Disclaimer: El universo y los personajes que reconozcáis pertenecen a Cassandra Clare. Solo la trama es mía. No obtengo beneficios económicos ni lucrativos al escribir la historia.
Aviso: "Esta historia participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras.
La tabla escogida es Fantástica y los elementos elegidos fueron Posesión y Dioses/demonios. De la tabla Tropos, el elemento sorteado fue Caracterización errónea momentánea..
Sí cumple con la temática del mes.
Fandom: Cazadores de sombras.
No habrá runa que te salve.
El papeleo se amontonaba sobre su mesa. Los casos de hordas de demonios no dejaban de llegar y no daban a basto. Con Idris cerrada y cazadores de sombras muy valiosos aunque intolerantes allí, sus números se habían reducido y no estaban listos para darles de beber de la copa mortal a los mundanos porque no tenían la instalación de la nueva academia preparada.
Tenía que salir a ayudar. Alec estaba contento siendo Consul, pero no iba a lograr nada desde su despacho. Estaría mejor en las calles, donde podía hacer algo de verdad.
Decidido, guardó todo en los cajones, los bloqueó, también la puerta de su despacho al salir y fue a la armería.
Tenía demonios a los que devolver al infierno.
Encontró a Jace y Clari entrenando... Sus amígdalas.
-Muy buen trabajo, chicos. Así se protege a los mundanos. -Comentó.
-Nos tomábamos un pequeñísimo descanso. -Fray murmuró.
Su cara ruborizada chocaba terriblemente con su cabello.
-Pues final del descanso. Vamos a salir. Esos demonios no se van a desintegrar solos. Y si no mando algo al infierno, creo que me volveré loco.
-¿Tú? ¿Loco? -Jace se rió. -Si te encantan los papeles y toda la burocracia aburrida. Has nacido para eso. Yo, en cambio... Sí podría morirme si estuviera encerrado en un despacho durante más de una hora.
-Tu cerebro se derretiría y te saldría por los oídos.
-Yo también me alegro de verte, Magnus. -Herondale resopló.
El brujo estaba en la puerta de la armería, luciendo muy comestible. Eso era lo que pasaba por la cabeza de Alec.
Sin embargo, se limitó a darle un beso pequeño en los labios, pues había regañado a Jace y Clari por hacer un baile de lenguas solo unos minutos antes.
-¿Vas a salir, no? -Bane cuestionó.
-Sí. No voy a lograr nada desde mi despacho, así que...
-Además, motivará más a los cazadores de sombras si le ven luchando allí fuera como ellos. -Clari opinó. -No es que piense que lo que Alec hace es inútil. -Se apresuró a decir. -Pero la gente habla. Dicen estupideces, pero los malos rumores son los que más rápido se propagan.
-Pues esos Nephilim deberían cerrar sus bocas si no quieren que yo se las haga desaparecer. No me importaría porque ninguno de ellos tiene nada útil que decir. -Magnus meneó los dedos. Pequeñas chispas azules saltaban entre ellos.
No tardaron en encontrar problemas. Central park estaba lleno de forasteros. Y no del tipo humano. Estos no venían a hacer turismo. Venían a comerse a los turistas... Y a los oriundos.
-¿Qué dicen los mundanos sobre ésto? -Jace quiso saber.
-Algún país enemigo... O mutantes... Las redes sociales están llenas de teorías conspiranóicas y solo los ultracristianos aciertan... Pero como nadie los toma en serio... -Alec suspiró. -Nos conviene, claro, pero es triste que los mundanos sean tan inconscientes.
Un demonio Iblis lanzó una bola de fuego a un árbol. Aunque Jace le dio con un cuchillo Serafín, el daño ya estaba hecho. El fuego se propagaría si no lo apagaban... ¿Pero cómo iban a apagarlo si los malditos demonios se agrupaban y no les daban apenas un segundo para respirar?
Dos demonios se comieron a un pobre perro. Fue asqueroso de ver. Todo era caos y destrucción para estas bestias.
Lanzó otro cuchillo a un asqueroso drevak que estaba detrás de Magnus. Si se descuidaban aunque fuera un instante, podrían estar acabados.
Y entonces... Jace vio la cosa más aterradora que podría imaginar. Bueno, una de ellas.
Clari estaba cerca de Alec, despachando a un ravened que casi rebana la pierna de Iris Blackwell cuando un Amphisbaena salió de debajo de ellos, lanzando un montón de tierra y escombros a su paso.
Los demonios escorpión le seguían, y Clari estaba en medio de ellos.
Alec hizo algo muy extraño. En vez de evitar que los demonios la agarraran, impidió que los cazadores de sombras que estaban cerca pudieran llegar hasta ella. ¿Qué estaba pasando?
Jace trató de llegar hasta ella, pero dos Arpías le cortaban el paso.
Tenía que llegar a Clari porque sus gritos le estaban volviendo loco.
Alec estaba allí, pero no hacía nada por ella.
Y si... ¿Y si le habían poseído?
Hacía mucho que no salía a luchar y tal vez algunas de sus runas se habían desvanecido un poco... Jace debió haberlo comprobado mejor. ¿Y si por haberse distraído con el cuidado de su parabatai, su prometida moría?
Alec sonrió. O al menos, el Eidolon que controlaba su cuerpo lo hizo. Lightwood gritaba mentalmente. Podía ver, escuchar y sentir lo que ocurría, pero no podía hacer nada.
¿Cómo se había deslizado ese demonio hacia él? Si siempre era muy cuidadoso con sus runas.
Entonces se acordó.
Uno de los demonios Khora le había arañado. Seguro que interrumpió una de sus runas.
El Eidolon se rió en su mente.
Alexander luchó, pero el maldito tenía un agarre fuerte.
-Ninguna runa podrá salvarte, hija de Valentine. -Se escuchó decir. -¿Verdad? Disfruta de mi... Regalo para ti. En vez de cenizas para los tuyos, serás comida para los míos. Más útil así, en mi opinión.
Magnus vio a su novio actuar muy diferente a sí mismo. Sospechaba qué ocurría y cuando tuvo un momento, envió una ráfaga de magia en su dirección. Eso le dejaría fuera de combate, pero era preferible a que Alexander cometiera un error que aunque no fuera culpa suya, le perseguiría por el resto de su vida.
Clarisa Fray casi no sobrevivió. Pero un demonio iblis prendió fuego a los escorpiones, haciéndoles huir de su presa.
