Ch.12: ¿Acaso no recuerdas?

- "Hey, estoy cuerdo" – Personajes hablando normalmente.

- {Tal vez no tanto} – Pensamientos.

Disclaimer: El mundo, razas, artilugios y personajes presentados pertenecen a Kenkou Cross, autor de Monster girl encyclopedia. No soy dueño de nada.

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Era un cuarto levemente iluminado cuya luz provenía de algo parecido a un foco, había una mesa de metal y sobre esta brillaba una luz rojiza, era un puro como los que no se veían hace más de 100 años, este era sostenido por una mano en guante de cuero negro. Era una persona la que lo sostenía y a su alrededor había otras 10 siluetas o lo que parecían ser personas, una de ellas tenía brazos enormes, otra cuernos y secciones demasiado rectas para ser naturales, y un último con una forma que apenas se podía decir humana.

- "jefe, ¿por qué no conquistamos esa dimensión?, dudo que el décimo pueda hacer algo" - Una de las muchas siluetas dijo.

- "Exacto, las probabilidades de atacar en conjunto aumentan nuestras oportunidades de victoria" - Contesto una voz mecánica. - "Es más, ¿Por qué no mejor conquistamos esos otros 4 universos que teníamos planeado?" -

- "Chicos, chicos, cálmense, ¿Nunca han sentido el placer de jugar con tu presa?, ¿De acabarlo mientras piensa que todavía tiene esperanza?" - Esta vez, la voz venia del tipo sosteniendo el puro. En contestación solo hubo silencio. - "Obviamente no, por lo que veo, será divertido, será divertido, y, además, dudo que les importen las vidas de nuestros inferiores, entonces por que no divertirnos, siempre he querido ser un showman como los de la televisión" -

El cuarto fue repentinamente iluminado por una luz proveniente de ese al que llamaban jefe, todos los presentes fueron cegados solo para ver después de que no había nada en el lugar de su líder.

Las demás figuras quedaron en silencio, pero era diferente, ellos estaban contentos, felices de manera maniática, tal vez sea cierto, ¿por qué no divertirnos?, al fin y al cabo, eran...

Dioses.

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Ellas estaban ahí, era hermoso, dentro de todo el jardín de flores las veía, alegres y brillantes, y dando saltos me iba dirigiendo hacia ellas, quería darles un beso, ¿Por qué demonios quería darles un beso?, no lo sé... pero sentía la necesidad.

Cada que unía mi boca con cada una podía oler el perfume que utilizaban, de Jazmín y margaritas hasta rosas puras.

Me sentía en el cielo, fue tanto así que simplemente me deje caer en la cama floral, y ellas en respuesta se abalanzaban encima mío riendo...

Cerré los ojos, tenía miedo de despertar y que ellas se fueran, porque sé que cuando habrá los ojos no recordare sus caras sino solo su presencia. Mala suerte, ¿no?

Entreabrí los ojos y pude verlas aun conmigo, y cuando los abrí completamente las vi... llorando amargamente, quería calmarlas y decirles que todo está bien.

- "¿por qué te vas?" - Decía una ¿chica? de cabello azul oscuro. - "No quiero que olvides los tiempos felices" -

- "Siempre podremos generar otros" - mi mano iba hacia sus muslos.

- "Si te vas..." - Era una joven de cabello rubio pálido con los ojos llenos de lágrimas. - "¿cómo podre protegerte?" -

- "Te lo agradezco, pero cuando nos volvamos a ver quiero ser el que te proteja" - Dije mientras acariciaba su mejilla.

- "Cuando te vayas..." - Decía una chica de cabello rubio y mirada afilada. - "Yo ya no tendré a nadie con quien compartir las mañanas" -

- "Cuando vuelva podrás decirme todas las cosas que te aquejan" - Miraba sus labios con cierta hambre.

- "No te vayas, que..." - Lloraba una chica de cabello celeste pálido. - "yo tengo que demostrarte lo fuerte que soy" -

- "Ya lo eres, y cuando regrese solo veras una sonrisa de orgullo" - Olía su cabello, creo que era a lavanda.

- "No te vayas" - Gemía la chica de cabello rosa. - "Temo no verte de nuevo" -

- "No te preocupes, yo... yo siempre regresare a ustedes" - Dije seguro mientras sostenía su barbilla.

- "No nos abandones" - Lloro una joven de cabello rubio verdoso. - "Podrías olvidarte de nosotras" -

- "Nunca lo hare, he soñado con ustedes todas las noches" - Dije mientras movía su fino cabello entre mis manos.

- "No nos dejes" - Susurraba la mujer de cabellos verdes. - "Que alguien podría sustituirnos en tu corazón" -

- "No lo creo, ninguna en todos mis años de vida se iguala a ustedes" - Lleve mi mano a su cabellera y hacía que se acostara en mi pecho.

- "No te largues" - Lagrimeaba una mujer de cabellos grises. - "Podrías perderte en el camino" -

- "Entonces, me arriesgare las veces necesarias para verlas nuevamente" - Le conteste mientras le quitaba las lágrimas con mi pulgar.

- "No desaparezcas" - Decía la chica de pelo morado mientras lloraba a cascadas. - "que quiero que veas como me hago fuerte y valiente" -

- "Yo sé que ya eres valerosa y tu fuerza no la dudo" - Dije mientras acariciaba su mano.

- "No escapes" - Era la caballera con la que siempre soñaba. - "Que aún falta que correspondas a mi amor" -

- "¿Que no correspondo a su amor?" - Le pregunte mientras acercaba mis labios a los suyos, sentía los centímetros, después los milímetros y finalmente todo lo que estuviera en medio acortándose, poco a poco...

¡TOC, TOC, TOC!

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¡TOC, TOC, TOC!

Me levanté del heno, a falta de suficiente dinero me vi en la necesidad de dormir en los establos, pagando 25 monedas por noche, algo muy barato y lo mejor de todo, por alguna razón estaba vacío de animales por lo que fue una noche bastante calma. El sonido provenía de la puerta principal del establo.

¿Quién mierda será a estas horas?, creo que son las 4 de la mañana, joder, ya estaba soñando con esas chicas hermosas, casi sentía mi corazón revolotear por lo acontecido en mi sueño.

¿Por qué todo lo bueno nunca dura?

Lleve mi mano a la cara y no sentí mi mascara, ¡mierda!

La buscaba desesperadamente entre el heno del establo donde había estado durmiendo, mi mascar de fibra inteligente, aquella que era un contenedor de oxígeno y filtrador de aire toxico. ¿Dónde mierda la deje?

Escarbaba entre el heno, no la encontraba, ¿En serio, donde la deje?

¡TOC, TOC, TOC!

- "¡Ya casi abro!" - Grite, me molestaba que me apresuraran. - "mierda, donde, donde" -

Miré a mi alrededor, mi chaqueta estaba pocos centímetros de mí y sobre unas tablas, y recordé, ahh, tarado...

Alcance mi chaqueta, y busque... no, no está en la derecha, ahí solo tengo mis 25 monedas, a ver en la izquierda y.… um, ahh, ¡Eureka!

Rápidamente me coloqué mi mascara y fui a abrir a la puerta. ¿Creo que se me olvido algo?

Fue cuando abrí la puerta en su totalidad que me di cuenta de lo que me faltaba...

- "¡¿Por qué demonios estas en ropa interior?!" - Oí gritar a Jocosa mientras se tapaba la cara sonrojada. Ahhh, era eso...

¡MIERDA!

Robin se dio una palmada en la cara y Tristán estaba evitando verme... ¿Tristán?

- "¡Tristán, tiene rato que no te veo!" - Dije mientras le daba una palmada fuerte en su espalda cubierta por su armadura, el cual la resistió bastante bien y solo tosió en respuesta. Pude notar que era más fuerte que antes, no lo suficiente, pero al menos era algo...

- "Si, si, también me da gusto verte, pero, por favor, podrías ponerte ropa" - Me contesto, joder, como se me olvida.

Estaba a punto de devolverme para vestirme cuando oí los pasos de botas metálicas.

No puede ser...

- "¡Escuchen!, están tardando demasiado y... ¡Por la diosa! ¡¿Por qué esta desnudo?!" - Era un caballero de la orden. Genial, esto sí que era mala suerte, sin querer escuchar demás quejas me regrese a vestirme.

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- "Ahora sí, díganme... ¿por qué me despertaron tan temprano?" - Dije mientras me acomodaba la coraza de metal de mi pecho y me colocaba el casco.

- "No sabemos" - Dijeron Robin y Jocosa a la vez mientras el arquero se rascaba la nuca. Habían pasado unos cuantos minutos y ya estábamos a la entrada del gremio.

No éramos los únicos, de hecho, estaban los demás grupos de aventureros.

- "¿Por qué coño nos llamaron?" - Decía uno con la cabeza rapada y una maza enorme.

- "Sera que..." - Las palabras provenían de una cazadora de Zipangu, o al menos es lo que creo con esa vestimenta que lleva. - "No, no, seria suicidio" -

Y muchos otros más, además de nosotros, se preguntaban el porqué de su llamamiento.

Fue entonces que comencé a oír los pasos metálicos de nuevo, era molesto, sacaban chillidos al friccionar contra el suelo de piedra.

- "¡ESCUCHEN!, ¡ESCUCHEN!, ¡QUE EL GENERAL LIONHEART VA A HABLAR!" - Gritaban dos caballeros, uno de ellos era Tristán, detrás de un sujeto con aires de superioridad, cabello finamente peinado al punto de vanidad y una armadura con múltiples adornos de oro que gritaban ambición... o avaricia.

Este sujeto, se paró en frente de todos, se aclaró la garganta, joder, siento que ya lo comienzo a odiar

- "Nuestros señores, los altos mandos han decidido adelantar la reconquista" - Hablo el tipo mientras nos veía como si fuéramos basura remplazable, oh, vaya, no creí sentir una sensación tan parecida a casa... es tan... como decirlo... um, ¿nostálgico?

- "¡¿Que?!" - Exclamaron al unisonó casi todos los presentes, yo estaba punto de hablar, pero me contuve, miré hacia mis compañeros y ellos estaban congelados, podía notar como Jocosa tenía una lagrima en su cara y Robin los ojos muy abiertos.

- "P-pero se supone que eso iba a ser hasta en dentro de unas semanas" - Dijo alguien de la multitud, no me importaba, sentía que había algo mal.

- "Si, pero para suerte de ustedes y nosotros que realizaremos la divina obra de nuestra señora, se ha visto como los monstruos se han retirado de sus profanas tierras" - Decía mientras todos lo escuchaban atentos, se me hacia una idiotez ir al momento, podría ser una trampa o algo peor, así como las olas se retiraban antes de un tsunami. - "Pero no se preocupen, no irán solos, la mitad del ejército de la orden avanzara junto a ustedes" -

Con eso dicho, la gente pareció calmarse un poco, pero yo y mis compañeros sabíamos que eso no era suficiente, si los caballeros tenían las mismas ideas de los monstruos que la gran mayoría de la población civil de la capital, entonces, estábamos acabados pues ellos no sabrían como atacar...

Comenzó a oír nuevamente un chillido, eran de nuevo unas grebas metálicas, era un caballero corriendo a mas no poder hacia Lionheart, portaba un pergamino en su mano.

- "¡Por la diosa!, eh, hay noticias, ahhh, de... de Wellspie" - Decía cansado mientras le entregaba el pergamino a su general, el cual lo abrió y al cabo de unos minutos sus ojos se abrieron en su totalidad.

¿De Wellspie?, ¿Noticias de que?, mire con más detenimiento las expresiones del general, las cuales iban desde incredulidad hasta furia contenida.

No era el único que presto atención, también Jocosa y Robin, e incluso Tristán, ellos estaban expectantes de la noticia sobre ese pueblo que los vio crecer.

- "Bueno, tengo otra noticia que debo darles, es una noticia... lamentable" - Decía Lionheart con una mirada furiosa. - "Hace unos días... por la noche, Wellspie... ha caído por el reino demoniaco de Polove" -

Tienes que estar bromeando...

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En Ararat, tierra de leche y vino, tierra que fue abandonada casi en su totalidad para los festejos de Lescatie, ya no estaba tan abandonada...

Mas de 600 carpas y casa de campaña se hallaban dispersas por todo el territorio, y arriba de ellas ondeaban las banderas de Lescatie caída.

Por obvias razones había Orcos, Ogros, Súcubos, Demonios, Diablillos, Slimes de diversos tipos, Arpías, Hellhounds, Mujeres lobo, Golems, Alps, Grifos, Espadas malditas, Mantícoras, Quimeras y muchas más especies. Especies que deseaban un esposo con el cual hacer las acciones más salvajes y degeneradas que alguna vez el ser humano haya visto, como... tomarse de las manos...

Todas eran lideradas por una Baphomet, la cabra negra del Sabbath, Kuroferuru. Que a pesar de su apariencia de niña era un mamono de increíble poder y era maestra en la Nymphomancia, la magia que controla el placer.

Esta se encontraba viendo en un mapa de la región, acompañada de una Pyrow y una Amazona, las cuales se encontraban heridas en ciertas partes y tenían unas caras de nerviosismo, en especial cuando la cabra negra las veía.

- "¿A cuántos días esta Mare de nuestra posición actual?" - Pregunto con demasiada seriedad, y sus acompañantes tragaron saliva.

- "C-creo, que será en.…" - La única en hablar fue la Amazona, la cual cayo rápidamente al ver la mirada que la Baphomet le estaba dando, una de desprecio.

- "Como maldita sea vas a contestarme con un creo" - Kuroferuru se acercó a ella, antes de agarrarle la cabeza y golpearla contra la mesa. - "Quiero números exactos, puta de pechos enormes" -

- "S-si mi general, serán en 2 días e-exactamente" - La pobre trataba de no llorar, le dolía el cuello y la cabeza.

- "Bueno, ¿Cómo están las tropas?" - Pregunto y esta vez la Pyrow contesto con rapidez, temiendo enojarla.

- "Están a la perfección mi general, las armas de plata demoniaca están siendo afiladas, listas para una captura de mínimo 500 hombres humanos" - La Baphomet sonrió ante esto, la pyrow se sintió relajada al punto de que casi dejo soltar un suspiro de alivio.

- "Bien, bien, pueden retirarse escoria tetona" - Finalizo Kuroferuru, las chicas se retiraron dejando sola a la mamono que parecía una niña en la carpa.

Ella odiaba con todo su corazón a las mamonos de pechos grandes, ¿Qué se creían ellas al caminar y balancear sus enormes bolas de grasa?, que no sabían que la juventud le gana a los pechos y traseros grandes...

Ella creía que todos los hombres deberían pertenecerles a ellas, las especies de apariencia infantil, no a esas ancianas. Sentía que debía excluirlas, de hacerlas la raza inferior y, de tener el cargo, las mandaría a exterminar.

Conocía de mucha magia y conocimientos antiguos, pero nunca entendió el por qué cuando por fin encontraba un hombre adecuado a sus gustos este la rechazaba por una tetona, esto solo hacia arder su sangre.

Se sentó y fijo el próximo destino del ejercito demoniaco, a Mare, según Druella sería un buen momento para conseguir más hombres humanos, y es por este motivo que acepto ser la líder, lo que no espero es que todas las guerreras fueran chicas de grandes pechos.

Kuroferuru no duro mucho en el lugar antes de irse a dormir y soñar con ver gas...

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No puedo creer que eso haya ocurrido, sabía que cuando nos mandaron a llamar, Wellspie quedaría sin buenas defensas, y ahora... solo había monstruos.

Jocosa y Robin la estaban pasando peor, tanto así, que lo mejor era dejar que durmieran el resto del camino, incluso los podía ver llorando entre sueños, conozco eso, no se lo deseo a nadie...

Que horrible maldición es dormir y que los problemas tomen una forma para invadir el reino de Morfeo...

Ya habían pasado 1 día desde que nos despertaron y nos dieron la noticia, la horrible noticia, y no hace más de 20 minutos que llegamos al puesto de vigilancia, a unos kilómetros de la frontera con el pueblo de Mare.

Al día siguiente partiríamos hacia el pueblo...

Me baje de la carreta para ver el lugar, apenas había edificios de piedra, y el más alto era la torre de vigía, el resto eran carpas y casas de campaña, unas 250 aproximadamente y cada una estaba hecha para que durmieran 2 personas...

En total habrían 500 entre soldados y aventureros.

Mire nuevamente a mis compañeros dormidos, era mejor dejarlos descansar, es más, sería bueno si yo soy el que arme la casa de campaña para ellos, saque los materiales, unas cuantas tablas y tela marrón.

Y procedí a construirla, era más fácil de lo que se cree.

- "¡Ah!, señor Bullet" - Esa voz, la reconocía, la había oído hace poco, en la iglesia. - "Es bueno topármelo por aquí" -

- "Oh, hola... ehh, Aria, ¿No?" - Miraba a la pequeña sacerdotisa, claro, sin olvidarme de la casa de campaña. - "¿Qué haces acá?, ¿estás en algún otro grupo de aventureros?" -

- "No se preocupe señor, me dejaron ir gracias a recomendación del cardenal" - Me sentía mal, eso era por no avisarle que mis compañeros si la habían aceptado en nuestro grupo, pero cuando fui a buscarla no la encontré nuevamente, esperaba buscarla al día siguiente, pero... bueno, mira donde estamos. - "Y... ¿Cómo están sus compañeros?, he oído que ellos eran de Wellspie" -

Respire hondo, a pesar de que esta chica enana se me hacía rara, no creo que sea mala idea decirle esto.

- "Bueno, sí, la están pasando mal" - Mire nuevamente donde estaban durmiendo. - "Ellos no han estado durmiendo bien, lloran con los ojos cerrados, y despiertos miran a la nada" -

Una cara de furia contenida se expandió por la pequeña sacerdotisa.

- "¡Esos malditos demonios!, escuche que hay un soldado que provenía de Wellspie que hace unos días no había parado de llorar por una chica" - Ese era Tristán, tuve que verlo para evitar que hiciera "eso", según lo que me dijo, él le mandaba cartas a Maja, una joven que apenas yo veía, pero sabía que tenía cosas con el caballero torpe.

- "Si, lo conozco, hable con él, al menos ahora está más calmado" - Había terminado de colocar la estructura principal, solo me faltaba colocar la tela y ya, una casa de campaña funcional.

- "¿Por qué?" - Susurro la pequeña, fue bastante bajo, pero no le tome mucha importancia, aún tenía que colocar la tela.

- "¿Por que que?" - Le conteste, ahora solo faltaba amarrar ciertas partes y asegurarme que estuviera colocado de manera uniforme.

- "Por qué hiciste que se calmara, eso pudo haber ayudado a que se volviera un caballero más apropiado para el trabajo de la diosa" - Pare de trabajar y la mire fijamente, enserio me estaba enojando. - "Por la diosa, imagina cuantos monstruos acabaría una persona con el poder suficiente y la motivación correcta, sería el héroe perfecto" -

Me estaba hartando, pero me sentía como un hipócrita, yo odio a casi todas las "maravillas" con toda mi alma, entonces, ¿Quién era yo para decirle que no hiciera esas cosas?

Y, aun así... yo sabía que era una maldición dejarse llevar por el odio, de esa que te corrompe y saca lo peor de ti...

Y yo todavía podía matar por las mismas razones, no, no es bueno dejar que ese tipo de pensamiento abunde.

- "Solo imagínalo, sucios engendros siendo exterminados y generando un baño de sangre que santifique la tierra" - Me perturbaba el pensamiento que ella tenía, no quiero ni imaginarme a los altos mandos de la iglesia. - "¿Y usted que piensa señor?" -

No podía decirle de la culpa que he sentido por matar familias de monstruos, de las niñas llorando a sus padres y madres o tías, o de mi parecer de las acciones de los monstruos... ella lo tomaría muy mal.

- "Yo..." - Comencé a pensar en que decirle. - "Pienso que el necesita concentrarse, y que de lo contrario no dará todo de si en el campo de batalla" -

Esto pareció contentar a Ivory, creo que así se apellida, ¿verdad?

- "Ahh, así que usted pensó eso, es bastante inteligente debo decir" - Decía esta chica, ella levanto la mirada y algo le llamo la atención. - "Oh, discúlpeme, algunos caballeros necesitan de mi magia sagrada" -

- "Si, no se preocupe, yo... yo estaré acá terminado la tienda de campaña" - Aria se fue dando saltitos y cantando sobre héroes legendarios. Vaya, que mujer tan perturbada...

Tarde unos minutos en terminar de armar todo y asegurarme que este en buenas condiciones.

Después fui con mis compañeros para despertarlos y avisarles que ya habíamos llegado al puesto de vigilancia.

Ahh, esto iba a ser duro...

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- "Elt... elt... elt..." - Era un pedido de ayuda debilitado por el hambre que resonaba entre las paredes musgosas y las rejas de metal oxidado.

Entre la leve iluminación de las antorchas y candelabros de flama mágica se encontraba acostada la que alguna vez fue la heroína de Salvarision, sucia, con frio y hambre.

No había agua que la limpiara, ella recordaba a Elt, a su boca, a sus labios, y sobre todo a su lengua, ya que con ella podría limpiarse el cuerpo.

En el lugar había mucho frio, y ella soñaba con Elt abrazando su cuerpo, susurrándole sobre el amor que le tenía.

Pero había algo con lo que Wilmarina soñaba más, con sus genitales, pene, verga, polla, o como quiera llamarle, ella era una súcubo y una mamono, y con esto sabía que de "ese" lugar podría conseguir alimento, esa esencia de hombre.

- "Deja de mencionar ese nombre" - Resonó la voz de Druella, miraba a la súcubo. - "El no vendrá, porque para empezar... No. Existe." -

Druella, había quitado parte del alimento a Wilmarina, lo suficiente como para hacer que sobreviva pero que ruegue por más. Ella bajo su lógica quería curarla no matarla, por lo que todavía no empezaría a utilizar los métodos más duros.

Pero si seguía así no dudaría en adelantarlo...

- "Se... que existe... e-esas lo conocieron, yo... yo pase... a-años con... con él" - Ella miraba con odio a la Lilim, eso era algo nuevo. - "No... no dejare... que lo alejen d-de mi" -

Druella solo rodo los ojos.

- "¿Alejar que?, ¿el aire?, ¿el polvo?, nunca lo encontramos, esa solo eras tú en tu maldito mundo" - Con cada palabra que decía, se podía escuchar como la ex- heroína lloraba, e intentaba taparse los oídos. - "¡Ja!, y ahora estas llorando mientras tratas de taparte los oídos, patético, y yo que te creía casi un igual..." -

- "Cállate, cállate, ¡cállate!" - El súcubo contesto con fuerza mientras miraba con sus ojos rojos por las lágrimas. - "Yo sé que él está esperándome y preguntando por mí, mientras ustedes le llenan la cabeza con su veneno" -

A la regente de Lescatie no le gusto que le alzaran la voz, oh no, eso no lo iba a permitir ella.

- "Así que crees tener opción, ¿Eh?, bueno, pues esas tenemos" - Druella se dirigió a una puerta, la abrió un poco y metió su cabeza. - "Oh, Herman~ ven aquí un rato" -

Poco después de cantar ese nombre, la Lilim se separó de la puerta mientras un sujeto gordo, de ojos pequeños, nariz pronunciada, calvo y con ropas graciosamente pequeñas entraba agitando su enorme y desproporcionada barriga. Barriga de la cual podía oír el sonido de toda el agua, o mejor dicho licor, que ha estado tomando.

- "Wilmarina este es Herman, Herman esta es Wilmarina" - Decía Druella mientras los presentaba como si estuvieran en una simple junta de amigos. Herman se relamía los labios.

- "Q-que... ¿Q-que hace aquí?" - Wilmarina tenía miedo, que hacia un incubo con ellas.

- "¡Oh!, ¿El?, el solo es un Pequeño incubo que no ha tenido pareja todavía pero que fue corrompido por la magia demoniaca" - Druella sonreía mostrando sus dientes. - "Recuerdas cuando me dijiste sobre cómo te reservabas para esa imaginación tuya, pues bueno, Herman está aquí en caso de que sigas recordando eso, ¿quieres intentarlo?" -

Wilmarina sentía como sus pupilas se contraían con solo pensar lo que le harían, y sentía un nudo en la garganta, no podía hablar, susurrar o gritar.

- "Fu, fu, fu, eso pensé" - La Lilim se reía en su cara. - "Oh Herman, hoy no es tu día, tal vez en otra ocasión cuando estemos más dispuestos" -

El gordo y feo bastardo puso una cara triste mientras era acompañado por Druella a la salida, cuando el sujeto salió, Druella solo vio una vez más a Wilmarina antes de decirle...

- "Hablo muy enserio, no quiero escuchar ese maldito nombre" - Y se fue.

La pobre súcubo no pudo más que acomodarse lo las alejado de la reja, en las sombras espesas y con su espalda aplastándose contra la pared.

Tenía miedo...

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Avanzábamos por los campos y las colinas verdes, oh, tanta vida que dentro de poco se manchara con la roja muerte. A cada paso divisábamos mejor las casas derruidas de Mare, ese pueblo costero que siempre era zona de conflicto, y el mar, ese mar más azul que el de mi mundo y sus tonos verduscos o grisáceos.

A cada paso, la gente se ponía nerviosa, yo no, tampoco Jocosa o Robin, ellos estaban con la mirada perdida, aceptando el destino...

Hoy era la mañana del día siguiente de haber llegado al puesto de vigilancia, se supone que no duraremos mucho en el lugar, solo confirmaremos la nula presencia de monstruos y después avanzaremos hacia Ararat.

No podía evitar sentir que algo iba para mal, y más porque hoy no soñé con las chicas, eso duele, casi puedo sentir como voy olvidando su apariencia, ellas eran... no, no, su cabello... no puedo definirlo, sus ojos... o sus caras son...

¿Acaso no recuerdo cómo eran?


Esos 4 universos que se mencionan si van a aparecer, y ya tengo una idea de cuales son.

En otras cosas, bueno, estoy feliz ya que anunciaron anime de 100 kanojo, y hasta se filtraron los diseños de los personajes y un poco de arte, ahh, ¡que buen fin de semana!, así que por eso decidí adelantar este capitulo.

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