Corazón de Melón (Amour Sucré) y todos sus personajes son propiedad de ChinoMiko.
Este fanfic se encuentra publicándose en el foro de Corazón de Melón, bajo el nombre de AliceHatsune.
ANOTHER CINDERELLA
~ Capítulo 23 ~
Anteriormente en Another Cinderella: Las celebraciones de la fiesta de compromiso de Alice y Castiel comenzaron, pero lo que parecía ser una ocasión feliz, fue opacada por la aparición de una misteriosa mujer.
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El recinto permaneció en completo silencio, a la expectativa de los movimientos de la persona que acaba de irrumpir en el gran salón.
La joven mujer que estaba en los brazos de Castiel alzó su rostro, sonrió y ante la vista atónita de los presentes, intencionadamente rozó sus labios con mucha suavidad sobre la comisura de los del príncipe, lo que pareció como si fuese un fugaz beso que terminó antes de que Castiel siquiera pudiera reaccionar.
─¡Ups! ─dijo, como si acabara de cometer un error sin importancia, incluso soltó una inocente risita─. Olvidé que aquí no se acostumbra este tipo de saludo. Ha pasado un largo tiempo desde que estuve aquí.
─Debrah ─escupió el nombre. El príncipe se hallaba realmente enojado─. ¿Qué haces aquí?
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Nathaniel había estado a punto de irse en el momento en que la chica que tanto había amado en el pasado ─la que juraba aún querer verlo─ estaba respondiendo afirmativamente a otra propuesta de matrimonio, frente a decenas de testigos que se encargarían de esparcir la noticia por todo el reino.
No había vuelta atrás.
Pensaba que, si Alice tanto quería huir, si tanto quería regresar a sus brazos como Leclair le había hecho creer… ¿por qué seguir con la ceremonia y aceptar la propuesta de matrimonio?
Más que doler, su corazón estaba encendido de ira. Ver a Alice sonriendo a alguien más y besando a alguien más le provocaba una furia indescriptible, que apenas podía contener dentro de sí. Si Alice aún lo quería ¿Por qué se arrojaba a los brazos de alguien más?
Nunca debió haber aceptado la invitación, ni haber asistido a esa fiesta y sobre todo, se sentía como un imbécil haber creído un poco en las palabras que Alice le enviaba mediante Charlotte.
Sin embargo, antes de que pudiera retirarse, su atención pronto fue desviada a la mujer que ahora acaparaba todas las miradas.
─Supongo que no la conoces ─comenzó a explicar Charlotte, que estaba a su lado─. Ella… es el verdadero amor del príncipe.
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─Querido ─la reina de Dolce, Debrah, habló con una radiante sonrisa en el rostro que contrastaba con el duro tono de voz que usaba─. Seré condescendiente contigo, por los viejos tiempos, pero recuerda que tú y yo ya no tenemos el mismo rango. Así que recuerda comportarte frente a los invitados. Tómalo como un consejo para no hacerte quedar mal. Después de todo, estas personas también pudieron haber sido mis invitados. Vengo a felicitarte por tu compromiso… ¿ella es tu nueva prometida?
La reina sonrió con mucha curiosidad dirigiéndose a Alice. El príncipe instintivamente tiró de Alice hacía su espalda, quedando frente a ella en un acto de protección.
─Oh, querida, a ti te luce mucho mejor ese collar.
La reina de Dolce señaló el collar que Alice portaba en ese momento, el mismo que el príncipe le había dado desde el primer día que pisó el palacio, cuando accedió a ser su prometida falsa. Una red de cuentas negras que adornaban su cuello y bajaba hasta su pecho, con la figura de un rosa roja coronada con un rubí.
«Es una reliquia familiar», le había dicho Castiel. «Se supone que debo dárselo a la persona que amaré el resto de mi vida».
Alice lo había usado sin falta desde aquella vez, y aunque había sido objeto de admiración, nunca nadie le había dicho que le lucía mejor. Mucho mejor. Mucho mejor que a alguien más… Como si anteriormente hubiese tenido alguna otra dueña.
─¿Es bastante pesado, verdad? ─continuó Debrah, ante el silencio de Alice─. Yo no podría haberlo usado todos los días.
─Debrah… ─Castiel, conteniendo su enojo lo mejor posible, interrumpió la corta conversación de la reina con su prometida. Si bien, no deseaba tener la presencia de Debrah en un evento que minutos antes había sido alegre, no podía simplemente echarla. No tenía el suficiente poder para hacerlo y Debrah no dejó pasar la oportunidad de recordárselo.
─"Majestad", cariño ─le corrigió─. Hasta que seas el rey de Amoris, tendrás que llamarme así ─Si es que algún día llegas a serlo, pensó para sí misma─. Ah, también vine por cierto asunto que tú y yo tenemos que discutir. Tú mismo lo solicitaste… ¿recuerdas?
─Después de negarte, ¿qué te hizo cambiar de opinión?
─Ahora no estoy para humor para negociaciones, fue un largo viaje hasta aquí y solo me apetece divertirme hasta cansarme. Después de todo ser reina no es fácil. ¿Esa es tu madre? Tendré que saludarla y agradecer la invitación a tu fiesta. Cariño, más tarde tú y yo debemos bailar.
La reina de Dolce se abrió paso en la multitud hasta otro extremo del gran salón donde yacía sentada la reina de Amoris. La música inició, y aunque normalmente se esperaría que la pareja protagonista de la noche comenzara con el baile, dadas las extrañas circunstancias que acababan de presenciar, los invitados estaban a la expectativa de lo que sucedería a continuación, mientras que se levantaba una ola de cuchicheos que trataban de darle sentido a la escena que acababan de presenciar.
─Alice, discúlpame ─dijo Castiel, con el seño totalmente fruncido─. Necesito hablar con mi madre.
Hizo un ademán y pronto algunos guardias hicieron compañía a Alice.
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Charlotte no podía creer que todo estuviera saliendo más que perfecto.
Tuvo que cubrirse la boca sutilmente para no soltar una risa. Sin duda no podía prever que la mismísima reina de Dolce se presentara a la fiesta y que intercambiara palabras con la pareja protagonista de la noche.
Aunque no alcanzó a escuchar la conversación, a juzgar el semblante tanto del príncipe como de la reina, podía darse una idea. Sabía que era una mujer desvergonzada y maquiavélica, pero podía serlo aún más.
La presencia de la reina de Dolce no preocupaba a Charlotte, al contrario, su conducta solo favorecía su plan.
─Ella… es el verdadero amor del príncipe ─comenzó a explicar a Nathaniel, adquiriendo un tono de pesar para hacer más realista su relato─. Su nombre es Debrah Mercier, actual reina de Dolce.
─¿Y si tanto la quiere, porque no se casa con ella? ─espetó Nathaniel. A los oídos de Charlotte, aquello había sonado a un «¿y por qué se tiene que casar con Alice?».
─Supongo que la política de nuestro reino no es un tema interesante ─sonrió con tristeza fingida─. Tanto nuestro príncipe, como Su Majestad estuvieron comprometidos, desde su nacimiento de hecho. Sin embargo, aunque fue un compromiso arreglado a favor de asuntos políticos, se demostraban profundo amor el uno por el otro. El compromiso se disolvió por, de nuevo, cuestiones políticas. Ella actualmente está felizmente casada, con quien es el actual rey consorte de Dolce. Pero ¿ves como fue detrás de ella? Nuestro príncipe no ha podido aceptar aquel matrimonio… ─hizo una pausa bastante dramática. Después prosiguió con un nudo en la garganta─. Así que… tomó a la primera chica que se cruzó en su camino. Por desgracia, esa fue nuestra querida Alice.
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Alice, sin saber qué hacer, comenzó a caminar entre los invitados. Algunos solo le dedicaban miradas alegres acompañados de breves saludos, pero nadie se acercaba mucho más de lo permitido por los guardias que la escoltaban.
«A ti te luce mucho mejor ese collar.»
«Yo no podría haberlo usada todos los días.»
Las peculiares palabras de la reina de Dolce sonaban como si ella lo hubiera portado en algún punto de su vida. Castiel nunca había mencionado algo al respecto; y Alice no había tenido manera de saber cómo se desenvolvían las relaciones en la familia real hasta que conoció personalmente al príncipe. Las noticias de esa índole no llegaban con frecuencia al Tercer Distrito, y además, Alice no estaba especialmente atraída a ese tipo de información.
Todo lo que sabía de Castiel, antes de convivir con él, era que se trataba de un príncipe gruñón que no había aceptado casarse aún, y por ello se había organizado un baile en su cumpleaños para elegir esposa.
Más tarde, él mismo le había confirmado que su matrimonio era más una obligación que debía cumplir, en lugar de ser un deseo que quería realizar. Todo lo contrario a ella, cuya idea de felicidad era pasar el resto de su vida a lado de la persona que amaba. Castiel incluso se llegó a burlar de su sueño.
Solo en este punto, Alice se dio cuenta que no conocía realmente mucho sobre él, sobre su pasado o sus relaciones… Aunque ella misma, con todo el dolor de su corazón, se había abierto y contado cada detalle de su vida, a petición del príncipe.
Nunca había tenido objeción al respecto, ya consideraba a Castiel un gran amigo con el que compartía demasiados secretos, pero con tristeza estaba descubriendo que aquella confianza no había sido tan recíproca como le hubiera gustado. Y no sabía por qué, pero algo le molestaba.
De repente, ya no hubo más tiempo para pensar en aquel sentimiento.
─¡Alice! ─dijo alguien entre la multitud, y mientras Alice buscaba entre los rostros confundidos de personas que nunca había visto en su vida, por dentro se llenaba felicidad al reconocer a la dueña de aquella voz.
─¿Sharon?
La pequeña joven se abrió paso entre la multitud hasta llegar a un lado de Alice. Ella sintió inmensa alegría de verla de pie, con un semblante mucho mejor que la última vez que la había visto, cuando estaba en cama a punto de fallecer.
Habían pasado varios meses desde aquel suceso, cuando imploró a Castiel ayuda para su mejor amiga. El príncipe accedió y Alice depositó toda su confianza en él. Lastimosamente no había recibido más noticias sobre ella, por lo que verla dentro de la fiesta fue una grata sorpresa. Se emocionó al abrazarla.
─¡Estás mejor!
─Todo gracias a ti.
Y aunque la ocasión era alegre, Alice fue consciente de todas las miradas curiosas que estaban depositadas en ellas dos.
─Ven ─le dijo a su amiga, guiándola fuera del Gran Salón─, tenemos que conversar.
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Cuando Castiel llegó al lado de su madre, la reina de Dolce ya se había retirado y ahora se encontraba rodeada de miembros de la realeza de Slodkii quienes la escuchaban con admiración.
El príncipe sabía el motivo. Debrah tenía un don para ganarse la confianza de todos a su alrededor con un par de palabras. Podía embaucarlos fácilmente, y cuando se daban cuenta de su verdadera personalidad, era demasiado tarde.
Pronto convenció a un conde de aquel reino que la invitara a bailar ante los ojos celosos de su joven esposa, que no le quedó más remedio que observar callada, aún si segundos antes estaba con una alegre sonrisa.
Por desgracia, había personas que nunca podrían percatarse de las intenciones reales de Debrah. La reina de Amoris era una de ellas.
─Madre, ¿podría hablar un minuto contigo? ─sin que dijera algo más, los sirvientes y guardias que rodeaban a la reina se dispersaron, dándoles privacidad─. ¿De quién fue la idea de invitar a "su majestad" Debrah a nuestra fiesta de compromiso?
─¿No te alegras de verla? Si eran tan unidos de pequeños.
─Por supuesto que no.
La reina suspiró con tristeza por las duras palabras de su hijo.
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Ámber no hacía ningún intento por ocultar su evidente fastidio.
Había estado emocionada por asistir al evento más importante de Amoris en los últimos años, no solo para poder lucir un vestido elegante y sentir por una vez que pertenecía a la alta sociedad ─y de paso, encontrar a algún rico ingenuo que pudiera volver sus sueños realidad─, sino también para ver la caída de Alice Arlelt por su cuenta.
Se había aliado con Charlotte para ese fin… Pero contrario a lo que ella creía que era una alianza, Leclair mantenía silencio sobre los pasos que estaba dando. Se limitó a emitir órdenes, entre las cuales eran convencer a su hermano de asistir a la fiesta de compromiso. Ahora, Charlotte y su hermano cuchicheaban en un rincón. Ámber había sido relegada nuevamente.
En el fondo comenzaba a irritarle la actitud de Leclair. Ámber solo quería ver fracasar a Alice en su intento de pertenecer a la realeza de Amoris, pero ya había pasado varios meses sin ningún progreso. Comenzaba pensar que quizás Alice Arlelt no [i]merecía[/i] tanta atención de su parte. Para ella, era una tonta, por lo que tarde o temprano la echarían del palacio; por supuesto que estaría feliz de ver aquel acontecimiento en primera fila, pero tampoco quería malgastar su valioso tiempo esperando en un rincón a que la situación fuera propicia para ejecutar cualquier malicioso plan que hubiera en la cabeza de Charlotte Leclair.
Por ahora, se enfocaría en disfrutar los beneficios de estar del lado de Charlotte Leclair, y aprovecharía la oportunidad para buscar a algún tonto al que pudiera manipular entre los asistentes a aquella fiesta.
Aunque era seguro que decenas de damas y caballeros solo esperaban el momento para moverse al compás de la música, por desgracia, sin la pareja homenajeada, era difícil que el baile comenzara.
Ámber vio entre la multitud una silueta ─muy conocida y exasperante silueta─ cruzando el Gran Salón. Escuchó cómo el dueño de aquella silueta provocaba gritos de emoción y suspiros entre las jóvenes solteras, que poco a poco se fueron tornando en expresiones asombro e incredulidad cuando fue acercándose más y más hacia Ámber, sobre todo al ver que aquella persona no dejaba de sonreí ni mirar a la rubia.
─Estoy sorprendido ─dijo la voz que en ocasiones le parecía irritante, pero que en el fondo le producía una extraña sensación─. Nunca me imaginaría que una señorita tan hermosa como usted se encuentre sin un acompañante de baile.
El capitán Armin Krieger, ataviado en el uniforme de gala adornado con medallas y condecoraciones ─lo que lo hacía ver mucho más atractivo de lo que ya era─ se detuvo frente a ella.
─Capitán ─saludó Ámber tratando de parecer indiferente─. ¿Por qué siempre está tan seguro de lo que dice? Ni siquiera ha comenzado el baile.
─Ya veo. Lamento si me he equivocado ─dijo el capitán con una mirada desilusionada─. ¿Entonces ya tiene pareja de baile?
Aunque a Ámber le hubiese encantado mentirle, al ver su triste rostro, no pudo ocultar la verdad.
─…No.
─¡Genial! ─dijo Armin recuperando su sonrisa─. Ya que el príncipe parece estar envuelto en un lío amoroso, y la gente está ansiosa, me han dado el privilegio de dar comienzo al baile, así que… ¿me concedería el honor de ser mi compañera?
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─Oh vamos, tampoco había mucho que hacer… y lo sabes ─dijo la reina de Amoris con seriedad─. Ya no tenemos una relación tan estrecha con Dolce. Además, tu padre y yo asistimos a su boda, y en agradecimiento, le extendimos la invitación a la tuya.
─¿Y por qué no se me pidió mi opinión sobre qué invitados podrían estar en uno de los días más felices de mi vida?
─Cassy, calma por favor. Quise hacer algo lindo por ti e invitar a tus amigos de la infancia. ¿Recuerdas cuánto anhelabas las visitas de Viktor y Debrah?
─Madre, ya no soy un niño. La situación ha cambiado mucho.
─A veces te sigues comportando como uno ─se rió─. Hijo, las relaciones diplomáticas deben continuar aún sobre nuestros deseos. No puedes ignorar a un país solo porque una relación personal no haya funcionado. Tu padre no lo hubiera querido así.
Castiel suspiró con demasiada frustración. Detestaba que sacaran a relucir a su padre. Detestaba que él no estuviera para guiarlo. Derrotado, no le quedó más de otra que silenciosamente aceptar la presencia de Debrah en su palacio. Solo deseaba que se fuera lo más pronto posible de regreso a Dolce.
─Por cierto ─añadió la reina─. ¿Dónde está tu prometida? Sus amigos también vinieron a la fiesta. Estará feliz de verlos.
De repente, Castiel sintió mucha curiosidad sobre las amistades de Alice.
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Nathaniel cerraba los puños con cada vez más rabia contenida a cada palabra que Charlotte narraba.
Siempre había culpado a Alice por haberle roto el corazón, pero ahora, con sus propios ojos, veía que había otro aún más culpable de volverlo un hombre miserable.
Odiaba al príncipe de Amoris por obligar a Alice a abandonarlo.
Odiaba verla humillada de aquella manera.
Odiaba que todos estuvieran tan felices celebrando un compromiso hecho a base de traiciones.
Y todo su rencor se volvió a hacia el príncipe de Amoris.
Nathaniel dejó a Charlotte, y desapareció entre la multitud.
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Alice se refugió en una de las tantas habitaciones que había en el palacio, junto a Sharon. Tuvo que despedir a los guardias que la acompañaban, solicitando privacidad, aún si estos estaban renuentes a dejarla sola junto a una persona que jamás habían visto.
─Es una sorpresa verte aquí ─le dijo Alice, con alegría, mientras ambas tomaban asiento.
─Recibí tu invitación─ Alice hizo un gesto de sorpresa. Ella no había estado a cargo de la lista de invitados. Y cuando la reina le cuestionó sobre alguno en particular, se negó. Si después de todo, era un compromiso ficticio, poco importaba con quién celebrarlo.
─De todas formas, me alegra que vinieras ─y mientras que la sonrisa de Alice era de genuina alegría por ver a su amiga, el semblante de Sharon pronto se tornó en seriedad.
Sharon no daba crédito a lo que acababa de presenciar, cómo su mejor amiga a la que no había visto en meses y que le había asegurado amar a un hombre con todo su corazón respondía con felicidad la propuesta de alguien más frente a una cuantiosa multitud.
Sabía que algo extraño ocultaba en todo. Había intentado contactar a Alice, pero hacer llegar una carta al palacio no era una tarea sencilla. En un par de ocasiones llegó por su pie a las puertas del palacio solo para ser despedida por los guardias.
Creía que su amiga seguiría siendo la misma de siempre. Con el semblante risueño pero con una gran actitud fuerte. Ahora solo veía a una fina dama, envuelta en un lujoso vestido, con modales impecables, como si siempre hubiera pertenecido a una familia de alta alcurnia. Con todo esto casi entendía la reacción de Nathaniel.
─Nath también está aquí ─dijo. Un escalofrío recorrió a Alice, pero no respondió─. Nath ─prosiguió con preocupación─… ha estado actuando extraño, últimamente. Una mujer ha estado visitándolo con frecuencia.
Alice apretó sus manos por sobre su vestido. Nathaniel le había roto el corazón de una manera tan dolorosa, le había costado muchísimo encerrar aquellos terribles sentimientos y recuerdos dentro de su corazón. Y cuando creyó haberlo superado por fin, tuvieron un nuevo encuentro fortuito aquella misma mañana. Nath la había mirado con un intenso odio.
No sabía cómo era posible que tanto Sharon como Nathaniel recibieran una invitación a aquella ceremonia, pero lo desconcertaba aún más que Nathaniel mismo hubiese accedido a asistir.
─Terminamos ─dijo Alice, con mucha frialdad─. Nath y yo. Es una lástima que no te haya podido aclarar las cosas antes. Saber quién lo frecuenta no es un tema que me corresponda saber. No entiendo por qué vino a la fiesta.
─Solo hay una razón. Aún te quiere. Y mucho.
El corazón de Alice comenzó a doler muchísimo. Le habría gustado escuchar aquellas palabras un tiempo atrás.
─Sharon sé que lo dices con las mejores intenciones, pero yo sé que Nath no quiere saber nada de mí. Y yo tampoco quiero volver a verlo. Además… ahora estoy comprometida.
─Entonces ─la chica comenzó a levantar la voz, con enojo─. ¿Es verdad de lo que Nath te acusa? ¿Qué lo cambiaste sin más?
─Las cosas no son tan sencillas de explicar ─dijo tratando de mantener calma─. Pero te prometo que llegará el día en que te contaré todo.
─Antes eras tan transparente, y ahora estás llena de misterio.
Aquello le dolió, porque era verdad. Pero tampoco podía simplemente decirles: "Necesito ser la prometida del príncipe porque él necesita ser rey, y hay que evitar una guerra. Además, aunque en un inicio me amenazó para ser su prometida, ahora soy yo la que quiere ayudarlo".
Ante el silencio de Alice, Sharon preguntó tajantemente.
─No lo creo. ¿De verdad amas al príncipe?
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─Supongo─ comenzó a decir Ámber fingiendo gran desinterés─ que no puedo negarme.
El capitán le ofreció con alegría su brazo y juntos caminaron hacia el centro de la pista, siendo observados por cada uno de los presentes. Aquel acto debía haber sido protagonizado por el príncipe y su prometida, quienes ya se encontraban cada uno en su propio asunto, por lo que Lysandre le dio el privilegio —que sonaba más a una orden—, de ser quien inaugurara aquel baile.
La música comenzó.
─Me alegra que haya accedido ─dijo Armin, mientras se movían con suavidad en la pista. Aunque nunca antes habían bailado juntos, comenzó a ver que a la chica no se le daba tan mal, y podía seguir su ritmo.
─Fue para no avergonzarlo ─dijo con altanería─. Hubiese sido una gran falta de respeto que le rechazara frente a los invitados.
─Vaya ─dijo el capitán simulando tristeza ─tanta frialdad rompe mi corazón.
─Es que… nunca sé qué intenciones tiene.
─Pero señorita, yo le he dicho mis intenciones plenamente ─el capitán se acercó a susurrarle al oído─. Me encantaría tener una cita con usted.
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Charlotte sonrió con satisfacción cuando Nathaniel abandonó abruptamente el Gran Salón justo por el camino que Alice había tomado.
Necesitaba solo un escándalo para que la reputación de Alice cayera hasta el suelo, y aquella fiesta, donde había ojos en cada rincón, era fácil encontrar personas que malinterpretaran un simple gesto.
Por fin su actuación y trabajo de manipulación hacía Nathaniel Lowell darían resultados…
Ahora solo esperaría a que los brumosos sentimientos del rubio hicieran de las suyas.
Casi saboreando su victoria, decidió que era momento de socializar con los demás aristócratas, para seguir estableciendo relaciones que le serían de utilidad en el futuro, cuando una melena rubia que destacaba entre la multitud, llamó su atención.
Sintió como su corazón se rompía cada vez más al ver el alegre rostro del capitán Armin, quien nunca bailaba en eventos como aquel, y que siempre rechazaba cualquier invitación, en medio de la pista junto a Ámber Lowell.
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─Me niego ─dijo Ámber tajantemente─. Conozco a los de su tipo, Capitán. Solo buscan divertirse un rato. Lo siento, pero yo no caeré en sus encantos.
─¿Así que me considera encantador? Qué halago.
─¡No! ─dijo con frustración, pero con las mejillas teñidas en rojo─. ¿Cómo es que logra malinterpretar todas mis palabras?
─Así que no piensa que soy serio. Entonces, permítame cambiar mis palabras señorita Ámber: Quisiera tener el honor de cortejarla. Formalmente.
Armin miraba a la chica con demasiada intensidad. Sentía que se podía perder en el azul de sus ojos. La seriedad de sus palabras la abrumaron… ¿No era eso lo que Ámber quería? Buscar una pareja con un alto estatus dentro de Amoris.
Entonces… ¿Por qué dudaba? ¿Qué era aquella sensación palpitante en su pecho?
Olvidó el lugar en donde estaba, dejó de escuchar la música, y por ello dio un paso diferente que no debía haber dado. El capitán, que tampoco esperaba el cambio en el ritmo del baile, cometió un pequeño error y tropezó ligeramente, rompiendo el ambiente extraño que los envolvía.
Ver al perfecto Capitán cometer un error por primera vez hizo que Ámber soltara una pequeña risita.
─Ah, la hice reír. Me debe una cita.
─Eso no cuenta. No fue una risa.
─Yo escuché otra cosa ─dijo sin quitar la gran sonrisa en su rostro─. Estaré esperando con ansias nuestra cita.
La música terminó. El capitán se separó inmediatamente de Ámber, poniendo fin al primer baile. Los músicos comenzaron una nueva pieza y, ya que el baile había sido inaugurado finalmente, la pista se llenó al instante de parejas.
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─¿De verdad lo amas? ─preguntó nuevamente Sharon ante el silencio de Alice… ¿cómo podía responder a esa pregunta?
¿Qué sentía por Castiel? ¿Odio, rencor? En un inicio sí. Odiaba la forma en que la obligó a dejar todo atrás y envolverse en una farsa que terminó afectándole muchísimo. Sin embargo Castiel ya había enmendado su error y Alice lo había perdonado.
¿Gratitud? ¡Por supuesto! Gracias a él había adquirido mucho conocimiento y vivido experiencias que jamás se hubiera imaginado. Incluso le había salvado la vida a Sharon. Y estuvo dispuesto a dar su propia vida en un injusto trato con unos piratas. Sin duda se había ganado su cariño, como si se tratara de su mejor amigo.
¿Había algún sentimiento más? A veces, cuando lo encontraba observándola con total atención en sus conversaciones triviales, o cuando la miraba con tanta ternura, o cuando su corazón comenzó a latir como loco cuando la besó con tanta pasión, Alice olvidaba por un segundo que todo aquello era parte de un acto, una farsa que tenían que mantener ante todos; aunque rápidamente volvía a la realidad, no podía evitar quedar algún rastro de los confusos sentimientos.
─Quiero estar a su lado ─y quizás eran las palabras más honestas que pudo haber dicho. Su amiga hizo un intento por seguir la conversación, pero Alice la detuvo─. Sharon, te extrañé mucho, y espero volver a verte pronto, pero debo regresar a la fiesta. Cast… El príncipe Castiel debe estar buscándome.
Con eso se levantó y se dirigió hacia la puerta. Estaba a punto de abrirla cuando escuchó bullicio justo fuera de ella. Voces de un grupo de damas se escuchaban con claridad. Alice decidió esperar a que el grupo, que probablemente estaban buscando un lugar para cotillear, pasara por alto aquella puerta y se retiraran lo suficiente para que ella pudiera salir sin ser vista, hasta que escuchó su nombre salir por boca de ellas. Inmediatamente captó toda su atención.
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Nathaniel caminaba con furia. Si era verdad todo lo que Charlotte proclamaba, si Alice de verdad quería regresar a su lado, quería escucharlo en sus propias palabras.
Perdió de vista a Alice en el momento que salió del Gran Salón. No conocía el palacio, por lo que pronto se extravió entre las decenas de pasillos que lo conformaban. Además, no quería lidiar con la estricta seguridad que había en esos momentos, huía cada vez que veía a un guardia acercarse. Poco a poco se sumergió aún más dentro del palacio hasta que llegó a un área donde los pasillos estaban vacíos.
Se relajó un poco ahora que se veía libre de los guardias, pero al girar en una esquina, chocó con una de las doncellas del palacio.
La chica, de cabello castaño, cayó al piso y en cuanto vio al extraño intruso quiso gritar. Nathaniel se adelantó y cubrió su boca con su mano.
─Shh ─la chica estaba temblando bajo su mano, de sus grandes ojos azules se querían asomar lágrimas de terror─. No te haré daño ─trató de tranquilizarla─. Te quitaré la mano, pero por favor, no grites ─la chica asintió.
─¿Q-quién es usted? ─preguntó aún con miedo cuando fue liberada.
─Busco a Alice.
─¿P-por qué quiere hablar con la princesa?
Una chispa de odio volvió a surgir en Nathaniel cuando escuchó la palabra "princesa". Trató de contenerse.
─Soy su… amigo ─dijo tratando de sonar amable─. No he podido saludarla, así que cuando salió del salón, traté de seguirla, pero me he perdido. ¿Te importaría indicarme hacia donde debería ir?
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─Oh, qué humillación para la señorita Alice ¡y en su fiesta de compromiso! ─se escuchó la voz de una mujer de mediana edad hablar con suma preocupación.
─¿Quién es esa mujer? ─preguntó alguien.
─¿No lo sabes? ¿Cómo es que no conoces a la que pudo haber sido nuestra siguiente reina? ─hubo exclamaciones de sorpresa. Al ser un chisme del que la mayoría no estaba enterada, detuvieron sus pasos casualmente delante de la puerta de la habitación donde se encontraba Alice, quien siguió la conversación a escondidas─. Su alteza estuvo comprometido desde su nacimiento con una de las dos princesas de Dolce. La boda se llevaría a cabo cuando el príncipe cumpliera sus 18 años, es decir, estarían casados ahora mismo si no fuera porque la hermana mayor renunció a sus derechos en el trono. La siguiente en la línea de sucesión era la princesa Debrah y lastimosamente disolvió el compromiso con nuestro príncipe, aceptó su destino y se convirtió en reina, ya no de Amoris, sino de su patria.
─Según se dice ─intervino otra persona─ no fue un compromiso solo político... Como prácticamente crecieron juntos, fue inevitable que desarrollaran fuertes sentimientos entre ellos. El príncipe se veía tan enamorado que, cuando rompieron el año pasado, no quiso saber nada de matrimonio. Rechazó candidatas de otros reinos que quisieron aprovechar su nueva soltería para formar más alianzas. La reina madre estaba tan devastada, primero la muerte de su esposo, y después la preocupación por el futuro de su hijo la hicieron caer sumamente enferma.
─Pero ¡quién sabe! ─dijo una pícara voz, que a Alice le pareció extrañamente familiar─, Quizás la llama entre ellos siga viva. ¿Vieron cómo se saludaron?
─Pero qué cosas dices ─espetaron las demás con indignación.
─¡No estoy diciendo algo irreal! Todo el mundo sabe que es común que los reyes tienen una o dos amantes además de su reina. Incluso nuestro difunto rey no fue la excepción.
─Eso solo fueron rumores sin fundamento.
─Verdad o no, el simple hecho de que haya rumores quiere decir que algo tendrían de realidad. En fin, solo quiero decir que no sería sorpresa que el príncipe Castiel y la reina de Dolce sigan frecuentándose, más allá de sus labores políticas.
─¡Pero ahora está la señorita Alice! ─dijo la primera voz─. ¿Han visto cómo se miran? El príncipe la ve como si fuera lo más valioso del mundo. Incluso hace poco la señorita tuvo un accidente en la última competencia de caza. ¡Y él se puso como loco por su bienestar!
─Yo solo digo lo que veo ─volvió a insistir la misma voz que Alice reconocía─. ¿Crees que los sentimientos de una relación que duró prácticamente toda su vida, se iban a esfumar de la noche a la mañana? Piénsalo bien. La reina de Dolce, para asumir su trono debió casarse con el líder de su guardia pero nunca se le ven juntos ¡Vino sola a la fiesta! Y cómo es un largo viaje hasta Dolce, probablemente se quede un par de días aquí.
─Señoras ─una imponente voz se alzó sobre la conversación. Alice pudo oír como el grupo daba expresiones de sorpresa─ Si van a esparcir falsos rumores, sugiero que lo hagan en un lugar donde no puedan ser vistas u oídas por alguien que puede invitarlas a retirarse.
─¡Duquesa!
─Perdone nuestra falta de cortesía.
Rosalya DeMeilhan había llegado a interrumpir aquel chismorreo. El grupo de damas se sentía completamente apenado de que alguien tan cercano a la familia real hubiera escuchado su pícara conversación, que no se dieron cuenta del momento en el que alguien más salía por la puerta de una de las múltiples habitaciones de aquel pasillo.
─Alice ─la mirada dura de Rosalya se relajó al verla─. Te he estado buscando por todas partes.
Las mujeres ya intimidadas por la presencia de la Duquesa de Meilhan, se aterrorizaron al ver cómo la prometida del príncipe, quien había sido protagonista de su conversación anterior, aparecía frente a ellas con un semblante mucho más serio del habitual.
Una de ellas, la que más había insistido en la relación del príncipe con la reina de Dolce, víctima de la impresión, dejó caer una copa que se estrelló de manera ruidosa en el piso. Gotas del vino que contenía se esparcieron, manchando el vestido de Alice.
─¡Señorita! ─empezó a gritar con mucha desesperación─. Dispénseme por favor. ¡Pagaré por su vestido!
─Oh ─dijo Alice, por fin reconociendo a la dueña de la voz que trataba de recordar─. Yo a usted la conozco.
─Sí ─respondió la mujer, avergonzada─. Nos conocimos en la fiesta de Charlotte Leclair, es una dicha que recuerde mi rostro.
─No ─el tono de voz frío de Alice no se asemejaba para nada a su habitual─. Nos conocemos de antes… ¿Es usted Amélie Bisset? ¿De L'maison d'Amelie?
─Qué honor que conozca mi humilde tienda. Por favor, visítenos pronto, se le dará la mejor de las atenciones.
─Ya fui una vez…. No volveré a hacerlo. No volvería a un lugar en donde insinuaron que me vendía para ganar dinero.
El grupo dejó salir pequeños gritos ahogados.
─¿D-disculpe? ─la voz de Amélie se escuchaba más nerviosa─. Yo nunca le haría tal deshonra. Debió ser un malentendido.
Rosalya también había enmudecido, sin conocer aquella historia.
─¿Qué malentendido pudo haber sido cuando sus palabras fueron muy claras? Pero ¿qué podemos esperar de una mujer cuyo pasatiempo es indagar en lo que sucede en camas ajenas?
Alice no quiso esperar ninguna respuesta por parte de la mujer. Aunque en un inicio sus crueles palabras le habían afectado, en aquel punto entendía que no valía la pena considerar la opinión de personas con ella. Con la frente en alto, comenzó a alejarse.
─Señora ─le llamó la duquesa, demostrando autoridad─, le sugiero que abandone el palacio inmediatamente. Y el resto de ustedes… por favor absténganse de volver a mencionar una palabra al respecto.
─Sí, duquesa ─las mujeres contestaron al unísono.
─Ven querida, volvamos a tu habitación ─Rosalya alcanzó a Alice, y decidió desviar el tema para olvidar la amarga conversación de los últimos minutos─, tenemos que cambiar tu ropa, Leigh preparó otro vestido…
─¿Es verdad? ─había mucha seriedad en la voz de Alice.
─¿Qué cosa?
─Lo que acaban de decir. Que Castiel se iba a casar con la reina de Dolce, que… estaba muy enamorado de ella.
Rosalya dejó salir una pequeña risa nerviosa.
─Alice, no es bueno hacer caso a todo lo que…
─Entonces sí es verdad.
─…Sí ─dijo al fin─. ¡Pero no es lo que crees! No hagas caso a los chismes, la mayoría son solo eso. La realidad es un poco más complicada. Mira, sí es verdad que estaban comprometidos, fue algo que decidieron sus padres. Prácticamente estaban comprometidos desde su nacimiento. Cuestiones políticas, ya sabes, para afianzar la relaciones entre Amoris y Dolce. La familia real de Dolce, Mercier, tenía dos princesas. La mayor era la heredera al trono, y la menor Debrah, sería la esposa de Castiel y por lo tanto, la reina de Amoris. Pero hace tiempo la mayor abdicó al trono justo cuando iba a ser coronada. Desconozco los detalles, solo supimos que se refugió en un convento… por lo que toda la responsabilidad ahora pasó directamente a Debrah. Siendo la líder principal de su reino, no podía simplemente dejar todo de lado y mudarse a Amoris. No podía dejar que la corona, que tantos años estuvo bajo la familia Mercier, se perdiera sin más… por lo que decidió poner fin a su compromiso con Castiel.
Mientras conversaban, había llegado a la habitación de Alice, con ayuda de Rosalya estaba quitando las capas de ropa que componían aquel vestido.
─¡Dios santo! ─dijo Rosalya, al quitar una de las telas que cubría la espalda de Alice─ ¿Qué te pasó?
Alice se miró en el espejo, tenía varios moretones que no había antes. Últimamente, con sus aventuras y con las lecciones de espada de Kim, su cuerpo se había magullado bastante.
─Ah, hay más ─dijo sin preocupación─. Debí hacérmelos durante la tormenta.
─Espera aquí, iré por algún ungüento. Después el médico deberá examinarte ─Rosalya, que estaba a punto de salir de la habitación, se volvió para decirle una última cosa a Alice. Sabía que era inevitable que la chica se enterara del compromiso anterior del príncipe, más al ver su rostro tan serio, pensaba que aquella noticia le había afectado mucho más de lo que imaginaba. ─Alice, querida no tienes por qué preocuparte por aquellas habladurías. Castiel te ama y eso es lo que importa.
A Alice no le preocupaba aquello. Aún si su corazón a veces se confundía por las muestras de afecto del príncipe, nunca dudó de su falso papel. Ella nunca tuvo deseos de aspirar a ser algo más. Sabía que su 'relación amorosa' con Castiel terminaría, después de todo era una farsa. Lo que le molestaba es que llegó a considerar al príncipe como su amigo más cercano, con el que compartió muchos secretos.
En el fondo, sentía un poco de tristeza porque, mientras ella había hablado sin tapujos sobre la muerte de su padre, sobre su vida en el tercer distrito y sobre su dolorosa relación con Nathaniel, Castiel jamás había mencionado ni una palabra al respecto sobre su vida, aunque había sido él mismo quien quiso saber toda la historia de Alice.
Ahora que recordaba, en sus paseos era ella quien siempre hablaba, Castiel se dedicaba a hacer preguntas y a escuchar su respuesta. Alice, tratando de encontrar una explicación, creyó que quizás el príncipe no era alguien que le gustara hablar de sí mismo. O quizás daba por sentado que Alice ya lo sabría. O simplemente quizás no le tenía la confianza suficiente para contarle aquellos detalles.
Al final no importaba la razón, él no tendría porque explicarle toda su vida. Pero… ¿por qué le dolía tanto?
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Para Nathaniel, había sido todo un milagro que la mucama confiara en él lo suficiente para indicarle exactamente donde podía estar Alice. Le mencionó los lugares dentro del palacio que frecuentaba, y le dio indicaciones exactas para llegar a su habitación. No sabía si estar agradecido con ella o tacharla de ingenua.
Gracias a su información, vio el momento en el que la duquesa salía de la habitación donde se encontraba Alice. Había observado lo suficiente para saber que se encontraba sola ahí, y que tendría algunos instantes antes de que los guardias hicieran sus rondines.
Pensó que era el momento propicio para actuar.
Abrió la puerta, intentando no hacer ruido y definitivamente no estaba preparado para lo que sus ojos vieron. Ahí estaba Alice, a medio vestir, exponiendo su piel mucho más de lo que alguna vez se dejó ver, cubierta de moretones y heridas ya cerradas.
Las palabras de Charlotte Lecleir, donde le aseguraba que Alice vivía en un infierno a manos del príncipe cobraron sentido. No podía imaginarse a qué humillaciones había sido expuesta su amada.
Entendía ahora que todo el amor que el príncipe proclamaba no era más que una cruel mentira que mantenía encerrada a su querida Alice.
Ahora sabía que él, y solo él era capaz de ayudarla a salir de aquel suplicio. Creía que esa había sido la razón por la que Alice lo había contactado por medio de Charlotte Leclair, lo que significaba que había recapacitado y lo arrepentida que estaba de haberlo dejado. Nathaniel estaba dispuesto a todo con tal de salvarla.
Los guardias se acercaban, por lo que tendría que esperar un poco más para hablar con ella.
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Aún con el sentimiento de tristeza instalado en su pecho, Alice regresó a la fiesta envuelta en otro galante vestido.
─¡Alice! ─Castiel fue el primero en recibirla, había angustia en su rostro─. Estaba preocupado ¿Dónde te habías metido?
Alice lo miró con pesar. Y aunque quería guardase todos los pensamientos y sentimientos que recién había descubierto sobre su peculiar relación, tantas emociones en un solo día se desbordaban con facilidad. No pudo callar.
─No sabía que habías estado comprometido con la reina de Dolce ─soltó con frialdad. El semblante de Castiel se ensombreció al instante.
─¿Quién te dijo?
─Creo que a estas alturas es bastante obvio. Escuché toda la historia por los pasillos. Fue una lástima haberme enterado así y no por tu boca.
─No consideré necesario que lo supieras. No es un tema del que me guste hablar.
─Pero yo sí te conté sobre… ─la voz de Alice se cortó en el momento en el que la persona a la cual había estado a punto de mencionar se plantaba sin aviso frente a ella─. ¿Nathaniel? ─dijo en un susurro entrecortado, sin quitar una expresión desconcertada.
Castiel notó la presencia de una tercera persona, un chico rubio al que Alice le llamaba con total familiaridad. Normalmente las personas no se acercaban al príncipe, mucho menos interrumpían una conversación privada. A nadie se le hubiera ocurrido siquiera importunar al príncipe de manera tan grosera. Aquella persona no parecía estar intimidado por el rango de Castiel.
─Disculpa, ¿quién eres? ─preguntó Castiel.
El chico se tardó un tiempo en contestar, aunque si por dentro estuviera maldiciendo al príncipe, no lo hizo notar.
─Nathaniel Lowell, Alteza ─incluso le reverenció─. Soy amigo de Alice.
Castiel interrogó con la mirada. Alice, aún impresionada, se limitó a asentir.
─Ya veo. Supe que invitaste a algunos de tus amigos.
─Yo no…. ─las palabras de Alice nuevamente fueron interrumpidas, ahora por la reina de Dolce. De repente aquella íntima conversación se convirtió en una charla de cuatro personas.
─¡Cariño, es momento de bailar! ─dijo la reina mientras tomaba del brazo a Castiel, después se percató de la presencia de Alice─. ¡Oh! Disculpa que te lo robe un rato, pero no te importa ¿verdad?
La reina soltó nuevamente una inocente risita, mientras recargaba su cabeza en el hombro del príncipe.
─Adelante ─contestó─. Imagino que tienen mucho de qué hablar.
─Eso puede esperar ─Castiel intentó zafarse del agarre de Debrah─. Alice, tenemos que hablar.
─Alteza ─esta vez fue Nathaniel quien tomó la palabra─. Permítame bailar con Alice.
De repente, tanto Alice como Castiel habían sido arrastrados a la pista de baile, cada quien por su lado.
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Alice no podía sentir menos que incomodidad.
El mismo Nathaniel que la había acusado de mil cosas, que había decidió poner fin a su relación, y con el que había cruzado miradas llenas de rencor esa misma mañana, ahora se encontraba frente a ella con un semblante muy diferente, casi como lo era cuando aún estaban juntos. Parecía hasta feliz de estar en ese lugar.
─¿Qué haces aquí? ─trató de sonar indiferente.
─Recibí tu mensaje.
─¿Mensaje?
─Sé que no eres feliz. No con él.
─Nath, no entiendo…
─Por todos los cielos, sé todo lo que te hizo ─dijo con exasperación, pero rápidamente recobró su compostura─. No quieres casarte con él ¿verdad? Soy un tonto debí haberte escuchado desde un principio. Así nos podíamos haber evitado mucho sufrimiento.
Alice estaba confundida.
─Sigo sin entender de qué estás hablando.
─Alice, ven conmigo ─sin esperar respuesta, tomó su mano y la guió fuera del recinto.
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Castiel, que no había quitado su mirada sobre Alice ni un segundo, solo pudo ver como ella con aquel chico rubio salían a hurtadillas del Gran Salón. Y sin importarle dejar sola en medio del baile a la reina de Dolce, salió tras ellos.
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Charlotte observó cómo Nathaniel Lowell por fin se reunía con Alice, protagonizando el que parecía ser un reencuentro de viejos amigos. Era todo lo que había deseado. Un mínimo contacto entre ellos que podría ser malinterpretado, más aún cuando alcanzó a ver cómo salían del salón. Parecía que nadie se había dado cuenta de ello. Entre el baile, el licor y la alegría, la gente estaba ensimismada en sus propios asuntos.
Ella podría hacer un comentario o comenzar algún rumor para volcar toda la atención en la pareja que acaba de salir.
Sin embargo, ahora no podía mover un músculo. Ver la escena entre el capitán Armin y Ámber había perturbado algo muy denso en su corazón.
Con delicadeza, Charlotte sacó la daga que mantenía oculta en la manga de su vestido, la que sería su último recurso para su plan.
Antes de que pudiera siquiera pensar en algo, le fue arrebatada. Ni siquiera pudo parpadear antes de que la daga estuviera en manos del Capitán Armin.
─Señorita ─dijo con desaprobación─. Es muy peligroso que vaya por ahí con estos artefactos.
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Nathaniel salió a toda prisa, tomando a Alice de la mano, obligándola seguir el ritmo de sus pasos, mientras buscaba la ruta que mentalmente había trazado de antemano.
─Tenemos que salir de aquí.
─Nath ─Alice jadeó con cansancio─. Espera, explícate.
─Hablemos después.
─Me haces daño ─le dijo tratando de zafarse.
Solo en ese punto se detuvo para percatarse del fuerte agarre que tenía sobre la muñeca de Alice que ya se encontraba roja.
Nathaniel se sentía incapaz de hacerle daño a Alice, por lo que para compensar, levantó su mano y comenzó a depositar tiernos besos. En la muñeca, en los nudillos, y con delicadeza fue subiendo por su brazo.
Alice estaba paralizada, y confundida. Tantas preguntas se arremolinaban en su cabeza. ¿Qué hacía Nathaniel ahí? ¿Qué no había sido él quien la había dejado con el corazón herido, y que la había tratado con el peor de los resentimientos? ¿Por qué parecía que había cambiado de opinión? Las palabras de Sharon regresaron a su mente. ¿De verdad era cierto aquello, que Nath aún la quería? ¿Por qué de repente la estaba besando con tanta ternura?
Los besos subieron aún más sobre su cuello. Y antes de que pudiera llegar a sus labios, Alice lo empujó.
─¡No! ¡Nath, espera!
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Castiel salió tras Alice y el chico rubio, ignorando las protestas de la reina de Dolce. Corrió entre los pasillos sin ningún éxito, hasta que el grito de Alice le alertó.
─¡No! ¡Nath, espera!
Al doblar una esquina, pudo ser testigo de cómo Alice, su querida Alice de quien se había enamorado sin proponérselo, estaba besando al chico que se había presentado anteriormente como su amigo.
Todo cobró sentido para él.
"Nath", claro. Alice lo había mencionado solo una sola vez, cuando tuvieron aquella conversación en la que le reveló todo lo que su corazón guardaba.
Nath… Nathaniel.
No se trataba de un simple amigo, como lo quiso aparentar. Ni siquiera un novio irrelevante.
Se trataba de su antiguo prometido. La persona con la que Alice se iba a casar, con quien iba a pasar el resto de su vida. Con el que había jurado haber roto.
Y ahora estaban los dos, frente a él.
Probablemente habían encontrado la manera de ponerse en contacto, de alguna forma se habían reconciliado. Alice lo habría invitado a aquella fiesta para verse secretamente.
Y en medio de todo, Castiel quedó como un estúpido, solo con sus sentimientos estancados que no pudo confesar.
Su corazón roto, se convirtió en tristeza y luego en ira que fue recorriendo cada fibra de sus ser, tomó la espada que siempre portaba, la desenvainó en el acto y se abalanzó contra Nathaniel.
Nathaniel tuvo más reflejos y se apartó, pero la punta alcanzo a penetrar debajo de sus costillas. Nathaniel salió huyendo, el príncipe estuvo a punto de seguirlo, pero una súplica de Alice lo trajo a la realidad.
─Castiel, ¡noooo!
Se detuvo. Jadeó antes de guardar su espada, y trató de recobrar su compostura.
─Perdí los estribos un instante ─dijo sin ninguna emoción─. Creí que te estaba forzando o algo por el estilo, pero supongo que estabas cómodamente en sus brazos.
─¿De qué hablas?
─No tienes que fingir nada ─le espetó levantando la voz─. Pensé que las cosas con tu prometido se habían terminado. Y dices que soy el único que oculta cosas. ¿No es un simple amigo, verdad? Es tu antiguo prometido. Sí eres feliz con él, puedes regresar a su lado.
Alice, ahora indignada por las palabras del príncipe, comenzó a contestarle con el mismo tono de voz.
─¡Es un malentendido! Déjame explicarte, aunque ni siquiera yo…
Castiel no dejó que continuara.
─Hablé con los líderes de Distrito ─dijo, confesando por fin la reunión que había tenido, de la cual no quería revelar para poder seguir pasando tiempo con Alice. Ahora ya no tenía sentido seguir ocultando─. Hace semanas que están de acuerdo en acelerar el proceso de coronación. Así que podemos realizar la ceremonia sin necesidad de una boda.
Aquella revelación congeló a Alice.
─Entonces… entonces ¿yo ya no soy necesaria?
El príncipe la miró a los ojos. No brillaban como antes, parecía haber regresado al príncipe malhumorado que la había obligado a ser su prometida bajo amenazas. Y ahora que había logrado su objetivo, la estaba desechando.
─Felicidades Alice Arlelt ─Castiel sonrió, pero ella sabía que no era una expresión sincera─. Eres libre de este falso compromiso. Gracias por todo tu sacrificio, significó mucho para Amoris, ahora puedes volver con quien realmente quieres estar.
─No lo entiendes. Nath…
─Nathaniel Lowell, ¿no es así? Querías verlo lo más pronto posible que decidiste incluirlo entre tus invitados.
─¡Ni siquiera sé cómo…!
─Sería todo un escándalo que una pareja rompa el mismo día de su fiesta de compromiso. Así que regresa a tu habitación. Diremos que te retiraste por problemas de salud. Y abandona el palacio en los siguientes días, con la máxima discreción posible.
Alice había enmudecido, comenzó a temblar ligeramente, mientras un nudo se formaba en su garganta.
─Y ─continuó Castiel─ sobre tu antiguo… no. ¿Supongo que ahora yo me convertí en tu antiguo prometido? ─soltó una risa irónica─. Sobre Nathaniel Lowell, ordenaré que lo busquen para aclarar este malentendido. Si necesita atención médica se la brindará, su herida no es mortal. No quisiera dejarte viuda aún antes de casarte.
Alice no daba crédito a la sarta de estupideces que el príncipe le estaba diciendo. Alguna vez le confesó lo mucho que le había dolido la poca confianza que Nathaniel le tenía y como jamás pudo detenerse a escucharla, y ahora él se estaba comportando de la misma manera. ¿Qué más podía esperar? El Castiel atento no era más que una ilusión, ahora que no había más farsa, aquel acto también llegó a su fin.
─Bien… ─dijo Alice después de un rato, tratando que las lágrimas no se derramaran─. Tienes razón, aunque creí que teníamos una relación de confianza, acabo de descubrir que nunca fue así. No tendría por qué haberme metido, es tu vida después de todo. Disculpa si me creí con el derecho de saberlo. Y ya que estas tan seguro de mi vida y de mis planes no queda más por decir.
Alice se llevó las manos al cuello, y Castiel pudo ver cómo sus muñecas estaban bastante rojizas, como si hubiera estado aprisionada. Quiso preocuparse por ella, pero no dejó que aquello lo afectara.
Alice se quitó el collar que el príncipe le había dado desde el primer momento en el que comenzaría su farsa. Ahora ya no había más motivos para portarlo.
─Alteza, le devuelvo la reliquia familiar. Como puede observar, la cuidé tal y como me ordenó─ Alice extendió el collar hacía el príncipe, quien titubeó al tomarlo, un poco sorprendido por el cambio de voz en Alice. Se había acostumbrado a la familiaridad con la que decía su nombre─. Acataré su última orden, y me iré pronto. Ah, y ya que no estaré aquí, permítame decirlo ahora: Mis más sinceras felicitaciones por su coronación.
Hizo una reverencia perfecta, tal y como Rosalya le había instruido. Alice comenzó a alejarse pero pronto se devolvió.
─Casi lo olvido ─dijo ahora quitándose el anillo de compromiso que horas antes Castiel le había entregado delante de toda la sociedad.
El príncipe no podía rechazar el collar que Alice devolvía, formaba parte de una tradición. Pero aquel anillo era una cuestión totalmente diferente. Había pasado días buscando el anillo perfecto para su querida Alice. Conservarlo solo le traería malos recuerdos.
─Puedes quedártelo ─ella parpadeó con confusión─. Véndelo. Te servirá para los gastos de tu boda.
─Si su Alteza me pide que lo utilice para ese propósito, entonces declino amablemente su regalo.
Volvió a extender el anillo hacía el príncipe, y al ver que no lo aceptaba, terminó colocándolo en una mesita que adornaba el pasillo. Después se dio la vuelta, y se retiró.
Castiel no le quitó la vista hasta que desapareció.
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Nathaniel se escabulló entre los pasillos del palacio. Aunque la herida que el príncipe le había infligido parecía superficial, ya había perdido bastante sangre. Si salía del palacio, los guardias lo verían sin duda. Y aunque pudiera burlarlos, no podría llegar al tercer distrito en esas condiciones.
Necesitaba encontrar refugio pronto.
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El príncipe Castiel regresó al gran Salón, donde los cientos de invitados seguían disfrutando la celebración de un compromiso que ya no existía más. Sin ánimos, llegó a un lado de su madre.
─¿Dónde está Alice? ─preguntó alzando la vista entre los presentes.
─Decidió irse.
─Pobrecilla, debe de estar agotada con todo el ajetreo de hoy. ¿Pudo ver a sus amigos?
─Claro que lo hizo.
─¡Me alegro! ─dijo felizmente ignorando el sarcasmo de su hijo─. No sabía con quien consultar a los invitados de Alice. Cuando le pregunté, me dijo que no había necesidad. ¿Pero quién no querría ver a sus amigos? Entonces le pregunté a su madre.
Aquel pequeño detalle que Castiel ignoraba lo petrificó.
─Espera, ¿qué?
─Ahí está ─la reina señaló a una mujer entre la multitud. Castiel reconoció a la madre de Alice, que pronto respondió al llamado de la reina.
─Justo estaba comunicándole a mi hijo que le consulté a usted sobre las amistades de Alice.
─¡Oh, claro que sí! ─la mujer ya se encontraba bastante embriagada─. Mi pobre niña no tiene muchos amigos. Solo una chiquilla hija de una vecina. Una jovencilla sin importancia, pero mi Alice insistía en ser su amiga.
─¿Es todo? ─interrogó el príncipe.
─Bueno no, tiene otra amistad con la que yo no estaba muy de acuerdo. No quise decir esto así, pero… ¿sabía usted que mi pobre Alice era acosada por su amigo de la infancia? ¡Lo detesto tanto! Así que hice que viniera para que viera por su cuenta que mi hija está en el lugar que se merece.
─¿Nathaniel Lowell?
─¡Sí! ¿No me diga que lo conoció? ¡Qué horror! ¿Verdad que es despreciable? ¡Tenía que ponerlo en su lugar!
─¿Usted lo invitó, no Alice?
─Sí, hijo ─la reina volvió a confirmar─. ¿No acabo de decirte que Alice no quiso invitar a nadie? ¡Queríamos que fuera sorpresa para ella!
Las dos mujeres comenzaron una conversación trivial, mientras Castiel comenzaba a darse cuenta de lo estúpido que había sido al acusar a Alice. Pero ¿exactamente de qué? ¿Y con qué derecho? No eran una pareja real. Ahora ni siquiera ficticia. Se había comportado como un esposo celoso que descubría una infidelidad, cuando la realidad estaba distante.
Castiel con dolor, comprendió que, la había herido.
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La celebración de la fiesta de compromiso había durado toda la noche, así que, cuando los primeros rayos del sol se querían asomar en el horizonte, el palacio estaba sumido en completo silencio.
O casi.
La voz de una mujer tarareando una canción, mientras caminaba en los pasillos era lo único que se escuchaba en el ambiente, de vez en cuando interrumpido por carcajadas provenientes de ella misma.
Los guardias de Sucré que vigilaban aquella sección del palacio, se relajaban al verla pasar. Y no había necesidad de palabra alguna para que la reina de Dolce entrara sin permiso alguno en los aposentos del rey de Sucré.
—Vaya —dijo mientras se reía al ver al hombre convaleciente—. Nunca creí ver al gran Viktor desfallecer en cama.
—Alteza —Viktor saludó, pero Debrah solo frunció el ceño.
—¿Se les congelan las noticias de camino a Sucré? Es "Majestad", cariño, que no por nada obligué a mi hermana a cederme su título.
—Vaya —el rey rodó los ojos. Ella no se tomó bien aquel gesto, por lo que le propició un golpe en el brazo que tenía inmovilizado. Viktor se quejó del dolor.
—Te lo mereces —dijo Debrah—. Es un castigo divino por todos tus malvados planes. O dime, ¿ya te arrepentiste?
—Los planes siguen en pie —dijo impasible.
—Me alegro, porque no pienso seguir llorando y haciéndome la victima frente a todo el mundo. ¿Creerías que unos piratas de las Islas del Oeste me visitaron hace algunos meses?
—¿Las Islas del Oeste?
—¡Sí! Son unos malditos bárbaros. Pero al final llegamos a un acuerdo a cambio de ron e información del pobre Cassy. Tarde o temprano lo visitarán para darle un escarmiento.
Viktor soltó una risa.
—Qué horrible eres con el que pudo ser tu esposo.
—¿Y tú no lo eres, cuando sigues jugando a ser su amigo?
Akeehl siempre tarde, nunca intarde (?
Lloré al escribir la parte final de este capítulo.
¿Se nos viene el arco de "chin, la kagué" de Castiel? ¿Alice regresará con Nath o este se nos morirá en el camino? ¿Tardaré otro año en continuar esta historia? Lo averiguaremos.
Muchas gracias minnyuu por tus comentarios y por no abandonar esta historia uwu, y a Guest también.
Recuerden que me pueden encontrar en FB como Akeehl, suelo publicar spoilers, avances, curiosidades y otras cosillas respecto al fanfic.
¡Nos vemos en el siguiente capítulo!.
