La puerta fue azotada en cuanto su cuerpo pasó por ella y sus lágrimas finalmente comenzaron a fluir apenas entrar a su habitación.
Esa era la última vez que podría ver a Garou a la cara. No había retorno. Su amistad con él se había arruinado para siempre.
Cada momento de su vida se comprimió en un instante. Fue dicha por un segundo, fue angustia y dolor por años. Por angustiantes, dolorosos e interminablesaños.
No podía haber pasado más de una hora desde que anocheció y aún no era capaz de mirarse al espejo, su cara debía lucir terrible. Por más que la limpiara y tratara de sostener una respiración tranquila, no podía. Pero lo intentó con más fuerza cuando escuchó la puerta de la entrada ser azotada, familiares pasos ligeros con prisa acercarse a donde él estaba y la puerta de su habitación tras él ser abierta. Él sabía quién era y a qué era a lo que venía.
Badd estaba listo para pelear, quizás alejar a Garou de un golpe. Estaba avergonzado por su nariz moqueante y sus ojos rojos. Los de Garou también estaban inquietos, como en trance, su aliento apestaba a alcohol. El silencio era inquebrantable, calante en sus pieles.
Garou se acercó y Badd entró a la defensiva, pasando a intentar alejarlo con un golpe pero Garou lo sujetó de los brazos y soltó una pregunta cuyas palabras se enterraron en el pecho de Badd como navajas.
—¿Estás enamorado de mí?
El cuerpo de Badd dejó se responder en el acto, la sangre bajó a sus pies. La tierra podría partirse y tragárselo sin piedad, y él lo hubiera sentido como una intercepción divina.
Entonces sus alarmas se encendieron. El congelante, palpitante y desgarrador pánico lo invadió en cada parte de su ser. De pronto recordó el terror, las pesadillas, el rostro de Garou atónito, sus ojos mirándolo con temor, la incapacidad de verse al espejo, el asco y repudio que ha estado sintiendo sobre sí mismo. Y la respuesta se volvió clara, el lugar seguro del que nunca podría salir.
—No. —Respondió tajante Badd, desviando la mirada a la ventana. La mentira le supo a ácido puro.
Garou no estuvo satisfecho con esa respuesta. Él se acercó de nuevo y de forma brusca y rápida lo tomó de los hombros. Su voz se volvió un sonido ronco y áspero. —Dilo de frente. Dímelo a la cara.
—No. —Las ganas de llorar regresaron, estaba siendo acorralado sin escapatoria. Si no se detenía, terminaría confesando la verdad. Así que decidió desviar un poco el mensaje para evitar tropezar en su propio engaño. —No puedo amarte.
El "no poder amar a Garou" era cierto. No podía porque no debía. Estaba prohibido. No era normal enamorarse de otro hombre, de un idiota altanero que no hizo más que restregarle en la cara su linda novia y su completa indiferencia a su dolor. Quizás Badd comenzaba a volverse un masoquista, porque estaba seguro de que tampoco debía ser normal someterse por voluntad propia a esa clase de tortura y negar sus propios sentimientos cínicamente delante de la persona que amaba.
—¡MIENTES!
Mientras Garou más insistía, Badd más sentía la necesidad de tener que negarlo.
—¡Cierra la boca! ¡Lárgate y déjame en paz!
Garou entró en cólera y Badd lo empujó contra la pared. Garou intentaba acercarse y Badd hacía lo mejor que podía para repelerlo con empujones y golpes que eran esquivados. Entonces ambos comenzaron a pelear.
Ya no había gritos o insultos, sólo esas quejas roncas en sus gargantas y respiraciones agitadas con sus cuerpos forcejeando con fuerza torpe y brusca que buscaban contener al otro sin éxito.
Harto de esa situación, Garou finalmente tomó con fuerza el rostro de Badd entre sus manos y lo besó de forma tosca, potente y abrupta. Badd no supo cómo responder, intentaba separarse pero Garou lo retenía con todo lo que podía. Era una barrera impenetrable, un ser imparable que lo besaba con violencia, chocando sus labios y metiendo su lengua sin pudor. La boca de Badd fue obligada a abrirse apenas permitiéndole respirar, apenas dejándole pensar.
Antes de darse cuenta, Badd había comenzado a corresponder.
El beso se convertía rápidamente en una extensión de su discusión acalorada. Los dientes chocaban, Garou mordía sus labios, las lenguas no hacían más que profundizar la unión. Badd sintió sus piernas dejar de responderle y Garou aprovechó eso para empujar su cuerpo hacia la pared, pasando sus manos a su cuello, a su cadera, apretando, rozando, haciendo una fuerte presión hasta meterse debajo de su camisa. El pánico regresó y Badd intentó apartarlo pero en estos momentos no sólo sus movimientos eran torpes, sino que se sentían débiles; se estaba derritiendo.
Garou lo trajo de vuelta a él, sujetándolo con fuerza, rodeándolo con su brazo su cintura y otro en su nuca para impedirle por completo la opción de huir, la distracción de darse cuenta de lo que estaban haciendo mientras conseguía con éxito recostarlo sobre el suelo, luego al futón, y colocarse encima de él.
Badd trataba de hablar cada vez que el beso se cortaba y no podía hacer más que cerrar sus ojos cada vez que el beso se volvía tan intenso que le parecía imposible de soportar. Caliente. Agresivo. Inimaginable. Pero Garou era todo lo contrario, él lo observaba más firme que nunca, casi sin parpadear. Lo olía, lo mordía, buscaba mezclar su respiración irregular con el aroma de su piel; él volvía a besarlo en los labios, en el rostro, en su cuello y en sus clavículas. Era muy agresivo y tosco, como si tuviera prisa o una enorme llama contenida.
En algún punto en medio del eterno beso y justo después de que sintió las manos de Garou arrastrarse a la zona baja, Badd decidió que él también era alguien que podía darle pelea. Así que empezó a corresponder de la misma forma violenta que él. Con tanta hambre y deseo. Habían sido años conteniendo algo que ahora simplemente no podía detenerse.
Ambos arrasaban el uno con el otro, una misma llama en un mismo ser. Tan pasional y vivo que lo que los dos estaban haciendo bien podría considerarse una pelea.
Hacerle ver que él también podía seguirle el ritmo sólo empeoró las cosas, porque inmediatamente después Garou se volvió más ambicioso y prácticamente le arrancó la ropa de encima y comenzó a restregar su entrepierna sobre la de él. Badd sintió la dureza, el ardor y el dolor de su propia erección. Entonces la mano de Garou entró en juego y comenzó a rodear su miembro con sus largos dedos y a dar masajes con rapidez. Badd soltó una palabra entrecortada mientras sus uñas se encajaban en los pálidos hombros de Garou, dejando marcas rojas iguales a la que él le estaba dejando en su pecho y cuello. Su cara ardía, Garou se pegaba a él como si separarse fuera arrebatarse la vida; los dedos de sus pies se retorcían y una especie de calambre indoloro nacía en sus piernas, haciéndolas deslizarse por la sábana del futón; Garou mordía su oreja y aumentaba la velocidad de su mano cada vez que escuchaba la voz de Badd voz entrecortarse, como si sus gemidos fueran una especie de combustible para sus propios sentidos.
Badd tenía su aroma pegado a su piel, el sudor haciéndolos brillar. Garou finalmente había cerrado los ojos y sus mejillas estaban muy rojas, podía ver su aliento caliente salir de su boca, su pecho subir y bajar muy rápido. Los ojos amarillos, más iluminados que nunca, se encontraron con los de él y la sorpresa que encontró al verlo lo hizo darse cuenta de que, quizás, esto estaba llegando demasiado lejos.
Cuando Badd quiso decir algo al respecto, la boca de Garou lo volvió a besar, como si nunca fuera suficiente.
Sus dedos largos se deslizaron más rápido sobre el miembro de Badd, arriba y abajo. Badd sentía cómo su consciencia completamente nublada le permitía liberar una gran parte de su tensión, la forma en la que sus deseos se desbordaban en acciones y, en un acto atrevido, pasó su mano por la entrepierna de Garou, rozando la tela, luego bajándola y comenzando a masturbarlo él también.
Entonces el beso se rompió con el quejido ronco de la voz de Garou y sus ojos se cerraron con fuerza. Debió haber estado soportando el dolor de su erección durante mucho tiempo, todo con tal de darle placer al hombre debajo de él. El movimiento de sus manos se volvió errante por un instante, Garou era mejor haciendo el trabajo que Badd pero sólo por un poco.
No se miraban a la cara. Badd estaba oculto en el hombro de Garou y Garou en su cuello. La sinfonía que sus respiraciones formaban era extrañamente agridulce. Había cierta tensión en sus movimientos que le hacía creer que en cualquier momento eso terminaría y alguno de los se echaría para atrás. Esta sensación le recordaba a Badd a la angustiante emoción que sintió en el momento justo, exacto, en la que se despidió de Garou en el tren al final de la primavera, durante su segundo intento fallido de confesión; esa pesadumbre de que estaba a nada de cambiar la relación entre ambos para siempre, de la forma en la que Garou lo miraría de ahí en adelante. Y eso mismo era algo en lo que no podía dejar de pensar incluso en momentos como ese.
¿Tanta lástima le tenía Garou como para estarle haciendo esto?
¿Lo estaba poniendo a prueba?
¿Badd podría seguir mintiendo después de esto?
El cosquilleo de sus piernas bañó el resto de su cuerpo en una ráfaga de pleno placer, una chispa, una llamarada al cielo y del sol mismo. Una vez que Badd se vino, Garou pasó su mano y la colocó encima de la de Badd, contribuyendo a la presión y el movimiento de su propio miembro para alcanzar el clímax lo más rápido posible. Cuando Garou lo consiguió, soltó un alarido entrecortado y grave desde su garganta, dejando caer su cuerpo encima del de él.
Después de eso, el silencio reinó con todo lo que pudo. O quizás eran que sus respiraciones apenas repuestas eran demasiado ruidosas, porque eso era todo lo que Badd podía escuchar.
Eso y los fuertes latidos de sus corazones unidos por sus pechos desnudos.
Badd tragó saliva, mirando hacia la puerta y con sus manos sobre la tela del futón, sin fuerzas. Garou no parecía tener intención de levantarse, pero sí de seguir hablando.
—¿...Es cierto? —Comenzó Garou dentro de un susurro pausado y ronco. —¿...te enamoraste de un chico?
Ojalá el silencio pudiera fungir como un mediador impenetrable, ojalá la oscuridad de la noche pudiera ser suficiente para esconderlo de ahí, ojalá la tierra se partiera y se lo tragara; Badd incluso consideró la idea de fingir que se había quedado dormido, la consideró tanto que intentó hacerlo hasta que el cuerpo de Garou se alzó y volvió a encararlo.
—¿Te gustan los hombres?
Siempre tomándolo desprevenido. Siempre destruyendo sus defensas como si fueran un chiste. Garou era muy persistente. ¿De dónde sacaba esa determinación?
—No. —Respondió Badd de inmediato, como si no acabara de hacer lo que hizo con él.
—Pues yo tampoco. —Contestó de mala gana Garou, como retando una respuesta rápida sólo para no quedarse atrás. Como si no se acabara de devorar a otro hombre a besos en medio de una masturbada. Un completo cínico. —Pero me besaste.
—Tú me besaste primero.
—Me correspondiste, pudiste alejarme y no l-
—No te creas tanto por un simple beso, estúpido.
—Te gustan los hombres y me bes-
—Lo dije para detenerte.
Garou se paralizó en el acto, su ceño se frunció. —Estás mint-
—Tú dijiste que podía hacer lo que quisiera y eso hice. —Le cortó Badd desviando la mirada. Odiaba esa actitud altanera, no iba a dejar que se burlaran de él.
Los ojos de Garou se abrieron con desconcierto, aunque debería ser Badd quien se sintiera más desconcertado. Entonces Garou comenzó a negar con la cabeza y sus ojos se afilaron sobre los de él. Badd luchó para observarlo, sosteniendo su mirada también, no era bueno mintiendo pero esta era una mentira que había conseguido sostener por años, todos los días, a cada instante; la práctica estaba de su lado. No dejaría que Garou lo descubriera. Él estaba seguro de que él no lo amaba, todo esto era por despecho. Garou siempre tomaba las peores decisiones en el calor del momento.
—Te gustan los hombres... ¿pero no me amas?
En verdad Badd no quería responder. Todavía no sabía qué era peor: confesarse y ser rechazado o dejar en Garou la peor excusa posible.
—¿Y a ti por qué te interesa tanto saberlo?
¿Para burlarse? ¿Para seguir atormentándolo? ¿Para tener por fin la excusa perfecta para abandonarlo e irse tras Kiiro?
Los hombros de Garou cayeron, su mirada se desvió y se levantó del futón, juntando sus ropas de mala gana. —Vete a la mierda. —Soltó sin mirarlo, chistando la lengua su lengua antes de azotar la puerta tras de sí.
Ojalá Badd pudiera reclamarle con toda la seguridad del mundo. Ojalá encontrara el mismo coraje para enfrentar esta situación como lo hizo al aceptar continuar con esta tortura.
Pero él mismo se sentía acorralado en algo que no sentía que no sólo no era el momento adecuado, sino que también era la decisión más segura que podía tomar.
Garou no estaba en sus cinco sentidos después de todo.
Y él siempre había sido muy pegajoso con él cuando estaba borracho, lo que hicieron hacía unos momentos simplemente era algo que se había salido de sus manos.
Garou estaba muy enojado, muy herido, muy confundido y muy perdido; Badd simplemente tuvo la mala suerte de interponerse en medio de todo eso.
.
A la mañana siguiente, Garou había desaparecido. Badd no supo nada de él hasta en la noche después de que Zenko se había ido a dormir. Garou llegó tocando la puerta de su habitación cerca de las dos de la mañana con un rostro ensombrecido y palabras balbuceadas sobre cómo encontró pelea con unos idiotas afuera de un bar.
Esta vez no olía a alcohol, pero sí a sangre.
Cuando Badd abrió la puerta, Garou se tiró a sus brazos y lo atrapó en un profundo beso.
Por más que intentara luchar, por más que intentara hablar, Badd no podía evitar corresponderle.
¿Qué más podía hacer?
¿Tan desesperado de afecto estaba Garou como para desquitarse con él así, de esta manera?
Garou lo besó, mordió, lamió y restregó su rostro somnoliento en el cuello de Badd hasta que se cansó, sus manos se aferraban a su cuerpo en un abrazo que más parecía una especie de aprisionamiento. Badd se limitó a dejarse hacer y deshacer.
De nuevo, ¿qué más podía hacer?
Garou estaba hecho un desastre, Badd mentiría si dijera que no le dolía verlo así. Y, al mismo tiempo, el placer de tenerlo de esa forma a su lado le carcomía por dentro como una llamarada de pasión y culpa por lo que estaba haciendo, lo que le estaba dejando hacer, en lo que se estaba metiendo a sí mismo por voluntad, egoísmo y estupidez propia.
Antes del amanecer, Garou volvió a desaparecer y no se volvió a saber de él hasta la madrugada del día siguiente cuando regresó a sus brazos y con besos sabor a hierro y caricias cada vez más intensas.
Esto se volvió una costumbre casi intermitente donde Garou desaparecía y regresaba a los brazos de Badd lleno de heridas, escondiendo su sombrío rostro en su cuello, besándolo con hambre sin decir una sola palabra. Badd no sabía si Garou le había creído su pésima mentira o si esa falta de reacción coherente era parte de su propio estado inestable.
La llama de las juntadas fue aumentando de forma gradual y, cuando Garou se detenía de forma abrupta y se iba, Badd siempre era dejado solo de nuevo en la habitación en medio de la oscuridad, el silencio y el insoportable peso de la culpa. Era como si sólo estuviera siendo usado para satisfacer el extraño hambre voraz que Garou estaba dejando escapar con más descuido que antes, que la noche anterior, desde la primera vez que se besaron. Hasta que, una noche, Garou no se detuvo.
Los pasos de Garou sonaron más pesados de lo que deberían, como si en verdad estuviera luchando por mantenerse de pie. Había llegado más temprano también, porque Badd apenas estaba saliendo del cuarto de Zenko cuando se lo encontró de frente en el pasillo.
Garou se le quedó mirando recargado en la pared con un rostro sumamente abatido, ojos llorosos y un ligero pero notable temblor en sus manos.
Badd se preguntó si de pronto él estaría enfermo o si ese era en verdad su punto más bajo, y debió ser un poco de ambas porque, al tomarlo de las manos y encaminarlo a su habitación, Garou no tuvo resistencia alguna.
En cuanto la puerta de su habitación se cerró, Garou lo abrazó. Tan fuerte, con tanto fervor y cariño mientras liberaba un pesado suspiro cálido, luego inhalando con la misma profundidad; como si hubiera estado conteniendo la respiración, como si Badd fuera el único aire que necesitaba.
En verdad debía estar enfermo, porque él temblaba y su piel estaba ardiendo. Badd trató de quitárselo de encima para tocar su frente y asegurarse de que no fuera una fiebre pero entonces Garou pegó su nariz con la de él y lo besó. Pero este beso fue muy diferente a los demás. No fue violento, apresurado ni brusco. Sino que fue extrañamente dulce. Un toque tierno pero no delicado donde la presión de sus labios dejó de ser una batalla de bocas y se convirtió en un caricia. Eso no fue hambre. Eso no fue lujuria. Badd juraba que, por un instante, hubo amor ahí.
Pero no un amor pasional o alegre, sino uno más similar al que él sentía: un amor desdichado.
Tristeza. Dolor. Pesadumbre. Culpa. Miedo.
Badd estaba seguro de que esa era la clase de besos que uno le daba a la persona que amaba antes de partir lejos.
Con lentitud, Garou colocó la palma de su mano sobre el rostro de Badd para acariciar su mejilla, luego a su nuca para acercarlo de nuevo y ladeando su cabeza para profundizar el beso. Sin prisa. Con delicadeza.
Como siempre, Badd tardó en reaccionar y en corresponder.
En medio de una habitación oscura, cubiertos por la cortina de luz blanca de una luna llena, Badd sintió que Garou y él se convertían en un mismo ser.
El beso de Garou fue calmado pero insistente, suave y frío. Definitivamente era un beso triste. Era una unión que buscaba mantenerse perpetua.
Los dedos de Garou recorrían cada parte de su cuerpo con firmeza, sintiendo la dureza de sus músculos y el contorno de su espalda, brazos y cintura. Besó su cuello, besó sus clavículas, lo aprisionó entre sus brazos con recelo y procuró mantenerlo lo más cerca posible.
Garou le quitó la camisa y deslizó una de sus manos por la entrepierna de Badd, masajeándola sobre la tela del pantalón, sosteniéndolo de la cintura con un fuerte agarre cuando sintió su cuerpo dar un pequeño espasmo. Badd no tenía la suficiente claridad para sentirse avergonzado, la erección de Garou era más notoria que la de él.
No pasó mucho tiempo antes de que los dos se recostaran en el futón y rápidamente Garou extendiera su mano a la bolsa junto a la lámpara donde, entre un conjunto de medicinas y vendas, se encontraba el ungüento que habían utilizado la última vez. Se suponía que era para ayudar a sanar las heridas en su cuerpo pero él había terminado dándole un uso adicional.
Las caricias sobre su piel eran más dulces de lo normal pero también más atrevidas. Las palmas de sus manos se arrastraron por su trasero, muslos y vientre. Una de sus manos tomó su miembro y comenzó a realizar el masaje firme y constante, mientras la otra mano se despegaba de él. Garou se acercó más a él y alzó su cuerpo ligeramente, obligándolo a abrir sus piernas. Badd estaba decidiendo si debería aferrarse a los brazos o a la espalda de Garou cuando sus pensamientos fueron interrumpidos al sentir el frío ungüento introducirse en su interior junto con uno de los dedos de Garou. El ardor disminuía pero eso no lo hacía menos doloroso en lo absoluto. Badd dudaba que alguna vez se fuera a acostumbrar a esto. Sus piernas sentían un ligero calambre y al mismo tiempo se retorcían en un placer inquietante. Luego del segundo dedo, Garou comenzó a adentrarse de forma lenta, manteniéndose ahí por un corto tiempo hasta que Badd pudiera soportarlo, después comenzó a moverse.
Garou lo masajeaba mientras daba las estocadas lentas, luego más rápidas. Su boca no se podía despegar de su cuello y pecho, succionaba, mordía para dejar marca pero sin causar dolor, lambia; conseguía distraer a Badd por completo de sus pensamientos sobre si lo que estaban haciendo seguía considerándose simple sexo casual o si en verdad, por primera vez, estaban haciendo algo más gentil y sincero como hacer el amor. Era muy iluso de su parte, pero él quería dejarse llevar.
Badd quería creer que esas caricias eran dulces porque Garou quería grabar el contorno de su piel de memoria, que lo estaba besando de esa forma porque quería expresar de alguna forma la fervorosa devoción que tenía hacia él, que esas marcas eran para sentir que Badd siempre sería suyo y de absolutamente nadie más.
A diferencia de la primera vez que llegaron así de lejos, Badd no tuvo tiempo de preguntarse si Garou actuaba de la misma forma cuando se acostaba con Kiiro, sobre qué pasaría si ella de pronto decidiera volver, de la forma en la que Garou lo dejaría botado al primer momento para regresar con ella; también la manera en la que Garou le rehuía la mirada y trataba de fingir que nada estaba pasando entre ellos y que todo era producto del calor del momento y el alcohol y la adrenalina en su sangre cada vez que regresaba al día siguiente con nuevas heridas y ojos nublados, todo para volver tarde en la noche a repetir el ciclo una y otra vez.
A Badd no le dio tiempo porque Garou lo estaba llevando a su límite. Apenas podía procurar que sus gemidos fueran lo suficientemente silenciosos.
Todo el tiempo se sintió observado y, cuando intentó averiguar la clase de rostro que Garou estaba haciendo, él lo sujetó del rostro y lo obligó a besarlo, deteniéndose sin cortarse cuando él también alcanzó el clímax.
El beso continuó y se incrementó y luego se detuvo de forma abrupta e inesperada cuando Garou se separó para esconder su rostro en el cuello de Badd. Él en verdad estaba temblando, su respiración se volvió pesada y su voz apenas un sonido ahogado e inentendible aunque no parecía cansado. Badd sentía la boca entumecida pero intentó preguntar por su estado porque necesitaba saber qué era lo que estaba sucediendo, definitivamente no podía disfrutar eso cuando la aflicción en Garou era demasiado evidente.
Entonces Garou se aferró a él con demasiada fuerza, como estando aterrorizado de algo.
—Te amo, te amo demasiado. —Soltó Garou en medio de un lamento entrecortado, con temor, con tristeza, con culpabilidad; pero aparentemente sincero como la confesión del pecado más terrible que un hombre desamparado y perdido pudiera guardar. —Te amo tanto que yo...
Su voz se apagó, o quizás fue Badd quien perdió la capacidad de escuchar junto con la de moverse y respirar. No podía pensar. No podía responder. Estaba quieto, en silencio y, entonces, sin poder evitarlo, las lágrimas le traicionaron y empezaron a caer.
Eso era.
Badd había soñado con eso por años. Él hubiera hecho lo que sea.
Badd hubieramatadopor escuchar eso de alguien cuerdo, sano y en un mejor momento, en un mejor estado, uno donde fuera más creíble. Ahora ni siquiera tenía la seguridad de si Garou estaba diciendo la verdad o si simplemente estabaasíde desesperado por consuelo.
Sí, eso era, eso debía ser...
Era imposible.
Lamentablemente Badd lo sabía.
Lamentablemente Badd lo entendía.
Lamentablemente Badd lo conocía.
Garou nunca hablaba en serio, su determinación siempre fue de temer porque él era capaz de cualquier cosa con tal de conseguir lo que sea que quisiera. Creerle ahora sería como no haber estado a su lado de cerca y observarlo a la perfección todos estos años.
Él siempre bromeaba con algún día enamorarse de él, ¿por qué ahora sería diferente?
Badd no se movió porque no pudo, no hizo mucho ademán por hablar porque el nudo en su garganta podría delatar su llanto. Aunque Garou no era tan idiota, él ya debería haberlo notado.
Y quizás sí lo hizo, porque la presión de su abrazo aumentó y acercó su cuerpo más hacia él.
Y quizás Garou también lo conocía bien y lo había observado de cerca, porque no preguntó nada al respecto sabiendo que Badd odiaba ser cuestionado por su llanto repentino. En parte por la vergüenza, en otra parte porque esta vez no tendría la fuerza suficiente para mentirle a la cara.
Pero, en cambio, Badd sí tenía muchas preguntas sobre aquello que Garou estaba escondiendo, sobre lo que estaba buscando y a dónde quería llegar haciendo todo esto con él y ese juego de ir y venir para tomarlo y soltarlo y bromear haciéndolo llorar y luego quedándose callado como si se hubiera arrepentido de su acción justo después de haberlo iniciado, provocando, incitando; convenciéndolo de que todo era una cruel mentira dicha por el calor del momento y la mente nublada.
Badd no podía evitar dejar de hacerse las mismas preguntas de siempre: ¿qué tanto efecto había tenido Kiiro en él? ¿Qué era aquello que Garou había estado ocultando por tanto tiempo?
Luego de eso, casi una hora después, el cuerpo de Garou por fin se removió. Se levantó un poco sosteniéndose con sus brazos para mirarlo a los ojos. Incesante, fijo, concentrado. Badd, quien también había seguido despierto, correspondió la mirada y estaba a punto de decir algo, lo que fuera para cortar ese inquietante silencio, cuando Garou cortó la distancia y lo besó una vez más.
Esta vez, Garou cerró sus ojos y unió sus frentes. Después colocó una mano en su mejilla y la acarició lentamente con su pulgar, inhaló, exhaló, volvió a besarlo en medio de un suspiro pesado y tembloroso para luego ponerse de pie.
Apenas siendo capaz de sentarse sobre el futón, Badd le preguntó si estaba bien pero Garou se negó a mostrarle la cara y comenzó a levantarse arrastrando sus pies, juntando su ropa del suelo y poniéndosela. —Volveré. —Dijo él con voz grave y baja, justo antes de salir por la puerta.
Pero Garou no regresó esa noche, ni al día siguiente. Al cuarto día fue bastante obvio que él no iba a volver.
Esta vez, él en verdad lo había abandonado.
