CAPÍTULO LXXXIV
AFRENTA
(Hace casi tres años)
Como si de finas navajas se tratara, el frío viento golpeaba sus débiles cuerpos y la espesa nieve que cubría todo lo que les rodeaba dificultaba sus pesados pasos, llevándolos a caer.
Ellos, que alguna vez fueron verdugos, en medio de esa noche tan oscura se reducían a dos asustadas presas que a toda costa buscaban sobrevivir.
"¿A dónde vamos?", hambriento, confundido y envuelto en un sencillo abrigo, el alguna vez castaño Helmut preguntó. Luego volvió la vista hacia atrás para comprobar que no les siguieran.
"A casa, a casa", agotado por la carrera, Gunther levantó la vista al cielo, contemplando las altas copas de los abedules. "Hace mucho que se dejaron de escuchar los disparos, ¿Se habrán dado por vencidos?", pensó.
Y aunque lograron burlar a sus carceleros, había una amenaza más.
Ante el brillar de aquellos furiosos ojos y el lastimero aullido que de sus gargantas emergió, ambos hombres se detuvieron.
"Son lobos", horrorizado Helmut murmuró.
"Tenemos que seguir, vamos por ahí", reanudando la carrera, el pelinegro respondió. "Por eso dejaron de perseguirnos, sabían que la naturaleza nos detendría"
Helmut lo seguía de cerca hasta que algo lo hizo caer con violencia, desgarrando su pecho con un agónico grito de dolor. "¡Hijos de perra!", chillo.
"¿Qué pasa?", Gunther se volvió, descubriendo que su amigo cayó en una trampa, la cual le había deshecho el tobillo. "¡Demonios!", indeciso chillo observando hacia el otro lado del bosque.
"No, ni siquiera lo pienses. Si me dejas los lobos me devoraran", sujetándose a él suplico…
(Presente)
Ambos, fundidos en un abrazo, permanecían sin poder moverse.
"¿Cuando terminara?", fue Michiru quien rompió el silencio que entre los dos se formó.
"Debimos quedarnos en casa, al menos ahí estarías a salvo", Haruka se lamentó.
"No es su culpa, coronel", hundiendo el rostro en su pecho y empapandole la camisa con sus lágrimas, contestó.
"Yo creo que sí", acomodándole el cabello que resbaló por su frente, ahí la beso. "Espero y puedas perdonarme, no debí insistir, pero de verdad era muy importante que me acompañaras"
"Usted no sabía que esto ocurriría, nadie lo habría imaginado"
"Aún así es mi culpa. Si algo llega a sucederte jamás voy a…"
"Nada pasará, estoy a su lado", fijando la mirada en la suya, sonrió guardando los deseos de besarlo.
"Alto al fuego", a través de un altavoz colocado del otro lado de la acera, una misteriosa voz ordenó.
"Y ese idiota, ¿Quien es?", Volkov, que había logrado salir ileso y se encontraba en un búnker cercano junto a otros altos rangos, masculló.
Ante el mensaje los civiles rebeldes guardaron las armas, cosa contraria hicieron los militares.
"He dicho que alto al fuego", molesto, el hombre gritó.
"Alto al fuego", Volkov ordenó a sus hombres.
"Bien, comenzamos a entendernos. Les habla Rudolf Himmler para informarles que a partir de este momento y hasta dentro de quince minutos estamos en tregua. Esto con el fin de negociar y llegar a un acuerdo que beneficie a todos por igual. Del mismo modo se le pide al ejército invasor que entregue sus armas", ese sujeto, que no era otro más que el calvo amigo de aquellos dos, pidió.
"¿Ese idiota quien se cree como para ponernos condiciones?. Ivanovich, investigue quién es", exaltado Volkov golpeó el escritorio.
"¿Qué va a responderles?", cuestionó Pavlov.
"No podemos subordinarnos a las ordenes de un demente, de lo contrario usted tendrá que responder ante un tribunal militar", furioso señalo Feodorenko.
"El ejército jamás negociará con criminales", el general contestó. "Pero tampoco puedo permitir que esto se convierta en un maldito baño de sangre"
"Les informo que quedan trece minutos para que el plazo venza", a través de los altavoces señaló.
"Perfecto, trece minutos es tiempo suficiente. Traigan a ese idiota, lo quiero vivo", el mayor ordenó mientras preparaba su arma.
"¿Reanudamos el fuego?"
"Seis minutos son suficientes para que los civiles encuentren refugio, así que esperen mi orden", consultando su reloj, el hombre añadió.
Aprovechando el tiempo que les quedaba y esperando que no hubiera una violación de parte de alguno de los bandos, aquellos que se ocultaban en torno a los alrededores abandonaron el lugar en busca de un sitio seguro, incluidos el rubio y la aguamarina, quienes permaneciendo al ras del suelo pudieron llegar al otro lado de la acera, donde Fiódor debía estar esperando.
Y ahí estaba él, sentado con la espalda apoyada contra la portezuela del auto y herido a la altura del hombro.
"Estaba muy preocupado por ustedes, pensé que seguían dentro del teatro", en vano trataba de frenar el flujo de sangre.
"Estamos bien… por favor sube… ¿Puedes conducir?"
"Eso creo", atormentado por el dolor, el tuerto hombre contestó ocupando su lugar. "Espero no desmayarme", murmuró al notar que su vista comenzaba a nublarse.
"No sé cuánto tiempo va a durar esa tregua, pero de lo que estoy seguro es que ninguna de las partes está dispuesta a ceder, así que date prisa. Llévala a la clínica de Mizuno. Confío en que ahí estará a salvo", Haruka expresó mientras aseguraba la puerta. "Debes irte, Fiódor te llevará a un lugar seguro"
"No, coronel. Por favor no me deje sola", sujetándose a su mano con todas sus fuerzas para no dejarlo escapar, llorando suplico.
"Créeme, es lo que menos deseo", dijo acomodándole el cabello que cayó por su sudorosa frente.
"¿Entonces por qué tiene que hacerlo?, ¿Por qué me abandona cuando mi hijo y yo más lo necesitamos?", con un tono en el que se mezclaba la ira y la tristeza, Michiru cuestionó.
"Por culpa de la guerra los dos perdimos lo que más amábamos, ese es el motivo por el que vine a este sitio, para evitar que las siga habiendo. Así que tengo que ir porque no quiero que mis hijos nazcan en un mundo en el que por culpa del odio hay gente dispuesta a iniciarlas, mucho menos quiero verlos morir", recordando ese maldito día e imaginando como su hijo lo llamo en cuanto escuchó la alerta, dejo que el llanto brotara.
Conociendo sus motivos, experimentando su dolor y entendiendo que no podría hacer nada para detenerlo, el agarre que ella ejercía en él perdió fuerza; "Volverá, ¿Verdad?"
"Es una promesa, además hay asunto del que tenemos que hablar", dijo y luego la beso en los labios.
"Le creo"
"Entonces vete, ahí estarás a salvo", dijo separándose de ella.
Peleando contra el deseo de permanecer a su lado, asintió; "Lo estaré esperando"
"Lo sé"
Y mientras el auto iniciaba la marcha, hubo algo que a ella terminó por horrorizarla, y eso fue verse el vestido teñido de sangre. "Él… él está herido", gimió.
"Rindanse ahora, entreguen sus armas a fin de evitar represalias", a través de los altavoces Volkov pidió.
"Nunca", Rudolf contestó.
"Señor, ya tengo la información. Se llama Rudolf Himmler y durante la primera guerra fue expulsado del ejército a causa de su mal comportamiento. Eso lo llevó a convertirse en un criminal de poca monta, tres veces ha sido condenado por robo"
"Bien", consultando su reloj descubrió que quedaban siete minutos para que la tregua impuesta por el enemigo terminará. "Ellos violaron el pacto que nosotros establecimos en la víspera de nuestra victoria"
"¿A que se refiere?", Feodorenko preguntó.
"A que los tomaremos por sorpresa… ahora", él general ordenó a lo que sus hombres no tardaron en reanudar el combate.
Sin tiempo que perder, del suelo Haruka tomó un rifle y sin saber si al amanecer seguiría vivo, como muchas veces hizo se lanzó a la batalla.
(En la prisión)
Habiendo recibido instrucciones las puertas se abrieron, permitiéndoles el libre paso, pero al igual que en el teatro, apenas pisaron la calle los militares fueron recibidos por una lluvia de disparos que de la oscuridad provenía.
"¿Qué está pasando?", observando como muchos de sus compañeros caían sin vida, a prudente distancia de la salida un teniente se detuvo.
"Es más que obvio, nos estaban esperando para cazarnos como si fuéramos ratas", enfurecido otro respondió.
"No les daremos el gusto de vernos vencidos, al ataque", uno más gritó, abandonando su escondite para pelear.
"¿A nosotros no nos dejarán libres?", un prisionero civil preguntó.
"¿Y permitir que se unan a los idiotas que iniciaron esto?", ignorándolo, el encargado de la prisión replicó.
(En la clínica de la cirujano Mizuno)
"Ya no queda nadie en los pisos superiores", habiendo hecho una última ronda, Fritz señaló.
"Bien, permanezcan atentos. A partir de ahora cualquier cosa puede pasar… Gertrud, ¿Te encuentras bien?", Mizuno ordenó y luego se dirigió a la joven herida.
"Si, aunque con mucho dolor", con el vendaje empapado en sangre, respondió.
"Ve al sótano, ahí podrás ayudar a quien lo necesite. Nosotros nos quedaremos para atender a los heridos que no tardan en cruzar esa puerta"
"Si, capitana"
"Asegura la puerta desde dentro. Tres golpes seguidos de un silencio y un cuarto golpe es señal de que alguno de nosotros desea entrar, pero si escuchas cuatro golpes seguidos, por ningún motivo abras ¿De acuerdo?"
"Si, capitana"
"Aquí tienes medicamentos y vendajes, por favor ten mucho cuidado", recordando a aquella valiente enfermera que muchas veces fungió como enlace entre ella y su Richard, pidió.
"Como ordene", la mujer respondió y dirigiéndose hacía el frío y húmedo sótano aseguró la puerta. "Es como haber vuelto a esos días. Espero que pronto termine. Por lo pronto hay que mantener calientes a todos los bebés", murmuró pensando que hacer para lograrlo. "Encenderé las calderas"
Titubeante una de sus pacientes camino hacia ella. "Disculpe, ¿Cuál es mi bebé?", cuestionó.
"¿Cual es su nombre?", la futura médico cuestionó a lo que la mujer respondió. "Está por aquí", replicó y comprobando dos veces que se encontraba entre los que serían entregados al cuidado del estado, dudo. "Este, pero supongo que hay un error. Fritz debió confundirse y colocarlo aquí, ¡Maldición!"
"No hay ningún error", la joven contestó mientras lo tomaba en sus brazos para acunarlo en un intento por darle calor.
"Pero…"
"Prometí que si sobrevivimos a esta noche, voy a quedarme con él", contenta respondió.
"Y lo lograremos, todos sobreviviremos", esperando que más pacientes se unieran a ella, respondió.
Y tal como pronosticaron sucedió, las puertas no tardaron en abrirse, dando paso a civiles y oficiales heridos, lo que pronto dio inicio a una batalla muy diferente a la que afuera había.
"Son ellos quienes nos están atacando", a gritos un joven teniente se quejó.
"Mentira, volvía del trabajo cuando una bala me alcanzó. No tengo nada que ver", el civil respondió.
"No te creo. Tú y tus amigos están detrás de esto. Confiesa", furioso grito. "Estoy seguro de que eres un maldito espía"
"Pues no me creas. Estoy muy tranquilo con mi conciencia"
"¡Oye tú!, no puedes ponernos en la misma habitación. No confío en ningún civil", molesto un capitán se dirigió a Mina.
"Silencio, la atención se les dará a todos por igual", la siempre hermosa mujer ordenó.
La puerta volvió a abrirse, dando paso al tuerto hombre y a la aguamarina.
"¡Demonios!, es el infierno", él se quejó. "Me duele más que cuando perdí el ojo"
"¿Está herida?", cuestionó Fritz al verla con el vestido cubierto de sangre.
"Estoy bien, pero el capitán está muy mal", Michiru contestó a lo que el joven no tardó en atenderle.
"¿Estaban en el teatro?", fue la pregunta que siguió .
"Si"
"¿Sabe qué sucedió?"
"No, todo fue tan rápido… ¿Y la cirujano Mizuno?"
"Operando"
Reconociendo a la mujer entre el gentío, Mina dejó lo que hacía y se dirigió a ella; "¿Estás bien?"
"Si", aún confundida respondió.
"¿Y el coronel?"
Ante esa pregunta el llanto volvió a hacerla presa; "Está herido y aún así decidió quedarse a pelear"
"Así es él, poco piensa en él mismo… no puedes estar aquí, te llevaré al refugio", dijo.
"Es usted muy amable, gracias", replicó.
Tres golpes seguidos de un silencio y un cuarto fue la señal para que la puerta se abriera, permitiéndole el paso. Y apenas Michiru ingresó observó que la mayoría de los que ahí se ocultaban eran mujeres y bebés, muy probablemente sus hijos.
"Ellas es Gertrud, también es médico. Estarás bien"
"Gracias", Michiru respondió.
"Aseguren la puerta, en cuanto pueda les traeré comida", Mina expresó antes de volver a su puesto.
"Dios mío, ¿Quién será el maldito monstruo que dio inicio a esta pesadilla?", sin imaginar que fue el hombre que ella creía y era su hermano, la aguamarina pensó.
Escuchando el griterío y las inentendibles palabras que de afuera provenían, temerosa se sentó en un rincón. Desde ahí observaba lo que sucedía a su alrededor, hasta que hubo algo que poderosamente llamó su atención, llevándola abandonar su sitio y dirigirse a la futura médico; "Disculpe, ¿Por qué estos bebés están apartados del resto?, ¿Por qué no están con sus madres?"
"Porque muchos fueron sus motivos para rechazarlos. Ellos son los que quedarán bajo la tutela del estado", afligida la joven contestó.
Semejante respuesta terminó por herir a la futura madre; "¿Rechazados?", contemplando a tan indefensos seres, pensó en su propio bebé. "Voy a ayudarte"
(A varias calles de ahí)
Colocándose frente a la puerta y deseando encontrarla detrás esperando por su regreso, Gunther sonrió mientras que con un leve toque llamaba.
"Soy yo, tu hermano. Por fin regresé", murmurando expresó. "Por favor abre, he venido para llevarte conmigo"
Sin embargo y como era de esperarse, no obtuvo respuesta.
"He vuelto, ¿Por qué no me escuchas?", frunciendo el entrecejo golpeó con fuerza.
Pero de nuevo nadie respondió, cosa que terminó por despertar su ira.
Tomando el arma disparó contra la cerradura, luego de una patada la puerta cedió, permitiéndole el paso.
"Michiru, ¿Dónde estás?. He venido por ti", gritó mientras recorría el lugar en penumbras.
Pensando que quizás estaría oculta en su habitación, dirigió sus pasos pesados hacia ese sitio, donde tampoco la encontró.
"¿Será que ya no vive aquí?, ¿No sobrevivió al asedio?. No, ella tiene que estar viva, pero ¿Dónde podré encontrarla", se cuestionó mientras revolvía los cajones. "En los subterráneos de la ciudad, si, debió haberse ido a refugiar", masculló.
El fresco viento de la madrugada golpeó la ventana y moviendo la cortina, hizo que los rayos de la luna se reflejarán en el espejo del tocador, lo que permitió que Gunther se contemplara a detalle.
Observando su cabello entrecano y las cicatrices de su rostro, con tristeza y enojo recordó los buenos días de su juventud.
"No soy más que un despojo. Ellos me convirtieron en esto, en un maldito viejo", no reconociendo su propio reflejo enloquecido masculló y con el puño rompió el cristal. "Debo encontrarte, Michiru", agregó dirigiéndose hacia la salida.
(Cerca del teatro)
"¡Maldición!, es casi imposible ubicar a esos malnacidos", Haruka murmuró, y es que ante la oscuridad que todo lo devoraba difícil era diferenciar al enemigo. "Por mi hijo juré jamás volver a disparar un arma, pero no puedo permitir que nazca en un mundo en el que aún hay guerras iniciadas por el más puro odio", pensó. "Comienzo a entenderlo todo. Nada de lo que ha venido pasando es casualidad", recordando el mapa de su oficina, murmuró. "Debo volver a ese sitio, quizás ahí obtenga más respuestas"
Decidido a todo comenzó a dirigirse en dirección al escondite del cazador…
Notas de autor:
Michelle; Por supuesto que los militares no van a abandonar la ciudad, mucho menos en esas condiciones. Se cumplieron las palabras de Henrik cuando le dijo a Gunther que ojalá y cuando regresará, encontrará a su hermana con una vida ya hecha.
Kaiohmaru; Lo bueno es que Haruka puso a Michi a salvo, lo triste es que él está arriesgando su vida por su pollito.
Isabelle; Helmut tuvo mucho tiempo, pero prefirió desperdiciarlo. Quizás hasta hubiera podido matarlo del coraje.
Isavellcota; Gunther está muy alejado de la realidad, no cabe duda que al igual que a los demás la guerra lo efecto. Es un ser demasiado inseguro, pero debo decir que él no era así, saber que Henrik no era su padre fue la gota que derramó el vaso. Es un antipático capaz de cualquier cosa.
Kyoky; A pesar de ser un cobarde que deja que los demás hagan el trabajo sucio, hay que reconocer que hasta el momento el plan le funcionó. Que ande enloquecido buscando a Michi es bueno, ojalá y en medio de la confusión alguien le disparé y libere a todos de ese infierno xd. Tienes razón, hacía falta ver a Lita en acción, siento que ella es la única que extraña la emoción del combate.
Szer; Gunther terminó por demostrar que para nada es de fiar. Es verdad, todo se ha vuelto una ironía, Michi está más segura en donde está, siendo que primero huía a los militares, ahora huye de los civiles. Aunque es cierto que no puede confiar en cualquiera.
Alice; Me alegra mucho que hayas encontrado mi historia, pero sobre todo que el idioma no sea un impedimento para poder leernos. Gracias por seguirme.
Si, hay que reconocer que hasta cierto punto Michiru sufre de ese síndrome y he de confesar que esta relación (poco convencional a lo que se ha visto en mis otras historias) me causa cierto conflicto, pero aún así siempre estuvieron destinadas a encontrarse y amarse. Los problemas a los que se enfrentan ponen a prueba si sus sentimientos son genuinos o no.
