Corazón de Melón (Amour Sucré) y todos sus personajes son propiedad de ChinoMiko.
Este fanfic se encuentra publicándose en el foro de Corazón de Melón, bajo el nombre de AliceHatsune.
ANOTHER CINDERELLA
~ Capítulo 21 ~
Anteriormente en Another Cinderella: Después de sufrir un accidente, Alice queda al cuidado de Viktor durante toda una noche a causa de una fuerte tormenta. Cuando Castiel los encuentra, deja salir a flote todos los sentimientos que había guardado y besa a Alice.
{}
Alice abrió los ojos y después los volvió a cerrar.
La escena se reproducía en su mente una y otra vez. Sus mejillas estaban ardiendo de pura vergüenza. Probablemente su rostro estaba tan encendido como las rosas que adornaban el jardín real.
Castiel la había besado.
No un beso que un caballero daba a una dama en el dorso de la mano por mera cortesía, ni un gesto juguetón depositado en su mejilla. Tampoco se trató de un tímido roce de labios, al contrario, fue algo que la dejó sin respiración.
Un beso como si fueran amantes.
Por supuesto que no era su primer beso, más nunca antes había sido besada con tanta pasión. Como si le quisiera transmitir mil cosas con un solo acto y, en especial, sentía la desesperación fluir a través de su boca.
La tomó desprevenida, pero inmediatamente Alice se sorprendió al verse a sí misma cerrando sus ojos y correspondiendo a los movimientos del príncipe de inicio a fin. No se apartó ni un instante, ni odió la acción. Y aún sentía una agradable calidez en su corazón cada que recordaba aquel suceso.
Aunada a la cálida sensación, la pregunta «¿por qué lo hizo?» rondaba en su mente con mucha insistencia.
¿Era parte de su actuación? Convencer a todos, guardias, aristócratas y sirvientes, que su amor era puro y genuino. Que su compromiso era real y no parte de un teatro que llevaría al príncipe directo a su coronación.
¿O quizás su corazón estaba saltando con alegría más de lo debido?
Con la mente hecha un lío, Alice no sabía cómo enfrentarse a Castiel.
{}
Castiel no sabía exactamente qué debía hacer a continuación.
En tan solo un instante dejó salir todos los sentimientos que había tratado de reprimir por Alice y junto a ello, sus deseos por besarla salieron a la luz con aquel apasionado acto. No estaba arrepentido en absoluto, al contrario. Feliz era la descripción mínima de lo que sentía. Enamorado de la chica, alegre de haberla encontrado con bien, y emocionado, porque Alice no lo apartó.
Quizás le hubiese gustado haberlo hecho en un ambiente más romántico, no con la Guardia Imperial como espectador, ni en las precarias condiciones en las que se encontraron.
No sabía cómo enfrentarse a ella, pero estaba decidido a hacerlo. Aunque sabía que la palabra final era de Alice, por un momento decidió dejar de lado sus inseguridades y se había resuelto a confesar sus sentimientos, aquellos que había estado renuentes a aceptar. La quería, y deseaba que aquel compromiso que comenzó como una farsa se tornara en una realidad. Ansiaba sentirse correspondido.
Con valentía tocó la puerta de la habitación solo para recibir la noticia que su prometida había sido secuestrada nuevamente por la duquesa de Candy tan pronto como salió el sol.
{}
─Alice, querida, sé que estos últimos días no han sido fáciles para ti ─ Rosalya caminaba tres pasos delante de ella sin dejar de hablar. Alice, por el contrario, bostezó con cansancio.
La rutina de las mañanas siempre era la misma, siendo Alice de las primeras personas en despertar dentro del palacio, al igual que las mucamas. Así, cuando Rosalya acudía a su habitación para dar comienzo a su agenda, la encontraba preparada para sus actividades.
Ese día fue la excepción, con la duquesa siendo la encargada de despertarla personalmente y ayudarle a vestir a toda prisa, alegando que ya no había más tiempo que perder.
Alice resentía el cansancio acumulado de los días anteriores. Primeramente, por pasar casi toda la noche en vela en compañía de una tripulación de piratas, cuando amenazaron con quitarle la vida a Castiel; y posteriormente otra noche cuidando a Viktor. Y cierto beso la había mantenido despierta una velada más, al recordar una y otra vez aquel suceso. Como resultado llevaba varias noches sin poder descansar adecuadamente.
─Pero debo recordarte que ─prosiguió la duquesa─, como futura esposa del príncipe heredero, debes asumir ciertas responsabilidades. Hay que definir la música, los arreglos florales, la mantelería… ¡todo! Sin contar que hay mucho protocolo que aún debes memorizar.
─¿Protocolo?
─¡Sí, para tu fiesta de compromiso! ¡Por Dios, es en dos días! ¿Por qué nadie parece consciente de ello?
─¿No habías dicho que las fiestas de compromiso te aburrían?
─Cuando no veo amor de por medio. Recuerda que los compromisos se pueden romper ¡Pero al ver a Castiel tan enamorado de ti supe que esta fiesta debe ser espectacular! ¡Por eso no hay ni un minuto que perder!
Rosalya cruzó las manos con más alegría que exasperación por todos los detalles que quedaban por definir; pero Alice, con todos los sucesos recientes, casi había olvidado la fiesta de compromiso. Si unos meses atrás le hubieran dicho que estaría a escasas horas de un evento de tal magnitud sin angustiarse, no lo habría creído.
Anteriormente la frase fiesta de compromiso, que era mencionada sin césar, significaba más que miedo para ella. No se podía imaginar estar a un paso de atar su vida a un hombre que apenas conocía aún su fuera solo para mantener las apariencias ante la sociedad; pero ahora pensaba en dicha fiesta tan solo como una manera de ayudar al futuro rey de Amoris. Además, el cambio en su manera de pensar en parte se debía a que su prometido ya no era un total desconocido; la compañía de Castiel se había vuelto una parte fundamental de su diario vivir.
El recuerdo de sus labios volvió a su mente repentinamente y comenzó a sentir todo su rostro arder. Prefirió cambiar el tema antes de que el travieso rubor fuera notable en sus mejillas.
─¿Cómo está Viktor… eh, Su Majestad? ─corrigió al instante de ver los ojos ámbar de Rosalya posándose sobre ella con recelo.
─Te reprendería por hablar de otro hombre que no sea tu futuro esposo con tanta familiaridad si no fuera porque me informaron de las condiciones en las que estuvieron la noche anterior ─la duquesa aligeró el pasó y después suspiró. ─Se encuentra estable… por el momento está fuera de peligro, pero aún no despierta. Los médicos alabaron incansablemente tus habilidades.
Consideraban todo un milagro que las heridas de Viktor, además de la fractura de su brazo, no fueran de gravedad. El corte en su frente había sido solo una herida superficial, y su golpeado cuerpo no presentaría más que un par de cardenales que desaparecerían a los pocos días, por lo que el accidente no pasó a mayores. Sin embargo, la fuerte fiebre por haber pasado la noche a la intemperie lo había mantenido en cama. Fue una conmoción total entre los guardias de Sucré cuando el rey había llegado a las instalaciones del palacio en total inconsciencia.
Alice no lo sabía, pero ese accidente estaba agitando las aguas apenas pacíficas entre los guardias de ambos reinos.
─Pero basta de charlas ─finalizó Rosalya─ ¡El tiempo apremia!
Así, toda la mañana de Alice transcurrió entre reglas que debía memorizar y una cátedra impartida por Rosalya sobre cómo el color de un mantel podría desencadenar grandes conflictos políticos.
{}
Del campamento que se había instalado para los nobles que participaron en la competencia de caza solo quedaban alguna que otra estructura de las carpas que ya estaban siendo desmontadas por los sirvientes de las diversas casas aristócratas. El piso, lleno de lodo y huellas de botas, indicaban que la labor de la Guardia Imperial no había terminado al encontrar al rey de Sucré junto a la señorita Alice; más bien, debido a la tormenta el trabajo se había multiplicado. Organizados en cuadrillas, se habían dedicado a valorar los daños ocasionados, las afectaciones en los caminos y cualquier otra anomalía que resultada del desastre natural; y en especial el grupo liderado por el capitán Armin tenían un trabajo diferente.
Su fuerte intuición le decía que el "accidente" protagonizado por el rey de Sucré no se trató de un desafortunado evento fortuito. Sus sospechas se confirmaron una vez que encontraron la yegua blanca. Sin vida, y tendida sobre el suelo, el pobre animal no había sobrevivido a la fuerte tempestad que había acaecido durante toda la noche. Y al examinar la cincha de la montadura que fue encontrada más tarde, se dio cuenta que estaba rota. No por una rasgadura accidental, el corte limpio sobre el cuero era una señal inequívoca de que había sido manipulada.
Su mente voló a los sucesos de esa mañana antes del accidente. Además de la Guardia, y los cuidadores, Armin sabía que solo una persona ajena a ellos se había acercado a los caballos.
{}
─¿Entonces los manteles no pueden ser de color blanco? ─preguntó Alice con una mueca marcada de incredulidad. Frente a ellas estaban pequeños trozos de tela ordenados por gamas de colores con todo tipo de texturas, muestras de la infinidad de manteles que solían utilizarse en eventos de gran magnitud celebrados dentro del palacio.
A su alrededor las mucamas y lacayos corrían de un lado a otro por todo el gran salón en donde se llevaría a cabo la fiesta de compromiso.
─Es el color oficial de Sucré, y aunque es Su Majestad Viktor es un invitado de honor, no queremos dar la impresión de que se le favorece por encima de los demás invitados de otros reinos. O que usamos sus símbolos oficiales en cosas de poca importancia.
Alice no cambió su rostro.
─¿Acaso todos estos preparativos no deberían hacerse hecho con más tiempo de antelación?
─En realidad los preparativos llevan realizándose desde el momento en el que el heredero a la corona nació. Si vas con la reina, estará gustosa de contarte de la preciosa mañana en que un pequeño Cassy dio su primer llanto y ella supo que era el momento indicado para comenzar a organizar el día de su compromiso ─Alice no pudo evitar reírse y preguntarse con genuina curiosidad como lucía el príncipe en sus primeros años de vida. Quizás si volvía a ver a la reina, le preguntaría sobre aquello. Rosalya continuó─. Sin embargo no te negaré la emoción de una novia al elegir por ella misma cada detalle de su fiesta de compromiso ¡Sólo sucede una vez en la vida! Además, querida, debe llevar algo de ti, como tu sello característico. Como futura monarca de Amoris, debes ser recordada.
Alice comprendía lo que la duquesa trataba de decirle. En el poco tiempo que duró comprometida con Nathaniel, no dudó ni un instante en que su mente planeara un día tan importante para ella; tanto así que, anticipadamente, había estado confeccionando su propio vestido de novia. Alice no tenía ninguna duda en que lo portaría orgullosa junto a él. Quizás no tendría una magnífica fiesta de compromiso, ni estaría rodeada de lujos pero estaría con la persona que más amaba en su vida. Aquella emoción perduró en ella hasta el día en el Nath la desechó completamente. No se había permitido sentirse emocionada… hasta ahora.
Sin embargo las cosas eran, por mucho, muy diferentes.
Era un compromiso que terminaría en el instante en que Castiel fuera coronado como rey. Él mismo había afirmado que el plan marchaba de manera perfecta. Y cuando aquello sucediera tendría que despedirse de él, abandonar el palacio y regresar a su anterior vida. Pensar en su futuro próximo hizo que su corazón se estrujara con mucha tristeza.
Tú eres importante. Para mí. La frase que el príncipe le había dicho en la playa apareció de repente como un rayo y junto a él, el recuerdo del beso le hizo dudar por un segundo. ¿Podría volver a sentir aquella emoción?
No quiso seguir pensando en ello y prosiguió a decir colores al azar.
─Entonces amarillo.
─Es el color de Flyrt.
─¿Verde?
─Representa a Slodkii.
─¡Azul!
─No combina con los arreglos florales.
─¿Púrpura? ¿O también es el color oficial de otro reino? ─dijo Alice, casi dándose por vencida. Rosalya arrugó la nariz ligeramente y aquel gesto no pasó desapercibido para ella.
─ Es el color oficial de Dolce y además… Castiel personalmente odia el púrpura.
─¿Por qué?
Antes de que la duquesa siquiera abriera la boca para dar una respuesta los sirvientes se detuvieron en sus labores para ofrecer una reverencia. Castiel se encontraba en las puertas del gran salón.
─No puedes disponer del tiempo de las personas cada vez que se te pegue la gana─ dijo después de ordenar a los sirvientes con una señal que continuaran con su trabajo.
─¡No se me pega la gana! ─contestó con desesperación─. ¿Qué no entienden que el tiempo se nos vino encima? Todavía hay que escoger la música y la comida que se dará.
─El menú ya estaba elegido ─refutó sin mucha paciencia.
─Pero si a tu amorcito no le gusta, podemos cambiar. ¡Esta fiesta es de Alice!
─Y mía también, así que querida prima… ─arrastró la palabra con ironía─ te concedo el gran privilegio de terminar de escoger todos los detalles de nuestra fiesta de compromiso. Rosalya, necesito un tiempo a solas con mi prometida.
Rosa cruzó los brazos con obstinación.
─Solo necesito que escoja un color.
Alice, que había quedado por un instante perpleja por la presencia de Castiel, rápidamente se repuso cuando las miradas de ambos se clavaron en ella a la espera de su respuesta. Observó una vez más las telas sobre la mesa. Rosalya le pidió un sello característico, pero ella no tenía uno, ni sentía que hubiera algo en ella que la diferenciara del resto. No era una persona con una posición importante como lo era el heredero a la corona.
Entonces miró a Castiel y después pensó en todos los bonitos vestidos que llegaban con regularidad a su habitación. Nunca había reparado en ello, pero había algo que los distinguía. Tanto sus ropas como las de Castiel siempre iban a juego. Rojo en sus diferentes tonalidades, mezclados con negro o con algún color oscuro. Como ese día, ella luciendo su vestido granete con algunas pequeñas flores bordadas en color negro, mientras que él vestía su elegante traje negro en su totalidad a excepción del chaleco que tenía el mismo color de su vestido. Incluso el mismo patrón de flores estaban en su saco apenas visibles.
No importaba qué día fuese, siempre había algo en sus ropas que los unía. Como si se complementaran el uno al otro.
Al final pudo tomar una decisión.
─Este ─señaló un rojo oscuro. La tela era aterciopelada.
─Ah ─suspiró Rosalya con totalmente encantada─. El color del amor y la pasión, además de ser el color oficial de Amoris, lo que demuestra que estás orgullosa de tus raíces… Excelente elección ─la felicitó y después se dirigió a Castiel─. Te la devuelvo, solo unos instantes. Después continuaremos con los arreglos florales.
─¿No estaba eso ya elegido?
─¡Siempre podemos cambiar!
Tanto Rosalya como los sirvientes salieron de la habitación en busca de los manteles que había elegido Alice, y pronto el lugar se quedó vacío con a excepción de ellos dos.
─Últimamente está…─comenzó a decir Alice
─¿Demasiado insoportable?
Alice soltó una risita ante la interrupción.
─Quise decir estresada.
─Bueno, en general le gusta organizar eventos así que no le importa meter sus narices en donde no la llaman.
Ninguno de los dos dijo otra palabra y se quedaron en silencio por unos instantes, cada uno pensando en qué debería hacer a continuación.
Era la primera vez que se veían desde el día anterior, cuando frente a los guardias se habían demostrado su amor y preocupación. La noticia del aquel acto en seguida se regó como pólvora por todos los rincones del palacio en cuanto los vieron llegar. Y desde entonces no habían podido cruzar palabras hasta ahora.
─¿Me buscabas? ─Alice fue la primera en romper el silencio. Por dentro sentía su corazón latir con rapidez.
─…Sí ─dijo Castiel sin poder agregar algo más. Había preparado todo un discurso para confesar todos sus sentimientos a Alice, pero en cuanto se acercó a ella, pareció olvidar todo lo que había practicado.
Nunca le había sucedido algo similar. Quizás era la ansiedad de sentirse pronto correspondido, la emoción de verla nuevamente o el miedo de descubrir que no compartía su mismo sentir, pero aún no pudo proferir alguna palabra.
Era curioso que, cuando su vida corría peligro a manos de los piratas, había podido admitir para sí mismo y en voz alta todo lo que sentía por Alice, pero ahora que la tenía frente a él, parecía haber enmudecido.
Castiel miró a Alice directamente a los ojos. Se perdió por un instante en la mezcla de verde y azul que adornaban su mirada. De nuevo, se quedó sin palabras y su vista bajó a sus bellos labios teñidos en rosa y al verlos que no pudo resistir el impulso de volver a acercar su rostro al de ella.
Alice tampoco se movió. Tan solo se quedó escuchando el sonido de su respiración y sintiendo el fuerte golpeteo sobre su pecho.
─Aquí está ─Castiel se detuvo a milímetros del rostro de Alice, quien inmediatamente enrojeció al darse cuenta de la posición en la que estaban. El príncipe, en su mente, estaba a punto de mandar a ejecutar a la persona que se le ocurrió interrumpir aquel breve momento. Se trataba de Lysandre─. Su Majestad Viktor despertó. Solicita su presencia.
─En un minuto voy.
─No ─interrumpió el consejero─, de la señorita Alice.
{}
Alice avanzó entre pasillos del palacio que no había visitado antes siguiendo el camino trazado por Lysandre. Normalmente los invitados del palacio, como Charlotte Leclair, solían hospedarse en el mismo pasillo donde se encontraba su habitación. Sin embargo ahora, para seguridad de ella, Castiel había ordenado explícitamente que cualquier otro invitado fuera trasladado a otra área. Y aunque no sabía aquel detalle, sí notaba la hostilidad de los guardias del rey, enfundados en sus gabardinas blancas, que los miraban con desprecio.
Llegaron al final de un largo pasillo en el cual estaba una puerta y había dos guardias con grandes lanzas a cada uno de los costados del marco impidiendo el paso. En cuanto se percataron de su presencia, endurecieron su semblante.
Lysandre intercambió unas palabras con aquellos guardias y, a regañadientes, cedieron el paso únicamente a la señorita.
Con cierto temor, Alice entró en una habitación con las ventanas cerradas con gruesas cortinas que impedían el paso de la luz, por lo que el recito era apenas iluminado con algunas velas.
Reparó en Viktor, que yacía en la cama, rodeado de diversos guardias de Sucré siendo atendido. El brazo ya había sido vendado y las heridas de su rostro estaban cubiertas con pequeños trozos de tela. Viktor profirió una orden y al instante la habitación quedó vacía.
El ambiente se sentía pesado. Alice tragó saliva y no evitó sentir miedo al quedarse únicamente con el rey. Sentía que se le dificultaba respirar.
─El accidente, si así le podemos llamar ─comenzó a hablar Viktor. Su voz, más profunda aún, denotaba seriedad─, es una grave ofensa hacia la corona de Sucré. He de suponer que usted, señorita Alice, no es ajena a los conflictos que nuestros reinos han cursado a lo largo de la historia, y al igual que mis antepasados, no dudaré ni un segundo en levantar armas para la protección de mi pueblo si hallo este accidente como un evento premeditado─. Alice no supo cómo contestar pero Viktor tampoco esperaba una respuesta inmediata. Continuó hablando─. Sin embargo, entre los delirios que me sumió el desmayo, pude percatarme de sus cuidados… por lo que no puedo confiar en otra persona más que usted. Así que la escucharé.
{}
A Castiel no se le permitió acompañar a su prometida a la habitación en donde estaba Viktor, ni siquiera pudo acercarse al pasillo al haber decenas de guardias de Sucré esperando la más mínima amenaza para acabar con la vida de la familia real de Amoris con tal de defender a su rey.
Con más preocupaciones encima y sin poder hablar con Alice aún, se encerró en su estudio tratando de volver a poner en orden las palabras que le diría a la chica, cuando la puerta fue abierta violentamente.
─No fue un accidente ─era Armin quien cerró la puerta tras de sí con el mismo ímpetu. Su respiración se escuchaba entrecortada, como si hubiera corrido una gran distancia. Castiel enseguida entendió a lo que se refería.
El día anterior Armin, quien había decidido quedarse en el bosque para la búsqueda de la yegua extraviada, le había advertido a Castiel que no había manera de que un jinete experimentado cayera tan bruscamente de un caballo que era conocido por su docilidad, aún si este estuviera asustado.
Castiel dejó que el capitán actuara conforme a su corazonada.
─¿Encontraron la yegua?
─Sí. Te lo dije, no fue un accidente.
─¿Cómo lo…?
─La montura. Había rastros de haber sido dañada a propósito. La yegua estaba destinada a la princesa, y al final intercambiaron caballos. Piénsalo, fue un ataque, pero no contra Viktor. Fue directamente hacia la princesa. ¿Tiene algún enemigo?
Castiel pensó durante un momento en la explicación del capitán. Tenía mucho sentido.
El rey había sufrido los daños colaterales de una artimaña que era dirigida hacia Alice. Hacia su querida Alice. La sola idea hizo que la sangre le hirviera de rabia, no concebía que hubiera alguien que quisiera perjudicarla.
─Nunca me ha dicho algo al respecto, no creo que haya alguien en su contra.
─¿Estás seguro? ─Castiel asintió─. Yo no lo estaría tanto. Imagínate, una chica sin educación de la noche a la mañana se convierte en la próxima reina sin poner ningún esfuerzo, solo porque se ganó tu corazoncito. Quizás por cuenta propia no se ha hecho de enemigos, pero tú ─se rió con ironía─ estás hasta el tope de personas a las que no les agradas.
─Bueno, sé que hay un traidor que le gusta informar los movimientos de la familia real a otros reinos con los que no tenemos relación.
─¿Eh? ¿Cómo que no estoy enterado de eso?
Se suponía que solo Lysandre sabía de la conversación que había tenido con el pirata de nombre Dajan la noche que fueron secuestrados, pero Armin era alguien al que no se le podía esconder ningún secreto.
El pirata había dicho que supo de la muerte del rey anterior y del problema con su coronación y había admitido explícitamente la existencia de un informante entre sus allegados, pero nunca reveló el nombre de aquel traidor.
Contó al capitán casi todos los sucesos de aquella noche, quien lo escuchó con risas llenas de incredulidad.
─Vaya tenemos alguien que ha traicionado la confianza de la corona, y además, alguien que intenta hacer daño a la princesa y por lo tanto enloquecerte.
─¿No podrían ser la misma persona?
─No lo creo. De solo lanzar chismorreos sentimentales a causar un daño directo hay un largo trecho. La primera persona no actúa con la cabeza, solo ataca con su afilada lengua sin tener mucho respaldo. La segunda piensa con cuidado las cosas y crea elaboradas tácticas. Por ejemplo, lo único que no estaba en su plan era el cambio de caballos. De no haber sido así, la princesa sería la que estaría convaleciendo. No deben estar relacionadas.
─Entonces… ¿Sospechas de alguien?
Armin no respondió.
{}
Cuando Viktor abría los ojos en un intento de regresar a la consciencia, lo primero que cruzaba por su mente es que había muerto, y que estaba a punto de enfrentar su condena ─o lo que fuese que pasara después de la muerte─ por haber obrado mal en su vida, después de todo sabía que no eran pocas las personas buscaban venganza contra él.
En sus delirios, maldecía a quien se había atrevido a arrebatarle la vida, y aunque trataba de identificar sus alrededores, su borrosa vista solo alcanzaba a divisar la silueta de una mujer. Al poco tiempo la identificó como la señorita Alice; sin embargo antes de poder cruzar palabras con ella, volvía a caer en el desmayo.
Ahora, con la consciencia totalmente recuperada, trataba de encontrar una explicación a sus magulladuras. Sus guardias, que le habían jurado lealtad, esperaban tan solo una orden para atacar a quienes ellos veían como sus agresores, los culpables de su desaparición y responsables de que su vida estuviera en peligro.
Y aun más, deseaba encontrar una explicación a sus interrogantes.
¿No había sido aquella había sido una oportunidad perfecta para acabar con él, como lo habían afirmado sus guardias? El desencadenamiento de un conflicto en el cual Amoris resultaría fácilmente victorioso, al no haber un dirigente dentro de Sucré.
Entonces, ¿por qué seguía con vida, refugiado en el palacio de Amoris?
Con tantas ideas entrecruzadas, solo pudo recurrir a la persona que estuvo a su lado durante aquella noche.
─Disculpe ─dijo Alice con su voz apenas en un susurro─. No comprendo lo que trata de decir, Majestad.
Viktor trató de incorporarse y Alice acudió rápido en su ayuda. Cuando estuvo sentado sobre la cama, continuó hablando con menos rudeza que antes.
─¿Qué sucedió?
Alice parpadeó los ojos confundida por la pregunta, pero procedió a relatar los sucesos de aquella tarde y posterior noche. El rayo, su caída, el arroyo llenándose de agua, Castiel yendo por ayuda, el mecanismo que usó para sacarlo, el refugio que encontró para la cueva y todos los cuidados que le propició.
Cuando terminó su relato, con la guardia encontrándolos por la mañana siguiente y su regreso al palacio. Viktor se tomó un tiempo para responder.
─Entonces se quedó toda la noche. Conmigo. ¿Por qué?
─…Es un preciado amigo de mi prometido.
─¿Solo por eso?
─Y aunque no fuera un conocido… no podía dejarlo simplemente ahí.
─Entonces ¿asegura que esto no se trató más que un desafortunado accidente?
Alice no comprendía a qué quería llegar el rey con sus preguntas pero no pudo hacer más que contestarlas con total honestidad. Y aunque aún no estaba consciente de ello, en esos momentos la paz de ambos reinos recaían tan solo en su palabra.
─Lo fue ─respondió, casi como desesperada─. No teníamos manera de saber que todo aquello ocurriría.
─Le creo ─dijo Viktor al cabo de un rato─. Agradezco sus cuidados.
{}
Una vez que Viktor se quedó solo en la habitación que se le había destinado, mandó llamar a todos sus guardias.
─No hay necesidad de atacar ─ordenó y nadie se atrevió a cuestionarlo.
Viktor, al estar rodeado de enemigos, le era prácticamente imposible creer que alguien hubiese actuado de manera desinteresada, pero la sinceridad de la chica, junto a las acciones que respaldaban sus valores, le hicieron cambiar de opinión. Por sus cuidados, mantendría su palabra sobre no usar aquel desafortunado incidente como excusa para un conflicto, aunque ya había tomado una decisión con respecto al destino de ambos reinos.
{}
En cuanto Alice salió, Castiel quiso ser el primero en recibirla, pero ni siquiera se le permitió acercarse a aquella área.
En cualquier otra ocasión, hubiera protestado. «¿Ni siquiera se me permite caminar en mi propia casa?», habría dicho. Considerando la situación y los guardias de Sucré que habían decidido cercar aquel pasillo, prefirió esperar a encontrarse con su prometida.
Su plan no resultó como esperaba.
Los líderes de Distrito había convocado a una reunión e inmediatamente la chica fue conducida al Cuartel de la Guardia Imperial.
Frente a Castiel, los líderes y los miembros de la Tropa de Élite, relató su pequeña conversación con el rey de Sucré una y otra vez.
─Bien ─dijo Armin─ entonces, le agradas porque no lo dejaste morir. Que sigas siendo amiga de él me parece un buen plan para mí.
─¡Por supuesto que no! ─gritaron tanto el príncipe como los líderes de Distrito, cada uno con una razón diferente para negarse.
─¡Esta es una evidente declaración de guerra! No es momento de jugar a los "amiguitos". ¡Debemos prepararnos!─dijo el líder del segundo distrito─. Incluso su Alteza me apoya.
Castiel se frotó las sienes con molestia. Su única razón para negarse era que no quería ver a su prometida pasar más tiempo con otro hombre, pero su protesta impulsiva había sido malentendida.
─Estoy en contra de levantarnos en armas.
─¡Entonces es el fin de Amoris!
Alice permaneció envuelta en una discusión que no entendía del todo, tan solo observando las reacciones exageradas de los líderes, el desinterés del capitán Armin, y cómo la poca paciencia de Castiel se iba reduciendo.
─Caballeros ─al cabo de un tiempo, la duquesa irrumpió en el Cuartel. Faltó poco para que los líderes se sintieran ofendidos por aquella abrupta interrupción, pero al ver de quien se trataba todos los presentes, a excepción del príncipe, solo pudieron saludarla con una gran reverencia que fue igualmente correspondida─. Lamento haber entrado sin una autorización, pero si la señorita Alice ha terminado de testificar, requiero de su presencia en los preparativos finales de la fiesta de compromiso.
Castiel solo pudo ver cómo su prometida se iba de su lado una vez más sin que pudiera hablar con ella.
La reunión con aquellos hombres tercos continuó hasta muy avanzada la noche, y cuando fue a buscar a Alice, ya estaba dormida.
Al siguiente día, aunque trató de ir más temprano de lo usual a la habitación de Alice, una vez más se le prohibió verla.
─No puedes entrar ─le había dicho la duquesa impidiéndole el paso hacia la puerta.
─Sólo necesito hablar con Alice.
─No puedes verla. Está probándose su vestido para la fiesta. Y es de mala suerte que el novio la vea antes.
─¿Qué eso no es solo en la boda?
─¡No podemos arriesgarnos! ─dijo con mucha exageración. La decepción fue evidente en el rosto del príncipe, que hizo que la duquesa explicara con más calma─. Mira, el día de hoy Alice estará muy ocupada con los preparativos. Si es muy urgente, puedo pasarle tu recado. Si no lo es, ¿podrías esperar hasta mañana? Te aseguro que será toda tuya y no te apartaré ni un momento de ella. ¿De acuerdo?
Aunque Castiel trató de ir en diferentes ocasiones para ver si encontraba un hueco en la apretada agenda de Alice, fue arrastrado en más reuniones con la Tropa de Élite y los Líderes de Distrito, dejándolo sin tiempo de acercarse si quiera a su habitación.
Al final, tomó las palabras de Rosalya. Su declaración podría esperar un poquito más.
Así, la víspera de la fiesta transcurrió sin que Castiel pudiera conversar con Alice y solo se dedicó a ser paciente. Al siguiente día, estarían formalmente comprometidos ante la sociedad Amoriense.
Y después podría decirle todo lo que su corazón guardaba.
Próximo capítulo se nos viene la fiesta ;) Prometo no tardar un año en actualizar, jsjsj.
Muchas gracias minnyuu por tu comentario. Tardé un poco, pero aquí está la actualización al fin.
Recuerden que me pueden encontrar en FB como Akeehl, suelo publicar spoilers, avances, curiosidades y otras cosillas respecto al fanfic.
¡Nos vemos en el siguiente capítulo!.
