No era un gran fan de ver televisión, pero había algo llamativo en ver juegos de baseball durante las visitas de Utahime, siempre manteniéndose al tanto de los juegos para estar al tanto cuando conversara con ella o los visitara, un interés por ese deporte que surgido desde esa primera visita de Utahime hace un año y que se mantenía, por lo que ahí estaba viendo el partido con atención, sentado con sus piernas bajo la manta del Kotatsu, reaccionando cuando su hermana, sentada a su lado lo pateó.

—Tsumiki— le recriminó la acción, apartando su mirada de la televisión y mirándola con seriedad por casi provocar que derramara su jugo.

Sin embargo, ella solamente le señaló con su cabeza en la dirección en donde se encontraban Utahime y Gojō. La Joven mujer se mantenía atenta a la televisión, tan inmersa en el juego como él lo había estado antes que parecía no notar como Gojō acostado junto a ella, rodeaba con su brazo su cintura, su cabeza pegada junto al muslo de ella y sus ojos cerrados.

Había sido suficiente que tuviera que soportar que sus largas piernas cruzaran gran parte del área del kotatsu, ahora tenía que aguantar que él comenzara con su típica conducta de tocar demasiado a Utahime.

Megumi creía que no se merecía aquello, no cuando la hacía enojar y la molestaba, definitivamente aquello lo volvía insoportable y no entendía muchas de sus acciones, pero había algo distinto en él cuando era solamente él y Utahime.

Era mucho más tranquilo, permitiéndose momentos en que alguien más podía acercarse a él, incluso tocarlo cuando el resto del tiempo simplemente era intocable. Sin embargo, con Utahime no tenía aquella técnica activa y solamente la hacía funcionar cuando lograba molestarla lo suficiente para que ella le lanzara algo.

—¡Bien!— la exclamación de Utahime lo hizo reaccionar, regresando la mirada al televisor que mostraba la victoria del equipo. —Una más y llegarán a la semifinal.

Utahime le regaló una sonrisa cuando habló, ignorando por completo cómo Gojō la abrazó con más fuerza y él imitó la sonrisa, un poco más tímida.

—Bien, como lo prometimos, terminó el partido, es hora de ir a dormir— Utahime todavía sonriente, aplaudió dos veces de manera similar a cómo lo hacía su profesora para llamar la atención de la clase.

—Sí, Utahime-san. Vamos, Megumi— Tsumiki fue rápida para ponerse de pie, tirando de su polera para que la imitara.

Megumi no quería realmente ir a dormir, no confiaba en que Gojō se comportara una vez ellos se fueran a sus habitaciones, siempre molestando a Utahime o tratando de llamar su atención lo hacía temer que ella se aburriera de ellos y no volviera a visitarlos.

Sin embargo, Tsumiki no le dejó otra alternativa, levantándose y ambos haciendo una inclinación de cortesía a Utahime como ella misma les había enseñado, se despidieron y fueron a prepararse para dormir.

Gojō no se movió de su lugar, ni siquiera se movió o hizo el intento de despedirse de ellos.

Supuso que si demostraba estar despierto, cómo Megumi sospechaba, Utahime lo alejaría.

Una o tal vez dos horas después, Megumi intentó no hacer ruido cuando regresó a la sala, esperaba no estar en problemas si lo atrapaban, pero era mejor intentar recuperar el peluche de Tsumiki antes de que ella misma lo hiciera provocando alguna escena con lo poco silenciosa que era.

Gojō estaba sentado ahora, inclinado hacia Utahime y ella lo cubría, aunque pareciera imposible. La televisión todavía encendida en el fondo y las tenues luces iluminando ligeramente la sala de estar.

Megumi realmente esperaba que no fuera lo que estaba imaginando, que solamente estuviera mirando algo con atención en el rostro de la joven mujer solamente.

Es imposible que Utahime-san le acepte un solo beso, pensó.

No eran pocas las veces que Gojō la molestaba con estirar sus labios en señal de besos cuando ella besaba sus mejillas o frentes, siempre ignorando Gojō.

Sin embargo, ninguno de ellos habló y la mano de él sobre la espalda baja de ella lo hizo arrugar la nariz. Entonces, notó que Gojō se apartó un poco, sonriendo al mover su cabeza y mirarlo por sobre el hombro de Utahime.

—Megumi-chan— lo llamó, él arrugando su nariz nuevamente ante la forma infantil que lo llamó, pero observando como Utahime irguió su espalda, algo tensa. —¿Qué haces despierto todavía?

—Vine por el peluche de Tsumiki— Explicó con tranquilidad, su mirada atenta a él.

—Puedes tomarlo, pero no es hora de que andes por ahí, Megumi-chan, mañana tienes clases— Gojō se movió, sus largos brazos le permitieron alcanzar el peluche y lanzárselo sin permitirle acercarse aún más.

—Gojō— escuchó a Utahime murmurar casi como una reprimenda, pero él sólo sonrió más si era posible.

—A dormir, Megumi-chan— Gojō obviamente no le importaba nada, volviendo a su posición anterior, aunque Utahime esta vez apoyó su mano sobre el pecho de él como para detenerlo y notó la mueca en la boca del peliblanco.

—Buenas noches, Utahime-san.

—Buenas noches, Megumi.

—¿Y yo?

Ignoró la pregunta de Gojō, volteando para regresar a las habitaciones, un murmullo entre ellos que no logró distinguir y una risa por parte de su tutor, Megumi agitó su cabeza tratando de dejar aquello atrás.

Borrarlo de su mente.