El clima era cálido pero la brisa era fresca, el contraste de eso era acogedor, pero no del tipo que adormecía, sino del que tranquilizaba y consolaba.

No había tristeza, no había dudas. Todo era esperanza y dicha pura.

La felicidad era tanta que Fubuki estaba segura que un día como ese quedaría grabado en lo más profundo de su ser por el resto de su vida.

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Cuando ella despierta, de su sueño no queda nada más que la calidez en su pecho y la sonrisa en su rostro. Es bello. Casi puede sentir la luz del sol sobre su rostro y el olor del mar en su nariz. Fubuki juraría que Saitama tiene algo que ver con eso.

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Han pasado dos semanas y en ningún momento Fubuki ha visto a Saitama salir a trabajar.

Cada vez que la Asociación de Héroes lanza un comunicado sobre una amenaza de suma importancia, siempre hay algún clase S para encargarse del trabajo de inmediato. Eso por sí mismo es extraño, pero no es excusa para permitirle a Saitama holgazanear.

Por más que busca en toda la casa, simplemente no puede encontrar su celular. Aunque no importa. Ella consigue encontrar el número fijo de una de las bases del Grupo Fubuki en la guía de héroes.

Después de dos timbres, alguien finalmente contesta y Fubuki no pierde tiempo en dar sus órdenes. —Habla Ventisca del Infierno para convocar una reunión lo antes posible en el punto principal, necesito ponerme al día con el trabajo acumulado.

—¡¿Señorita Fubuki?! —La voz de Pestañas está llena de sorpresa.

Fubuki reconoce su voz y suspira con alivio, él es uno de sus mejores hombres de confianza. —Por favor, encárgate de dar el mensaje en mi nombre.

—¡No, espere! ¡Señorita Fub-!

Ella cuelga, no quiere más distracciones. Se apresura a tomar su abrigo y salir por la puerta camino al principal punto de reunión de su grupo. Tomará el tren, no quiere molestar a Pestañas o Mono de Montaña pidiéndoles que hagan de choferes cuando en esos momentos su tarea principal es convocar la reunión al resto de los integrantes. Las cosas deben hacerse rápido para evitar más retrasos.

Saitama no pudo conciliar el sueño por la noche así que ha estado durmiendo toda la mañana, no hay señal de que vaya a despertar pronto y Fubuki no ve la necesidad de despertarlo por algo tan banal como preguntarle dónde están las llaves. Es por eso que ella decide forzar la cerradura de la puerta y salir del departamento lo más silenciosa posible.

El camino al tren es de cierta forma asombroso. Quizás sea verdad que el control de las amenazas ha mejorado mucho en las últimas semanas porque eso explicaría cómo es que la ciudad ha podido avanzar con tantos proyectos de construcción en tan poco tiempo. La seguridad garantiza el crecimiento de la zona urbana y eso por sí mismo es impresionante. Fubuki ha estado tan ocupada cuidando de Saitama que apenas había notado eso.

Tal vez, si ella saliera más seguido, no tendría tanto trabajo atrasado. Lo que pasa es que todo lo que ha podido tener en su cabeza es a Saitama, su forma de hablar, la incertidumbre en sus ojos y su comportamiento extraño. Todo eso no hace más que empeorar. Aún no hay solución médica. Es agotador. Saitama se mantiene negándose a conseguir ayuda. Ella se está quedando sin opciones.

Al entrar a la base es recibida con los rostros conmocionados de sus integrantes, ellos se le acercan de inmediato y Fubuki debe retroceder un paso para no ser embestida por la multitud de preguntas y voces preocupadas que llegan.

—¡¿En verdad está bien que usted esté aquí?!

—¡¿Cuánto tiempo piensa quedarse?!

—¡¿El señor Saitama sabe que usted está aquí?!

Esa última pregunta capta su atención de inmediato. —¿Qué tiene que ver Saitama en todo esto?

El silencio les vence en la habitación y los integrantes del grupo resguardan la explicación como si se tratase de un secreto prohibido.

—¿Por qué Saitama tendría problemas con que yo venga aquí?

Lily se acerca a ella ofreciéndole algo de té y encaminándola hacia el sofá más cercano. Su nerviosismo está a flor de piel, pero ella tampoco tiene la intención de decir más de lo necesario.

Fubuki no comprende del todo la tensión en el ambiente, pero puede darle la idea de que todo es debido a la forma en la que Saitama se ha estado comportando y que todos deben ya haberse dado cuenta. De seguro a ellos les preocupa que Saitama vaya a cometer una locura estando bajo sin ninguna supervisión.

—Escuchen, —comienza ella, —sé que Saitama no está en sus mejores momentos, pero al menos confío en que él puede mantenerse a salvo por un par de minutos sin mí. De hecho, es de esto mismo de lo que he venido a hablar.

Ellos asienten en silencio. Pestañas se acerca a ella y se coloca a su lado. Mono de Montaña se mantiene vigilando la puerta y Lily mantiene su celular en la mano con la intención de hacer una llamada. Todos ellos lucen bastante agotados, quizás los trabajos que han tomado han sido demasiado duros para ellos sin su líder. Fubuki apenas puede creerlo. Ella los deja por su cuenta un par de semanas y ellos parecen haber envejecido un par de años.

—¿Cuál es el problema? —Pregunta uno de ellos.

—Aún no lo sé, pero esta situación ha escalado a niveles preocupantes y debo mantenerme lo más atenta posible en su cuidado, Saitama tampoco ha querido decirme nada... —Fubuki aclara su voz y endereza su espalda. Como una buena líder, no puede permitirse dejarse consumir por la angustia delante de su equipo. —Es por eso que requiero que continúen con las labores del grupo sin mí por un periodo indefinido. Para eso, necesito mantener cierta organización con la forma en la que combaten las amenazas de forma conjunta, ¿en qué zonas de la ciudad y qué tipo de amenazas son las que se han visto envueltos últimamente?

Sus ojos se miran entre sí con ligera confusión. —¿Amenazas...?

Fubuki asiente. —¿Han tenido problemas enfrentando a algún tipo en específico de monstruo?

El grupo se mira entre sí, como decidiendo quién será la persona que responda. Pestañas finalmente se acerca a Fubuki y habla en voz baja. —Lo que pasa es que sólo tenemos permitido encargarnos de monstruos de muy bajo riesgo. Aunque se nos permite tener compensación en puntaje, nuestro trabajo ha sido más administrativo que nada.

—¡¿Qué?!

—Tornado del Terror aceptó acaparar la mayor parte de nuestras tareas y, bueno... —Lily traga saliva antes de proseguir. —...Saitama se ha encargado del resto.

Entonces Fubuki debe ponerse de pie, perpleja. —¿Mi hermana? ¿Saitama?

Es difícil comprender cómo alguien como Tornado del Terror, Tatsumaki, aceptaría hacer el trabajo del grupo que tanto ha odiado sin recibir nada a cambio. Aunque Fubuki siempre ha sabido lo sobreprotectora que puede ser su hermana mayor, nunca vio venir eso también de Saitama.

Poco a poco el asombro se vuelve desconcierto, en su voz hay una mezcla de molestia y confusión. —Pero, un momento, ¿por qué Saitama se involucraría en lo que es mi trabajo?

—Tornado del Terror dio la orden de derivar una parte del trabajo del Grupo Fubuki para sí misma, el señor Saitama ayuda con una parte pero... —La voz de Lily se detiene, todos la miran como si nunca debiera haber hablado, como si todos estuvieran bajo amenaza para ocultar esta información de su líder.

Pero Fubuki ha escuchado suficiente, ella está más allá del desconcierto. Su voz se alza al cuestionar. —Eso no puede ser verdad, ¿cómo podría Saitama encargarse del trabajo si ni siquiera se ha dignado a salir del departamento?

La mirada de Fubuki se enfoca ahora en Pestañas, uno de sus hombres más confiables. Él, después de Lily, es incapaz de mentirle.

—Eso es porque... —Pestañas traga saliva, intenta aclarar su garganta y su voz sale demasiado rápido y casi en un susurro dubitativo. —Saitama ha sido relegado de sus actividades como héroe y...

—¡¿Qué?! —Grita Fubuki. Ella no sabía eso, ella no tenía ni idea de eso, ¿por qué nadie se lo había dicho antes?

Pestañas se acerca e intenta calmarla, pero ella retrocede un par de pasos y sus ojos miran directo hacia la puerta.

—Necesito hablar con él, es increíble que se haya metido en esto sin siquiera decírmelo.

—¿En verdad está bien? —Vuelve a preguntar Lily, sus ojos se intercalan entre su celular y su líder, como dispuesta a llamar al número de emergencias lo antes posible en caso de ser necesario. —¿Quiere que la acompañemos?

—La acompañaremos. —Se ofrece Mono de Montaña poniéndose a su lado dispuesto a escoltarla.

Pero Fubuki no tiene tiempo para esto, así que se limita a suspirar cansada y negar con la cabeza, abriéndose paso por la puerta. —Lo siento, pero esto es algo que sólo yo puedo hacer. Yo... sólo les pido que se encarguen de sus tareas tal y como lo han estado haciendo en mi ausencia. Eso es todo. Estén listos para la próxima reunión.

Algunos de ellos tratan de decir algo con voz preocupada, siendo ignorados por Fubuki quien se aleja con prisa. Los demás asienten en silencio y comparten sus miradas mientras la ven salir. En sus ojos hay cierta melancolía y tristeza que le recuerdan mucho a la forma en la que ella misma ve a veces a Saitama: angustia.

Por mucho que ella trata de negarse, Pestañas termina por llevarla devuelta en auto. Lily y Mono de Montaña son quienes la acompañan hasta la puerta del departamento. En todo el trayecto ninguno de ellos dijeron nada, tampoco preguntaron mucho sobre su cambio de residencia o su notable ausencia cada vez más frecuente. Fubuki trata de disimular su creciente molestia y finalmente se permite suspirar con fastidio una vez que se despidió de ellos. Saitama tiene mucho por explicar.

Tal y como se espera, Saitama sigue dormido en el sofá. Fubuki decide que no tiene el suficiente corazón de hielo como para despertarlo con un regaño así que se dispone a preparar algo de comer. Quizás el sonido es quien delata su presencia porque ella ni siquiera ha prendido la estufa cuando Saitama ya la ha observado y se ha puesto de pie de un salto. Él se acerca tambaleando y con ojos perdidos con la intención de ayudarla.

Es curioso que el comportamiento extraño de Saitama sea casi proporcional a lo servicial que se ha vuelto. Eso nunca había pasado. De hecho, Saitama suele ser bastante distraído. La única explicación a la que Fubuki puede llegar es que él se siente culpable pero, ¿de qué?

Saitama se acerca a ella y coloca sus manos sobre las de Fubuki de forma delicada, retirando lentamente el cuchillo que sostiene y ocupando su lugar para terminar de picar las verduras. Todo sin decir una palabra, ni siquiera una queja. Ella quiere ayudar colocando el agua a hervir pero Saitama nuevamente la retira y la empuja con suavidad de los hombros fuera de la cocina. —Yo me encargo de esto. —Dice él en voz baja.

Fubuki piensa entonces que, tal vez él esté consciente de su propio comportamiento preocupante, de sus acciones errantes y la forma en la que consigue despertar tanta angustia en ella. Que tal vez esa sea su razón para sentirse culpable y esta sea su forma de recompensarlo. Todo el tiempo que ella cede para estar con él, por estar con él, en ayudarlo, en amarlo a costa de todo. Pero eso es algo que ella haría sin dudar una y otra vez, así que Saitama necesita relajarse de una vez por todas. Ella no irá a ningún lado.

Saitama luce muy cansado.

—Debemos hablar. —Suelta Fubuki desde la puerta de la cocina, cruzándose de brazos.

Él la mira de reojo. —¿De qué?

—Del trabajo.

Las manos de Saitama se detienen al instante, la cebolla queda a medio cortar. —Mmn, bueno... ¿qué con eso?

Fubuki frunce su ceño. —No creas que no he notado la forma en la que evitas deliberadamente cumplir con tus obligaciones como héroe.

—Eso es porque no ha habido nada importante todavía.

—No, es porque fuiste relegado de tus actividades.

Por primera vez, Saitama no disimula el pánico que siente. Sus ojos intranquilos van directo a ella. —¿Cómo... cómo es q-?

Ella no cede. Su molestia habrá disminuido considerablemente, pero sigue necesitando una respuesta. —¿Creíste que nunca me iba a enterar?

Saitama no puede aislarse de esa forma del mundo, de su trabajo, de sus amigos.

¿De qué se esconde?

¿A qué le teme?

¿Qué es lo que le impide salir?

—¿Por qué te hicieron algo como eso?

Los ojos de Saitama delatan miedo y duda ante la pregunta, su respiración se agita. —En verdad... fue algo que yo pedí.

Fubuki parpadea. —¿Pediste un tiempo en el trabajo? ¿En serio?

Saitama asiente. —Son... son vacaciones. —Dice él y su cuerpo regresa a su tarea de cocinar, abriendo el agua del grifo para ponerla a calentar en la estufa. Se siente apresurado y muy esquivo, él no quiere hablar de esto ahora.

No importa lo que él diga, Fubuki no es tonta. Ella recuerda perfectamente que Saitama había tomado sus vacaciones tan sólo cuatro meses atrás. No es posible que la Asociación de Héroes sea tan considerada para darle tal libertad ahora.

Las manos de Saitama pasan de las verduras y la estufa a servir el arroz, comenzando a llevar platos hacia la mesa. Fubuki lo mira en silencio y lo deja pasar. Antes de seguir con el interrogatorio, opta por investigar por su cuenta. En el fondo tiene la sensación de que no es que Saitama no quiera hablar de esto, sino que no puede.

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Continuará...