Disclaimer: El universo y los personajes que reconozcáis pertenecen a JK Rowling y a Casey McQuiston. Solo la trama es mía. No obtengo beneficios económicos ni lucrativos al escribir la historia.
Aviso: "Esta historia participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras.
La tabla escogida es Escénica y el elemento sorteado fue Secreto.
No cumple con la temática del mes.
Fandoms: Harry Potter. y Rojo, blanco y sangre azul
Magos de élite.
Cuando a Henry le llegó una carta atada a la pata de una lechuza, pensó que era una broma de algún amigo de Phillip o una actuación de su padre. Cosas más raras había visto.
Todos se habían quedado perplejos, mirando al pájaro marrón que se había posado en el respaldo de su silla y esperaba a que Henry le retirara la carta.
Tenía que ser él, nadie más. Porque cuando un guardia trató de quitársela, la lechuza pasó de ser mansa a una bola de plumas muy cabreada.
En el momento en el que Phillip lo intentó, el pájaro chasqueó el pico amenazadoramente, pero no fue a por sus ojos.
-Henry, inténtalo tú. -Su abuela dijo.
Tenía una sonrisa extraña, como si supiera un secreto jugoso que no podía esperar a compartir... Pero que de todos modos se guardaba para sí.
Cauteloso, el chico de entonces once años acercó la mano a la carta y con calma, la lechuza permitió que la tomara.
Tras ello, el ave voló a lo alto de una cortina desde donde procedió a observar a todos los humanos.
Henry leyó la dirección, vio curioso el sello, y aunque se dio cuenta de lo antiguo que parecía, sentía demasiada curiosidad por la carta como para detenerse en ello.
Era una carta extraña que su abuela no había ordenado a los guardias interceptar. Así que no podía ser peligrosa, ¿verdad?
Y no. No era peligrosa, pero sí que resultaba interesante... Y fantasiosa.
¿Una escuela de magia? ¿Y qué más? ¿Los unicornios eran reales?
Pasmado, pasó la carta a su impaciente hermano mayor, que tras leerla, declaró que era absurda y perdió el interés.
Su hermana, por el contrario, parecía entusiasmada y tenía muchas preguntas que nadie supo responder.
No, al menos, hasta que su abuela les explicó que sí, que el mundo mágico era muy real y como no era uno de Abril y ella no hacía bromas porque sí... Vale. Ninguno la creyó.
Arthur incluso pensó que su pobre suegra estaba senil.
Así que resignada, la Reina Mary llamó a uno de los guardias... Que sacó un palo extraño... Y cosas sucedieron.
Fue un shock, sí, pero cuantas más cosas veía Henry, más se entusiasmaba.
Él iba a aprender a hacer esas cosas. Y quizá podría convertir la taza de té favorita de Phillip en un ratón cuando le molestara demasiado...
Era muy difícil ser el hijo de la presidenta nomag de los Estados Unidos. Ser un mago no había sido un problema cuando vivían en Austin porque aunque su familia era algo notable siendo ambos miembros del congreso, los focos no estaban completamente sobre ellos.
Pero en cuanto su madre salió elegida presidenta, ocultar su magia se convirtió en una pista de obstáculos que tenía a la seguridad inquieta.
Viviendo en la era digital como lo hacían, cualquier cosa extraña que fuera grabada se haría viral en media hora. Todo el mundo conocería la magia y eso no sería bueno para las brujas y magos del mundo. ¿Y si se descubrían las criaturas mágicas? Alex ya podía ver a los militares paseando por las calles y bosques en busca de cualquier cosa humana o no, con características mágicas.
¿Y los científicos? Esa era otra lata de gusanos que se negaba a abrir. Y no. No pensaba así por las películas que había visto, si no porque sabía que eso pasaría. La historia se lo decía.
Henry se levantó de la cama y casi tropezó con su perro. Había recibido una dispensa especial por parte del director para poder traerlo. Había tenido que asegurarle tres veces que david no atacaba a gatos ni lechuzas.
Hubo ese momento con Scabbers hacía tres años, pero al final resultó ser un animago, así que todo quedó perdonado.
Y cuando Weasley consiguió una lechuza hiperactiva, se la mostró a David y a Crooxhans para que le dieran su visto bueno.
-Creo que si vuelves a caer sobre ese perro, va a morderte.
-Es un perro decente y muy educado, Potter.
-Soy educado, y te maldije cuando caíste sobre mí.
-Ya, Harry. Pero a ti te criaron bestias inmundas, así que...
-por Merlín, Henry. Nunca voy a olvidar el momento en el que Vernon te estaba gritando por ser un bicho raro como yo y Petunia le dijo quién eras. Es uno de mis recuerdos favoritos para invocar mi Patronus.
Ambos jóvenes se echaron a reír. Ese momento había sido épico y siempre lo sería.
El príncipe Real había estado muy preocupado por la atención que recibiría en el colegio de magia. ¿Lo mirarían? ¿No le reconocerían en absoluto?
Si él pudiera elegir, habría escogido ser invisible. Que nadie supiera quién era.
Y si bien su llegada a la escuela causó alboroto, quedó eclipsado por el chico flaco y bajito con el que había compartido el compartimento del tren.
Al parecer, era famoso por derrotar a un mago oscuro cuando era un bebé, algo así.
Henry era interesante para parte de la población, que eran muggles. Nacidos con magia, pero con padres mágicos.
Después estaba el desdén de los sangrepura. Para ellos, tener al príncipe de los muggles allí, era un insulto... O eso había declarado Draco Malfoy.
Henry le había respondido que él era un insulto para cualquiera y eso había generado una rivalidad que duraba hasta la actualidad.
Harry y Henry se prepararon para el día y bajaron a desayunar.
Desde que se había anunciado que iba a celebrarse un torneo entre varias escuelas y que por tanto se suspendía el quidditch, los dos habían pasado de estar emocionados a cabreados en segundos.
Henry era cazador y Harry buscador. Ese iba a ser su año. Harry sería el capitán y ganarían todos los partidos del año y del siguiente. No obstante, ese maldito torneo tenía que estropearle sus ilusiones.
Pero luego estaba ese estúpido torneo que sonaba muy interesante y en el que por supuesto, ambos iban a entrar.
Sin embargo, el quidditch...
Era el día. El día en el que llegarían a la escuela de magia de Gran bretaña para el torneo mágico.
El avión estaba lleno de chicos y chicas muy emocionados por competir.
No sería nada igual que el torneo de Los tres magos que se había celebrado entre las principales escuelas europeas y que se había interrumpido debido al alto número de muertes.
En este torneo se medirían las habilidades aprendidas de los estudiantes en varias pruebas de disciplina, nada mortales.
Alex estaba listo.
Por supuesto que participaría. Tenía las mejores notas de su clase. Y no participar sería un crimen para la escuela... Y para él mismo.
Se preguntó cómo se elegiría a los campeones. ¿Sería con el mismo cáliz del antiguo Torneo de los tres magos que se celebraba en Europa? ¿Con otro artefacto increíble?
-Por fin llegamos. Tengo ganas de conocer Hogwarts. -Norah le comentó.
Había sido una sorpresa bastante agradable encontrarse con ella en el colegio. Al menos su tapadera de que ambos estudiaban en un internado de élite no se vendría abajo... Y él no tenía que ocultarle cosas. No le gustaría tener amigos a quienes tendría que esconderles parte de sí mismo.
Y hablar con alguien de magia fuera de la escuela, alguien que tenía magia también, era un soplo de aire fresco.
No tardaron mucho en aterrizar. El avión era una mezcla de tecnología muggle e ingeniería mágica muy sofisticada. Seguro que cuando los atrasados aislacionistas de Hogwarts lo vieran, iban a morirse de envidia.
Y lo de aislacionista no lo decía Alex. Si no sus profesores. Él lo vería por sí mismo.
Henry vio pasmado el avión que aterrizaba cerca del lago negro.
Si el barco de Durnstrang le había parecido impresionante y los abanicos gigantes de los de Mautocoro fascinantes, el avión...
Es que nunca habría esperado ver algo tan muggle allí, plantado en el patio de su escuela.
Sin embargo, no fue nada como ver una cara conocida bajar por la escalerilla.
Una cara conocida y que despreciaba.
-No. -Alex y Henry dijeron al mismo tiempo.
-¿Tú? ¿Un mago? -Henry espetó.
-Esto tiene que ser una broma de mal gusto. -Alex replicó.
Ambos jóvenes se miraron con desagrado incluso cuando sus respectivos amigos les llamaron discretamente la atención.
"No podía ser. Él está aquí." -Pensaron.-
-¿No es ese el hijo de la presidenta de los Estados Unidos? -Dean Thomas preguntó en voz baja.
-Sí. -Henry trató de no sonar tan disgustado como se sentía. ¿Cuáles eran las probabilidades de que algo así sucediera? Dos hijos jóvenes muy conocidos en el mundo no mágico, siendo magos.
-Guau. Hogwarts está lleno de celebridades este año. -Seamus Finnigan soltó. -Harry, Victor Krum, Alex Claremont y tú.
-Sí, guau. -El joven príncipe murmuró. -Muy impresionante.
Harry se rió de él, vaya amigo traidor que tenía.
-Esto no puede ser. Seguro que ha pedido ochenta mil favores para venir de visita, eso es. Como su abuela es la reina...
-Alex.
-¿Qué, Norah?
-Estás siendo ridículo.
-Nora.
-¿Qué, Alex?
-Te odio.
