Capítulo 1: "El Retorno Inesperado"

—Señor, se ha detectado la presencia de un kryptoniano en el planeta. Su nombre es Superman —informó Optimus en su tono monótono pero preciso, mientras Alexander continuaba observando el monitor de navegación.

Alexander levantó una ceja, sin poder evitar la curiosidad que le despertaba la noticia. No le sorprendía que hubiera otro kryptoniano en el planeta, pero no esperaba encontrarse con uno tan pronto.

—Según los registros en la red de comunicación humana —continuó Optimus—, Superman es un llamado superhéroe, dedicado a la protección de una ciudad llamada Metrópolis.

Alexander resopló, abiertamente desinteresado.

—Nada nuevo —murmuró con aburrimiento.

Había oído ese tipo de historia antes, héroes y defensores del débil, clichés tan viejos como el tiempo mismo. Sin embargo, algo le molestaba en el fondo. La idea de que un kryptoniano, incluso alguien ajeno a sus propios planes, estuviera en un lugar tan público lo inquietaba. No solo eso, ahora estaba en una versión del sistema solar donde los kryptonianos eran figuras públicas.

—Muestra la imagen del Boy Scout —ordenó Alexander.

Optimus obedeció sin dudar, y la holopantalla en el puente proyectó una imagen de Superman volando sobre Metrópolis, enfundado en su traje ajustado de spandex azul y rojo, la capa ondeando con orgullo detrás de él.

Pero algo estaba terriblemente mal.

—Espera… —murmuró Alexander, frunciendo el ceño mientras estudiaba la imagen—. Ese no es Henry Cavill.

Lo que estaba viendo no era el Superman del DCEU que recordaba. No, la imagen mostraba a otro hombre, más joven, con un rostro diferente. El actor que conocía como Superman no estaba ahí; en su lugar, era Tyler Hoechlin quien volaba por los cielos de Metrópolis en vivo, con la S de la Casa de El brillando en su pecho.

Alexander cruzó los brazos, desconcertado y molesto.

—Optimus, dame la fecha terrícola —exigió.

Su IA respondió de inmediato.

—Año terrestre: 2010.

Alexander se congeló por un momento, dejando que la información se asentara. "2010". Eso explicaba mucho. Estaba en una línea de tiempo diferente, quizá incluso en una realidad completamente ajena a la suya. Este no era el DCEU, ni el mundo de su antiguo hogar.

Se reclinó en su asiento, frotándose el puente de la nariz. Sus planes tendrían que adaptarse. Pero primero, debía entender cómo funcionaba este nuevo mundo. Superman estaba ahí, pero no era su Superman. Esto abría nuevas posibilidades, y al mismo tiempo, complicaba su situación.

—Interesante —murmuró Alexander, mientras un plan comenzaba a formarse en su mente—. Muy interesante.

De repente, el juego había cambiado. Y ahora, era momento de mover sus fichas en este nuevo tablero.

Alexander se quedó mirando la imagen de Superman en la holopantalla, tratando de procesar lo que veía. Este no era el Superman que conocía del DCEU. Tyler Hoechlin. El nombre resonaba en su mente mientras intentaba recordar detalles que parecían estar enterrados en algún rincón de su memoria. Después de todo, no era la primera vez que se encontraba con algo relacionado con el universo de las series de televisión de DC.

—Si mi memoria no me falla... —murmuró mientras trataba de ensamblar las piezas—. Este Superman tuvo su propia serie o algo similar. "Supergirl", del 2015, si no me equivoco.

Se apoyó en el respaldo de su silla en el puente, cruzando los brazos mientras su mente vagaba por los recuerdos de aquella serie que había visto en su vida pasada. Kara Zor-El, la prima de Superman, como la protagonista. Y sí, Superman aparecía de vez en cuando, aunque la serie giraba principalmente en torno a Supergirl.

—Claro, conociendo a los guionistas... —continuó para sí mismo, casi con un tono de desdén—. Todo lo excusaban con realidades alternas y diferentes tierras. Así que probablemente ese conocimiento no sea completamente fiable en esta versión de la realidad.

Alexander sabía lo caóticas que podían ser esas tramas de multiverso, donde las líneas de tiempo, los personajes y los eventos se entrelazaban y retorcían según la conveniencia de los guionistas. Eso significaba que incluso con el conocimiento de la serie, no podía estar seguro de cuántos elementos de ese universo coincidían exactamente con lo que ahora veía ante sus ojos.

—Pero... —musitó, acariciándose la barbilla mientras una chispa de interés brillaba en su mente—. Si este es un universo diferente, quizás haya cosas que pueda aprovechar.

El hecho de que los kryptonianos estuvieran activos en este planeta —con Superman como una figura pública y con la posibilidad de que Kara Zor-El también estuviera presente— abría muchas posibilidades. Tal vez no podría confiar en su conocimiento al pie de la letra, pero cualquier ventaja que pudiera obtener de esos recuerdos valía la pena ser explorada.

—Optimus, dame un resumen detallado de este Superman y su historial en la Tierra —ordenó mientras se inclinaba hacia adelante, preparándose para ajustar su estrategia.

El caos del multiverso no lo iba a detener.

(un tiempo después)

Días después de su llegada a este sistema solar alterno, Alexander finalmente decidió que era hora de poner a prueba su biología kryptoniana. Sabía que, al ser originario del DCEU, su cuerpo estaba diseñado para absorber una cantidad mucho mayor de radiación solar que los kryptonianos de esta realidad. Pero el poder no lo era todo; lo más importante era cuánta radiación podía absorber y cuán entrenado estaba en controlar esa energía.

—Optimus —llamó, su tono firme y decidido.

La IA apareció en una proyección holográfica a su lado, como siempre puntual y eficiente.

—Señor, ¿en qué puedo servirle?

Alexander se reclinó en su asiento, observando las gruesas persianas blindadas que mantenían el puente protegido de la radiación solar directa.

—Desactiva las persianas blindadas. Quiero que la radiación solar alcance mi cuerpo.

Optimus asintió sin cuestionar la orden, pero Alexander alzó una mano para añadir una precaución.

—Pero no antes de activar el escudo térmico alrededor del puente. Asegúrate de que esté a máxima potencia. No quiero que esto me desintegre.

—Entendido, señor —respondió la IA. Inmediatamente, los sistemas de la nave comenzaron a ajustarse.

Las luces del puente parpadearon brevemente mientras el escudo térmico cobraba vida, envolviendo el puente en una protección casi invisible pero intensa. Un zumbido bajo llenó el ambiente, señal de que todo estaba preparado. Finalmente, las persianas blindadas empezaron a deslizarse hacia arriba, y un haz de luz solar directa penetró el puente, bañando a Alexander en una intensa radiación solar amarilla.

Al principio, no sintió nada, pero en cuestión de segundos, una oleada de calor lo golpeó de lleno. Su cuerpo kryptoniano comenzó a absorber la energía a un ritmo alarmante, llenándolo de poder. Sin embargo, con la energía, llegaron también los problemas.

Los sonidos del puente, antes tan claros, comenzaron a distorsionarse. Era como si todas las voces de la nave, las vibraciones de las máquinas, el latido de su propio corazón, todo se amplificara al mismo tiempo. Un agudo zumbido perforó su mente, obligándolo a apretar los dientes.

—Maldición... —gruñó, llevándose una mano a la cabeza mientras su visión empezaba a desmoronarse.

El puente comenzó a deformarse ante sus ojos, como si estuviera observando a través de varias lentes de aumento al mismo tiempo. Todo estaba fuera de foco, y los colores, antes nítidos, comenzaron a mezclarse en un caos cegador. Intentó cerrar los ojos, pero incluso a través de sus párpados cerrados, podía ver cada partícula de luz.

Su respiración se aceleró. La energía solar estaba inundando cada célula de su cuerpo, sobrecargándolo.

—Esto es… demasiada energía —murmuró, sintiendo como cada músculo se tensaba.

Su cuerpo se estremeció cuando su sentido del tacto se disparó. Cada pulgada de su piel podía sentir el aire moviéndose, cada vibración del metal de la nave. Sintió el peso de la gravedad de una manera completamente nueva, como si el planeta entero tirara de él con una intensidad insoportable.

Los recuerdos de su vida pasada, como espectador del DCEU, se mezclaron con la realidad que ahora vivía. Recordaba cómo Clark Kent, el Superman de Henry Cavill, había sufrido al principio, cuando sus sentidos se habían descontrolado al estar expuesto por primera vez a la energía del sol amarillo. Ahora, él estaba sufriendo lo mismo.

Cada ruido, cada movimiento, cada partícula de luz era un ataque a sus sentidos. Gotas de sudor resbalaron por su frente mientras trataba de concentrarse. "Tengo que controlarlo", pensó, apretando los puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Sentía su propia fuerza crecer, pero también cómo esa misma fuerza amenazaba con desgarrarlo desde adentro.

Los músculos de sus piernas temblaron, sus rodillas casi cedieron. Intentó hablar, pero su voz salió como un eco distante entre el ruido ensordecedor de su entorno.

—Optimus... —jadeó, su tono más desesperado de lo que habría querido.

—¿Señor? —respondió su IA, su voz resonando como un trueno en su cabeza.

—Desactiva las persianas. Ahora.

Optimus obedeció de inmediato. Las persianas blindadas comenzaron a cerrarse, bloqueando la luz solar que lo bañaba, y al instante, Alexander sintió el alivio. La presión en su cabeza disminuyó y sus sentidos comenzaron a normalizarse. Se dejó caer en su asiento, respirando con dificultad, mientras su cuerpo seguía vibrando con la energía residual.

—Parece que aún no estoy listo para esto —murmuró, pasándose una mano por el rostro sudoroso.

Sabía que necesitaba tiempo para adaptarse, para aprender a controlar la vasta energía que su cuerpo ahora podía absorber. Pero también sabía que, una vez que lo dominara, su poder sería inigualable en este nuevo universo.

(en orbita alrededor del sol)

Alexander, tras días de arduo entrenamiento, finalmente había logrado regular sus sentidos, tanto su audición sobrehumana como su visión ampliada. Aunque al principio fue un calvario, sus habilidades avanzaron hasta el punto de que podía controlar con precisión el diluvio de estímulos que la radiación solar le otorgaba. Sin embargo, no todo fue tan sencillo. Un estallido emocional lo tomó por sorpresa mientras trataba de concentrarse, y por primera vez, sus ojos lanzaron los icónicos rayos láser.

El rayo rojo salió disparado con una potencia devastadora, cruzando el puente de su nave en una fracción de segundo. El sonido sordo del impacto fue acompañado por un resplandor cegador. El escudo térmico del puente, diseñado para soportar condiciones extremas, absorbió el impacto, vibrando visiblemente por la presión ejercida sobre él. Si no hubiese sido por aquel escudo, el puente habría sido pulverizado en un instante.

Alexander jadeaba, su corazón latiendo con fuerza en su pecho, mientras el resplandor de sus propios ojos se desvanecía.

—¡Maldición! —exclamó, el eco de su voz llenando el silencio tenso del puente.

Optimus, siempre imperturbable, respondió con su tono monótono y sereno.

—Señor, sugiero que se abstenga de utilizar sus rayos láser dentro de la nave.

Alexander lo miró, intentando recomponerse mientras las palabras de la IA lo atravesaban.

—¿Detectaste algo? —preguntó, todavía sacudido por lo ocurrido.

Optimus proyectó un pequeño gráfico en una de las pantallas del puente, detallando la energía liberada en ese breve instante.

—Mis sensores han detectado que la energía disparada por usted superó con creces los umbrales tolerables del escudo térmico. Aunque el sistema logró evitar un colapso estructural, un disparo concentrado como el que efectuó podría haber destruido la nave por completo. Los escudos no habrían resistido una segunda descarga de esa magnitud.

Alexander se quedó paralizado ante aquella afirmación. Su mente procesaba las implicaciones: había disparado, sin darse cuenta, suficiente energía para aniquilar toda su nave en un solo instante.

—Eso… eso no es posible, ¿verdad? —susurró, casi con incredulidad.

—Me temo que sí, señor. La potencia que liberó es suficiente para desintegrar una estructura de gran tamaño. Si hubiese dirigido el rayo hacia los sistemas de soporte o el reactor principal, las probabilidades de una catástrofe hubieran sido del 99.8%.

El sudor volvió a brotar en su frente. Alexander sabía que los kryptonianos eran poderosos bajo el sol amarillo, pero jamás había imaginado que su fuerza fuese tan inmensa en comparación con la de sus contrapartes del Arrowverse. Se pasó una mano por el rostro, intentando contener la sensación abrumadora de peligro que lo invadía.

—Lo que significa que… no tengo margen de error —murmuró, más para sí mismo que para Optimus.

—Correcto, señor. El control preciso de sus habilidades es vital, especialmente en entornos cerrados o donde la infraestructura pueda verse comprometida.

Alexander se levantó del asiento, caminando lentamente hacia las ventanas del puente. La luz solar seguía filtrándose a través del escudo térmico, y la sensación de poder latente en su cuerpo era innegable. Pero ese poder, sin control, era una bomba de tiempo.

—Lo que más me preocupa —dijo finalmente, mirando hacia el sol distante— es que ni siquiera he rascado la superficie de lo que soy capaz de hacer. Este... este no es mi límite, Optimus.

—Lo sé, señor —respondió la IA—. Y es por eso que debe proceder con cautela. La energía que usted es capaz de canalizar podría, en las circunstancias incorrectas, tener consecuencias devastadoras para usted y su entorno.

Alexander apretó los puños, la sensación de abrumador poder burbujeando bajo su piel.

—Deberé entrenar más, fuera de la nave. Si llego a perder el control aquí dentro de nuevo… no habrá una segunda advertencia.

—Le recomiendo buscar un lugar adecuado para tal entrenamiento —añadió Optimus—. Preferiblemente en un entorno donde no ponga en peligro ni a la nave ni a sí mismo.

Alexander asintió. Ya no solo estaba enfrentando la realidad de su fuerza, sino también el hecho de que, en este nuevo universo, cada paso que diera debía ser calculado con precisión. Ya no estaba en Krypton, ni siquiera en su realidad original. Era un dios en un cuerpo humano, y ese poder sin control podría convertirse en su mayor enemigo.

—Primero necesito control absoluto —murmuró con determinación—. Y después… bueno, ya veremos qué hacemos con este universo.

Mientras el sol seguía bañando el puente en luz, Alexander observó las estrellas más allá del sistema. Sabía que su viaje apenas comenzaba, pero esta realidad alterna, con su propio Superman y su propio destino, acabaría siendo solo otra pieza en su tablero de poder.

Ahora, lo único que quedaba era perfeccionarse. Y para eso, necesitaría todo el tiempo y esfuerzo del mundo.