Nervioso, se fijó una vez más en el lado de la cama vacía.

Nami no había explicado porque, ni que era lo que estaba ocurriendo, pero se la veía nerviosa y solamente con ganas de cumplir con esa cita que tenían antes de marcharse sin muchas explicaciones. Desde que se despidieron en el almacén, supo que algo andaba mal. No sabía si era algo que había hecho, si la había lastimado en el proceso o qué, pero desde que se despidió con ese fugaz roce de labios después de una sesión de sexo algo frío, supo que la peli naranja ya no estaba cómoda a su lado.

¿La había lastimado? ¿Fue un torpe novato al decir que le pertenecía?

No tenía respuesta, solo que ella se había marchado esa noche.

Y era la primera noche que estaban separados

Incluso cuando estaba en el periodo, solamente con una acción sin penetración, pasaban la noche juntos… ¿Por qué se marchaba entonces?

Inquieto, se levantó a una ducha helada.

El agua fría bajo el nivel de sus pensamientos, pero a todas, no podía dejar de teorizar sobre la situación por la que Nami podría estar pasando y él no supiera. Finalmente, había que reconocer que apenas se conocían realmente y, por mucho que la sintiera como una compañía invaluable, tampoco era que tuvieran algo definido, por lo que los límites eran completamente confusos.

Law hablaba de tener su propiedad y era muy egoísta. No sabía si era por lo tanto que lo había mimado Corazón en todo ese tiempo, o si era porque él mismo era una persona muy acaparador, pero no aceptaba la idea que ella se marchara de esa forma.

La había proclamado como suya y así se iba a quedar. Casi como una conquista.

Temblando un poco del abuso del agua fría, Trafalgar decidió salir y se secó rápido para ir debajo de las mantas con un nuevo pijama. No tenía como tomar un café caliente, aunque tampoco terminara de ser algo que le convenciera tomar en ese momento.

Suspiró, algo derrotado de no tener una respuesta que lo terminara de convencer.

No pudo descansar nada y, a primera hora ya estaba completamente vestido, con el uniforme blanco impoluto, preparado para iniciar con el trabajo de niñera que realmente no quería.

En la puerta principal, a medida que el variopinto grupo de Luffy se marchaba con una sonrisa de oreja a oreja, sus propios amigos ya lo esperaban serio, dispuestos a iniciar con dicho lavado que necesitaba el lugar. Si que llevaban sus bolsas de trabajo, con el logo bien orgulloso en frente. No quiso pararlos, aunque si compartió un breve saludo con el capitán.

Una vez dentro del fuerte, mostrando con orgullo su puesto en la marina, Law se paseó por las zonas casi desiertas de entreno, la custodia de armas, los grandes comedores… arrugó la nariz completamente disgustado. Todo estaba dejado, se notaba la insubordinación a cada maldito paso que daba, nadie le mostraba el respeto que se merecía a alguien de su rama y solo sabían mantenerse. No era para nada bien recibido y sabía que estaba a las orillas del peor de los pantanos.

Toda ese gente necesitaba disciplina. Necesitaba recordar cuales eran los rangos y, sobre todo, esa noble visión que tan bien caló en él gracias a Corazón.

Una vez llegó a la altura del despacho principal, vio a Nezumi con un rostro de molestia. Ni su particular gorra podía ocultar toda la rabia que le daba ver como Law si que iba a trabajar en serio en aquellos mares que tanto le disgustaban. Iba a soltar una de aquellas vacías provocaciones, pero antes de que pudiera articular siquiera una vocal, el orgulloso capitán del North Blue le dedicó una de las miradas más inquisitorias. De la propia aura hostil que emanaba, aquel señor del East Blue simplemente retrocedió, sorprendiendo a más de una persona.

Law no necesitaba palabras y tampoco tenía pensado gastarlas con un ser inferior como era Nezumi. Pero aquellas las pronunció con el mayor de los orgullos:

"A partir de ahora, me verás como tu superior, Nezumi-ya" terminó por sentenciar

Podía ver como su cara adquiría ese tono rojo vergüenza, del cual sabía que era la rabia e impotencia de verse como alguien inferior a una persona que no era de su mismo mar. Law sabía muy bien de esa emoción, llevaba un buen tiempo con eso también atorado, pero no iba a seguir debajo de alguien que ni siquiera sabía llevar bien el nombre de la Marina.

"No le reconocemos como nuestro superior" dijo uno de los leales, detrás del marine

"Entrega tu uniforme, estás fuera" sentenció sin mediar o discutir, de una forma tan directa y afilada que había llegado a dañar más allá de la superficie de aquel hombre

Ante la frialdad de su orden, acompañado de una mirada gélida, aquel subordinado simplemente se marchó. Nadie más lo siguió, por lo que ese acto solo fue un breve suspiró perdido en la densidad del momento.

Al ver que nadie más hacía ningún acto del que Law tuviera que dar un nuevo comando, simplemente reanudó sus órdenes. A pesar de las miradas de desaprobación, de más de un suspiró en contra suya y un molesto tic-tac detrás de su cabeza, terminó por sentenciar las primeras líneas de mejora del lugar.

"Como el grupo de entreno no tenga mejoras en una semana, también se expulsará a ese señor que pusiste como responsable" sentenció mientras se sentaba en la butaca principal "dejarme solo" terminó por ordenar mientras agarraba un par de los tantos dossiers que Nezumi había dejado sin respuesta

Escuchó un par de quejas, pero como buen segundo al mando, Bepo terminó por expulsarlos. Eran nuevos carteles de se busca, bastante viejos y de los cuales carecían reportes de su búsqueda o siquiera el último lugar donde fueron avistados. Casi podía asegurar que estaban completamente tragados por la tierra, como eran el payaso Buggy, Alvida o Arlong. Viendo sus posters, solo podía reír, eran simples seres inferiores, a diferencia de auténticos mafiosos de su mar que ya había apresado. Además, cada vez se iban acumulando más y más, con unas recompensas bastante irrisorias, pero que mostraban la dejadez del lugar.

No quería repetirse, recordando cada una de las flaquezas a las que tenía que atacar y, viendo a todas esas personas como las ratas traicioneras que eran hacia la marina, simplemente les dedicó el manguerazo de agua que veía que necesitaban.

Sin embargo, lo que más le llamaba la atención, era como se registraban numerosas visitas a una sola isla. Habían unos extraños reportes, muy opacos, a la Isla Cocoyashi. Supuestamente era una zona archipiélago, pero entre los diferentes reportes que aparecía como cada isla iba desapareciendo, sin motivo real aparente más que varias tormentas, pero no dejaba de visitar uno, casi una vez a la semana. No le hubiera llamado tanta la atención, si no fuera por cómo, del resto de lugares, a todas las había arrasado un fenómeno meteorológico diferente. Era absurdo.

Entre todas esas visitas, también habían demasiadas al restaurante flotante de aquel pirata-cocinero, rondas en casinos flotantes… No había nada bueno en todo aquello.

Todo aquello explicaba la falta de dinero. Más que falta, muy mala gestión.

"Básico" se le escapó como insultó, en lo que escribía un rápido reporte y lo enviaba.

"Esa boca, Law…"

Aquella reprimenda era de Corazón. Sin esperarlo, se giró para ver como lo observaba de forma silenciosa, sentado en el alfeizar, usando la media cáscara de un coco como cenicero. Iba vestido con ropa casual, aunque de casual tenía bien poco una llamativa camisa de corazones, vaqueros desgastados y una capa de plumas que parecía un manto oscuro. Aunque lo que más llamaba la atención era como, al tener el dobladillo de los vaqueros mal colocado, se podían ver sus calcetines de gatitos naranjas chocar contra sus mocasines oscuros.

"Te dije que usaras ropa normal… pero los Donquixote tenéis la mala costumbre de usar lo más absurdamente extravagante"

"¿De qué conoces a la chica de pelo naranja?" preguntó a bocajarro su tutor, sorprendido por completo al capitán

"Ni se te ocurra darme otra vez la charla" le advirtió a la primera Trafalgar al recordar como era siempre ese el camino para empezar su estúpido bien trabajado discurso de sobre sexo seguro.

"Espera, ¿qué? ¡No!" preguntó sorprendido el rubio "Aunque, si mencionas eso…"

"¡Cora-san!" le paró los pies de inmediato

"Perdona, perdona… es solo que vi como entrabas detrás de ella en el almacén y necesitaba hacerle unas preguntas…"

"¿Por qué?" preguntó, completamente sorprendido.

El tono, la forma en la que lo observaba, el simple hecho de que se atreviera a preguntar sobre ella… eran grandes red flags que lo frenaban por completo. Su confianza, su lealtad y prácticamente su idolatría se centraba en Corazón. Si él estaba detrás de alguien, es que esa persona estaba haciendo algo mal. No lo ponía en duda. Además, podía ver como el conflicto se dibujaba en su rostro, mimetizándose con su maquillaje, en una mueca casi jocosa, aunque pudiera ver que realmente no era lo que quería.

Un nuevo conflicto entró en Law: ¿estaría fijado su interés en una mala persona?

Quería creer fuertemente que no.

"No es nada serio" llegó a verbalizar su tutor, comprendiendo el conflicto en el capitán que el crio.

"Di la verdad, Corazón" exigió como niño pequeño, con una mueca que a cualquiera le podía recordar al Law en sus años más jóvenes, cuando la opinión del rubio y su palabra era lo mismo que lo que rezaba la biblia.

"Tan solo quería preguntarle por la frutería por la que trabajaba… nada más. No es por ella, se ve una buena chica que quiere salir adelante"

Ambos se quedaron mudos por un momento. Las miradas chocaron y Law supo de inmediato que su tutor estaba endulzando la situación. Era molesto que, a pesar de que tuviera 26 años, siguiera haciendo lo mismo cuando estaba haciendo trabajo de espía a La Marina y se lo ocultaba de esa forma. Sin embargo, sabía que no se lo podía recriminar, ya que unas ordenes siempre serían lo más importante para un marine.

Igualmente, se veía en una posición sumamente incómoda, al tener que pensar en qué si había algo malo en Nami. Ya le había admitido que había algo entre ellos y no podía negar que, le gustará o no, quería probar todos los limites con aquella sirena de pelo corto naranja. Law no era idiota y sabia de la fecha de caducidad, de que no conocía del todo a esa joven y, sobre todas las cosas, ese agridulce sabor que quedó en su boca después de la ultima noche.

No quería decir que fuera un dependiente de sus caricias y aquellos ardientes besos, pero tampoco era ajeno a lo bien que se sentía a todo ese tiempo que compartían en su habitación de hotel. Era innegable que valoraba de una forma muy especial todo lo que estaba compartiendo con ella.

Una conexión real. Law estaba seguro de ello.

¿Tenía nombre?

No lo sabía.

Y con todo aquello…

Trafalgar suspiró y se apoyo por completo en la silla, reclinándose. Corazón se veía calmado, en esa postura hacia delante para poder dar el mensaje de la forma mas seria, queriendo recordar a todos que él era el adulto responsable y no solo un accidente a punto de ocurrir. Law corrigió su postura para poder escucharlo.

"¿Esa chica sabe que eres marine?" el peli negro asintió de una forma no tan segura "siento que estoy en la obligación de recordarte de qué, cómo marines, nuestra prioridad no es estar con mujeres… y mucho menos atarnos. No sabes sus intenciones, no la conoces y te vas a marchar. Sea lo que sea lo que tengáis entre manos, lo mejor será que empieces a poner distancia, así no dolerá cuando volvamos al norte"

Las sabias pero dolorosas palabras de Corazón dejaron un fuerte eco en su interior. Lo observó con cierta admiración, a la vez que aguantaba la risa de ver como su capa ardía con la simple mirada. Al notar su mueca, el rubio intentó apagarlo con varios manotazos.

Law se levantó de su sitio y supo que no solo por eso lo decía. Habían tantos posibles que la incertidumbre quemaba los pulmones con cada respiración. Ya no solo por no saber con quién se había acostado todo ese tiempo, también por esas señales que había plantado el rubio y como, al final del cuento, él se debía marchar de vuelta a la cacería de sucios piratas.

Y pensar en todo ello lo agotaba.

"Vamos a por un trago, papá"

El rubio asintió, tan emocionado que parecía que tendría un colapso, ya que aun no sabía como gestionar que, a veces, Law lo llamara padre. Dejaron la sala cerrada con llaves y salieron del fuerte acompañados de las miradas desaprobatorias de los marines nativos. Sus ordenes no fueron para nada bien recibidas y cada ojo que lo seguía solo reforzaba esa realidad.

Una vez fuera, sabía que irían a la taberna donde Nami estaba trabajando. Sin perder un solo segundo, en un paso tranquilo y sin pausa, llegaron al local. Allí ya estaban sus fieles compañeros, bebiendo con los compañeros de Luffy.

Pero él no estaba.

Sorprendido, la segunda camarera le trajo una gran jarra. A pesar de buscar su fondo con cierta ansia, su mirada no podía dejar de buscar a Nami en aquel abarrotado local. ¿No era ese su nuevo trabajo? Algo nervioso, se excusó un momento para ir al callejón. No podía dejar de pensar que, si la encontraba nuevamente fumando en su pausa, ella no lo estaba engañando ni era una ficha de doble cara. Que sus temores y banderas rojas no eran más que elucubraciones de las que no podía huir. Sin embargo, si no la encontraba ahí… ¿qué podía esperar? No sería para nada una buena señal.

Con una angustia que jamás iba a admitir, fingió ir al baño para poder ver si estaba en su descanso. Esperanzado de que fuera eso, que estaría tomando un pequeño momento para fumar o beber algo lejos de la gente, estaría también esperando verle con aquella sonrisa tan hipnótica.

Ahí estaba Nami, vestida con un una camisa de manga larga, delantal manchado y una falda hasta las rodillas. Las botas estaban hundidas en el barro del callejón, pero parecía que a ella no le importaba. Se veía más centrada en unos papeles tan blancos que parecían irradiar su propia luz. Los estudiaba y habla de ellos con aquella sonrisa de pura emoción, como una gran entendida perdida en su propio hablar.

Y, evidentemente, no estaba hablando sola.

A su lado, estaba Luffy, con una sonrisa igual de tonta, siguiendo el hilo y sujetando los lápices que a veces ella usaba para marcar sobre el papel. Le respondía de la misma forma que se construía un hilo solo entre ellos dos. No llegaba a escuchar de que estaban hablando, podía jurar que era sobre algún papel de la marina, pero aquello era lo de menos. Estaban en su propia aura, su propia burbuja que, si alguien preguntaba algo, no la rompería.

Law se quedó petrificado, con los ojo abiertos. Respiró de forma lenta, fruto de una nueva opresión en el pecho, se dificultaba cualquier acción. Esa misma presión hacía sus latidos fueran más lentos y todo fuera subiendo de mala temperatura, hasta el punto de que desde su piel y fosas nasales ardieran. La garganta estaba seca y, finalmente, los pies pensaban.

Hervía en celos.

En todo ese tiempo que estuvo con ella, no había logrado tal grado de intimidad y complicidad. No sabía de sus sueños, anhelos, deseos… solo el sabor de cada centímetro de su piel. La había disfrutado de una forma meramente carnal y egoísta. Era molesto. Todo aquello era molesto, porque era el reflejo de que Corazón tenía razón en las tantas lecciones sobre los patéticos sentimientos.

Dejó a la pareja sola, regresando a su habitación lejos de todo el mundo, queriendo controlar ese mar de emociones y queriendo dejarse en claro que lo único que le debía importar era ser el mejor de los marines y volver al norte.