Agradeció al asistente cuando lo dejó en la sala común y le aseguró que se encontraría bien antes de observarlo retirarse. No había estado en la escuela muchas veces, pero al menos sabía los lugares a los que podía ir y cómo regresar a aquel lugar sin perderse, por lo que después de aburrirse sentado en el sofá, tomó su mochila de nuevo y salió de ahí.
No se suponía que debía alejarse mucho, pero solamente conocía a un par de personas que podrían acompañarlo mientras esperaba y solamente una de ellas estaba siempre en una oficina, a veces estudiando, trabajando o simplemente perdiendo el tiempo, por lo que podría continuar estudiando allá mientras Gojō no se presentara.
Tokyo Jujutsu High siempre era tranquila, a menos de que hubieran entrenamiento o algún evento, pero ese día era igual a cualquier otro y sin problemas caminó por los pasillos hasta los dos edificios que reconocía de inmediato, uno era la enfermería que realmente parecía más un hospital con todo el equipo médico que tenía y el otro era la morgue. Sabía que una oficina conectaba ambas y ese era su destino, sin embargo, cuando entró por el hospital, intentando no hacer mucho ruido para evitar problemas, se detuvo al notar una puerta abierta.
Él no era un entrometido ni nada parecido, pero no pudo evitar notar el color rojo que sin lugar a dudas pertenecía a un Hakama que conocía muy bien y era distinguible incluso a la distancia. Estaba doblado a los pies de la cama junto a otras prendas de color blanco e incluso notó un bolso bajo la mesa, pero no podía ver si la persona que creía que estaba en ese lugar era quién creía.
Sin intentar meterse en problemas avanzó un par de pasos, los suficientes para mirar y sigilosos como para no ser atrapado, y entonces sintió que algo dolía en su pecho.
Sí era Utahime, definitivamente era ella, tenía su rostro cubierto con vendas justo sobre su nariz, podía notar que parte de su cuello y brazos también estaban vendados, pero era su rostro el que llamó su atención, aunque no tanto como ver lágrimas en los ojos que siempre lo miraban con atención y calma, incluso a veces lo que parecía ser una expresión maternal.
Sin embargo, Utahime estaba llorando.
Obviamente algo malo había ocurrido, especialmente cuando no tenía sentido que se encontrara en Tokio cuando iba a visitarlos en una semana más, y el simple hecho de que tuviera vendajes cubriendo su piel, lágrimas en sus ojos y se encontraba en el hospital era algo malo.
Después de esa primera presentación unos meses atrás, con Tsumiki disfrutaban de las visitas e incluso llamadas de Utahime, parecía ser una presencia constante que animaba tanto a Gojō y Tsumiki que le agradaba incluso a él tenerla cerca, siempre sonreía y era amable con ellos, incluso cuando discutía con Gojō, no dejaba de ser una persona atenta y preocupada por cómo él y su hermana se encontraban y verla de esa manera tan vulnerable le revolvió el estómago.
Intentando alejarse cuando notó que Utahime se movió, retrocedió un par de pasos, pero tuvo que ahogar el chillido que casi escapa de sus labios al momento de chocar con alguien.
—Megumi-chan, no sabía que estabas aquí— era Shōko, justo a la mujer que había ido a buscar para poder estar en su oficina alejado del resto de los adultos que rondaban esa escuela, pero no se sintió tan aliviado cuando se dio cuenta que la hechicera lo había atrapado.
—Un asistente me pasó a buscar de clases— explicó rápidamente, intentando justificar su presencia en aquel lugar. —se suponía que vería Gojō-san.
—Oh, ya veo, él debería estar de regreso en un rato— la observó cuando levantó su muñeca para ver su reloj, sin embargo el gesto provocó que notara una ligera mancha de sangre en su manga, justo por detrás de su antebrazo y Megumi frunció el ceño ante aquello. —¿quieres esperar en mi oficina?
—¿Qué le pasó a Utahime-san?— preguntó antes de darse cuenta de lo que había dicho, pero cuando notó la mirada sorprendida de Shōko sobre él, insistió. —Está herida.
—Sí... hubo un problema en su misión— notó cómo dudó en lo que obviamente iba a decir, una leve pausa que le dio tiempo para obviamente pensar bien las palabras que iba a decir, pero Megumi era más inteligente de lo que creían y no tardó en notarlo. —pero ya está mejor.
—¿Puedo verla?
Shōko hizo una mueca con sus labios y miró la habitación un momento antes de regresar la mirada a él y respiró hondo.
—Le preguntaré si quiere visitas.
Asintió, atento a cuando la hechicera se volteó para entrar. Megumi apretó sus manos en puños, intentando respirar hondo y aunque era solamente un niño en comparación a todos ellos, no dudó demostrar que era lo suficientemente inteligente para entender lo que intentaran explicarle.
Gojō le estaba enseñando cosas sobre ser un hechicero y la sociedad en la que se moverían, por lo que ya tenía algunas ideas de lo que ocurría, pero jamás pensó que vería alguien como Utahime en un lugar como ese y no quería reaccionar de una manera negativa si ella le permitía entrar.
—Ven, pasa.
La voz de Shōko lo hizo reaccionar, apretando una vez más sus manos con fuerza antes de intentar relajarse y entonces entró.
Los ojos oscuros de Utahime no tardaron en fijarse sobre él, pero ya no habían lágrimas en ellos y solamente la tonalidad roja que teñía parte de estos la delataban, pero no se atrevió a decir nada cuando ella sonrió con la misma amabilidad de siempre.
—Megumi-chan, no sabía que estabas en la escuela— Llevaba sobre su cuerpo un camisón que no ocultaba las vendas, pero suponía que Shōko la había ayudado a colocarse algún tipo de Michiyuki sobre sus hombros y tenía sus manos entrelazadas sobre su regazo, todavía sentada en la cama que tenía inclinada hacia arriba el extremo de la cabecera, permitiéndole apoyarse ahí y sobre las almohadas. —Pensé que estabas en clases, ¿Y Tsumiki?
—Sí estaba, pero Gojō-san debía ir por mí y no pudo, un asistente fue a buscarme— volvió a explicar, acercándose lo suficiente para quedar junto a la cama, aunque todavía con una distancia. —Tsumiki está en casa de una amiga, tiene una pijamada.
—Oh, es verdad, hoy es viernes— fue curioso como notó que Utahime no pareció darse cuenta del día que era, pero continuó manteniéndose en silencio, atento a como ella actuaba con tanta normalidad, como si ignorara las vendas que cubrían parte de su piel. —Hoy tenías entrenamiento.
Asintió, sabiendo que Utahime conocía muchos de sus planes por todo lo que conversaba con ellos y como mostraba interés por las cosas que hacían, incluso si no estaba cerca.
—Debo terminar de hacer la autopsia, no dudes en llamarme si necesitas algo— Utahime le sonrió a Shōko, pero Megumi no apartó su mirada atenta de ella, intentando no ser tan obvio con su preocupación, pero ella parecía tener un sexto sentido y no tardó en notarlo.
—Ven, acércate— lo hizo cuando ella habló, aunque con cuidado de no ser brusco, temiendo hacerle daño, pero ella sonrió, moviendo sus piernas lo suficiente para sentarse a su lado, con precaución de no pasarla a llevar. —Tranquilo no me harás daño.
—Tiene vendas... y está aquí...— murmuró, preocupado.
—No te preocupes, estoy mejor, Shōko me ayudó con las heridas, así que ten por seguro que estoy mejor que antes— asintió, un movimiento lento con su cabeza. Notó como Utahime respiró hondo y bajó la mirada, obviamente pensando en lo que diría. —Hubo un problema con una misión, no pude reaccionar a tiempo. Son cosas que pasan en este trabajo.
—Las vendas...— hubo más preocupación en su voz de lo que quería, pero Utahime sonrió con calma.
—Me las quitarán en unas horas tal vez, quizás un par de días. Tendré algunascicatrices, pero nada con lo que no pueda vivir— volvió a asentir, un poco mejor al escuchar lo fuerte que sonaba, pero él también sabía que ella, al igual que muchos otros adultos, evitaría que él se preocupara. —Gojō debería llegar en algunas horas, ¿te parece acompañarme? Estoy algo aburrida.
Megumi asintió, incluso aceptó que la hechicera la ayudara con una tarea y observó cómo le aseguró al asistente que todo estaba bien cuando entró en la habitación tras estar buscándolo por lo que pareció una hora, pero tras una cena improvisada con Utahime y Shōko el sueño terminó ganándole tras un largo día en clases y después de que Utahime lo acomodara a su lado se quedó dormido.
No supo realmente cuánto tiempo pasó, pero reconoció la voz de Gojō, aunque no abrió sus ojos de inmediato, el calor de las mantas lo suficientemente agradable como para no querer moverse.
Sin embargo, podía escucharlo y a Utahime también.
—Pensé que esperaría en la sala común.
—Han pasado horas desde que llegó, no pensaba dejarlo solo.
—Debería llevarmelo.
—¿Estás herido?
—¿Quién crees que soy?
—Gojō... no puedo evitar preocuparme.
—Estoy bien, fue difícil encontrarlo, pero no derrotarlo. Shōko hará la autopsia ahora, un informe será enviado a los altos mandos.
—¿Mi promoción?— hubo un silencio, uno que era demasiado extraño considerando a Gojō, por lo que obviamente no significaba nada bueno y notó que Utahime respiró hondo, casi como aguantando otro llanto cuando se dio cuenta de lo agitada que resultó. —Podría intentarlo-.
—No lo harás, no ahora, no es la primera vez que se equivocan— Gojō la interrumpió, esta vez no hubo un comentario divertido o ingenioso, tampoco un tono de voz calmado, sino que había seriedad y aquello era extraño, incluso si estaban intentando mantener sus voces bajas, casi susurros que difícilmente diferenciaba. —Haibara murió por un error parecido y no pienso que mueras.
—No me equivocaré de nuevo-.
—Si no hubiese llegado podrías haber muerto, si Shōko no me dice qué está pasando habría sido muy tarde.
—No pienso quedarme estancada en este grado.
—No pienso que mueras.
Ambos se quedaron callados, Megumi sintió el peso extra del otro lado de la cama, Gojō obviamente había tomado asiento del otro lado de la cama y entonces se atrevió a abrir sus ojos lo suficiente para mirarlo, pero no para que notaran que estaba despierto.
—Soy fuerte— Utahime sonó decidida, pero no podía ver su rostro, solamente la mirada triste de Gojō quien de manera poco común no llevaba lentes o su venda oscura, sus ojos celestes fijos en la mujer.
—No deberías ir sola.
—No te tendré supervisándome.
—Tu técnica no es para que estés en el frente— Gojō se movió ligeramente hacia el frente una mano sobre una de las piernas de Utahime, pero ella no lo apartó. —Las misiones de promoción-.
—Sé como funcionan— hubo una pausa y sintió como Utahime se movió, Megumi acostado en posición fetal tenía su cabeza apoyada en la almohada y Utahime había pasado un brazo sobre su cabeza para masajear su cabello, un gesto que lo había relajado y que replicó en los cabellos plateados de Gojō. —Debes descansar.
—Estás cambiando el tema.
—Tus ojos deben doler, ¿no?— Gojō cerró sus ojos, obviamente más relajado que antes por la acción, pero no cediendo todavía.
—No me harás olvidar de lo que estamos hablando.
—No, pero debemos descansar— Utahime apartó las manos y Megumi notó la venda que sostuvo en una mano y como con cuidado rodeó la cabeza de Gojō, vendando sus ojos.
—Tu rostro... la herida-.
—Dejará una cicatriz, lo sé— Satoru se movió, finalmente cediendo y Megumi se acomodó fingiendo seguir durmiendo, observando solamente a través de sus pestañas cómo Gojō se inclinó, apoyando su cabeza sobre el regazo de ella. —Será una de muchas.
—Será la última.
—Estoy segura de que no puedo hacer lo que tu haces para que nada me toque.
—No, pero puedo protegerte, eres débil, es lo que debo hacer.
Utahime no lo golpeó como Megumi esperaba, pero cerró los ojos cuando Utahime se movió para acomodar las mantas y respiró con tranquilidad, no logrando impedir que el sueño se volviera a hacer presente y volviera sus parpados cada vez más pesados.
Utahime volvió a acariciar su cabello y la escuchó tararear, parecía una canción de cuna y era hipnotizante hasta el punto que no se dio cuenta cuando se quedó dormido.
Gojō lo debió haber movido hasta la habitación en la que despertó, continuaban en la escuela y tras lavarse salió directamente de aquel lugar para ir hasta la habitación de Utahime.
La mujer se mantenía en la misma cama de antes, aunque esta vez Gojō estaba sentado en una silla a su lado, sus piernas estiradas y pareció guardar algo en el bolsillo de su chaqueta rápidamente, pero Megumi no alcanzó a notar de que se trataba.
—¡Buenos días, Megumi-chan!— exclamó Gojō con el mismo tono infantil que provocó que el niño arrugara su nariz.
—Buenos días, Utahime-san— ignoró por completo al adulto de cabellos plateados y se dirigió a la mujer que sonrió extendiéndole una mano para que se acercara.
—Buenos días, espero que hayas dormido bien— Megumi asintió, pero su mirada pasó rápidamente a Gojō cuando él se levantó, metiendo sus manos en los bolsillos de su chaqueta.
—Bueno, tengo trabajo que hacer como el hechicero más poderoso, supongo que puedes cuidar de ladebiluchade Utahime, ¿no, Megumi-chan?
Megumi arrugó su nariz una vez más, una mueca formada en sus labios al notar que Gojō volvía a tener la actitud infantil de siempre, casi como si no hubiese sido vulnerable frente a Utahime la noche anterior, pero suponía que era parte de unamascara, una que utilizaba cuando se encontraba alrededor de los demás, incluso si aquello incluía molestar a Utahime.
—Aquí vamos de nuevo— escuchó a Shōko tras él y rápidamente se giró para no darle la espalda, pero la mujer miraba a Utahime y Gojō con una expresión algo cansada, más allá de sus ojeras que cada vez parecían ser más pronunciadas, había algo en su expresión que le decía que aquello era lo que siempre ocurría.
Y Megumi estaba seguro de que todo el mundo sabría pronto que no siempre peleaban, al menos que no se odiaban tanto como intentaban que los demás creyeran, especialmente si podían ver algo como lo que había presenciado la noche anterior.
Sin embargo, él todavía era un niño y no entendía cómo los adultos podían ser tan raros.
¿Por qué Gojō simplemente no le decía que se preocupaba por ella y laadmiraba?
¿Por qué Utahime aguantaba todas sus bromas y comentarios, según él, ingeniosos?
Megumi simplemente pensaba que nada tenía sentido.
