continuación...
— Entonces, —Bulma le mira aún incrédula — ¿Te quedarás aquí?
— Estoy de vacaciones — aburrido responde — tengo mejores lugares que ir.
Bulma frunció el ceño, molesta por sus palabras.
— Bien, vete — deja su taza sobre la mesa, con un fuerte y agudo sonido. Vegeta miró sorprendido, esperando que la tasa se rompiera.
Pero se recordó que era una terrícola.
La vio levantarse y luego marcharse al taller.
Vegeta suelta un molesto bufido, exasperado por la situación en que le había metido. Por la desesperación de leer su mensaje, había pensado lo peor. ¿Un bebé? La idea ahora la escuchaba muy tonta.
— ¿Y ahora qué haré?
Mira el desolado y sucio techo, frunce el ceño por el poco compromiso de limpiar el hogar que ella misma habitaba.
Decidió bajar la mirada a la mesa, allí había deliciosa comida. Algo que no extrañaría del lugar que lo obligaban a trabajar. Cómo mercenario de Lord Freezer, no solo tenía de enemigos a la patrulla galáctica, al rey del universo, y a otros sobrevivientes que buscaban sed de venganza. El peor de todos, era Freezer.
No le tenía miedo, pero que en su ecuación estuviera la variable terrícola y bebé, era algo que le generaba cierta preocupación. Lo cual, lo llevó a realizar cierta acción muy riesgosa.
Ya podía ver las noticias: el resto de los saiyajins muertos, los pocos que habían podido sobrevivir del misterioso meteorito que destruyó casi toda la raza guerrera nómada.
No quedaría nada, sabía que si seguían con vida, era más por él. Pero no iba a comprometer la vida de su hijo.
Desgraciadamente había reaccionado de manera precipitada.
….
Los días pasaron, entre los cuales, Bulma intentaba ignorar a Vegeta. Hasta el punto que le pareció extraño, que dichas vacaciones, estaban durando más de lo que era normal para alguien que trabajaba en cierto trabajo sucio.
Sin embargo, su orgullo era más fuerte que su curiosidad.
Le había molestado que la desprecié, a ella y a su hogar temporal.
La mayor parte del día se la pasaba en el taller, trabajando por sí misma en los pedidos de las gentes que venían con sus artefactos o cacharros, como le gustaba llamar, defectuoso.
— Bulma, tienes que ayudar a un respetable miembro de la patrulla galáctica — desde ya su voz la tenso.
Bulma giró de inmediato la cabeza, y la mandíbula la tensa. Vuelve a ver a la puerta que conectaba con el resto de la cabeza.
— Me estás escuchando — Jaco molesto se cruza de brazos.
— Ah, sí — se limpio con una toalla, ya de por sí húmeda, su sudorosa frente — No me digas que debo ir a la estación, Jaco me es imposible. Tal vez debería— Jaco la interrumpe.
— Esto es confidencial — señala en un murmullo. De su cinturón saca su pistola — se dañó.
Bulma idiotamente espero más explicaciones, pero estás no llegaron. Tuerce los ojos.
Toma el arma y la observa.
— ¿Qué ha pasado? ¿El fusil se sobre calentó, el gatillo se aflojó o — cuando saco el cargador, observó una mezcla de color blanquecino, ademas que este olía a leche cuajada — ¡Jaco!
— ¡No es lo que piensas! — se precipita a calmar — Por accidente, confundí de pistola, pensé que era para el queso gûrte — se explica —, nadie debe saber esto, por favor Bulma. Mi reputación está — Jaco se detuvo al observar detrás de Bulma, exactamente en la otra puerta, un mechón oscuro — ¿Hay alguien más en tu casa?
— ¿Qué? — justo cuando Bulma se voltea, el cabello oscuro se aleja — No, claro que no — ríe y camina con el arma arruinada hasta su mesa —, bien, arreglaré esto lo más pronto posible.
— Yo ví a alguien — Jaco muy confiado en lo que vio, caminó hasta la puerta, con precaución.
Empero, Bulma se coloca en su camino. Con exigencia.
— Ya te dije que no hay nadie — suelta con voz rotunda a que la contradigan.
— Sí.
…..
Jaco estaba muy seguro de lo que vio, luego de unos largos monitos y notar que Bulma estaba muy distraída reparando su arma. Usando toda su capacidad de patrullero, camino hasta aquella puerta que aún estaba semi abierta, Bulma era muy despistada.
Por primera vez ingresó a la casa de uno de sus ocasionales compañeros de trabajo, aunque no peleaban codo a codo.
Escucho el televisor encendido.
— que desperdicio — murmuró más para sí mismo —, si es que no vive con nadie — su mano buscó su arma, pero su estuche estaba vacío.
Tuvo un dilema, salir y enfrentarse al ladrón. Aunque, su mente despertó con él pensamiento, que si fuese un ladrón, no estaría mirando el televisor.
— Al menos que sea uno estúpido — ríe por su mal chiste.
Curioso, saca la cabeza de la pared que separaba la cocina de la sala donde provenía el ruido.
Solo encontró el televisor encendido, y los sillones vacíos. Suelta una risa baja, tranquilizadora. Avanza para apagar el televisor.
— Debería multarla por consumo excesivo de energía — estaba apunto de dejar el control en dónde lo encontró, pero sintió la presencia de alguien detrás suyo. Emanaba un aura pesada — Bulma, tú sab— sus valientes palabras murieron cuando vio a la imponente bestia, muy cerca suyo.
Su cabello en pico, oscuro como la noche. Pero él podía recordar muy bien, que aquel atardecer estaba rojo, rojizo por la sangre de los que él había matado con sus propias manos.
Sus piernas temblaron.
La mirada ceñida, los ojos oscuros brillaban de hambre animal, un hambre asesina.
El temblor de sus piernas subió a todo su cuerpo.
— Bu-bu— las palabras no salían de su boca, atascado en su garganta.
— Yo estaba viendo eso — señala, lo agarra de su chaleco que hacía de uniforme.
El mentón de Jaco tembló.
Lo estaba tocando.
— ¡Ahhhh!
El grito fue más efectivo, Vegeta lo arrojó y cubrió sus orejas con sus manos. Jaco una vez al suelo, aún gritando, gateo retrocediendo, hasta chocar contra una pared.
—¡¿Qué está ocurriendo?! — Bulma apareció corriendo, alborotada por el grito. El espanto volvió en ella, Jaco lo descubrió — Jaco.
— U-un fantasma — el dedo delgado apunta a Vegeta.
Sonríe de lado, y se acerca lentamente a él. Jaco intentó fundirse con la pared.
— Un fantasma no puede tocarte.
Jaco cerró los ojos con fuerza, intentando no verlo.
— I-imposible — tragó saliva — tu nave fue encontrada destruida, tu cuerpo calcinado — el temor no lo estaba dejando pensar cómo debía — hicimos análisis.
— ¿De qué estás hablando? — Bulma interesada, empuja a Vegeta lejos de Jaco.
— El príncipe saiyajin está muerto — Jaco abre los ojos, encontrándose los ojos azules de la terrícola. Ella se encontraba muy sorprendida. Aturdida con la noticia.
Bulma voltea a ver a Vegeta, quien se encoge de hombros para luego irse a la cocina.
…..
Pasaron un par de horas para poder tranquilizar a Jaco y hacer un trato justo: la reparación era gratis y la reputación de Jaco sería aún intacta, a cambio, debía guardar el secreto de que Vegeta estaba vivo y que estaba viviendo con ella.
Debía marcharse.
Tights le había enseñado a no confiar en Jaco, que en la menor oportunidad usaría lo que sabía para tener una mejor ventaja en su trabajo.
Pero antes de hacer las maletas, necesitaba simples respuestas para acabar con la incógnita ya resuelta. Pero necesitaba la confirmación.
Luego de un baño caliente, salió con una bata y no fue muy demoroso encontrarlo.
Estaba en la cocina, comiendo.
— Así que un fantasma — Bulma prepara con calma un café —, calcinado, la nave quemada — asiente batiendo su café. Sostiene entre sus manos la taza y se sienta a su lado — ¿Todo eso por mi mensaje? — cuestiona sin entender. Luego recuerda sus palabras antes de iniciar el juego sexual — ¿Qué pensaba que te iba a decir? Al punto de fingir tu propia muerte.
Vegeta se rehusaba a hablar, o eso deseaba. No dar explicaciones. No pensaba decir nada.
Pero si no lo hacía, Bulma seguiría insistiendo.
— Simplemente estaba aburrido, ya me cansé de ser el juguete de Freezer.
— Tu no eres de huir — le recuerda. Recarga su mejilla en su mano.
Ambos se miraron fijamente, hasta que Vegeta aparta la mirada.
— Que terca que eres — Murmuró entre sus dientes.
— Si me lo cuenta, te daré la mejor felación — negocia.
Vegeta sonríe de lado, aquello lo estaba tentado. ¿Valdría la pena? Con un demonio, sí.
— Tu mensaje se leía muy alterado — inicia con la revelación —, pensé en el peor escenario — guarda silencio — un crío. Estabas esperando un hijo mío — Bulma se mostró sorprendida, se enrecta en la silla —. Freezer a matado a cada mujer que ha descubierto que llevan un híbrido saiyajin — se encoge de hombros — a veces, su método de aborto es muy rudo, que las hembras no sobreviven — la mujer tuvo un horrible estremecimiento.
El silencio fue lo único que continúo. Bulma cierra los ojos, las piezas ya estaban, y era fácil armar el escenario.
—Decidiste fingir tu muerte porque pensaste que estaba embarazada — de su labio femenino apareció una sonrisa — es lo más hermoso que alguien a ellos por mí. Querer protegerme por encima de tu orgullo.
— cállate — murmuró molesto, de brazos cruzados.
Bulma suelta una risa candil. Luego nuevamente deja caer su mejilla en su mano, lo mira con lascivia.
Vegeta sintió de pronto un toque en su pierna. El pie femenino subía entre su muslo hasta llegar a la ingle. La mesa circular era pequeña, lo suficiente para realizar aquella actividad.
— crees que eso va a contentarme.
— Y tú crees que esa es mi única arma — cuestiona, aplasta su pie en el bulto. Vegeta, en vez de soltar un gruñido de dolor, suelta un aliento excitado.
Pronto ya no tenía el pie masajeando su bulto, escucho la silla recorrer. Él también se recorre, y antes de levantarse, Bulma lo empuja a que se siente.
— No seas impaciente — le guiña un ojo.
Se quita la tira de la bata, era ideal para lo que tenía pensado hacer.
Se acerca a él, y se funde en un beso correspondido. Se separa, estirando el labio masculino.
— confía en mí — le susurra.
La tira de la bata, la coloca sobre los ojos de Vegeta, quien coopera gratamente para ella.
— ¿Qué piensas hacer mujer? — cuestiona, aunque en su voz se escuchaba la excitación.
— Tu tarea es simplemente disfrutar.
Abre las piernas de él, lo suficiente para que ella pueda entrar. Se arrodilla.
Le desabotona y baja el cierre de su pantalón. El sonido le hizo agua a la boca. De por sí, el bulto ya se notaba duro con la ropa.
Al desnudarlo, el falo hinchado le saluda.
Con la respiración agitada, por la anticipación. Bulma saca la lengua para lamer el duro falo caliente.
Sube y baja, como si fuese una paleta. Luego, se retiene en el glande, con su lengua lo cubre en círculo, y luego lo chupa, aumentando la fuerza. A este punto, la respiración de Vegeta se volvió agitado.
Las manos de Vegeta, ansiosas por tocarla, decide ponerlo detrás de su nuca. Dándole la libertad de que ella domine este juego.
Bulma lo felicita, metiendo casi todo lo que pudo del falo a su boca, la cabeza sube y baja, chupando el glande. Lo hizo tantas veces hasta que sintió un cúmulo de saliva. Saca su boca y escupe la saliva en los huevos de él.
— Mujer — Vegeta gruñe extasiado cuando ella con el diente estira la piel del testículo.
No pudo soportar cuando ella chupo aquella piel, una mano bajo y busco a tientas la cabeza de ella.
— Vamos, come todo.
— Ordenando como siempre.
Aún así, apretó ambos testículos y los llevó a la boca, los chupo y al sacarlo de la boca lo escupió. Pasó nuevamente su lengua entre los surcos, hasta llegar al falo. Nuevamente cabeceó, está vez la mano de Vegeta sobre su cabeza, marcando el ritmo, al igual que la inquieta pelvis. Subía y bajaba a su encuentro.
Los gemidos masculinos inundaron la cocina, Bulma también se estaba excitando. Pero quería hacerle correr, tragar su semen. Querida darse ese festín antes del plato fuerte.
