-3 años antes-.

-¡Oiga, viejo! ¡¿Acaso ya se volvió senil o qué?! - interrogó Taichi Higurashi, parado frente al escritorio de Danzou.

Itachi y HanaYasha, cruzados de brazos, se encontraban parados detrás de él.

-¡¿Por qué nos contactó a nosotros si ya no formamos parte de Raíz?! - exigió saber, mostrándole el pergamino que tenía abierto en su mano derecha.

-¿Te gustaría explicárselos, Itachi? - lo interrogó Danzou, mirándolo con severidad desde su sillón oculto en las sombras. - ¿O prefieres que yo lo haga?

-Para poder salir de la fundación, mi bisabuelo y yo llegamos a un acuerdo. - explicó el joven. - Si hay una misión que ninguno de nuestros compañeros de la organización puede realizar, yo volvería y la aceptaría. - entonces, sus ojos negros se dirigieron a sus amigos. - Pero esta ocasión es diferente, porque no puedo hacerla solo.

-Por eso se veía tan cansado y su ropa siempre olía a sangre. - pensó HanaYasha, recordando preocupada los encuentros que tenían, cada vez que él regresaba a la aldea. - Aunque oficialmente estaba fuera de raíz, seguía complaciendo los caprichos de Danzou. Pero, ¿Por qué llegarían a ese acuerdo? ¿Por qué solo tú, Itachi?

De pronto, el anciano arrojó algo sobre su escritorio, haciéndola dar un respingo que aceleró los latidos de su corazón.

-Díganme, ¿Alguna vez han escuchado hablar sobre el espejo de la luna? - volviendo la vista del pergamino hacia él, los tres fruncieron el ceño. - En la época en la que los clanes Shinobi se hallaban en guerra, ese artefacto fue creado por un clan de sacerdotisas, con el propósito de extinguir por completo a los espíritus malignos que habitaban en sus tierras. Una vez cumplida su tarea, se dividió en cuatro pedazos, recibiendo nombres y propósitos diferentes. El espejo de la luna iluminada, tiene la función de traer a los muertos de regreso, a cambio de unos años de la vida del invocador. El espejo de la luna incompleta, se encarga de mostrarle visiones de su futuro a la persona que se refleje en él. El espejo de la luna sangrienta, tiene como objetivo sellar todo tipo de criaturas, ya sean bestias de gran tamaño o espíritus residentes en este mundo. Y por último, el espejo de la luna oscura, el más poderoso de todos los espejos anteriores, capaz de superar los límites entre el tiempo y la distancia. - su ojo izquierdo se dirigió a los jóvenes adultos. - Recientemente, obtuve información de que el espejo de la luna incompleta se encuentra en un lugar apartado, en la región del agua. Necesito que me lo traigan para sellarlo y evitar que caiga en manos equivocadas.

-¡JA! ¡Patrañas! - exclamó Taichi, cruzándose de brazos. - ¡Está muy equivocado si cree que trabajaremos para usted solo por un cuento de hadas!

-¡No seas irresponsable, Taichi! - exclamó el anciano. - ¡¿Sabes lo que pasaría si el espejo de la luna llegara a completarse de nuevo?! ¡Por su gran poder, nuestro mundo colapsaría en cuestión de segundos! ¡¿En serio piensas permitir algo así?!

HanaYasha suspiró.

-¿Cuándo debemos partir?

-Esta noche. - respondió. - Deben hacerlo con discreción, ya que nadie puede saber sobre la existencia de ese artefacto.

Al escuchar aquello, el equipo de tres salió en silencio de la oficina, cerrando la puerta tras de sí.

PPPPP

Cinco días después, HanaYasha, Itachi y Taichi, llegaron al lugar indicado por el mapa de Danzou, terminando en un risco envuelto en niebla, con varios hoyos en sus paredes. Poniendo chakra en las plantas de sus pies, corrieron por el agua y subieron sin problemas por las rocas de la formación de tierra.

Sin embargo, antes de poder llegar a una cueva que brillaba y se oscurecía por momentos, fueron emboscados por el largo cuello de una criatura, obligándolos a saltar y a caer en picada por el gran lago que rodeaba el sitio. Tosiendo agua y poniéndose de pie, los tres vieron anonadados a la gran Hidra de 7 cabezas que rugía con furia.

Pero, lo peor para HanaYasha, fue encontrarse de nuevo con el mismo sujeto que la había herido de muerte en el pasado. Cuando esa misma criatura atacó Konoha. Parado en la cabeza de en medio, el hombre con la máscara anaranjada extendió su brazo derecho, concediéndole a su imponente bestia, el permiso que requería para atacar a los jóvenes Shinobi.

Sacando unos kunai y a colmillo sangriento, saltaron de un lado a otro para confundir a la hidra. No obstante, esta siempre predecía en donde se encontraban, poniéndose en sus caminos y arrojándolos, una y otra vez a la superficie del agua.

-¡Cuchillas de sangre! - exclamó la Hanyou, moviendo su espada.

Sin inmutarse, el hombre enmascarado hizo unos sellos solo con su mano derecha, dispersando el ataque de la joven Higurashi y cambiándolo por unos rayos lanzados por tres cabezas de la hidra.

Itachi, moviéndose rápido, sacó a HanaYasha de ahí, llevándola en sus brazos y viendo junto a ella lo devastador de la técnica. Más allá del agua, los rayos alcanzaron la tierra y las montañas, destruyéndolas en menos de unos segundos.

Con esa demostración de poder, les quedó claro que no podían escapar. Si esa cosa aparecía de la nada en el pueblo que acababan de visitar, la gente no sobreviviría. Además, tampoco podían permitir que volviera a Konoha.

Pensando más en ello, intentaron hacer cosas diferentes, como arrojar papeles bomba o realizar los estilos de chakra que tanto los caracterizaban. Pero nada. Sin importar lo mucho que se movieran o le atinaran a las cabezas, sus ataques simplemente no se efectuaban. Uno a uno, desaparecían.

¿Exactamente qué era lo que hacía ese sujeto de la máscara? Se preguntaba HanaYasha, parada en la pared de otro risco, mientras estudiaba la situación. Entonces, al recordar una técnica poderosa de su colmillo sangriento, volvió a tomar el asidero con ambas manos.

Pero, de pronto, a su derecha, vio como Taichi era fuertemente lanzado, rodando en la tierra de una pequeña isla. Ya no podía moverse. Se veía agotado por todo el esfuerzo que realizó con su fuerza y sus técnicas de viento. Por ello, la hidra levantó una de sus patas y la dirigió hacia él.

Sus ojos azules no podían reflejar otra cosa que no fuera una de sus gigantescas garras... hasta que HanaYasha se interpuso, recibiéndola en su torso y ensuciando sus mejillas y sus ropas con su sangre, escupiéndola con violencia.

-Taichi... - murmuró, despertándolo de su trance. - ¿No estás herido?

-¿P-Por qué? - interrogó asustado, temblando sin control.

-Solo me moví... - tosió otras gotas de sangre, observándolo por encima de su hombro derecho. - no es... la gran cosa...

La hidra rugió de nuevo. Ya estaba a punto de levantar otra pata para culminar con ellos, pero Itachi consiguió llegar a tiempo, protegiéndolos con un campo de fuerza y cortando con su espada, la garra que tenía cautiva a HanaYasha.

-Yo voy a curarla. - avisó seriamente, tomándola en brazos y mirando a su compañero. - Trata de ganar más tiempo.

En aquellas circunstancias, el pelirrojo se forzó a asentir y a detener sus temblores.

Unos segundos después, sus caminos se dividieron.

Itachi llevó a HanaYasha a una de las pequeñas islas del lago, apartándose de la batalla principal, mientras el joven Youkai realizaba el tornado de viento y hojas que su madre la había enseñado hace años.

PPPPP

-Itachi... - la Hanyou lo llamó en voz baja.

Acostada sobre la hierba, en la orilla de una de las islas, tenía varios rasguños en su piel y sus ropas. Además de contar con tres caminos de sangre, saliendo de sus labios.

-No hables. - pidió el muchacho, concentrado en la palma mística que le aplicaba sobre el gran agujero en su pecho.

-¿Podrías tomarme en tus brazos? - preguntó, con la vista dirigida al cielo nublado. - Tengo frío...

Itachi dirigió sus ojos a su rostro. No le quedaba mucho tiempo. Apartando sus manos de su torso, la tomó desde los hombros y la abrazó con fuerza, apoyando su mentón sobre su cabeza. HanaYasha cerró sus ojos, reconfortada por su calor.

-Ojalá... pudiera disculparme con Sasuke. Le prometí... que esperaría su...

Itachi no la dejó terminar. Aterrado de que ese fuera su último aliento de vida, acercó su rostro al suyo y la besó en los labios. HanaYasha derramó una lágrima y cerró sus ojos, dejando de respirar a los pocos segundos. Al darse cuenta, el muchacho se apartó y la refugió de nuevo en sus brazos, incapaz de controlar el temblor en su cuerpo.

-¡Itachi!

Justo en ese momento, Taichi se aproximó a ellos. Había conseguido escapar de la hidra, confundiéndola con ayuda de su velocidad.

-¡Tenemos que pensar en algo pronto o esa cosa...! - viendo su cabeza agachada y como se aferraba al cuerpo de la Hanyou; con sus brazos llenos de sangre, se detuvo en seco. - ¿Qué pasó? - cuestionó asustado.

-Está muerta.

Al escucharlo, el pelirrojo se dejó caer de rodillas a la tierra, golpeándola frustrado con su puño derecho, hasta que sus nudillos sangraron.

-¡No es cierto! - exclamó enojado. - ¡HanaYasha eres una tonta! - un par de lágrimas cayeron de sus ojos. - ¡¿Por qué tuviste que...?!

De pronto, ambos escucharon el rugido de la hidra. Se percató del engaño y ahora se aproximaba a ellos. Apretando la mandíbula y sin parar de temblar, Itachi volvió a colocar a HanaYasha en el suelo y a ejecutar su palma mística en su pecho.

-¿Qué haces? - preguntó Taichi, con la voz llena de angustia. Su amigo no contestó. - ¡¿Qué diablos estás haciendo?! ¡Está muerta! ¡Ya no puedes hacer nada!

-No... existe una manera.

El Youkai lo miró incrédulo y esperanzado.

-El Jutsu que estoy haciendo, puede regresarla a la vida.

-¿Qué?

-Sin embargo. Existe un precio. Si ella regresa, yo moriré.

-¡¿Estás loco?! - gritó enojado. - ¡No puedes hacer eso! ¡¿Qué pasará con tus alumnos?! ¡¿Con tus padres?! ¡¿Con Sasuke?!

Itachi no se inmutó ante sus palabras.

-¡¿Acaso no te importaba mucho tu hermano?! ¡Si se entera de que moriste, quedará devastado! ¡Además, si HanaYasha regresa a la vida, estará más sola que antes por tu ausencia!

-Taichi. - lo llamó con tranquilidad. - Cuando HanaYasha despierte, llévala a la aldea. Si se quedan aquí, morirán.

Sin poder hacer otra cosa y sintiéndose completamente inútil, Taichi no podía dejar de apretar la mandíbula y llorar. Sobre todo cuando vio como los ojos de su compañero empezaban a nublarse. En ese instante, el miedo lo devoró peor que nunca, sollozando más y cerrando con fuerza sus puños.

Unos segundos después, la Hanyou abrió levemente sus ojos, mirando confundida a Itachi. Él, percatándose de que su técnica había dado resultado, le sonrió, llevando su mano derecha a su mejilla izquierda y susurrándole algo que no alcanzó a escuchar. Después de abrir más sus ojos, vio pasmada cómo su cuerpo caía sobre ella, inerte.

Vacío.

-¡Maldición! - gritó el joven lobo, sacando dos pergaminos de su uniforme de ANBU y secándose las lágrimas con brusquedad.

En el primero, guardó el cadáver de su compañero. Y en el segundo, realizó un Jutsu de invocación. De una nube de humo salió un lobo de color negro y ojos blancos, viéndolo seriamente.

-Kamu... - pronunció débilmente, incorporándose. - ...tenemos que regresar a Konoha lo más pronto posible. - se acercó a HanaYasha. La tomó en sus brazos y volvió a levantarse. - Usa tu técnica de invocación inversa para transferirnos allá. Date prisa.

El lobo asintió, desapareciendo en otra nube de humo. Con temor, el muchacho escuchó como los pasos de la hidra se acercaban más a ellos. Corriendo y saltando hacia el agua del lago, llegó a una colina empinada cubierta de árboles. No obstante, la furia de la hidra era tan inmensa, que con un solo rugido, se deshizo del terreno boscoso.

-¡Maldición!

Un segundo después, su corazón fue atravesado por el filo de una espada, deteniendo en seco su huida y obligándolo a toser sangre. HanaYasha no podía hablar y moverse.

Solo ver asustada lo que sucedía y como, una vez más, había quedado a merced del desconocido enmascarado, sosteniendo el arma. Entonces, cuando sus miradas se encontraron, pronunció una palabra que jamás olvidaría.

-Tsukuyomi.

Al instante, sus ojos dorados se nublaron, y, tanto su cuerpo como el de Taichi, desaparecieron del sitio en una nube de humo.

PPPPP

-¡Vuelve pronto, Daika! - exclamó Kagome, despidiéndolo desde la entrada del distrito del clan Higurashi, acompañada por Ayame y por Kiba.

Sin embargo, cuando el muchacho volteó al frente, sus ojos dorados se abrieron como platos, al ver aparecer en una nube de humo a un lobo negro, a Taichi y a su hermana mayor.

Anonadadas, las mujeres se acercaron.

-¡Kiba, ve por Tsunade-sama! - pidió Ayame. - ¡Daika, tu busca a InuYasha y a Koga!

Ambos asintieron, saltando a dos sitios completamente diferentes.

-Taichi, ¿Qué fue lo que pasó? - exigió saber Kagome, agachándose a su altura. - ¿Cómo terminaron...?

En sus manos le colocó un pergamino que sacó de sus ropas.

-Ahí está... - murmuró jadeando. - ...el cuerpo de Itachi.

La sacerdotisa palideció.

-Lo siento mucho... - tosiendo, escupió más caminos de sangre de sus labios. - ...hice lo mejor que pude...

Su vista se nubló y, finalmente, su cuerpo cayó a los brazos de su madre, quien no dejaba de moverlo de los hombros, negar y llamarlo a los gritos entre lágrimas.

Kagome, sosteniendo el pergamino con sus manos temblorosas, volteó hacia HanaYasha. Su hija no se movía. Tenía sus ojos sin brillo y había sangre en sus ropas. Al instante, pensó lo peor, por lo que también comenzó a abrazarla y a llamarla llena de lágrimas.

PPPPP

-Está en coma. - concluyó Tsunade Haruno, terminando de revisar a HanaYasha.

Luego de haber llevado a Taichi y el pergamino donde se encontraba el cuerpo de Itachi, a una habitación especial donde revisaban los cadáveres, InuYasha y Kagome acudieron al hospital, dejando que los ninjas médicos atendieran a su hija, mientras llegaba la mujer de ojos color miel.

Al conocer su diagnóstico, el Hanyou apretó los puños con frustración y la sacerdotisa comenzó a llorar, cubriéndose la boca con sus manos. Jiraiya, quien también estaba presente, los miró compungido.

De pronto, una joven de largo cabello castaño y ropas negras apareció desde una de las paredes del cuarto, dejando boquiabiertos y confundidos a los sannin.

-¿Megumi? - la llamó Kagome, limpiando sus lágrimas.

La mencionada, por algún motivo, también estaba llorando, pasándose su brazo izquierdo por sus mejillas, antes de acercarse a HanaYasha.

La mirada que le dedicaba; parada al lado izquierdo de la cama, reflejaba culpa y preocupación.

Entonces, levantó la garra plateada en su brazo derecho, acercando sus largos dedos negros; índice y medio, para poder examinarla.

No obstante, el inesperado agarre de Tsunade Haruno la desconcertó.

-¡¿Quién eres?! - exigió saber. - ¡¿Por qué...?!

-¡Aguarda, Tsunade! - pidió Kagome, interponiéndose entre ambas y apartando a la mujer. - Ella es amiga mía. Por favor, déjala continuar.

Megumi hizo otro intento, poniendo finalmente sus dedos en la cabeza de la Hanyou y cerrando los ojos.

SSSSS

-Ya no puedo más... quiero olvidar... ¡Por favor, hazme olvidar! ¡YA NO QUIERO VERLOS MORIR!

SSSSS

Abriendo los ojos de golpe, se apartó con brusquedad, golpeándose sin querer con el buró blanco a un lado de la cama y cayendo al piso.

-¡¿Qué pasó?! - preguntó InuYasha, arrodillándose a su altura y tomándola de los hombros.

La menor no paraba de temblar, agradeciendo su gesto para sus adentros, al mismo tiempo que levantaba su mano izquierda, posicionándola sobre su mano derecha.

-Sus recuerdos... - susurró, como si le faltara el aire. - ...fueron borrados. - tragó saliva. - Y está atrapada en un recuerdo doloroso que no deja de repetirse como un bucle infinito.

Jiraiya y Tsunade intercambiaron una mirada. Esa explicación lo cambiaba todo.

Gruñendo y poniéndose de pie, Megumi volvió a invocar otro portal frente a ella.

-¡¿M-Megumi?! - Kagome la llamó, asustada y confundida.

-¡Atraparé al enmascarado! - exclamó decidida, dirigiéndose a la central de los guardianes.

PPPPP

Al día siguiente, en una fría y nublada mañana de invierno, gente del clan Uchiha, gente del clan Higurashi y los líderes de Konoha, se reunieron con velas y flores para despedir en el cementerio a dos grandes Shinobi que sacrificaron su vida, por mantener la paz en su hogar.

Para Sasuke, era difícil mantenerse cuerdo, cuando sus padres, sus amigos y las otras personas y criaturas, podían hacerlo.

¿Acaso este era su castigo por atreverse a amar a HanaYasha? ¿Por haber tenido el atrevimiento de desafiar en silencio a su hermano mayor? Todos tenían razón. Estaba maldito. Apretando la mandíbula y los puños, sollozó.

Fugaku, escuchándolo y notando el temblor en sus hombros, le dio unas palmadas pequeñas en su espalda. El menor las agradeció para sus adentros, pero no le resultaban suficientes para apartar su tristeza.

PPPPP

Con la ceremonia concluida, Sasuke decidió separarse de sus padres y dar un paseo por el centro de la aldea. Guardando sus manos en los bolsillos de sus pantalones negros y manteniendo la cabeza fija en la tierra, no dejaba de escuchar los horribles comentarios de la gente. Insultando, más que nada, los esfuerzos de Taichi por salvar a HanaYasha.

Quería alzar la voz. Decirles que él era más valiente que ellos, por haber enfrentado de cara al peligro, en lugar de esconderse y hablar como un cobarde.

Sin embargo, la presencia de sus amigos le quitó el habla, mirándolos pasmado al girarse hacia atrás. A pesar de no haber asistido a los funerales, ni haber perdido a alguien importante en sus familias, usaban ropas negras como él, mostrando respeto a su pérdida y a las de sus compañeros. Hinata, Kiba, Asagi, Ino, Shikamaru y Chouji. Ahora que Itachi y Taichi ya no estaban, los seis se habían quedado sin una guía para sus misiones.

Como ellos.

-Tu mamá nos dijo que estarías aquí. - dijo Sakura con comprensión.

-Iremos a ver a Hana-sensei al hospital. - continuó Naruto. - ¿Vienes?

Aún aturdido, Sasuke asintió en silencio.

PPPPP

Escoltados por un ninja médico, los chicos entraron a la fría y oscura habitación del hospital, en donde su sensei se hallaba acostada.

Con los brazos extendidos a los lados y su cabeza dirigida al techo, la Hanyou respiraba tranquilamente. Sus mejillas estaban pálidas. Y su uniforme ANBU, el último que se colocó encima, según las palabras de su padre, había sido reemplazado por un kimono blanco.

Sakura no pudo evitar soltar un par de lágrimas, recibiendo apoyo por parte de Naruto, con su mano derecha sobre su hombro.

Sasuke tampoco podía creer lo que veía. Era como estar en una pesadilla y no poder despertar, por mucho que corriera o gritara.

Tragó saliva. Y, quedándose en silencio, se acercó a la cama, llamando la atención de sus compañeros. Unos segundos después, se dejó caer de rodillas al piso, ocultando su cabeza en el colchón de la cama y tomando las sábanas con fuerza.

Sakura y Naruto corrieron preocupados a él, agachándose a su altura para abrazarlo y llorar a su lado. Por esos segundos, los tres quedaron marcados con el temor y la incertidumbre, de no ver nunca más, a su maestra.

Fin del capítulo.