Capítulo 11: Determinación.
El primero en despertar fue Caín, quien, apenas abrió los ojos, fijó su mirada en la mano de Jooin, que había soltado la suya en algún momento durante la noche. Con delicadeza, la tomó de nuevo y la llevó a sus labios, depositando en ella un beso suave, casi reverente. Con el pulgar, acarició el dorso de su mano y, finalmente, entrelazó sus dedos con los suyos, disfrutando de la calidez de ese contacto.
Jooin se movió levemente, y Caín, temiendo ser descubierto, cerró los ojos y fingió seguir dormido. Le dio espacio, permitiendo que Jooin acariciara su cabello y su rostro. Esa simple caricia hizo que su respiración se detuviera por un instante. Caín aguantó todo lo que pudo, pero finalmente decidió que era momento de levantarse. Tenía que preguntarle a Jooin cómo se sentía. Tras los eventos de la noche anterior, estaba profundamente preocupado por su estado.
Se sintió aliviado al ver que Jooin parecía estar bien. Decidió entonces levantarse, preparar el desayuno y desaparecer del apartamento lo antes posible. No estaba seguro de si Jooin recordaba lo que había ocurrido, y la posibilidad de que lo hiciera lo llenaba de ansiedad. Su corazón latía con fuerza, como si le advirtiera que quedarse más tiempo ahí era peligroso, no solo para él, sino también para Jooin.
Prefirió actuar como si nada hubiera pasado. Fingir que todo estaba en orden haría las cosas más fáciles, o al menos eso quería creer. Pero no podía ignorar el miedo que lo carcomía por dentro: ¿Qué haría Cain si Jooin se arrepentía de lo sucedido? Esa posibilidad lo aterraba, porque sabía que, si eso ocurría, lo destrozaría por completo.
A partir de ese día, todo debía volver a su estado original. Por eso, en las reuniones posteriores, Caín se mostró igual de cordial que siempre, pero distante. Su frialdad hizo que Jooin comenzara a sentirse incómodo y confundido. No entendía qué estaba ocurriendo, ni qué hacer con los sentimientos que comenzaban a abrumarlo. Necesitaba desesperadamente la verdad.
Jooin no podía sacarse de la cabeza el beso de aquella noche. Para él, significaba mucho más de lo que Caín parecía dispuesto a admitir. Ese beso le había dado vuelta a su mundo, haciéndole experimentar sensaciones nuevas y profundas. Pero, ¿sentía Caín lo mismo? ¿Era posible que sintiera atracción por él, o quizás existía la esperanza de que llegara a amarlo? Sin embargo, la sombra de duda siempre estaba presente. Las palabras con las que Caín había descrito a esa persona especial en el pasado le hacían pensar que no había lugar para él en su corazón. Y eso lo deprimía.
En una nueva reunión, Jooin acudió para presentar los avances de la siguiente fase del Proyecto A. Pero esta vez, no estaba solo. Lo acompañaba el hombre que él sospechaba era el amor de Caín: su nuevo compañero de trabajo. Durante la reunión, Caín no dejaba de sonreírle y bromear con él, lo que hacía que Jooin se sintiera un completo extraño en la habitación. Cuando la reunión terminó, inventó una excusa para quedarse a solas con Caín en la oficina. Estaba decidido a obtener respuestas.
"Caín, tenemos que hablar"
Caín levantó la mirada, sorprendido por el tono. Rió mientras le decía.
"¿Caín? Dejaste de llamarme "señor vicepresidente". Dime, ¿qué pasa?"
"¿Vas a seguir fingiendo que no pasó nada aquel día?".
Jooin fue directo, sin rodeos.
Caín sintió un nudo en el estómago. Temía que Jooin no sintiera lo mismo que él, y por eso optó por seguir fingiendo olvido. Trató de calmarse.
"No entiendo de qué me estás hablando".
"Lo sabes perfectamente"
Ya no podía seguir soportando la incertidumbre. Amaba a Caín y necesitaba saber si había alguna posibilidad de que ese amor fuera correspondido.
"Jooin, yo... lo lamento".
"¿Qué es lo que lamentas? ¿Que te haya besado? ¿Es eso?"
Caín titubeó.
"Jooin, estabas borracho. Fue el alcohol".
"No lo fue. Fui yo. Yo quería hacerlo".
"Estás confundido".
"Jamás hablé tan en serio en mi vida".
Caín trató de desviar la conversación.
"Jooin, esto es solo una confusión por el alcohol. No lo dices en serio".
Caín no podía permitir que las cosas avanzaran. Había amado a Jooin con todo su ser, y cuando lo perdió, su corazón se rompió en mil pedazos. Esperarlo para que al final eligiera a otra persona fue más de lo que podía soportar. No podía confiar en Jooin de nuevo. Tan fácilmente.
"No es así. ¿Reaccionas de esta manera porque amas a otra persona?".
Cain se quedó paralizado. Recordó que, durante uno de sus paseos, le había hablado a Jooin de alguien especial, la persona que había amado. No quería dar más explicaciones sobre ese tema tan delicado, así que cortó la conversación bruscamente.
"Sí, Jooin. Lo siento, esta conversación no nos llevará a nada".
Para Jooin, esa fue la confirmación que temía. No había futuro con Caín. Solo le quedaba resignarse y lidiar con sus sentimientos por su cuenta.
"Está bien. Lamento haberte incomodado".
Salió de la oficina apresuradamente, con lágrimas en los ojos y el pecho oprimido. Horas más tarde, mientras reflexionaba sobre la actitud de Caín, comprendió que, aunque le dolía profundamente, sabía que Caín también había sufrido en el pasado. No podía dejar las cosas así. Amaba a Caín, y debía demostrárselo, aunque lo rechazara. Necesitaba decirle la verdad.
Salió a caminar para despejarse y, sin darse cuenta, llegó al lugar donde se habían visto por última vez cinco años atrás. A lo lejos, distinguió una figura familiar: era Caín. Corrió hacia él, decidido a enfrentarlo.
"Caín, necesitamos hablar. Lo de hoy no fue una conversación, y tengo mucho que decirte".
Caín lo miró, sorprendido.
"Jooin, ¿qué haces aquí?"
"Eso no importa. Dime, ¿por qué fingiste que me olvidaste?"
"No entiendo".
"Claro que lo haces, ¡no me mientas!".
Caín se quedó en silencio. Ya no podía seguir fingiendo. Nervioso, lo miró a los ojos, y con el peso del pasado y el corazón en la garganta, finalmente dijo las palabras que Jooin tanto deseaba escuchar.
"Jamás podría olvidarte".
