Esparta, Grecia.
"¿Ese eres tú, papá?"
Naruto giró lentamente su cabeza, viendo su estatua cerca de la entrada a la Polis que fue creada por los humanos bajo su mando.
Luego miró a su hijo, aquel que tuvo hace menos de 5 años con Hestia.
Cabello rojo como el de Hestia, con el tono de piel casi melocotón, como la de él. Era algo alto para su edad, cosa de Dioses.
"Si, Adamas. Soy yo…"
Su estatua estaba bien hecha en todos lados. Músculos, rostro, expresión, incluso la Hoja del Olimpo apuntando hacía abajo era igual a la original.
Adamas miró a su padre con admiración, estando tomado de las ropas del mismo, que tenía la mano en su hombro para llevarlo también.
"Wow…"
"¡Lord Naruto está aquí!"
Los soldados afirmaron sus posturas, cuando Naruto pasó por la doble puerta de varios metros de alto.
"Es un gusto volver a verlos a todos".
Naruto venía aquí cada ciertos años, a veces solo, a veces acompañado de sus hijos o alguna de sus mujeres, pero venía.
Adamas miró la Polis con admiración. Los soldados se afirmaban ante la figura de su padre caminar como todo un emperador, cosa que el siempre imitaba.
Cuando pasaron al lado de un burdel, no pudo despegar su mirada de las hermosas mujeres que aclamaban a Naruto, que las ignoró magistralmente.
"¿Ese es el hijo de Lord Naruto?"
"Oh~, ya sabemos quien va a visitarnos en el futuro".
Adamas levantó su mano para despedirse, y las mujeres en la puerta y el balcón hicieron lo mismo.
Naruto ocultó una sonrisa orgullosa. Levantó a Adamas y lo subió a sus hombros. Él no se quejó, y miró en silencio toda Esparta desde la cabeza de su padre.
La gente saludaba a Naruto, algunos con reverencias y expresiones llenas de agradecimiento y respeto, y otros afirmando sus posturas y levantando la barbilla, siendo estos normalmente los soldados y generales que estaban entrenando.
"¡La espalda de un guerrero Espartano jamás toca el suelo! ¡Incluso en la muerte, un Espartano da la cara en combate! ¿Eres un Espartano, o no?"
Naruto y Adamas se giraron para ver a un niño calvo de unos 10 años apuntando con su lanza al cuello de otro niño apenas menor.
Adamas no lo sintió porque aún no tenía sus sentidos desarrollados, pero Naruto era otro tema.
Sus ojos se enfocaron en el niño calvo, y la esencia de Zeus en su alma. El otro niño… Tenía una marca extraña en su cuerpo, desde su ojo hasta el resto de su cuerpo.
"Si, Kratos".
El calvito lo ayudó a levantarse a quién debía ser su hermano, y al oír los pasos, los dos niños se giraron lentamente.
Ver los ojos de los dos niños abrirse hizo sonreír divertido a Adamas.
"¡Gran Naruto!"
Ambos afirmaron su postura, y Naruto sonrió. Estiró sus manos y acarició la cabeza de los dos chicos, aunque el calvo parecía algo incómodo con eso.
"Para ser niños saben pelear muy bien. ¿Quieren ser soldados?"
"Así es, señor. Oh… Yo soy Deimos, y el es Kratos".
Naruto y Adamas no dijeron nada ante el nombre del menor, que era igual al del hijo de Ares.
Kratos mantuvo el silencio, no sabiendo que decir. Estaba viendo al Dios que le rezaba junto a su madre y su hermano, y parecía tan tranquilo que hasta se le hacía algo raro.
"Espero que crezcan bien, niños. Ustedes van a ser los mejores soldados si siguen por este camino, tienen mi bendición".
Ambos niños abrieron sus ojos con sorpresa, incluso el calvito que era el más severo si Naruto podía decirlo.
"¡Kratos! ¡Deimos! Vengan a… comer…"
La mujer que salió de la casa detrás de ambos niños quedó estática. Adamas mantuvo el silencio, dejando a su padre interactuar con los mortales, pues el al final lo tenía para molestar todos los días, años y siglos.
Calisto había sido siempre alguien con una fuerte creencia en un Dios, producto de su familia y su propia creencia.
Cuando fue seducida por Zeus, se dio cuenta tarde que quedó embarazada. Sin embargo, su hijo Kratos, aunque algo bruto, a ella la adoraba.
Siempre rezaba a Naruto para que sus hijos crezcan fuertes, y que siempre estén protegidos por el mismo.
Y ahora…
"Mi lord... Eh…"
"¿Calisto, cierto?"
La mujer asintió lentamente, Naruto se acercó a ella, la tomó de la cabeza y le dio un corto beso en la frente.
La mujer fue rodeada por un aura verdosa, ante la mirada consternada de sus hijos.
"Se que tu hijo mayor es un Semidios de Zeus, no te preocupes. Haz que crezca fuerte, lo necesitará".
Calisto no lo sabía, pero había recibido la bendición del mismo Dios del Cielo.
La mujer asintió con lágrimas de felicidad en sus ojos, viendo a Naruto y el niño en sus hombros despedirse y desaparecer en un brillo dorado.
Kratos y Deimos se acercaron a su madre, ignorando que la marca en Deimos brilló levemente.
………
Monte Olimpo.
Naruto y Adamas caminaron desde la Ciudad de Olimpia hacía lo más alto del Monte, con el rubio guardando silencio.
"Padre… ¿Visitaste la ciudad por ese chico de la marca, no?"
Naruto a veces deseaba que los niños no fueran tan buenos para analizar.
Dio un gruñido de afirmación, mientras saludaba a los sirvientes del Olimpo y algunos semidioses que estaban en el lugar.
"Hay una profecía que el Oráculo me dio el otro día, de un guerrero marcado que traería la destrucción del Olimpo. Con mi dominio lo encontré, y aunque es un mortal, puede que todo cambie de un momento al otro".
"¿Y por que no matarlos a los dos?"
Naruto se detuvo por un segundo, pero volvió a caminar lentamente.
"Algunas profecías son inevitables. Ir contra las mismas nunca trae algo bueno. En vez de acelerar la caída del Olimpo, hacer como hizo Cronos, que selló su destino de forma estúpida… Prefiero disfrutar estos años con mis hijos, mis esposas, mis hermanos…"
Adamas guardó esas palabras de su padre.
Ambos mantuvieron el silencio hasta que llegaron a lo alto del Monte Olimpo, donde los estaba esperando Hestia, con una sonrisa materna.
Adamas se bajó de los hombros de Naruto de un salto y abrazó a Hestia, que le devolvió el abrazo.
"¡Mami!"
Hestia se rió levemente, y levantó la cabeza para ver a Naruto, que puso una mano en su mejilla y se acercó para besarla.
La diosa correspondió el beso. Un beso cariñoso, lleno de calor que calmó su corazón de cualquier problema.
"Los dejaré solos. Iré a golpear al primo Ares".
Cuando se separaron del beso, Naruto se rió de lo dicho por Adamas, mientras Hestia suspiraba cansada por eso, viendo a Adamas saltar por el borde del acantilado de igual forma que hacía Naruto.
"Sabes que lo hace a propósito, porque Ares está buscando destronarte…"
Naruto asintió lentamente, usando su dominio para mostrar una proyección frente a él de Adamas golpeando a Ares distraído en las bolas con una maza de púas, cosa que hizo caer al Dios de rodillas.
Naruto no aguantó la risa, viendo a Adamas escapar entre todos los templos de sus hermanos, cosa que lo hizo reír.
No entendía que le pasó a Ares para querer hacer una revuelta contra el, ya que estaba literalmente el solo en todo esto.
Incluso Fobos y Deimos estaban dudosos sobre que hacer, porque estaban felices bajo el mando de su tío, pero no querían desobedecer a Ares.
"Padre…"
Naruto giró su cabeza, viendo a su segunda hija que tuvo con Hera llegar con una carta en mano, y al lado de ella a Hermes, que se veía golpeado.
Hebe tiene el cabello rubio trenzado en la frente, con una coleta trenzada que baja por su hombro derecho. El resto de su pelo esta suelto. Tiene ojos verdes y piel clara, y viste una ropa femenina griega que resalta sus atributos.
"A veces olvido que tu hija pega fuerte".
"Y parece que olvidas que te dije que no la seduzcas porque te iba a hacer mujer".
Hermes se tensó y sonrió nerviosamente, ante la mirada penetrante y victoriosa de Hebe.
Naruto tomó la carta de las manos de su hija, y la abrió. Empezó a leer en silencio, y luego alzó una ceja.
"¿Por qué querrían los Egipcios hablar conmigo?"
"¿Te olvidas que te acostaste con Isis?"
Hermes fue clavado en la pared por un puñetazo de Naruto, que seguía leyendo la carta.
Hebe guardó silencio, pero Hestia sintió su ceja temblar al recordar ese momento.
Naruto había sido engañado por Urano para follarse a Isis, ya que… Bueno, el Primordial era un escritor de porno que necesitaba motivación, y claro…
¿Qué mejor que una historia entre dos dioses de mundos distintos sumergidos en la lujuria, que por magia no tuvieron un hijo que podría haber causado una guerra?
A Osiris eso le había molestado mucho, y fue porque Naruto y Ra hablaron y mantuvieron un momento de paz que el otro no atacó.
"Una reunión en unos años porque están arreglando problemas…"
Naruto deshizo el papel, sacó uno de su bolsillo, escribió rápidamente, usando su magia, y se lo pegó a Hermes en la cara.
"Llévalo, y no te distraigas con las Ninfas".
Hermes levantó el pulgar, y las alas en sus botas se abrieron. De repente, salió disparado del lugar.
Naruto miró a Hestia y Hebe, y suspiró.
"Sacrebleu…"
Hestia y Hebe tomaron a Naruto de la mano y lo metieron dentro del templo, sabiendo que estaba bastante cansado ya de su trabajo como Rey.
"No entiendo porque no lo dejas, amor".
La voz de Afrodita resonó, siendo ella que estaba acostada en la cama, y quién tomó a Naruto suavemente para acostarlo sobre ella. Naruto descansó su cabeza entre los pechos de Afrodita, mientras abrazaba a Hestia y Hebe que se acostaron también en la cama.
"Si lo dejo, el Olimpo va a caer antes de lo que pienso".
"¿Y porque no te tomas unas vacaciones?"
Naruto abrió sus ojos como si lo hubiesen iluminado, y giró su cabeza para ver a Hera salir del baño con una toalla secando su cuerpo.
Apoyó sus manos al lado de Afrodita y se levantó, abrazó a Hera y la levantó, ante la mirada curiosa de todas.
"¡Cierto! Y ya se donde puedo ir".
"Podemos".
"Si… Podemos".
Naruto besó a Hera, y salió de la habitación con una felicidad renovada.
Una vez la puerta se cerró, todas, incluida Hebe, se veían confundidas.
"Nunca se tomó vacaciones…"
Afrodita guardó silencio y, de repente, sonrió ampliamente, con el mayor destello de lujuria que vieron en años.
"¡Vamos a poder follar con Naru todos los días!"
Hestia se cubrió el rostro con una mano y suspiró. Hera miró en blanco a Afrodita, pero tenía un brillo en los ojos.
Hebe se quedó en blanco al oír tan abiertamente a la Diosa decir que se iba a follar a su… su padre.
…….
Naruto caminó por la Ciudadela de las Furias, con Tisífone al lado, que se veía con varios meses de embarazo en el estómago.
"Entonces nos vamos de vacaciones".
Naruto asintió con felicidad. Tisífone en verdad estaba algo extrañada.
Nunca había visto a Naruto tan feliz, solo cuando nacieron sus hijos, los crío, hasta que crecieron y… Bueno, algunos murieron por querer ir a ganarle al Cronos con el templo de Pandora en la espalda, todo para llenar de orgullo a Naruto, y terminaron entristeciéndolo.
"Hablaré con Ra para que nos permita estar en Egipto, un trato secreto entre nosotros, y estaremos ahí hasta que sienta que puedo volver a trabajar".
Tisífone asintió con una sonrisa, hasta que se detuvo cuando sintió la presencia de su hermana detrás de ellos. Naruto también la sintió, así que ambos se giraron, viendo a Alecto, que veía a Naruto directamente.
"Ares me pidió tener un hijo y revelarme contra ti".
Naruto la miró en silencio, y se encogió de hombros.
Alecto alzó una ceja, menos Tisífone que mantuvo el silencio.
"Le voy a dejar a Zeus mi lugar, pregúntale a Ares si cree poder ganarle a él antes de siquiera ganarme a mí".
Alecto se quedó en silencio, y asintió lentamente, desapareciendo en humo negro.
Tisífone miró a Naruto con curiosidad.
"¿Por qué Zeus?"
"Si hace las cosas bien, le dejaré mi trabajo para él solo. Hera, Hestia y yo vivimos encargándonos de todo el papeleo que siempre son miles y miles de propuestas o quejas tontas. Quiero saber cuanto dura antes de arrepentirse".
Tisífone sonrió divertida. Tomó el cuello de la ropa de Naruto y lo besó. El rubio la tomó de la nuca, y puso otra mano en la cintura de la Furia, besándola con fiereza.
Cuando se separaron, la Furia se mordió los labios de forma seductora.
"Ven. Ten cuidado de no saludar al bebé antes de tiempo".
Naruto se rió divertido y siguió el camino de una de sus esposas hacía su templo.
……..
Unos días después.
Zeus en verdad estaba feliz.
Estaba viendo a Naruto saludar a todos, junto a Hera, Afrodita, Hestia y Tisífone, ya que se iba, y le dejaba el trono a el.
"Cuida a mis hijos, Hades. Lo mismo con ustedes, Hefesto, Aglaya… Háganme ese favor".
Los tres asintieron hacía el rubio, que estaba sonriendo felizmente a todos.
Atenea, Artemisa, Apolo, Hermes, Poseidón, Deméter e incluso Perséfone levantaron la mano para despedir al rubio, que se fue caminando hacía su destino, que nadie conocía, solo los que se iban.
Zeus suspiró de felicidad, ahora siendo él el rey.
Sería de momento, pero sabía que su hermano estaría de viaje por muchos años.
"Por cierto, padre. Yo te ayudaré con el papeleo".
Zeus miró con curiosidad a Hermes, que le sonreía divertido, casi de forma sádica.
Hades ocultó su risa, desapareciendo junto a Perséfone para buscar a sus sobrinos a cuidar.
Hefesto y Aglaya hicieron lo mismo.
Atenea sintió un mal presentimiento.
Un presentimiento terrible.
