Disclaimer: El universo y los personajes que reconozcáis pertenecen a Rick Riordan. Solo la trama es mía. No obtengo beneficios económicos ni lucrativos al escribir la historia.
Aviso: "Esta historia participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras.
La tabla escogida es Fantástica y el elemento elegido fue Valquiria.
Sí cumple con la temática del mes.
Fandom: Magnus Chase y los dioses de Asgard.
Por una buena acción.
Si a Sam le hubieran dicho que podría volar sin necesidad de un avión, quizá les habría dicho amablemente que se fueran a un psiquiátrico.
Seguramente no era justo por su parte, pues sabía que había algo más en el mundo debido a quién era su padre, pero no iba a creer cualquier chorrada que saliera de la boca de cualquiera.
Sin embargo, eso de volar era cierto. Y sería increíble.
Sam corría hacia la salida de emergencia más cercana con sus compañeros de clase. La alarma de incendios había sonado mientras copiaban problemas matemáticos de la pizarra y el payaso de turno hacía chistes sobre la calva del profesor.
Según decían, alguien había estado jugando con productos químicos sin saber manejarlos.
Desde el primer día les explicaban a todos que no debían tocar nada en el laboratorio de química sin supervisión.
Al-Abas suponía que habría un despido o dos en la plantilla docente y expulsión permanente para el o la idiota que hubiera comenzado el incendio.
Sam recordó entonces a una compañera de clase que había ido al baño por dolor menstrual. No la veía por ninguna parte y se preocupó.
Quizá Ava ya había salido, o estaba a punto, pero Samirah sabía que no se quedaría tranquila si no lo averiguaba.
Así que se escabulló en el caos que se creó entre alumnos asustados, histéricos y curiosos y entró en el instituto.
No encontró a Ava, pero sí a dos chicos jóvenes. Quizá de primer curso acurrucados en una esquina, el fuego cada vez más cerca.
-¡Corred! -Les gritó.
"¿Por qué no corrían?" -Se preguntó.-
-¡No podemos! ¡Mi hermano tiene mal la pierna! Tropezó por las escaleras y algunos de clase le pisaron. Y yo no puedo con él sólo.
-Vale, bien. Os ayudaré.
Ella no entendía cómo nadie se había dado cuenta de que había dos alumnos perdidos. ¿O quizá sí que se dieron cuenta y no les importaba tanto debido a que ambos eran de color?
Sam no quería pensar mal, pero había aprendido, que en la mayoría de situaciones, si pensaba mal acertaría.
Así que preocupada y cabreada por la incompetencia y cobardía de algunas personas, ayudó a los chicos a salir.
Sintió el calor en su ropa, el fuego les pisaba los talones. Pero a pesar de su miedo, ella no los dejaría atrás. No saldría corriendo sola.
Por fin salieron y algunos chicos mayores ayudaron al niño herido ya que a Sam y al otro niño le flaqueaban las fuerzas.
La adrenalina era buena... Hasta que se acababa el subidón.
Ya en casa tras haber ido al hospital y que le recetaran una crema para quemaduras, Sam estaba tumbada en su cama, con órdenes de su abuela para descansar.
Ella ni siquiera se había dado cuenta de que se le quemaba la piel. Solo había sentido calor.
Tratando de no pensar en el incendio, estaba leyendo una de sus revistas de pilotaje de aviones.
Era lo que deseaba hacer cuando fuera adulta. Ella, en el cielo, sobrevolando el mundo... Sí, era lo que deseaba.
No se concentraba, así que cerró la revista y la dejó en la mesita de noche. Quizá debería dormir... Pero es que cada vez que cerraba los ojos, veía a los niños ser devorados por el fuego porque no había llegado a tiempo.
Creyó ver algo en su ventana, pero seguramente se lo había imaginado... Sin embargo, cuando volvió la vista completamente, ahí había algo. O alguien, mejor dicho. Bueno, un caballo y una persona... En el aire.
-Ahora veo cosas. -Resopló.
Quizá su abuela podría prepararle una infusión que la ayudara a dormir...
Se levantó, pero en vez de dirigirse a la cocina, fue a la ventana y la abrió.
-Si tenéis que ver con mi padre, no me interesa.
Samirah había investigado a Loki cuando supo de él, y descubrió que no era buena persona.
La transformación, de la que se había sentido tan encantada antes, como un pequeño secreto solo para ella, ahora le disgustaba y no había cambiado desde que leyó y se enteró de lo vil que podría ser su padre.
-¿Tu padre? No, en absoluto. No vengo por nada sobre un padre. -La mujer sobre el caballo volador le dijo.
-Ya... Claro. ¿Y qué más sería?
-Soy Sigrun. La capitana de las valquirias y vengo a...
-¿Valquirias? Eso es nórdico, mi padre es nórdico. Quiera lo que quiera, la respuesta es no. No quiero tener nada que ver con Loki.
Por un segundo, Sam creyó ver algo en la expresión de Sigrun, pero ocurrió tan rápido, que quizá lo había imaginado.
-No tengo nada que ver con Loki. No es bienvenido al Valhalla. Vengo por tu actuación de esta mañana.
-Espera, espera. ¿Estoy muerta? ¿Es eso? Las valquirias van a por quienes mueren...
-No. Nada de eso. -Sigrun aseguró. -¿Me permites pasar para que te lo explique?
Samirah accedió. No era seguro ni normal hablar con alguien que estaba suspendido en el aire en su ventana.
¿Y si los veían los vecinos?
Tras la aceptación, Sigrun entró por la ventana, el pegaso alejándose en la noche.
Sam se preguntó cómo sería volar sobre uno.
Saliendo de su ensoñación, le ofreció la silla del escritorio a Sigrun y ella se sentó en la cama.
-¿Seguro que no estoy muerta? -Inquirió.
-No estás muerta, Samirah. Te he observado durante un tiempo...
-Eso se llama acoso. -La joven interrumpió.
Sigrun continuó como si no la hubiera oído.
-Te he estado observando durante un tiempo porque algo, quizá Odín, no lo sé, me decía que tenías potencial. Y hoy lo he comprobado. Lo que hiciste en ese instituto... No cualquiera lo haría. Así que me gustaría ofrecerte un puesto entre las valquirias.
-Pero soy mortal. Y tengo abuelos. No quiero morir para ser una valquiria.
-No tendrás que morir. Vivirás tu vida con normalidad, solo que de vez en cuando, tendrás que acudir a la llamada de algún héroe muerto para llevarlo al Valhalla. Necesitas entrenamiento en combate y otras cosas, pero estoy segura de que con el tiempo serás una buena valquiria.
-¿Qué tengo que hacer? -Sam estaba interesada.
-Venir conmigo al Valhalla. Si Odín te acepta, entonces podremos comenzar.
-¿Y cómo iremos? El pegaso se ha ido.
-No me hace falta uno. A veces tiene que venir conmigo, pero otras, puedo volar por mi cuenta. -Sigrun explicó.
-Espera, espera, espera. ¿Puedes volar... sin alas? ¿Sin nada?
La capitana de las valquirias asintió.
-¿Dónde firmo? Me interesa eso de las valquirias. Me apunto.
Volar, volar sin la necesidad de un avión... Ella quería eso. Sería increíble.
