Capítulo 1

—Entonces mañana pasó por ti, Akane, ¿de acuerdo? — Preguntó un chico de ojos y cabellos negros.

—Seguro, Shin. — Respondió Akane con un leve sonrojo en sus mejillas. La chica apenas había abierto la puerta cuando escuchó un fuerte golpe. —¡Sei! — Gritó ella, temiendo que algo le hubiese pasado a su hermano, tanto Akane como su novio entraron a la casa, la rubia subió las escaleras encontrándose así con una imagen que le asustó. En el piso, cerca de las escaleras estaba tirado su hermano. —¡Seishu! — Se hincó a lado de su hermano, mirando que este estaba respirando con dificultad.

—He-herma… na… ¡khg! — El rubio apretó los dientes con fuerza mientras colocaba una de sus manos en su abultado vientre. —Akane… mi bebé… — Dijo entre jadeos, el dolor de las contracciones estaba siendo brutal, y ni que decir del hecho de que había roto fuente ya.

Shinichiro también había subido, sólo para asegurarse de que todo estaba bien, él también sabía del embarazo de Seishu, pero no esperaba verlo en esa situación. —¡Llamaré a una ambulancia! — Sacó su celular y marcó al servicio. —Seishu, todo va a estar bien, ¿si? — Le dijo al rubio, sonriéndole con toda la seguridad del mundo.—Trata de respirar por la nariz para no agotarte, ¿de acuerdo? — Puso una de sus manos sobre la que el rubio tenía sujetando su vientre. —Todo va a estar bien. — Repitió, comenzando a respirar como quería que Seishu lo hiciera, haciendo que este le imitara.

Akane por su parte acariciaba el rostro de su hermano con ternura. La ambulancia y los paramédicos llegaron rápido.

—¡Traigan la camilla, hay que ver su presión! — Uno de los paramédicos comenzó a revisar al rubio. —¡Rápido, si ya rompió fuente, entonces debe estar dilatando! — Otro par de paramédicos entraron con la camilla, subieron las escaleras y colocaron al rubio sobre la misma. —Con cuidado, las contracciones son muy seguidas, debe estar pasando por un dolor terrible. — Los otros paramédicos asintieron, levantaron con cuidado la camilla y bajaron rumbo a la ambulancia.

Una vez arriba de esta, comenzaron hacerle algunas preguntas.

—¿Cuál es tu nombre?

—Sei… ngh… shu Inui… — Respondió siendo víctima de otra contracción.

—Akane, ve en la ambulancia con él, yo les alcanzó en la moto. — Dijo Shinichiro tomando a su novia de los hombros. Akane no dijo nada más, asintió y subió a la ambulancia con su hermano, por supuesto, cerró la casa antes de ello.

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Iba a comenzar su primer año de preparatoria, este año entraría junto con varios de sus amigos a la misma preparatoria, y eso le tenía de buen humor, a sus 15 años resultó embarazado, a sus 16 dió a luz, y decidió perder su tercer año de secundaria para poder cuidar de su bebé, cuando retomó su tercer grado de secundaria le resultó agobiante que todos sus compañeros hablaran de que se fueron a tener relaciones sexuales o que querían que se los follaran, no iba a fingir que era una blanca paloma, pues desde los 12 había empezado a tener relaciones, y también fue un mente caliente, al punto que, como ya se mencionó, terminó embarazado, tampoco iba a negarlo, había momentos en los que tenía deseos de ello, pero su prioridad era otra, y no se arrepentía en lo más mínimo de ella.

—¡Mami! — Llamó una nena de casi dos años apenas le vió entrar al cuarto.

—¡Ya despertaste mi vida! — Dijo Seishu cargando en brazos a su pequeña. La nena rió al sentir como su madre le besaba con ternura una de sus mejillas. —¿Tienes hambre, Mery? — Le preguntó a su pequeña, está asintió, pero antes de que Seishu pudiera salir de la habitación, la pequeña ya estaba tratando de desabotonar su pijama. —¿Um?

—Eshe. (Leche) — Dijo la pequeña mirando a su madre.

Seishu sonrió, su pequeña ya comía distintas cosas aparte de la leche que él producía, pero aún así, parecía que la pequeña tenía predilección por la leche materna, y algo que le generaba asombro a Seishu, era que seguía produciendo leche para su niña, además de que su pecho no estaba abultado como cuando estuvo embarazado, pero aun así, no tenía problemas para alimentarla, se sentó en la cama, acomodó a su pequeña y descubrió uno de sus pechos, dejando que la pequeña comiera hasta quedar satisfecha.

¡Toc! ¡Toc!

—¿Sei? — La voz de su hermana sonó fuera de la habitación.

—Adelante. — Dijo invitando a la mayor a entrar.

Akane, la hermana mayor de Seishu y tía de Mery entró a la habitación. —¿Ya se despertó? — Preguntó sintiéndose torpe al ver que la pequeña en esos momentos estaba siendo alimentada.

Seishu miró a su hermana. —Sí, ya se despertó. — La sonrisa en el rostro de Seishu era casi angelical.

La rubia acarició el cabello de su hermano, a la par que le dedicaba una tierna sonrisa, desde el nacimiento de su sobrinita, su hermano lucía más feliz, claro, hubieron momentos en los que Seishu no tenía ni idea de qué hacer con su pequeña, pero en esos casi dos años, no le había vuelto a ver con la mirada muerta o apagada.

—Cuando Mery terminé de comer me avisas para que la bañe y tú puedas desayunar, ¿si? — Akane, junto con Seishu, aprendió a cuidar de Mery, aunque el primer año de la nena Seishu fue totalmente presencial, lo cierto era que por momentos el chico se frustraba por no poder cuidar correctamente de su hija. Por lo que Akane se ofreció en varias ocasiones ayudarle, aprendiendo ella también a bañar, cambiar el pañal, preparar los biberones, fue un aprendizaje para ambos y ello había generado que Mery tuviera dos figuras maternas, por supuesto que la nena sabía que Seishu era su mamá y Akane su tía.

—Puedo bañarla yo, no te preocupes. — Respondió Seishu, la verdad, el chico quería aprovechar lo más que pudiera el tiempo con su niña, ya que una vez iniciado el curso, sólo podía ver a su hija un rato en la tarde y por supuesto dormir con ella.

—¿No te has bañado aún? — Preguntó, por lo general, cuando Seishu bañaba a Mery, él también se bañaba.

—Me levanté hace poco, sólo salí para lavarme la cara. — Explicó a la par que sentía que su pequeña se despegaba de su pecho, pues parecía que había quedado satisfecha. La cargó de tal forma que pudo darle algunas palmaditas en la espalda para que la pequeña expulsará el aire y no sufriera de cólicos después.

Akane rió quedito al oír el pequeño eructo de su sobrina. —Bien, entonces ve a desayunar en lo que yo les preparo el baño, ¿si?

—No tienes por qué hacerlo.

—Lo hago porque quiero hacerlo, ¿qué tiene de malo que consienta a mi hermanito ya mi sobrinita? — Dijo abrazando a su hermano, dejando a la pequeña Mery entre ellos, ocasionando que la nena riera, le gustaban los abrazos y más si eran de su madre y de su tía.

El rubio asintió una vez que Akane deshizo el abrazo, ambos hermanos salieron de la habitación del rubio, Akane se dirigió al baño mientras que Seishu bajaba al comedor con su hija, claro, con su pijama cerrado.

—Buenos días. — Saludó a sus padres.

—Eñosh iash. (Buenos días.) — Saludó su hijita.

Los padres de Seishu, Hiroto y Linda voltearon. —Buenos días mis amores. — Respondió Linda sonriéndole a su hijo y nieta.

—¿Y ese milagro? — Preguntó burlón Hiroto.

Seishu rió por el comentario de su papá. —A veces Dios oye sus súplicas. — Dijo acercándose a la sillita alta del comedor para dejar a su pequeña en ella.

—¡No, ¿qué haces?! — Preguntó alterado Hiroto, asustando así a su hijo.

—Poner a Mery en la silla. — Respondió.

—¡No, sácate, dame a mi nieta! — Dijo dejando el periódico sobre la mesa y extendiendo sus brazos hacia su nieta, misma que empezó agitar sus manitas en dirección a su abuelo.

—Tito… Tito…(Abuelito… Abuelito) — Repetía la pequeña.

Seishu la llevó hasta su padre, entregándosela. —Bien, puedes sentarte en el regazo de tu abuelo. — Su pequeña dió pequeños aplausos al sentirse en los brazos de su abuelo.

—Mi niña hermosa. — Dijo Hiroto abrazando a su nieta. —Sigo sin creer que está niña tan preciosa es mi nieta. — Le sonrió con cariño.

—Anda, siéntate tú también. — Le dijo Linda a Seishu.

—No te molestes mamá. — Le dió un beso en la frente a la misma, para después servirse.

—¿Desde cuándo es una molestia para mí cuidar de mi hijo? — Linda puso sus manos en su cintura, fingiendo estar ofendida por las palabras de su hijo.

Seishu rió. —Resulta que soy madre, no puedo estar dependiendo de ustedes todo el tiempo.

Hiroto miró a su hijo. —No estarás pensando en irte de casa todavía, ¿verdad? — Seishu evadió la mirada de su padre. —¡Ah, no! ¡Eso sí que no! — Negó con la cabeza. —¡De esta casa salen ustedes sólo casados!

Seishu miró a su padre. —Y ya les dije que no me voy a casar. — No era que se echara tierra, si no que había decidido que no expondría a su hija a ser atacada por algún α o β. Menos después de saber de varios casos en los que los α se encargan de deshacerse de los hijos de los Ω con los que se encaprichaban, ni de loco iba a exponer a su hija a semejante situación.

—¡Perfecto! — Soltó Hiroto. —¡Eso significa que veré crecer a mi nieta!

Seishu soltó un largo suspiro, todavía no sabía cómo ganarle argumentalmente a su padre, con su madre se había rendido, ni su padre podía con ella, menos él.

El desayuno con sus padres fue, como otros días, bastante ameno, claro que habían momentos en los que Seishu sentía vergüenza con sus padres, pues durante todo su embarazo este lo ocultó de ellos, y sentía que les debía muchas explicaciones, aunque sus padres no se las exigían, el mayor miedo de ellos era saber que Seishu había sido tomado a la fuerza, pero él les había jurado siempre que no había sido así, que todas las veces que tuvo relaciones sexuales había sido por su voluntad, y mentira, hasta cierto punto, no era.

Ese día Seishu iba a salir con algunos de sus amigos, por su puesto, llevaría a su pequeña con él, irían a un parque de diversiones junto a Takemichi Hanagaki, un Ω igual que él, mismo que estaba en una relación con una Hinata Tachibana una α bastante linda y amable, pero si se le llegaba a sacar de quicio podía ser jodidamente aterradora, otro de sus amigos era Chifuyu Matsuno un ζ que era fanático de los mangas shōjo y que tenía una relación con Keisuke Baji un α que a simple vista parecía un salvaje geniudo, pero en realidad era un chico bastante amable, o sea, sí era un salvaje, pero una vez conociendolo, era bastante agradable, ese día sólo iban a salir esos tres, Seishu, Takemichi y Chifuyu.

Justo como su hermana le había dicho, el baño estaba listo para él y su nena. En su cuarto tenía preparada la ropa que le pondría, así como la que él llevaría, al ser un parque de atracciones familiar, podría subir a Mery a algunos juegos, agradecía demasiado que sus amigos cada que hacían un plan pensaran en su pequeña, no debían hacerlo, podrían hacer planes como irse de fiesta o cosas así, pero ese par siempre le incluían a él y a su niña.

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—Takemitchy~. — Le llamó a la distancia un chico de ojos turquesas.

El mencionado volteó. —¡Chifuyu! — Alzó la mano a forma de saludo.

—¿Inupi aún no llega? — Preguntó al ver la ausencia del rubio. Unos pasos se hicieron presentes, ganándose la atención de los otros dos. —Ay no… — Soltó Chifuyu al ver de quién se trataba.

—¿Es reunión de tontos? — Preguntó un chico de cabellos rubios claramente teñidos de negro, cabellos que iban atados en dos trenzas bajas.

—Pues si estás aquí, entonces sí. — Respondió Chifuyu.

—Ran, déjalos en paz. — Comentó el hermano menor del de trenzas.

El mencionado chasqueó la lengua. —Como sea, ¿saben en dónde está Izana?

—¿En su casa? — Sugirió Takemichi.

Izana Kurokawa era el hermano adoptivo de Shinichiro y Manjiro Sano, así como el hermano de crianza a Emma, la media hermana de los Sano, sin embargo, después de algunos asuntos legales, los Sano pudieron tomar custodia de Izana y este finalmente creció con ellos, claro, teniendo rencillas con Manjiro por tener la atención y el cariño de Emma y Shinichiro.

—No está, vinimos de allá. — Respondió Rindō.

Takemichi se llevó una mano a su barbilla. —Si no está en casa…

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En un hotel de mala muerte, justo en una de las habitaciones, se encontraba un chico de ojos violeta, piel bronceada y de estatura no muy alta, mismo que se encontraba arremetiendo con fuerza detrás de un rubio con el tatuaje de un león en el lado izquierdo de su cabeza.

—Ah~. — Shion gimió sin reparo alguno al sentir como su próstata era golpeada una y otra vez por el contrario.

Izana sonrió al sentir como su miembro era apretado por el contrario. —Es increíble que aprietes así de bien. — Apretó el trasero ajeno con fuerza, dejando marcas rojizas, si es que podía ser posible que dejase más marcas en aquel par de nalgas. —¿Crees soportar más? — Ni siquiera le dió tiempo a Shion para responder cuando le sujetó con fuerza de la cadera y comenzó a embestir con tanta fuerza, que el choque de carnes podía oírse fuera de la habitación.

Shion abrió los ojos al sentir el miembro tan caliente de Izana estar y salir con fuerza y sin piedad. —¡I-Izana…ah! — Terminó repegando su pecho en el colchón al ser incapaz de mantenerse sobre sus brazos. —¡Izana… sí… así… más duro! — Pidió mordiendo la almohada, sintiendo como Izana salía de su interior de golpe. —¿Izana? — Cuándo volteó a ver al moreno, este le propinó una fuerte bofetada.

—¡¿Quién te crees para darme órdenes?! — Aquél sadismo sexual que tanto caracterizaba a Izana salió a flote. —No estás ubicando tu lugar, ¿verdad? — Shion, lejos de asustarse y ofenderse, comenzó a ponerse más duro. —Voy a enseñarte a obedecer a tu rey. —Se puso de pie sobre la cama, sujeto con fuerza la cabellera del contrario y sin previo aviso introdujo su miembro en la boca de Shion, comenzando a follarsela, obligando al otro hacerle garganta profunda. —¡Más te vale tragatela toda! — Una sonrisa sádica adorno su rostro, sonrisa que pasó a ser de satisfacción al sentir como Shion empezaba a mover su cabeza por iniciativa propia, brindándole así un oral que se notaba también estaba disfrutando el rubio. Izana cerró los ojos, dejándose llevar por las oleadas de placer, Shion era un β, por lo que para Izana no era más que un desfogue. —¡Me voy a correr! — Retiró de golpe su miembro y comenzó a masturbarse, derramándose sobre el rostro de Shion. —Te gusta esto, ¿verdad? — Pregunto al ver a Shion recibir felizmente su semen en la cara y parte de su boca. —Eres una perra. — Le sujetó el rostro con fuerza. —Pero una que sabe moverse. — Le susurró sobre los labios, más no le beso.

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Salió de aquél hotel encontrándose con un chico cuyo rostro tenía una cicatriz. —Kakucho. — El mencionado le miró de forma indescifrable.

—Izana, los chicos están esperando. — Kakucho no lo decía, pero no soportaba la idea de que Izana se encamara con medio mundo.

Izana rodó los ojos. —Puta madre, que pesados se ponen. — Comentó con molestia. —Ni coger agusto dejan a uno. — Comenzó a caminar, Kakucho le siguió por detrás.

Frente al chico de cicatriz, caminaba como si nada Izana, su ropa estaba limpia, no había rastro de semen, sudor o lubricante sobre él, incluso olía al jabón, resultado de una reciente ducha, pero para Kakucho había un aroma más, el característico aroma del sexo, ese que no todo el mundo podía detectar, pero que evidenciaba que algunos había follado recientemente.

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En la casa de los Inui estaba el menor de los hermanos preparándose, así como a su pequeña

—Mery. — La pequeña que estaba sentada sobre la cama miró a su madre. —¿Quieres llevar tu trajecito de conejo o los gatitos — Preguntó mostrando ambos conjuntos, el de gatitos era un overol con pequeños gatos bordado en la parte de las piernitas, mientras que el de conejo era un trajecito que consiste en un vestido blanco con un abriguito afelpado cuya gorra tenía dos enormes orejas, además de que el abriguito en si era largo, lo cuál daba la impresión de ser una especie de mameluco, era una prenda que podía dar tanto calorcito como mantener fresco a su usuario.

—¡Ete! (¡Este!) — Dijo señalando la nena el trajecito de conejo.

—Muy bien. — Seishu alzó el de gatitos y procedió a vestir a su pequeña, no sin antes searle el cabello y desenredarselo, el cabello de la pequeña era negro, y mientras estuviera mojado lucía liso, pero una vez que se le secaba se ondulaba un poco. —Te voy atar el cabello, ¿si? — Paso el cepillo de cerdas suaves por la melenita de su hija.

—Ño… shueto…(No… suelto). — Pidió bajando su cabecita, haciendo que su cabellito se escapara el suave agarre de Seishu

Él no discutió con ella, después de todo, la pequeña rara vez se oponía a atarse el cabello, siempre dejaba que su mamá le peinara, por su puesto que podía ceder a la "rebeldía" de su pequeña de vez en cuando. —Bien, pero si te voy a poner una pinza. — Dijo mostrándole un brochecito con un conejito, brochecito al que la niña le dijo "sí" sin problemas.

Una vez que le colocó el brochecito, le puso el vestidito y el abrigo, así como unas calcetitas blanca y unos zapatitos blancos con detalles rosas, la pequeña estaba feliz con su trajecito y en lo que su madre se terminaba de arreglar, ella jugaba con sus piecitos sobre la cama, moviéndose de un lado a otro e incluso tomaba su abriguito acariciando la felpa del mismo, Seishu no demoró en cambiarse de ropa, y peinarse, después de todo, para él el "decidir" qué ponerse no era tema de gran debate, a diferencia de su hermana, o de su hija, o quizás eso de "que pornese" era debate de todas las mujeres… o por lo menos de la gran mayoría de ellas.

Para él fue más sencillo, unos pantalones de mezclilla rasgados, y una playera blanca, y sólo por si el clima se ponía impertinente, una sudadera clara, de ser por él, se llevaría una roja o hasta negra, pero a su pequeña le gustaba la impresión de que mami vistiera similar a ella, y nuevamente, no le iba a llevar la contra a la pequeña.

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La cama rechinaba y con gusto sobre ella estaban un par de "amantes", con las respiraciones agitadas, uno de ellos tenía el cabello completamente mojado a causa del sudor, por su puesto que ambos estaban sudorosos, pero parecía que aún tenían energía.

—Más duro. — Suplicó una vez que cambiaron de posición, ahora estaba encuentro, con el trasero completamente alzado.

—No te quejes si después no puedes caminar. — El comentario era más una burla, después de todo, no era la primera vez que se encamaba, y tampoco era la primera vez que le aba duro y sin piedad al otro, y este como si nada, bien si le dolía la cadera al día siguiente, pero ni se quejaba debido a lo bien que se sentía en el proceso.

Fueron pocos los minutos en esa posición pero el golpeteó er lo demasiado fuerte como para que quien recibía gritara de mero placer cada que su prostata era golpeada con fuerza, hasta que finalmente se corrió de nueva cuenta, su acompañante iba a salir de él cuando sintió que el otro había terminado.

—¡No te atrevas! — Le miró por encima del hombro, tanto como la postura y su propio cabello le permitían.

—Terminaste… así que terminaré afuera… — Era consciente de que el otro ya estaba en extremo sensible, y que de seguir posiblemente se terminaría lastimando al contrario.

—Sigue, termina adentro. — Dijo entre jadeos, tenía la cara roja y no necesitaba verle de frente para saber que el pecho y el cuello también. —Anda… — Dijo balanceándose de atrás hacia adelante, auto penetrándose, soltando gemidos ahogados, después de todo, estaban en un punto en el que cualquier roce en su piel o en su entrada le provocaba gemidos que de ninguna forma podía callar o aparentar no sentirlo. —Me gusta cuando terminas dentro… quiero sentir tu semen en mi… Aahh. — El gemido salió más alto que los que había emitido mientras suplicaba porque su "pareja" terminase dentro, este le tomó la palabra y comenzó a darle estocadas lentas pero certeras. —Mierda… que bien se siente… ¡CARAJO! — Hundió su cara en la almohada mientras el contrario empezó a jugar con el ritmo, tres estocadas superficiales y una profunda, dos profundas y una superficie, total que no había manera de saber cuales iban a ser las estocadas buenas y cuáles las de burla, porque así lo sentía en esos momentos, las estocadas profundas eran las buenas, las que disfrutaba a más no poder y las otras era una forma en la que según él, su acompañante se burlaba, pero no podía reclamar porque eso hacía que cuando tocaban las profundas ests se volvieran más deliciosas.

Precisamente por no ser la primera vez que se encamaban, era que resultaba difícil saber qué eran, porque no eran novios, pero tampoco eran simples amigos, amigos con derecho tampoco, porque uno de ellos se encamaba con otros, entonces, ¿qué eran?

Esa pregunta siempre aparecía en ambos, aunque uno de ellos simpre la desplazaba a un lado, porque no lidiar buscando una respuesta era muchísimo más agradable que buscarle la quinta pata al gato, por otro lado, el otro si se mortificaba con la respuesta, porque estaba enamorado del contrario, pero le asustaba que si este se enteraba se alejara de él, y ese panorama no le agradaba en lo más mínimo, también era consciente de que seguir así iba hacer que alguien terminara jodidamente mal y ahí era donde también tomaba la decisión de dejar la duda de lado y no lidiar con miles de escenarios catastróficos.

Un gruñido y un jadeo enmarcaron el orgasmo del activo, haciendo que este saliera de una vez del otro y a la vez, una buena cantidad de semen escapara del trasero del otro. —¿Estás bien? — Preguntó con auténtica preocupación al ver que el otro se dejó caer por completo en la cama. —Oye… — Le dio la vuelta, encontrándose con una escena que le parecía erótica y a la vez le preocupaba un poco. El hecho de ver al otro con los ojos nublados por el placer, el rostro, cuello y pecho rojo por la acumulación sanguínea, así como pequeños hilos de saliva escapar de las comisuras de sus labios, le provocaba un escalofrío que le hacían endurecerse de nuevo, pero lo que le asustaba en parte de elo, era que había un pequeño hilo de sangre saliendo de su nariz. —¿Tanto así se le subió la temperatura? — Lo sentó en la cama mientras tomaba su camisa del suelo para ayudar al otro a detener un poco el sangrado, bastó con que le hiciera una leve presión en el puente de la nariz para que el sangrado se detuviera. —¿Estás bien? — Limpio los restos de sangre. El contrario asintió con la cabeza, estaba exhausto y mareado. —Voy por agua. — Se levantó de la cama y fue a la cocina para regresar con un vaso de agua, mismo que le entregó al otro.

—Se me subió el calor, es todo. — Dio un trago y dejó el vaso en la cómoda de la izquierda.

—De todas formas, no debes sobre exigirle a tu cuerpo, por mucho placer que estés sintiendo. —Se acomodó a su lado, abrazándolo, dejando que el cansancio hiciera que se quedara dormido.