2. Atardecer
Estaba con los ojos cerrados, tratando de oír todos los sonidos a su alrededor; a lo lejos podía escuchar los coches -que se volvieron más comunes con el paso de los años- y el sonido de la música en algún local del centro. Pero concentrándose más, pudo captar las pisadas en la hierba alta hasta que llegaron hasta él. Fue un movimiento rápido, ágil y sorpresivamente discreto tomando en cuenta de quién se trataba.
Cuando se tomaron de la mano, los problemas parecieron esfumarse, al menos por un rato. La presión en la mente de Dipper se fue al mismo tiempo que Mabel le recargaba la cabeza en el hombro. Por un corto segundo pudo sentir el aroma del dulce perfume de ella; un toque ligero de lavanda, aderezado con el gusto a fresa de su brillo labial. Aromas hipnóticos que le hicieron desaparecer un enorme peso de los hombros.
—Nunca había visto lo bonito del paisaje —confesó ella en voz baja.
Y era cierto, pues desde el mirador podían ver el bosque colindante a Gravity Falls en todo su esplendor, junto a aquellas viejas vías abandonadas y la silueta del ovni marcada en los extremos de cada colina.
Sin embargo, aunque los matices del naranja y el rojo mientras descendía el crepúsculo le daban a todo el lugar una sensación de calidez y comodidad, Dipper sólo tuvo ojos para Mabel. Su largo cabello castaño siendo peinado por el viento le hizo erizar cada vello de su cuerpo. Pocas veces pudo sentir una sensación igual. Un trago de saliva por su seca garganta le hizo carraspear y ella volteó con interés hacia él, que viéndose atrapado, tuvo que ordenar bien sus palabras antes de hablar.
—Sí, es un hermoso paisaje.
Al captar lo que él quiso decir, lo golpeó suavemente en el hombro para luego propinarle un sonoro beso en la mejilla. Mabel volvió a recargarle la cabeza en el hombro y, sin querer parecer meloso, Dipper recargó la suya sobre la de ella.
—¿Sabes? Siento que este año es muy diferente. Sé que las cosas han cambiado entre nosotros, y me encanta, pero no dejo de pensar en lo que podría pasar.
En el segundo después de pronunciar esas palabras, Dipper cerró los ojos con hastío y molestia por lo que dijo; vapuleándose mentalmente por lo que decía, no sintió cuando ella suspiró. Fue un momento fugaz, pero ella le dio un beso rápido en los labios que lo sacó de sí por varios segundos.
Aunque ella se mostraba sonrojada y un poco avergonzada, no pudo sino reírse de la expresión de su gemelo, que volteaba a todos lados como esperando que nadie los hubiera visto. Podía entender eso, pero ella había burlado esa barrera hace mucho tiempo. Después de todo, ella era la Gemela Alfa.
—Ya no estás pensando en eso, ¿o sí, Dipper?
Él se empezó a reír también, más tranquilo ahora. Le fascinaba cómo Mabel tenía la facilidad de cambiarle el humor con un solo movimiento. A veces, con una palabra. Otras, con una mirada.
No le costaba reconocerlo, amaba aquellas facetas de ella, mas no entendía cómo pudo llevarlas a otro extremo. En cierto modo, enamorarse fue una completa sorpresa. Pero más sorprendente aún fue ser correspondido.
—Eres una tonta, Mabs —dijo él, besándole la frente.
Ninguno dijo nada más en otro buen rato, simplemente permanecieron a la orilla del mirador, observando el atardecer. Con sus manos sujetando la del otro. Sus respiraciones al compás. En un completo pero cómodo silencio que hacía que los hacía sentir más fuertes y unidos. Más como ellos mismos.
