FRAGMENTOS

¡Hola! Capítulo 2 de la maratón :)

Después de leer el capítulo recuerden pasar por la página de Facebook y participar en la encuesta dirigida al desarrollo de la pareja de Sesshomaru.

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¿Con cuál de las dos prefieren que se desarrolle la historia, vida y amor de Sesshomaru?

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P. D. Hago esto, no con el fin de incomodar a algunos lectores; simplemente me encuentro en un dilema y escribir los sentimientos de Kagura me ha tocado el corazón.

Atte. XideVill


Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.


CAPÍTULO 18.

INUYASHA

Miré a Kikyo y era notoria su ansiedad y angustia.

–¿Dónde estabas? –cuestioné jugando con las manos de Moroha.

–Co… con mi padre. Salí muy temprano esta mañana…

–¿Todo el día?

Ella asintió con la cabeza esquivando mi mirada.

–Sí, ya te dije.

–Qué extraño, recuerdo haber escuchado a la señora Higurashi decir que se había encontrado contigo en el centro comercial.

Kikyo sonrió nerviosa.

–¿Conmigo? –Caminó por la habitación y se sentó en el sillón– Se habrá equivocado.

–Yo la escuché muy segura.

–Por favor, estamos hablando de una señora mayor. Es evidente que se confundió de persona.

–¿Tú crees?

–Cariño –Me miró– Si me hubiera encontrado con esa señora lo sabría, ¿no lo crees? Además, ¿qué gano al mentirte?

Sonreí ante su increíble cinismo y luego miré a Moroha. Mi hija levantó la cabeza para mirarme, y yo le devolví la sonrisa antes de besar su mejilla.

–Papi… –susurró y yo me acerque para escucharla– Tengo hambre…

–¿Quieres que le pida a la enfermera que te traiga algo?

Ella asintió.

–Sí, quiero pizza.

Reí con ella antes de besar su frente.

–Inuyasha –Miré a la puerta, era Larry.

–¿Qué pasa?

Larry miró a Kikyo, y en ese momento supe que algo malo había sucedido.

–Bien –Se levantó Kikyo– Me voy, creo que sobro en esta habitación.

No dije nada cuando se fue molesta. Larry por su lado se adentró y cerró la puerta.

–¿Qué ocurre? –volví a insistir– ¿Por qué traes esa cara?

–Tenemos un problema –La tensión creció–. La paciente, no está.

–¿Qué paciente?

Larry tomó aire antes de soltarlo en un suspiro lleno de frustración.

–Sango, ella no está en su habitación.

–¿Qué…?

–No sé si se fue por su cuenta o no, pero al parecer todo indica que alguien se la llevó.

Cerré los ojos, intentando mantener la calma. No podía alterarme en este momento, no con Moroha presente.

–Te dije que llamáramos a la policía, te lo advertí –resaltó– Esa mujer era una completa extraña, y no sabemos en lo que pueda estar metida.

–¿De qué hablas?

Larry me miró con el ceño fruncido.

–Ahora mismo hay un montón de tipos malos hurgando en su habitación.

–¿Qué dices?

–Tienes que verlo si no me crees.


KAGOME

–Quédate aquí –advirtió Naraku– No quiero que salgas de esta habitación si yo no te lo ordeno.

Asentí con la cabeza, todavía invadida por el miedo. Naraku se fue, y cuando me quedé sola, busqué mi celular con desesperación. ¡Maldición! Estaba apagado. Necesitaba encontrar el cargador, necesitaba advertirle a Kagura, necesitaba hacer algo, porque tenía un mal presentimiento.

–Enciende… enciende… –murmuré al conectarlo– Maldición, enciende.

Los segundos se hicieron eternos; mis manos temblaban, y eso no ayudaba en nada. Mis ojos se llenaron de lágrimas, lo que nubló mi vista.

Busqué el contacto y llamé, esperé mucho hasta que por fin respondió.

–Hola…

–Kagura –solté de inmediato– No vengas, por favor no vengas.

–¿Qué? –se oía confundida– Cálmate, porque no te entiendo nada…

–Kagura…

–Te llamó luego ¿sí? Estoy por entrar a la mansión de mi tío.

–¡No, Kagura, vete…!

El timbre sonó y miré con pánico la puerta.

–¿Kagura…? –musité al teléfono y de inmediato la llamada finalizó.

Un perfecto silencio se instaló, tan perfecto que resultaba tenebroso. Nada rompía el silencio, ni los ladridos de los perros, las sirenas de los autos ni el tictac del reloj en la pared. Nada, simplemente nada.

Me acerqué a la puerta, tratando de escuchar algo, cualquier cosa. Y lo que esperaba llegó en forma de un cuerpo cayendo al suelo.

–¡Nooo!

Escuché el grito desgarrador de Kagura y de inmediato abrí la puerta. Lo que vi me dejó helada: ella estaba en el suelo, con los ojos rojos y llena de llanto, tratando de proteger lo que aún no era visible en su abdomen.

–Kagome, entra a la habitación –advirtió Naraku.

–Pero…

–¡Renji!

–Sí, señor.

El hombre me empujó dentro y luego cerró la puerta con llave.

–No… –musité.

Tenía que hacer algo, tenía que ayudar a Kagura. Pero ¿Qué podía hacer?

–¡Idiota, mira lo que hiciste! –Los gritos de Naraku se podían escuchar en toda la casa– ¡¿Por qué demonios actuaste a mis espaldas?!

–¡Tenía miedo de tu reacción! Si te decía que estaba con el hijo mayor de los Taisho, sabía que te enfadarías conmigo.

–¡Una cosa es cogerte a ese imbécil y otra muy distinta es salir embarazada de él como una sucia ramera!

–¡Noo…! –Kagura sollozo– ¡Por favor, ya no me pegues…!

–¡Mi error fue dejarte hacer lo que quisieras, pero eso se acabó! ¡Vivirás aquí bajo mis órdenes! ¡Me obedecerás sin reclamar nada!

Escuché un golpe brusco contra la pared.

–¡¿Te quedó claro?!

No escuché la voz de Kagura, pero supuse que fue una afirmación. Después de eso, hubo silencio, que se rompió cuando la puerta se abrió. Renji me hizo un gesto con la cabeza para que saliera, y así lo hice.

–Siéntate –Naraku me miró fijamente– Hay algo que ambas deben tener muy claro.

Tomé asiento a una distancia prudente de Kagura; no quería que Naraku notara nuestra reciente cercanía.

–Ustedes son solo simples marionetas –Se mantuvo impasible– Conozcan su lugar. Están aquí para cumplir mis órdenes; de lo contrario, saben muy bien lo que pasará. Kagome –Me llamó–, mírame. Hoy has hecho muchas cosas a mis espaldas, y sabes muy bien que no puedes arriesgarte así.

–Lo… lo siento, no volverá a suceder. Lo prometo.

–Sé que será así, querida. Por eso pienso aceptar tu propuesta.

–¿Qué…?

–Ya que parece que mi inútil hija solo me trae problemas, dejo en tus manos las acciones de los Taisho –Mantuvo el gesto serio– Sedúcelo. Inuyasha ve en ti a la mujer que perdió hace años, así que usa eso a tu favor.

No podía creer lo que acababa de decir. Eso me permitía estar con Inuyasha sin temor a que Naraku lo descubriera.

–Sin embargo, tengo condiciones –Esperé paciente a que continuara–. Kikyo no debe enterarse de ninguna manera. ¿Está claro?

–Ss… sí.

–Bien, en cuanto a ti –Miró a Kagura– Espero haber sido claro. A partir de hoy, no harás nada sin que yo lo sepa de antemano.

–Sí, tío…

–¿Qué dijo él?

Kagura cerró los puños con fuerza.

–Quiso una prueba de ADN.

–Vaya, vaya –Naraku rio– El idiota no es tan estúpido como parece. Supongo que sus dudas tienen fundamento.

–Te equivocas –exclamó Kagura– Mi hijo sí es suyo, es solo que…

–Qué –insistió Naraku.

–Nos tomó por sorpresa, eso es todo.

–Bien, espero haber dejado todo claro. Pueden retirarse.

Nos pusimos de pie, pero antes de cruzar la sala volvió a hablar.

–Si no acepta a tu bastardo entonces se lo entregarás a Kikyo.

El terror se hizo con ella.

–¿Qué…?

–Kikyo intentará convencer a su esposo de que espera un hijo suyo. Parece que sus intentos por seducirlo no han funcionado hasta ahora, pero sé que lo logrará eventualmente, y cuando eso pase, tú la ayudarás.

–Pero…

–Claro, solo si Sesshomaru Taisho decide no hacerse cargo de eso –Apuntó su estómago–. Después de todo, tendrá todas las características de un Taisho. Le servirá a Kikyo.

–¿Y yo…?

–Desaparecerás, claro, al menos por un tiempo.

–No…

La sujeté del brazo para que no siguiera hablando.

–Ya basta. Naraku ha dado su última palabra; más te vale obedecer.

–Kagome… –La confusión cubrió su rostro.

–Escúchala –dijo Naraku– Ella sabe muy bien lo que les conviene.

Guie a Kagura hasta mi habitación y cerré la puerta con seguro.

–Suéltame –dijo ella– No creí que eras así.

–¿Te has vuelto loca? Confrontar a Naraku es firmar tu sentencia.

–Pero ¿no escuchaste lo que dijo? Quiere entregar a mi hijo como si se tratara de cualquier cosa.

–Lo sé.

–¿Y crees que me quedaré sin hacer nada?

–Aún no es un hecho –advertí– Recuerda que dijo que entregaría a tu hijo, solo si Sesshomaru no lo acepta.

Kagura miró al techo tratando de no derramar más lágrimas.

–¿Qué? –cuestioné– ¿Qué pasa?

–Él no lo aceptará.

–¿Qué?

–Sé que no lo hará…

–Kagura…

–Él aún está enamorado de esa mujer.

–¿Qué mujer?

–Tu hermana Rin. Sesshomaru cree que soy estúpida y no me doy cuenta, pero lo hago. Me di cuenta cuando él se fue tras ella dejándome sola en la clínica. Fue cuando lo confirmé; él solo me usó, no significo y no significaré nada para él.

–Kagura…

–Y está bien, ¿sabes? No es que quisiera vivir una vida de cuento con él. Sabía que no sería así, pero ahora es diferente, Kagome. Ahora sí quiero una vida de cuento con él, y no por mí, sino por este bebé. Él no merece una vida miserable… –sollozó–, él no…

Me acerqué para abrazarla.

–Tranquila, te ayudaré.

–¿Cómo…?

–Ya sabré cómo.

–No quiero que hables con Sesshomaru. Él ya tomó su decisión, y si mi hijo y yo no somos parte de eso, entonces no insistas.

–Pero…

–De todas formas, Rin es tu hermana. No me digas que me apoyarás a mí en lugar de a ella.

–No se trata de quién apoye o no –aclaré– Se trata de mantenerte a ti y a tu bebé a salvo, solo eso.

–¿Por qué lo haces?

–Porque yo ya pasé por esto, ¿lo recuerdas? Estuve encerrada y sé lo horrible que es, especialmente estando embarazada y siendo separada de tu hijo.

–Tengo miedo… –Tembló entre mis brazos– Prefiero morir a vivir eso.

–Tranquila…


INUYASHA

Era cierto, todo lo que Larry dijo era completamente cierto. La habitación de Sango estaba llena de hombres vestidos de negro.

–¿Qué ocurre? –cuestioné a uno de ellos– Esta es una clínica y hay familias asustadas en este momento por su presencia.

–Es un asunto privado.

–Y esta es una clínica privada –recordé– ¿Qué buscan aquí?

El hombre tomó aire antes de volver para responder.

–Buscamos a una mujer, supimos que estaba aquí.

–¿Para qué la buscan?

–Asuntos privados.

Traté de mantener la calma.

–Bueno, ya ve que no hay nadie aquí, así que váyanse.

–No sin saber a dónde se fue.

–¿Me ve con cara de saberlo todo? –cuestioné– Quizás vinieron por ella antes de que ustedes llegaran.

El sujeto miró a uno de sus compañeros y le hizo una señal de retirada.

–Llámenos si la vuelve a ver o parece otra vez –dijo entregándome una tarjeta de presentación.

–Lo haré de inmediato.

Cuando se fueron recién pude relajarme. Mi celular sonó y respondí de inmediato.

–Doctor Taisho, encontramos algo en las cámaras. Tienes que verlo de inmediato.

–Bien, voy enseguida –solté mientras leía la tarjeta.

"Servicios de recuperación de deudas y localización"

Eso no me llamó mucho la atención, pero sí lo hizo el pequeño sello del CEO de la empresa que estaba en la tarjeta. Le tomé una foto y se lo envié a Myoga para que lo analizara.

–¿Qué encontraron? –pregunté al entrar al departamento de seguridad.

–Véalo usted mismo, doctor. Estas imágenes son de la parte de atrás de la clínica.

–Veamos…

Las imágenes mostraban una tranquila calle poco transitada, pero de pronto aparecieron dos figuras tomadas de las manos.

–Enfóquenlos –pedí.

Me relajé al darme cuenta de quién se trataba.

–¿Quiere que llame a la policía doctor?

–No hace falta –dije con una sonrisa– Yo me encargo.

Salí de la sala y llamé a Miroku de inmediato.

–Hola…

–¿Sabías que secuestrar a pacientes es un delito? –solté de inmediato.

–¡Ey! Tranquilo, amigo. ¿Secuestrar? No sé de qué hablas.

–Te llevaste a la mujer.

–Sango –me corrigió.

–Sí, a ella. Te la llevaste sin decir nada.

–¿Kagome no te lo dijo? Creí que estabas al tanto.

–¿Kagome…? –susurré–¿Kagome lo sabía…?

–Claro, si fue ella misma quien me pidió el enorme favor de llevarme a su amiga.

–¿Qué…?

Miroku soltó una carcajada.

–Parece que ella confía más en mí que en ti.

–Cállate, idiota.

Corté antes de que siguiera burlándose de mí. Kagome, Kagome, ¿en qué estás pensando?

Iba a llamarla, pero me llegó un mensaje de Myoga.

"¿De dónde sacaste esa foto? El sello le pertenece a Naraku Hirano"

Lo sabía, algo en mi interior me decía que él estaba metido en esto, y que su visita a la clínica no era solo por Moroha, sino que venía por Sango.

¡No puede ser! Moroha.

Corrí a la habitación y al abrir la puerta ella me sonrió de inmediato.

–Papi, el tío Larry dice que tengo tenones fuentes.

Larry y yo sonreímos.

–¿No me digas? –Me acerqué a ella– Y dime, princesa ¿sabes qué son los tendones?

Moroha me miró y sonrió avergonzada.

–No sé qué son tenones.

Tomé su nariz antes de abrazarla. Creo que la palabra "tendones" era demasiado complicada para alguien de su edad.

–Es una niña muy linda –comentó Larry– ¿Es tuya?

–Así es.

–Cuídala, pronto la darán de alta. Pero será mejor que pase esta noche aquí, solo por precaución.

–También soy doctor Larry. ¿Se te olvida?

Él sonrió.

–Creo que eres tú quien lo olvida cuando estás con ella. De repente te transformas en un padre preocupado e histérico.

Sonreí. Sabía que tenía razón, pero ¿qué podía hacer? Moroha era mi niña pequeña, y era inevitable que olvidara todo lo demás cuando se trataba de ella.

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La tomé en brazos al bajar del auto. Habíamos llegado a la mansión y al fin pude disfrutar de la tranquilidad que me provocaba el tenerla con nosotros.

Claro que mi madre fue la primera en recibirnos. Tomó a Moroha y la llenó de besos. Mi hija no paraba de reír y aquello me dio mil años de vida.

–Me pareció escuchar una dulce risa.

–¡Abuelito! –Moroha corrió a los brazos de mi padre.

–¿Cómo estás? –Me preguntó mi madre al adentrarnos en la mansión.

–Un poco preocupado. Kagome no ha respondido mis mensajes y llamadas.

Izayoi puso una mano sobre mi hombro antes de suspirar.

–Tranquilo, hijo. Si hubiera pasado algo, seríamos los primeros en saberlo.

–Bien… –asentí– ¿Y Kikyo?

–En su habitación, no ha salido para nada.

–Hablaré con ella luego.

–Está bien.

–¿... una lombriz? –escuché la voz sorprendida de Moroha– ¡Papi! El abuelo dice que Kuma se comió una lombriz del jardín.

Mi madre arrugó la cara.

–Toga –Lo reprendió– No es muy temprano para hablar de eso, acabamos de desayunar.

Mi padre rio apacible.

–Pero ¿qué dije?

Sonreí al verlos discutir, pero mi sonrisa se desvaneció cuando vi a Kikyo bajar las escaleras.

–Quiero ver a Kuma –dijo Moroha– ¿En dónde está?

–Ven, cariño –Mi madre la tomó de la mano– Tu abuelo y yo te llevaremos con él.

–¡Sí!

Fue gracias a su intervención que quedamos a solas. Kikyo me observó por unos segundos antes de tomar las llaves de su auto.

–¿Va a algún lado?

–Iré a ver a mi padre.

–Sales mucho últimamente –comenté.

–¿Y qué? ¿No puedo?

–Puedes, claro que puedes –aclaré– Sólo que al regresar quiero hablar contigo.

–¿De qué?

–Lo sabrás cuando vuelvas.

No dijo nada más y salió tan rápido como bajó. Solté un suspiro, anticipando lo que tendría que enfrentar cuando regresara.

La puerta se volvió a abrir, y pensé que Kikyo había regresado porque se había olvidado algo. Pero me llevé una gran sorpresa al ver a mi hermano aparecer con la misma ropa de ayer.

–Inuyasha –dijo algo confundido– ¿Qué haces aquí? Creí que aún estarías en la clínica ¿Viniste solo? ¿Dónde está Moroha? ¿Está adentro? Iré a verla…

–Quieto –demandé– ¿De dónde vienes?

–¿Qué…?

–Tu ropa –señalé– Traes la misma ropa de ayer ¿Dónde estabas?

–Verás…

En ese momento me llegó un mensaje. Era de Kagome y decía que teníamos que vernos. Respondí rápido y luego volví a lo mío.

–Te hice una pregunta.

–Sonaría mal si dijera que no es asunto tuyo.

Sonreí con gracia.

–¡Mamá…!

–Bien, bien –dijo él– No llegué a dormir.

–Eso es evidente, la pregunta fue ¿dónde estabas?

–¿Conoces Los Everest?

–¿El hotel de lujo?

–Sí, bueno, digamos que preferí quedarme ahí y con su impresionante jacuzzi.

–Solo.

–Ya mencioné la comida…

–Sesshomaru –advertí– Dime que estuviste solo.

Se llevó una mano a la nuca, un claro signo de nerviosismo.

–Oye, no me juzgues. Estaba confundido y algo estresado, y entonces pasó, ¿ok?

–Podrías ser más claro –pedí.

–Nos dejamos llevar, eso es todo. Nos gritamos, bebimos, discutimos mucho, una cosa llevó a la otra y esta mañana amanecimos juntos…

Solté un suspiro de frustración, no podía con esto, simplemente no podía.

–Estás completamente loco –solté– Sabes todos los problemas que tenemos y lo primero que haces es irte a pasar la noche en un hotel y cogerte a Kagura. Simplemente no te entiendo.

–Rin…

Lo miré con confusión.

–¿Qué…?

–No fue Kagura. Pasé la noche con Rin.

Esto no… ¿Cómo era posible que…?

Tomé aire, tomé mucho aire y traté de calmarme. Al menos, parecía una solución favorable. ¡Sí! De esa forma mi hermano se libraría de Kagura y su forzada paternidad, y el asunto con Naraku, de su parte, estaría solucionado. No podría reclamar nada si Sesshomaru tuviera una nueva pareja, y se revelaría que el hijo de Kagura no era suyo. ¡Brillante!

–¿Qué pasa? ¿Por qué sonríes? –cuestionó mi hermano.

–Al fin hiciste algo bueno.

–¿Qué…?

–Te lo diré luego, ahora tengo que ir con Kagome.

–Inuyasha, espera…

Dejé de escucharlo cuando crucé la puerta al patio trasero. Moroha jugaba con mis padres, mientras veía a Kuma nadar en el estanque.

–Princesa –La llamé y ella volteó para mirarme– ¿Quieres ir a ver a mamá?

Sus ojos brillaron al tiempo que corría a mis brazos.

–¡Sí! ¡Vamos a ver a mami!

Mis padres nos miraron, y vi a mi madre despidiéndose de nosotros con las manos en el aire.


KAGOME

No me cuestioné por qué Inuyasha me había citado en un lugar así; simplemente acepté. Era un pequeño parque apartado de la ciudad, con una gran laguna en el centro donde algunos patos nadaban tranquilamente.

–¿Dónde estás? –pregunté con el celular pegado a la oreja.

–Amor, qué linda te ves hoy.

Volteé y mi corazón se emocionó al ver a Moroha correr hacia mí. La tomé en brazos mientras la llenaba de besos.

–Mami, mami…

–Mi bebé ¿cómo estás?

–Ya no me duele la barriga –comentó ella levantándose el vestido.

–Moroha –Inuyasha apareció para corregirla– Hola, hermosa.

Besó mis labios fugazmente.

–Hola…

–¿Qué pasa? –cuestionó con una sonrisa– ¿Quieres otro?

Sin poder evitarlo, volvió a besarme, pero esta vez sujetando mi cintura con posesión.

–Inuyasha…

Moroha rio y aquello me avergonzó aún más.

–¿Ya no puedo besarte?

–No delante de… –miré de reojo a nuestra hija.

–Si ese es el problema.

Inuyasha tapó los ojos de nuestra hija mientras ella se reía a carcajadas, y luego volvió a reclamar mis labios. ¿A quién engañaba? Amaba esto. Con mi mano recorrí los cabellos de su nuca, mientras que él se encargaba de dejarme sin aliento.

Después de ese increíble saludo, dejamos que Moroha jugara en la arena del parque infantil mientras nosotros nos sentábamos cerca para vigilarla. No tardó en hacer nuevos amigos.

–¿Por qué no respondiste mis llamadas?

–Bueno, surgieron algunas cosas.

–¿Pasó algo malo? –cuestionó preocupado.

–Sí y no. La buena noticia es que ahora te podré ver más seguido.

–¿Y eso?

–Digamos que convencí a Naraku de que podía seducirte para que le entregaras tus acciones.

–Y con ese escote los estás consiguiendo… –murmuró y yo sonreí.

–El asunto es que accedió. Pero con la única condición de que Kikyo no se enterara.

–¿Solo eso?

–Tenemos que tener cuidado con ella, si no lo hacemos, dile adiós al plan.

–Bien. ¿Y la mala noticia?

–La mala noticia es que tenemos que ayudar a Kagura.

–¿Qué? –soltó contrariado– Kag, ¿de qué hablas? ¿Ayudarla a qué? Esa mujer es igual a Kikyo, solo mentiras y drama. Y el asunto de su embarazo no es más que una vil mentira orquestada por Naraku.

–¿Sabías del embarazo?

–Sesshomaru y ella nos lo contaron hace días. Pero como me dijiste que Naraku estaba intentando unir a nuestras familias con un hijo, está claro que el bebé que espera Kagura es un bastard...

–No lo digas –pedí viéndolo con tristeza.

–Pero Kag…

–Por favor no vuelvas a insinuar algo como eso. Kagura no es como Kikyo, puedes creerme. Ella también es una víctima de Naraku y claro que su bebé es de tu hermano.

–¿Qué dices?

–Es un Taisho, Inuyasha. El hijo de Kagura lleva tu sangre.

Inuyasha se levantó frotándose la cara con frustración.

–No puede ser… –murmuró– ¡Maldición, no!

–¿Qué pasa?

–Pasa, que el idiota de mi hermano se acostó con Rin y amaneció con ella esta mañana. Eso es lo que pasa.

La sorpresa me golpeó. ¿Rin? No podía creer lo que estaba escuchando, simplemente no podía. Ahora ¿Cuál sería el destino de Kagura y el de su bebé? Temía por ellos.

Continuará...