Disclaimer: El universo y los personajes que reconozcáis pertenecen a Rick Riordan. Solo la trama es mía. No obtengo beneficios económicos ni lucrativos al escribir la historia.


Aviso: "Esta historia participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras.


La tabla escogida es Fantástica y el elemento elegido fue Vida más allá de la muerte.

Sí cumple con la temática del mes.

Fandom: Las pruebas de Apolo.


El adiós definitivo.


Jason lo esperaba. La profecía fue clara. Alguien moriría, y él se aseguró de que no fuera Piper. Aún así, fue un poco desconcertante encontrarse en un vestíbulo decorado frente a un mostrador color caoba.

Había muchas personas rondando, tratando de entrar por una puerta al fondo mientras un hombre con traje les gritaba.

"Así que esta es la entrada al inframundo." -Pensó.-

-Tú, el recién llegado. ¿Tienes monedas para el pasaje?

Jason se sobresaltó, aunque pensándolo, no tendría que haberlo hecho. Él era Caronte, el barquero. Y claro que le iba a preguntar eso. Estaba muerto. Tenía que pasar al otro lado... O quedarse allí, en esa recepción durante a saber cuánto tiempo.

Inquieto, miró en sus bolsillos. No sabía si tenía denarios o dragmas.

Sintió algo redondo en sus dedos.

-Sí, Señor.

Sacó las cinco monedas doradas que llevaba y se las dio a Caronte.

-Bien. Al menos alguien que cumple las normas. -Miró ceñudo a algunos espíritus que intentaban colarse por la puerta cerrada e incluso quitarle las monedas a Jason.

Se enfrentó a los juicios tras el viaje en barca. Ver los sueños y esperanzas lanzados al Estigio fue muy triste. Se preguntó si en el río habría algo suyo. No había traído nada, pero ¿quién sabía realmente cómo funcionaba el río?


Fue agridulce llegar a los Elíseos. Allí vio a conocidos que habían pasado demasiado pronto, como él. Siendo un semidiós, afrontabas que podrías no vivir hasta tus veinte, pero aún así, era triste cuando alguien no lo lograba.


Fue un tanto desconcertante conocer a héroes de los que había escuchado. No a todos, porque la mayoría vivían en las Islas afortunadas, pero aún así era increíble.

Luchó con ellos, rió con ellos y tuvo conversaciones con ellos.

Y vale. Al principio se había avergonzado a sí mismo al estilo fanboy total.

Y mientras él pasaba los días haciendo lo que quería, se preguntaba cómo estarían sus amigos. Si le echaban de menos, si habían vencido al triunvirato... ¿Y Leo? ¿Qué sería de él?