalla con Zabuza, él se quedó viendo la vitrina de una tienda, llamando su atención con su silencio. Volteó también al frente. Sin dejar que la soltara, ambos se acercaron al local en renta.
-¿Un festival?
-¿Te gustaría ir? – Itachi la interrogó de pronto. - Estaré libre en estos días.
Parpadeando atónita, HanaYasha se ruborizó y asintió. En eso, sus ojos dorados voltearon a sus brazos.
Aún seguían sujetados gracias a su mano derecha. Su agarre era firme, pero no la lastimaba. El muchacho, al darse cuenta de ello, la soltó y volteó la mirada.
Ella sonrió. Se paró de puntitas para alcanzar su rostro y le plantó un pequeño beso en la mejilla izquierda.
-¡Nos vemos! – se despidió, dándole la espalda y alejándose por la calle.
Itachi llevó su mano a su mejilla, asombrado por lo sucedido. Sonrió.
Sabía que era traviesa. Pero no tenía idea de que le gustara coquetear.
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Transcurridas dos semanas, HanaYasha abrió las puertas de su armario, arrojando a la cama la primera prenda que veía. Cuando creyó tener las que necesitaba, se decepcionó al percatarse que ninguna era apropiada para el festival de verano de Konoha. Ya iba a tirar la toalla y a enviarle un mensaje a Itachi de que no podría asistir... cuando, de pronto, alguien tocó las puertas corredizas de su alcoba. Se aproximó a ellas y las abrió.
Era Guren, llevando en sus manos un paquete que tenía su nombre. Intrigada, la joven lo tomó y lo colocó en la cama, abriéndola junto con el ama de llaves. Se trataba del kimono que había visto con Itachi días atrás. Azul oscuro, con patrones de árboles blancos y un obi que le hacía juego. Sonrió emocionada. Esperó a que Guren saliera y se cambió de ropas.
No dejaba de verse por el espejo de cuerpo completo de su armario, girando, sonriendo e imaginando la cara que pondría Itachi al verla. ¿Se sonrojaría? ¿Le diría que es hermosa? Soltó una risita. ¡Por supuesto que no! ¡Él no encajaba para nada con esa descripción! ¡Además, ni siquiera se veían el uno al otro de modo romántico!
Dirigiéndose al escritorio, sacó de uno de sus cajones un adorno de media luna color azul plateado, amarrando su cabello en un moño alto. Al quedar lista, salió de su habitación y bajó al primer piso de la mansión, siendo elogiada por sus padres, por Daika y por Guren. Se colocó unas getas en el vestíbulo y salió, bajando las escaleras de madera de la colina.
Otros miembros del clan Higurashi que paseaban por las calles, le sonrieron y la felicitaron por lo bella que se veía. HanaYasha agradeció cada uno de sus cumplidos y corrió sin parar hacia el centro de Konoha. Quedó maravillada con los puestos de comida de todos los clanes. Los juegos, las luces en lámparas de papel, los adornos, los globos, los coloridos letreros, el bullicio de la gente.
Saltando emocionada, volvió a sonreír. ¡Ansiaba pasearse por todo el lugar y ver cada cosa y detalle que tenía! Sin embargo, debía tranquilizarse. Ser paciente y esperar a Itachi. De otra manera, no podría divertirse igual. Respirando para calmarse, se sentó en una banca.
En eso, su estómago gruñó por el hambre. Volteando al frente, se percató de un puesto que vendía dangos. Sonriendo, se acercó y pidió cinco raciones. Comería dos y a Itachi le guardaría tres, ya que eran sus favoritos. Después de pagarlos y de despedirse de la amable dueña del puesto, volvió de nuevo a la banca y los degustó.
Los segundos se convirtieron en minutos. Y los minutos se convirtieron en horas, dando las 9 de la noche. En ese lapso de tiempo, había visto a mucha gente ir y venir. Parejas sobre todo.
Suspiró.
Era obvio que, como en ocasiones anteriores, algo había detenido al Uchiha. Resignada, se comió los dangos sobrantes y se levantó de la banca, dirigiéndose hacia el largo sendero que la llevaría de vuelta a su hogar.
-¡Miren eso! – exclamó un muchacho en las cercanías, consiguiendo que volteara hacia el cielo.
Los fuegos artificiales tronaban en el manto nocturno, abrumándola más y haciéndola apretar los puños. De pronto, sintió una pequeña mano tomando la suya. Impresionada, volteó a su izquierda.
Bajo los fuegos artificiales, Sasuke la miraba confundido. ¿Por qué tenía esa expresión? En silencio, se llevó su mano libre a sus mejillas. Estaba llorando. Pasándose el brazo derecho por su rostro, se limpió las lágrimas y sonrió.
-Hola. – lo saludó, agachándose a su altura. – Los fuegos artificiales son hermosos, ¿No te parece?
El chico, en lugar de responder, llevó su mano a su mejilla izquierda, dejándola atónita. ¿Trataba de consolarla? Por la preocupación que le transmitía su mirada, parecía que sí. Sonrió agradecida. Tomó su mano y la encerró entre las suyas. Era cálida. Y después de haber sentido tanto frío del ambiente, la reconfortaba.
-¿Viniste solo? – preguntó, soltándolo.
-Mi mamá está por allá. – respondió, señalando un puesto donde vendían fideos. - Como le dije que te encontrabas aquí, me pidió que viniera a buscarte y a invitarte a comer con nosotros.
-Discúlpame con ella. – habló apenada. - La verdad es que solo quiero irme.
Sasuke la vio con tristeza. ¿Qué podía hacer para devolverle su sonrisa? Una parecida a la que le mostró cuando lo llevó a su casa, después de lastimarse el tobillo. Entonces, recordó la cadena que llevaba en el cuello. Se llevó las manos por detrás de la nuca y se la desató.
-Toma. – dijo, mostrándosela y llamando su atención. En medio de ella, estaba tallado en metal, el símbolo de un círculo, con un rayo en su interior. - Es un amuleto para alejar la tristeza. Acabo de ganarlo en un juego, pero quiero que tú lo tengas.
-¿Estás seguro? – cuestionó, recibiéndolo en sus manos.
El niño asintió, dándole permiso para ponerlo en su cuello. Quedándose en silencio, puso su mano derecha sobre su adorno de media luna color azul plateado y se lo quitó, deshaciendo su peinado.
-Entonces, yo te daré un amuleto para alejar la soledad. – dijo con una sonrisa, poniéndolo sobre sus pequeñas manos.
Se levantó. Le revolvió sus cabellos negros y se marchó por el sendero. Los fuegos artificiales terminaron de explotar en el cielo.
Sasuke la vio ruborizado... antes de escuchar la voz de su madre, guardar el adorno en sus ropas y volver al bullicio del festival.
Fin del capítulo.
