Disclaimer: El universo y los personajes que reconozcáis pertenecen a Jennifer L. Armentrout. Solo la trama es mía. No obtengo beneficios económicos ni lucrativos al escribir la historia.


Aviso: "Esta historia participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras.


La tabla escogida es Escénica y el elemento sorteado fue Bromear.

Sí cumple con la temática del mes.

Fandom: Covenant


Daños a la propiedad.


-No sé, Lyle, creo que es demasiado.

-Deacon, deja de decir estupideces. Solo es una bromita inofensiva. Vamos, cubrimos los coches y volvemos. Fácil.

A Deacon St. Delphi no le preocupaba eso. Cubrir los coches con espuma y papel transparente le parecía divertido. Pero ¿y si se culpaba a los mestizos de ello? Ya bastante tenían con cómo se les trataba.

-Venga, será divertido. -Nadya se rió.


Tres cubatas más tarde, a Deacon se le olvidaron las objeciones en las que estuvo pensando y siguió a sus amigos.

Comenzaron con jabón para lavar los platos. Cubrieron cuatro coches. El de Aiden incluido.

Poner el papel transparente fue complicado, pues entre la borrachera y las risas no atinaban a envolver los coches.

Dos centinelas mestizos se acercaron, con toda la intención de detener el acto vandálico, pero Lyle les echó compulsiones a los dos y siguieron su camino.

A Deacon le incomodaba eso, pero estaba tan borracho que no hizo mucho por protestar.

-Ay, me estoy meando. -Deacon se carcajeó. -Me estoy meando, Lysander.

-Pues sácatela y mea, ¿a mí qué me cuentas? -Enrolló el papel en el morro del coche y continuó por debajo.

A Deacon le pareció divertidísimo orinar sobre la puerta del coche de una de las jefas.

Se quedó la marca en el plástico y eso le hizo pensar en algo.

-¡Hey, hey! ¿Y si pintamos los coches con sprite?

No tenían pintura de graffitis, pero sí para paredes... Y eso fue lo que usaron. Al principio la echaron con pinceles y brochas, pero luego se aburrieron y levantaron los cubos y los tiraron sobre los coches recubiertos por el papel Fill.

Todo les parecía desternillante. Cuando los propietarios vieran los coches, iban a estar muy indignados.


No contaban con los centinelas puros. Si hubieran sido mestizos, como los de la patrulla anterior, algunos puros habrían pasado olímpicamente de ellos y habrían seguido con los coches, echándoles compulsiones también. Pero había tres puros mirándolos. Entre ellos el hermano de Deacon, Aiden. Y no estaba cabreado. Estaba furioso.

Echaba humo, literalmente.

-¿Os parece muy gracioso, ¿verdad? -Aiden espetó. -¿Qué ha pasado con Kayne y Lucian? ¿Los habéis coaccionado, a que sí? Estropear la propiedad privada... ¿Y qué pretendíais después? ¿Culpar a algunos mestizos?

-¿Y qué importa? -Una de las chicas que tenía una brocha que goteaba pintura morada en la mano resopló. -No son importantes. Solo se les degradará a sirvientes, Lo son, así que...

-Tranquila, Bianca, me voy a encargar personalmente de que limpiéis este desastre, vosotros. No lo van a hacer los mestizos por ti. -Aiden gruñó.

-¿Por qué no? Para eso están. -Lyle se encogió de hombros.

-Porque la habéis cagado vosotros. No van a limpiar vuestra mierda. No por esto. -Aliah, otra centinela respondió.

Deacon se sentía muy incómodo. Él tenía amigos mestizos. ¿Y no había estado pensando en esto horas antes?

La ebriedad se le fue de un plumazo.


Aiden se fue, sin mirar siquiera a Deacon.

Según les había dicho, a las cinco de la mañana empezaban con la limpieza.

-Es una mierda tener un hermano centinela, ¿a que sí? -Lyle palmeó su espalda. -Podemos dibujarle una polla en la puerta del coche...

-No, tío. Me hará limpiarlo y seguro que conseguirá que sea la experiencia más desagradable de mi vida.

-Lo siento por ti, amigo. -Volvió a palmearle la espalda.

St. Delphi trató de sonreír, pero no le salió muy bien. Se sentía mal.