Disclaimer: Todos los personajes que podáis reconocer así como hechizos o escenarios no me pertenecen, son obra de la increíble J.K.Rowling.

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Narcissa Malfoy tomaba su té en la sala que daba hacia el jardín. Necesitaba tener su mente concentrada en que todo saliese perfectamente y desde allí podía comprobar a través de los ventanales como Krissy iba y venía cargando cestas de flores para colocar alrededor del cementerio familiar.

Si pensaba en los detalles del evento lograba mantener la calma y concentración y así no pensar en lo que realmente estaba haciendo: preparando todo para enterrar a su hijo.

Cuando el reloj de cuco que había en la sala marcó las 13:00 horas dejó su taza de té sobre la mesita color caoba que una vez sirvió para sus reuniones con las damas sangre pura de la alta sociedad mágica londinense; ahora, esa mesita estaba tan vacía y solitaria como la propia Narcissa.

Se dirigió a la sala contigua al vestíbulo donde se encontraba la chimenea; el ministerio había abierto la red flu en Malfoy Manor para el funeral y como buena anfitriona que siempre había sido, Narcissa se paró ante la chimenea para empezar a recibir a los pocos amigos que le quedaban y querían acompañarla a despedir a su hijo.

Una sonrisa nostálgica y triste se reflejó en la mujer cuando Pansy Parkinson apareció por la chimenea.

-Pansy…querida- los ojos de la morena y Narcissa se anegaron en lágrimas mientras se abrazaban-.

-Oh Señora Malfoy no sabe cuánto lo siento.

Un carraspeo hizo que las dos se separasen y Harry se acercó a Narcissa Malfoy dándole la mano cortésmente mientras le decía que lo sentía.

Lo que Narcissa no se esperaba era encontrarse con Hermione Granger que salió por la chimenea justo detrás de Harry Potter. Sus ojos se posaron en ella estudiándola de arriba abajo haciendo que Hermione alzase su barbilla en actitud desafiante.

-Señora Malfoy- dijo Hermione estrechando su mano con la de la mujer-.

-Señorita Granger…no esperaba verla hoy aquí. – los ojos azules de Narcissa se posaron en la joven de cabello rubio que había al lado de Hermione- ¿y usted es?

-Lyra- la intensidad de la mirada de la joven hizo que Narcissa sintiese un escalofrío…esa forma de mirar le resultaba tan familiar- Lyra Malfoy.

Un silencio inundó la sala; Hermione rodeó con el brazo la cintura de su hija con un instinto protector que no pasó desapercibido por Narcissa.

Pansy se acercó a Narcissa y cogió las manos de ésta que habían empezado a temblar ligeramente.

Un sonido de llamas crepitar y la entrada de Theodore Nott y Blaise Zabini con sus respectivas esposas hizo que se rompiese la incómoda situación que se había creado.

Hermione aprovechó mientras los recién llegados abrazaban a Narcissa y apartó a su hija del foco de miradas.

-Lyra no te separes de mi en todo momento- susurró Hermione mientras su hija la miraba desafiante-. Recuerda lo que hablamos antes de venir.

-Si mamá- Lyra puso los ojos en blanco- pero no entiendo porque tenemos que dejar que nos haga sentir como si no tuviésemos derecho a estar aquí.

- ¿Estamos aquí no? - dijo Hermione sonriendo cálidamente- eso es lo que importa.

Lyra bufó harta de tener que contenerse; si por ella fuera se pegaría un cartel en la frente para que todo el mundo supiera que la hija de Draco Malfoy estaba aquí: ella no tenia miedo a la reacción de la gente, pero su madre se empeñaba en pasar desapercibidas…sobre todo después del artículo que habían escrito en El Profeta esa mañana.

-Está bien- dijo finalmente Lyra- pero no permitiré que nadie nos juzgue o haga algún comentario sobre nuestra vuelta.

Hermione apretó el brazo de su hija; la conocía perfectamente y sabia que por más que insistiera en dejar pasar las cosas y hacer lo que habían venido a hacer y después marcharse para siempre, Lyra no podría evitar responder ante cualquier comentario despectivo hacia ellas.

El flujo de la red Flu comenzó a traer más amigos de los Malfoy y Narcissa comenzó a desviarlos hacia el jardín por el abarrotamiento de la sala.

Pansy, Harry, Hermione y Lyra se encaminaron hacia el exterior antes de que los recién llegados a Malfoy Manor reparasen en ellos.

Una vez que todos los asistentes pasaron al jardín, la elfina Krissy los condujo alrededor del cementerio familiar. Lyra y Hermione se habían quedado mas atrás ya que las miradas sorprendidas y curiosas de los allí presentes recaían en ellas mientras cuchicheaban entre unos y otros ante la mirada desafiante de Narcissa que no paraba de observar a Lyra.

Hermione, empezando a ponerse nerviosa por el choque de miradas de Narcissa y Lyra intentó desconectar mirando fijamente el punto donde descansaba el ataúd de madera blanca donde estaba el cuerpo de Draco. En este momento solo existía para ella ese ataúd y su hija, todo lo demás había pasado a un segundo plano.

-Buenas tardes a todos- la voz de Narcissa sacó a Hermione de su letargo. - quería dar las gracias a todos los aquí presentes, no esperaba ver tantas caras amigas para despedir a mi único y amado hijo. - la voz de Narcissa se quebró por un momento, pero carraspeó y tomó una pose erguida para seguir hablando. - Es cierto que Draco hacia muchos años que estaba encerrado y no formaba parte de nuestras vidas, pero siempre estaba en nuestras mentes y corazones; Me gustaría que hoy le dedicásemos unas palabras de despedida, recordando los buenos momentos que nos brindó.

Narcissa cerró los ojos por un momento y cuando los abrió una lagrima bajaba por su mejilla; se acercó al ataúd y lo acarició como si de su hijo se tratase.

-Siempre te amaré hijo…perdóname por no haber tenido el valor de enfrentarme a tu padre y poder sacarte de la vida que Lucius te impuso. Perdóname por no haber sido una mejor madre…nos volveremos a encontrar en la eternidad. – Narcissa besó la tapa del ataúd y comenzó a llorar sin importarle por primera vez en su vida en perder la compostura ante las demás personas que estaban allí presentes. -

Theodore Nott se acercó a ella y la retiró lentamente del ataúd mientras el llanto desgarrador de Narcissa hacia que los allí presentes se encogiesen de angustia al ver el dolor de una madre destrozada por decirle el ultimo adiós a su único hijo.

Unos segundos después fueron pasando una a una todas las personas que querían decir unas palabras. Las hermanas Greengrass, Blaise Zabini, Marcus Flint, Millicent Bulstrode…

Hermione había dejado de escuchar hacia rato los discursos que iban diciendo cada uno de los que fueron amigos y compañeros de Draco. Solo tenía ojos para el sufrimiento de Narcissa; Theo se la había llevado aparte y le hablaba en el oído mientras ella asentía.

Al escuchar a Narcissa pedir perdón a su hijo por haber fallado no pudo evitar sentirse tan culpable del destino del rubio que comenzó a llorar silenciosamente mientras fugaces imágenes se venían a su mente del fatídico día que lo vio por última vez.

31 de diciembre de 2.001; un año después del final de la guerra.

Hermione había fracasado en su intento de evitar que le dieran el beso del dementor a Draco. Esta práctica se aboliría en unos meses pero la sentencia de Draco no se podía revocar por la sencilla razón que había un juramento inquebrantable de por medio en el cual el ministerio de magia, Kingsley Shackelbolt estaba involucrado.

Todo el esfuerzo que había hecho no servía para nada y ahora se sentía totalmente fracasada.

Miró a su bebé que dormía en su cuna tranquilamente y no pudo evitar llorar. Ya no había esperanzas para ellos, jamás podrían formar una familia y Hermione debía enfrentar a Draco y darle la noticia.

Un pase por parte del propio ministro de magia había permitido que Hermione pudiese acudir a despedirse del que fuera el mortifago más letal de Voldemort.

La última mañana en que Hermione vería a Draco Malfoy se había levantado húmeda y fría. Las calles de Londres se sentían vacías a pesar de la decoración navideña que inundaba Oxford Street y sus alrededores; Hermione cogió la boca del metro de Oxford Circus, hizo transbordo en Tottenham court Road y cogió la northem line hacia Charing Cross.

Una vez que se alejó del mundo muggle se adentró en el callejón Diagon para dirigirse al ministerio de magia; desde allí un auror y el propio ministro la escoltarían hasta Azkaban.

Era el último día del año, esa noche todo el mundo diría adiós al año que se cerraba dando la bienvenida a un 2002 lleno de nuevos propósitos, metas y esperanzas. Pero para Hermione, se sentía como si su vida acabase en unas horas: El nuevo año no traería alegrías o esperanzas, solo tristeza y dolor.

Recordó la discusión que había tenido con Theodore Nott la noche anterior; donde el Slytherin le recriminó por no haber aceptado su ayuda para que Draco escapase de la justicia unos meses atrás cuando lo reubicaron de celda.

Pero Hermione confiaba en la justicia, tenía la esperanza que revocarían la condena de Draco y éste podría salvar su alma y quizás con apelaciones y el paso de los años pudiese salir de Azkaban. Además, si escapaba de Azkaban siempre sería un prófugo y por Merlín, el solo hecho de ser cómplice de algo así la aterraba.

Tenía que seguir su razón, y ésta le decía que lo correcto era luchar por las vías legales.

Que equivocada había estado. Ahora se daba cuenta de que la justicia no era justa y mucho menos ciega como creía: Draco Malfoy era un mortifago y nada ni nadie iba a salvarle de su destino.

Y esa mañana, mientras se adentraba en los fríos y lúgubres pasillos que la llevaban a la celda de máxima seguridad donde lo tenían encerrado se arrepintió de haber sido tan estúpidamente racional: En ese momento deseó haber sido una auténtica Slytherin y haber seguido el plan de Theo sin cuestionar la moral del mismo, sin pensar en nada ni nadie más que ellos dos y su pequeña bebé.

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N/A: Gracias a las personas que están siguiendo y favoriteando está historia. ¿Qué os está pareciendo? Los comentarios siempre son bienvenidos ;)