Disclaimer: El universo y los personajes que reconozcáis pertenecen a Rick Riordan. Solo la trama es mía. No obtengo beneficios económicos ni lucrativos al escribir la historia.
Aviso: "Esta historia participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras.
La tabla escogida es Técnica y el elemento sorteado fue Rated K+
Cumple con la temática del mes.
Fandom: Percy Jackson.
Nota: Y bueno, Percy cumple años hoy, 18 de Agosto, así que quería escribir algo por ello.
Una visita especial.
Percy no esperaba ser despertado por una perra gigantesca tratando de entrar en su habitación en la universidad de Nueva Roma.
Bueno, al principio creyó que había un terremoto y que el edificio se iba a caer sobre su cabeza.
Después se percató de que eran ladridos de perra infernal y que trataba de meter la cabeza por su ventana.
Si ningún romano la había atacado, era porque llevaba un collar rojo brillante que la marcaba como mascota, no un monstruo asesino.
Ella era una chica dulce que adoraba las caricias y jugar a buscar una pelota gigante.
Los novatos se divertían lanzando la bola con una catapulta desde arriba del muro fronterizo.
Además, la Señorita O'Leary disfrutaba esperando frente a las fraguas, a ver si un descendiente de Vulcano se apiadaba de ella y le daba un hueso de bronce que morder.
En circunstancias normales Percy estaría contento de verla, pero eran las cinco y media de la mañana y quería dormir.
No es que fuera a conseguirlo, dado la insistencia de la perra infernal.
-Voy, voy. Dioses, ¿por qué me haces esto? ¿No me quieres?
Cuando se acercó a la ventana, la Señorita O'Leary movió la cola haciendo temblar varias habitaciones.
Adormilado, Percy acarició su hocico y fue a vestirse y lavarse la cara.
Ella ladró un poco más, por si acaso a su humano se le olvidaba que ella le estaba esperando y cuando él salió, la perra se lo llevó por el viaje sombra... Sin avisar.
El hijo de Poseidón se tumbó en el suelo, muy mareado y agradeciendo no haber desayunado.
-¿Por qué me traes aquí? -Se quejó. -No hay un Starbucks aunque si lo hubiera, tampoco podría desayunar en él... A no ser que quiera... Vivir aquí.
La Señorita O'Leary esperó a que su humano dejara de hablar. Decía demasiadas cosas.
Le pareció eterna la espera y cuando por fin la siguió, ella tuvo ganas de lanzarlo a uno de los ríos... Solo un poco.
Jackson se quedó perplejo cuando vio como unos siete perros saludar ansiosos a la Señorita O'Leary.
Eran del tamaño de motocicletas y caminaban un poco tambaleantes.
-Oh, dioses. ¿Son tus cachorros? Qué bonitos. Y enormes. ¿Por eso no te he visto en varias semanas?
Acarició a uno de ellos, el menos tímido.
-Mira qué curioso eres. ¿Verdad que sí? Qué bonito eres.
Percy imaginó que los perros estaban hambrientos y probaban la carne humana... Y les gustaba. Ojalá él no fuera su desayuno.
-Tengo mal sabor. -Comentó. -Lo digo por si acaso. Para que lo sepáis de antemano.
-Chica, tus cachorros son muy bonitos. Gracias por dejarme verlos. ¿Hay un Señor O'Leary por ahí? ¿Tal vez un romance secreto con Cerbero?
La perra se limitó a mirarlo.
-Siento que me estás juzgando. -Se quejó. -Deja de mirarme así.
