Shōko sonrió cuando se detuvo en la entrada a la zona de habitaciones que habían designado para las visitas de la escuela de Kioto, Utahime estaba en la sala terminando de ayudar a Miwa con el uniforme muy similar al resto de sus estudiantes.
Un uniforme de Baseball.
Esperó a que su amiga le hablara algunas cosas a los jóvenes y sonrió aún más cuando la observó acercarse hasta ella, obviamente también había cambiado su traje de Miko por el uniforme, incluso si dudaba que si quiera se acercara a tomar un bate, pero sabía que los deportes eran uno de sus hobbies favoritos y no le importaría ser solamente una espectadora si significaba ver el partido.
Yaga le había informado que aquella prueba había sido elegida por un sorteo que misteriosamente había estado a cargo de Gojō, aunque él había escapado antes de poder interrogarlo y ella había salido de su oficina solamente unos minutos antes de que comenzara, tomándose un momento libre de sus obligaciones para ir a ver a Utahime.
—Utahime-senpai— saludó y entonces observó con atención la sonrisa en los labios de la maestra.
—Shōko, ¿verás el partido?
—Oh, no creo poder por lo ocurrido, pero intentaré— había terminado de atender las heridas de Kamo solamente hace unos minutos, pero sabía que debería volver a la morgue para terminar de examinar los restos de lo que quedó de la batalla. —Veo que estás entusiasmada por el juego.
—Así es, aunque pensé que se acabaría, estaba preocupada que los estudiantes estuvieran de nuevo en una situación peligrosa.
Shōko sabía que Utahime se preocupaba demasiado por los estudiantes, incluso si aquello era parte de lo que implicaba ser un hechicero Jujutsu, era una mujer simplemente demasiado amable con el resto y preocupada por el bienestar de los demás.
—¿Tendrán alguna apuesta?— notó la confusión en el rostro de Utahime y Shōko se fijó si era posible en que los estudiantes de ella podrían escucharlos, pero al darse cuenta que estaban conversando entre ellos de manera muy animada, no se preocupó por seguir hablando. —Tú y Satoru siempre están... compitiendo.
—Ese idiota... sí— respondió tras poner sus ojos en blanco por un momento, una mirada que era fingida en su opinión, pero no le decía nada de aquello, solamente disfrutaba de observar la interacción de ellos. —Quien pierda deberá pagar una cena para el equipo ganador.
—¿Lo harás pagar ese restaurante caro que vimos hace unos días?— preguntó divertida por la sola idea de ver que lo obligara a gastar esa cantidad de dinero solamente para sacarle en cara que habían ganado.
—Por supuesto. Mi equipo ganará y el idiota pagará ese lugar precioso y no demasiado caro para el heredero del clan Gojō— era obvio que de todas formas se preocuparía si aquello le provocaría algún problema a Satoru, incluso si era algo inofensivo como una cuenta de restaurante y eso solamente provocó una sonrisa nuevamente en los labios de Shōko.
—Bien, lo mejor es que vayan pronto al campo de juego, intentaré verlos antes de que termine.
—¡Perfecto! Te veré ahí entonces.
Shōko estaba segura de que no había sonreído tanto en mucho tiempo, especialmente cuando observó como Gojō no dudaba en molestar a Utahime hasta el punto de que Utahime estaba sonrojada mientras él se inclinaba lo suficiente para quedar a su altura, demasiado cerca para ser un accidente.
No tardó mucho en hacerla perder su expresión tranquila cuando pasó un brazo por sobre los hombros de ella, moviendo su brazo libre para extenderlo frente a ellos, desde dónde estaba Shōko pudo ver como sacaba un par de fotografías, obviamente más de una por el hecho de que Utahime se movió inquieta intentando evitar aquello.
Sin embargo, Gojō sonrió triunfante cuando pudo pegar sus rostros uno junto al otro lo suficiente para un par de fotos más y entonces la liberó sin antes de sacarle la lengua antes del momento en que la mujer le dio la espalda, dirigiéndose de regreso hacia dónde se encontraban sus estudiantes.
Sonrojada a más no poder.
Shōko esperó junto a la entrada, lo suficiente para que Satoru entrara también en aquel lugar, sonriendo divertido mientras movía su dedo por sobre la pantalla del celular, distraído y entretenido por lo que observaba.
—¿Harás que pague la cena?— preguntó provocando que él se detuviera, la mirada celeste de él siendo visible por sobre los lentes que dejó deslizar por su nariz ligeramente. —Sé sobre la apuesta.
—He, me sorprende que Hime te dijera algo como eso.
—Estaba segura de que su equipo ganaría.
—Yo estaba seguro de que el mío ganaría, soy el mejor maestro después de todo— cómo siempre Gojō era demasiado seguro consigo mismo, orgulloso y egocéntrico.
—Son buenos estudiantes, pero estoy segura de que podrían haberlo demostrado en una pelea y no en un curioso juego de béisbol— arqueó una ceja cuando señaló aquel último detalle y notó que Gojō no tuvo una respuesta rápida e ingeniosa que desviara la atención. —Me sorprendió que Yaga me dijera sobre el sorteo y cómo misteriosamente salió elegido el deporte favorito de Uta.
—Curioso.
—Después de que tú te encargaras del sorteo.
—Coincidencia.
—Fue un bonito gesto.
—No sé de qué hablas.
—Aunque podrías pedirle una cita y sería más eficiente y directo.
—Creo que estás delirando, Shōko.
Sonrió cuando lo vio sonrojado, era algo que pocas veces se podía ver y estaba segura que para la próxima se prepararía para poder sacarle una fotografía, era simplemente algo llamativo de ver cuando Satoru siempre parecía tan controlado, incluso cuando era extravagante o muy serio, podías ver muchas expresiones en Gojō Satoru, pero era difícil verlo sonrojado y nervioso.
Aunque Shōko sabía que solamente una persona, o la mención de simplemente su nombre, podía lograr aquella reacción y disfrutaba de descolocar a su amigo de vez en cuando.
Todo el mundo sabe que hay algo más detrás del coqueteo disfrazado de bromas y acciones vergonzosas que solamente tenían la intención de provocar reacciones de Utahime y ocultaban secretos que Satoru obviamente no estaba dispuesto a decir abiertamente.
—¡Gojō-sensei!— la voz de Itadori captó la atención de ambos y claramente salvó a Satoru de continuar con aquel tema en particular cuando el contenedor de Sukuna se acercó corriendo hacia ellos.
—¿Qué sucede?
—Kugisaki quiere saber a dónde iremos a cenar— el chico sonriente logró que Gojō encontrara una excusa para salir de ahí.
—Nos vemos después, Shōko, debo ir con mis estudiantes.
—Claro— sonrió metiendo sus manos a los bolsillos de su bata, observándolos retirarse.
Shōko no utilizaba muchas redes sociales en realidad, le gustaban para mantenerse en contacto con algunos amigos que mantenía de la universidad e incluso otros hechiceros, pero jamás pensó que seguir el perfil de instagram de Nobara -después de que ella insistiera para ganar más seguidores- sería algo que sería beneficioso para ella.
Especialmente cuando notó que en sus historias de Instagram se podía ver claramente como Satoru había finalmente invitado a ambos equipos, de acuerdo a lo que decía la historia, y no había dudado en sentarse junto a Utahime.
Eran muchas fotos, algunas de comida, otras de Nobara con el resto de sus compañeros, un par de la comida que habían ordenado y Shōko notó de inmediato que se trataba del mismo restaurante al que Utahime quería ir.
Sonrió sacando algunas capturas de pantalla, solamente para tener aquello como evidencia, estuvo atenta a cada vez que actualizó y se aseguró de que en las últimas, justo en las cuales Satoru se había acercado aún más a Utahime, se vieran de manera nítida.
Tendría material para unos días más de molestar a Satoru y tal vez intentar que Utahime también se decidiera finalmente, pero no usaría aquello hasta el momento correcto.
Tuvieron que pasar solamente un par de días, exactamente dos después de que los demás regresaran a Kioto, para tener un momento libre para conversar con Satoru, aunque no quería creer que su amigo la estuviera evadiendo, suponía que estaba evitando que tocara ese tema, aunque esta vez no tenía escapatoria.
—Qué particular fondo de pantalla, Satoru.
No estaba segura de cómo él no la escuchó o siquiera sintió su energía antes, pero había logrado acercarse tras él y observar por sobre su hombro mientras él revisaba su celular sentado en su cómoda y absurdamente costosa silla.
—¿¡Qué-!?— Satoru se giró rápidamente, bajando la pantalla de su celular para ocultar lo que ya había visto y no podría negar.
—¿No crees que es muy tarde para ocultarla?— preguntó, moviéndose lo suficiente para rodear la silla y mirarlo frente a frente, sus manos en los bolsillos de su bata, su mirada atenta a su amigo.
—¿Necesitas algo?
—No evadas el tema, como siempre.
—Tengo una misión-.
—No tienes.
—Debo supervisar a mis estudiantes-.
—Nunca lo haces.
—Shōko-.
—Lo cual me lleva a señalar algo más... nunca estás disponible para tus estudiantes, siempre perdiendo el tiempo.
—Yo no pierdo el tiempo-.
—Pero, encontraste el tiempo para el evento de intercambio y para incluso estar en el partido de béisbol— sonrió con diversión cuando lo vio nuevamente intentar mantener el control de sus expresiones, ocultándose solamente gracias a que sus ojos estaban ocultos tras su venda, pero no así de que notara el resto de su lenguaje corporal. —Ahora que Utahime se ha ido, misteriosamente no has ido a supervisar a tus estudiantes.
—Eso es mentira, de hecho saldré ahora mismo a verlos— Satoru se levantó casi de un salto. Sus largas piernas dándole una altura que obligó a Shōko alzar la mirada, ocultando el celular en el bolsillo de su chaqueta, casi como si lo estuviera dejando lejos de su alcance.
—¿Sí? qué curioso— sonrió con diversión, deseando poder ver los ojos de su amigo solamente para ver los nervios en ellos. —Por cierto, no tenía ni la menor idea de que sabías jugar Béisbol.
—Soy bueno en muchas cosas. Ahora... nos veremos después, debo demostrar que soy el mejor maestro.
Satoru no tardó en desaparecer frente a ella, su técnica sacándolo de una situación que no era peligrosa de vida o muerte, pero que realmente había parecido asustar al Hechicero Más Poderoso.
Sin embargo, Shōko no olvidaría tampoco cómo había visto una fotografía de Satoru y Utahime como su fondo de pantalla, obviamente sacada el día del juego de béisbol.
Todos sabían que era cuestión de tiempo y Shōko llevaba años esperando a que finalmente se decidieran.
