[One-shot]
Bienvenida… al infierno
—Alone x Anna—
Debía haber cosas peores a ser una pintura en la sala principal del dios del inframundo, ¿no?
Advertencias: WHAT IF. / Un poco de OOC.
Disclaimer:
Saint Seiya © Masami Kurumada.
The Lost Canvas © Shiori Teshirogi.
Bienvenida… al inframundo © Adilay Vaniteux/Rashel Vandald.
Aclaración: Este fic participa en el FLUFFTOBER 2024 realizado por el grupo en Facebook "Es de fanfics".
Día 6: Mudanza.
Notas:
Okey… esto va a ser un poco agridulce… este es el primer (y espero, último) fanfic que tenga hurt-no confort de todo el mes; es todo lo que diré.
Nota extra:
—» Anna NO es uno de mis personajes originales, y tampoco hablo de la monja oscura. Hablo de una de las chicas huérfanas que vivía con Tenma, Alone y Sasha; los otros huérfanos.
NO PLAGIEN, NO RESUBAN Y TAMPOCO TRADUZCAN SI YO NO LO HE AUTORIZADO. —Gracias.
•
Cuando el dios del inframundo pinta… aquello que haya replicado en su lienzo, muere.
Así era como funcionaba, ¿no?
La pequeña Anna, a su corta edad, había pasado por mucho:
Ser huérfana junto a otros niños no siempre era malo; al menos no cuando se tenía compañía con quien pasar hambre y dificultades, hacer bromas al respecto también. Tener amigos era invaluable en tiempos oscuros. Pero, entonces, Sasha se fue; fue adoptada y seguro tendría una vida mejor. Luego, Tenma también se fue, dijo que sería un caballero de la diosa griega, Athena, y volvería.
Nadie más se fue. Alone se quedó con ellos, a cuidarlos como mejor podía. Con sus pinturas.
Anna siempre tuvo fe en que Alone llegaría lejos. Por eso mismo, ella también trabajaba arduamente para comprar, no solo algo qué comer, sino más pinturas que Alone pudiese usar. Todos tuvieron que trabajar para sobrevivir.
Entonces, Anna, en medio de aquella agotadora rutina había encontrado un enamoramiento efímero… que terminó siendo más bien triste. Porque ella en verdad veía alguien bondadoso en Alone; el tipo de hombre que ella ansiaba enamorar. Tal cual ella misma se sentía.
El día que Alone le pidió posar para él para ser retratada, ella sintió su corazón latir deprisa. Le costó no chillar de la emoción.
Ahí supo que lo amaba… más que a nadie…
Cuando Alone delineaba con cuidado cada parte en su lienzo mientras sus ojos la miraban con atención, Anna se sentía cada vez más dichosa de estar ahí, sentada y quieta, para él.
La mirada de Alone cambiaba mucho cuando se concentraba en sus dibujos.
Su mirada, usualmente azul y de semblante adorable, se transformaba en una más bien afilada y meticulosa. Que escaneaba hasta el alma.
Anna jamás se imaginó que…
Aquello iba a ser como un "cambio" de habitad… qué… dejarse retratar iba a matar su cuerpo y encerrar su alma en esa misma pintura.
No supo cómo, pero ella repentinamente murió con gran dolor.
Le costó entender. Le costó mucho adaptarse…
Su alma no iba a descansar en paz.
Quizás por accidente. Quizás por algo más. Su alma se quedó en la pintura que Alone, siendo ya el huésped del dios griego del inframundo, retrató y luego se llevó a su enorme castillo, en las profundidades de la tierra.
La sala principal, que poseía un comedor largo, tenía un ambiente oscuro, frío y elegante. Triste y sombrío. Aquí ella, estaba siempre, mirando de frente la silla que Alone siempre usaba a la hora de consumir sus alimentos.
A veces él la miraba, a veces él miraba a sus otros amigos, que también había retratado. Pero, ¿por qué ellos no estaban aquí? ¿Por qué ella era la única que no podía irse?
«Alone… por favor… déjame ir. Déjame ir a los Elíseos… allá donde están los demás, ¡te lo suplico! Ya… ya no puedo más» sabía que él la oía. Porque a veces él hacia gestos y muecas cuando ella trataba de hacer llegar sus plegarias a sus oídos. «Por favor, por favor déjame ir… duele mucho estar aquí».
Y aún así, ella sentía que no podía dejar de quererlo como lo hacía. El amor que ella sintió nacer en su corazón, no se desvanecía… aunque ya no tuviese un corazón.
Sabía que, en el fondo, su Alone amable, sensible y protector estaba ahí. Él tenía que dejarla ir.
—No —lo oyó susurrar, mientras la veía, sin una pizca de compasión.
Le sonrió, pero en ese gesto no había ningún tipo de calidez. No había nada. Su cabello, antes rubio, ahora estaba teñido de un negro azabache. Y en su mirada, no había un solo rastro de piedad hacia ella y su sufrimiento… había solo egoísmo puro.
¿Le causó algo ver el cuadro de Anna derramar ligeras lágrimas de sangre de sus ojos, siempre abiertos? Ella no lo sabía, porque lo miró, volviendo a su plato. Comiendo sin prisas. Sin preocuparse ni alterarse.
El cuadro, la imagen de Anna perdió su ligera sonrisa; sus ojos, fueron cerrándose…
¿Esta era su casa ahora? ¿Él siempre supo que esto le pasaría al ser retratada? ¿Por qué él no la dejaba ir? ¡Tenía el poder de hacer eso, ¿no?!
Ella no lo vio moverse de su lugar, ni siquiera hablar, pero sintió algo decirle… antes de que ella apagase su propia visión:
"No quiero estar solo".
El cuadro donde ya hacía el alma de la huérfana Anna, cerró por completo sus ojos. Había dejado de derramar lágrimas. Pero ahora ya no tenía los ojos abiertos, y la sangre se había secado en el lienzo. La bella sonrisa original se había convertido en una mueca caída, muy cansada, que retrataba una esperanza muerta. Un doloroso amor que, más bien, ahora era un calvario.
"Eres lo único que me hace sentir humano… Anna. Por favor, sólo resiste un poco más… un poco más… aquí conmigo".
Al no tener ningún tipo de respuesta, Alone miró el cuadro. Algo en su interior se quebró al verlo, pero no reaccionó físicamente.
El cuadro ya había cambiado y ahora era Anna quien se negaba a mirarlo. Y también se estaba negando a responderle.
Alone lo supo muy bien, Anna no iba a hablarle más.
Ella no quería quedarse aquí; ella quería irse, y estaba en su derecho de hacerlo. Pero Alone no deseaba eso.
Su egoísta deseo era tenerla junto a él.
¡Pero ella no quería! Alone la tenía aquí atrapada en contra de su voluntad y eso era algo terrible. Pero fue sincero cuando le dijo que la necesitaba a su lado. Qué su presencia era necesaria para no perder la humanidad por completo. Aún si su alma se sintiese miserable y apagada.
La culpa que Alone sentía no debía desaparecer.
"¿Anna?"
Él la llamó.
Alone sabía que Anna lo oía. Ella no respondió, porque no quería hacerlo. Él supo que ella ya había perdido toda esperanza; que su alma estaba en total agonía y era culpa suya. No abrió sus bellos ojos verdes que él se esforzó en pintar.
El alma de Anna estaba enojada, decepcionada y muy triste. Alone sabía que merecía todo lo malo que ella estuviese pensando de él ahora.
Y desde entonces, por todo lo que duró la guerra santa en el siglo XVIII, se volvió común ver el cuadro de una huérfana triste, derramando lágrimas de sangre.
Una vez que el alma del dios del inframundo fue sellada y el humano Alone, muerto; el cuadro en el castillo… sólo mostró una silla vacía y un humilde cuarto oscuro.
Anna al final, sí pudo reunirse con todos los seres que amó en vida… todos salvo uno.
—FIN—
¡Gracias por leer y comentar!
Una mudanza bastante tétrica, creo yo...
En serio, no he dormido muy bien xD a lo mejor por eso estoy subiendo cosas bien raras xD
Reviews?
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