-Buenos días.

El bullicio del gran comedor de Hogwarts era tal, que Scorpius Malfoy, encontrándose a sólo treinta centímetros de su amiga, no escuchó su saludo.
Grace Wilson cerró los ojos y golpeó con sus apuntes de historia la cabeza de su amigo. No demasiado fuerte. No demasiado.
-¡Auch!
Ella sonrío radiantemente.

-¡Buenos días!
-Hola, hola...-murmuró.
-¿A qué viene tanto jaleo?- preguntó la chica mientras se sentaba al lado del chico delgado y cabellos plateados. Aquel escándalo era anormal y extraño, lo que le hizo intuir a Grace que se había perdido alguna noticia importante.
Scorpius no contestó (si bien a ella le pareció escuchar un pequeño gruñido) y siguió engullendo su tostada. Justo enfrente de ellos, un alumno que leía la sección de deportes de "El Profeta" bajó escandalosamente el periódico, dejando al descubierto su rostro. Su corbata verde estaba totalmente descolocada, al contrario que la de Scorpius.

-Buenas, tardona.
-Hola, Josh.
Joshua Wracen: cuadrado, de rostro duro y facciones rudas. A simple vista, un bruto en potencia. Pero para todos esa fama en cuanto veías su gran sonrisa aparecer de sus resecos labios.
Como en aquel momento.
-Te has perdido las nuevas de Mcgonagall. Una pena.
-Déjame pensar...-dijo Grace, mientras llenaba su plato con alimentos que iban camino de constituir un substancioso desayuno. No era de las que se cortaban al comer. Nunca engordaba- ¿se ha convertido en gato, pero para siempre?
-Frío- respondió Scorpius mientras retiraba con una mano las migas de la mesa hacia el suelo.
-Tiene novio.
Josh arrugó la nariz, en señal de disgusto.
-No digas idioteces.

-Qué...siniestro- dijo Scorpius, con una mueca de desagrado.

Ellos se miraron, con una mirada de expectación.

-Suéltalo ya- incitó ella.

El chico de pelo castaño suspiró.
-Por lo visto, a final de curso (ya lo sé, para el queda un ratito todavía) habrá una fiesta. Para todo Hogwarts.
-¿Una fiesta?- preguntó Grace con la boca llena de gachas de avena- ¿Para qué una fiesta?
-Los veintitrés años de la Victoria sobre Voldemort y Mortífagos.
Grace no cabía en sí de su asombro, abriendo mucho sus ojos verdes, casi amarillos.
-Veintitrés años... ¿pero por qué veintitrés? no es muy normal que...
- Recuerda que en el mundo mágico es diferente- recordó Josh cortándola- igual que cumplimos la mayoría de edad a los diecisiete, las fechas que se celebran son veintitrés, y no veinticinco. Veintitrés aniversario.
-¿Y el cincuenta aniversario?
-Cuarenta y siete aniversario, querrás decir.
Grace levantó las cejas. Segundos después, le dio un leve codazo a Scorpius, en señal de complicidad.
-Esto es de lo que te enteras por tener a un amigo mestizo con una familia bien estructurada.
Los chicos se dirigieron una tensa mirada, mientras Grace golpeaba el tenedor contra su plato con una pizca de rabia que sólo amigos tan cercanos para ella como ellos dos sabían notar.
-¿Algo más?- preguntó un minuto después, con voz neutral.
-Bueno...-respondió Josh. Scorpius se había perdido en su propia constelación, con la mirada fija en un punto de la mesa de Gryffindor. Como casi siempre, como casi todos los días desde hacía ya demasiado tiempo- hay que ir por parejas. Ya sabes...casi como un baile.
La chica rodó sus ojos (hoy estaban más amarillos que verdes) con frustración.
-¿Pero no era una fiesta?
-De hecho, lo es...- contestó el rubio, ausente.
-Pero dijo que había que conseguir pareja. Dijeron.
-¡Pues eso se dice antes!- le reprochó ella a Josh.
-En realidad Scor y yo estábamos apostando cuantos chicos te lo pedirán para el tres de mayo. Teniendo en cuenta que acabamos de volver de vacaciones de Navidad, les dará tiempo a muchos.

-¿Y porque me lo van a pedir?

Joshua cogió aire, dispuesto a enumerar. Scorpius se le unió.

-Guapa.

-Lista.

-Rubia.

-Con carácter.

-Ojos bonitos.

- Muy guapa- enfatizó.

-Basta- exigió, de mal talante.

-Con mucho carácter- finalizó Scorpius.

-Que conste que no me gustan las chicas con carácter- aclaró Josh- pero parece que al resto del mundo sí.

-Eso es porque tú tampoco es que tengas mucho carácter...

- ¡Ya vale! No quiero ir con nadie. Estas cosas no me hacen gracia, punto.
- Sobretodo si no puedes ir con quien tú quieres- murmuró Scorpius, más desanimado.
-No es que no puedas, Scorpius, es que ni siquiera se lo vas a pedir- respondió mirando hacia el mismo punto que él- está guapa hoy, ¿no crees?
Él carraspeó desviando la mirada.
-Me han dicho que la mesa de Gryffindor tiene un agujero. Espero que no hayas sido tú, traspasando con la mirada...
Joshua rio y alzó su periódico, retomando la lectura del artículo "Las cinco mejores paradas en la historia profesional de Oliver Wood, por Ginevra Potter"
-Lo que me voy a reír de ti cuando te guste alguien no va a ser normal- le amenazó Scorpius mirándola con los ojos entrecerrados.
Ella habría respondido a la pulla, pero estaba demasiado ocupada observando a un Gryffindor de su edad que se aproximaba a grandes zancadas hacia la mesa de Slytherin. A medida que se acercaba más y más, las chicas que todavía quedaban charlando alzaban la mirada, y nerviosas dejaban la comida o sus apuntes a un lado.
El muchacho Gryffindor no era otro que Harley. Sólo Harley. Su nombre y apellidos quedaron hacía años eclipsados por un mote, que, a Grace personalmente, le parecía muy poco original. Muy alto (semejante altura de hacía aparentar unos dos años más de los que tenía), de piel morena, espeso pelo castaño y ojos marrones, casi negros, según todas las chicas (de casi cualquier edad y gusto), era el joven más guapo que habían visto jamás.
Sin embargo, para ella, no tenía más atractivo que el físico. Y ni siquiera se fijaba demasiado en eso. Más de una se había metido con sus gustos sexuales por expresar tales opiniones en voz alta. Así que había aprendido a callarse, fundamentalmente para no tener que aguantar a la pesada de turno.
Lo siguió con la mirada mientras empezaba a pasar de largo por un extremo de la mesa. Hasta algunos chicos lo observaban, inquisitivos. Todos esperaban algún tipo de movimiento por su parte.
Y el chico caminó tranquilo y seguro. Y, finalmente, cuando Grace y Scorpius lo tuvieron justo enfrente, y Josh y Aline, (la chica de tercero sentada a la derecha del Slytherin de la corbata mal colocada) a unos centímetros, él se giró para mirarlos.
Grace tenía que haberlo intuido.
-Buenos días- saludó, como quien saluda en su casa al despertarse de buen humor.
Scorpius frunció el ceño. La chica y Josh se mantuvieron circunspectos (él fingió que seguía inmerso en el artículo) y se empezó a formar un silencio general de los más extraño.
¡Con el jaleo que había cuando ella llegó!
-Qué pasa...- saludó Grace.
-¿Has oído lo de la fiesta?
Grace también frunció el ceño. En aquel momento, ambos delgados, rubios y con la misma expresión en el rostro, Scorpius y ella parecían hermanos.
-La verdad es que no, acabo de llegar, me lo estaban contando ahora. ¿Verdad, Josh?
El aludido soltó una pequeña sonrisilla. Por lo demás, ni se inmutó.
-Bueno- continuó Harley- pues me preguntaba si querrías ir conmigo.
Ella suspiró largamente al cabo de unos segundos.
-A ver... ¿y por qué va a querer alguien como tú ir conmigo?
Él desvió la mirada, fingiendo que lo pensaba.
-¿Porque los dos somos guapos? y vamos en el mismo curso, y eso. Por poner una excusa.
Joshua soltó una corta carcajada.
Grace lo miró desconcertada.
-Pues vaya excusas, Harley...
- ¿Entonces...
-Entonces no quiero ir contigo, si es que voy. Y seguiré sin querer ir contigo aunque me des un buen motivo. Lo siento- se encogió de hombros- la verdad, no sé cómo has podido pensar que te diría que sí.
-Oh- dijo con una expresión de disgusto que se viera como se viera y por algún desconocido motivo, no parecía muy creíble. Tras dos segundos de silencio incómodo, se encogió de hombros, como si tal cosa- Lástima. Se lo pediré a otra. Adiós y gracias.

Y se alejó sin más, tal como había llegado. Feliz, egocéntrico, pastoso.

Grace suspiró y se destensó.

-No me lo puedo creer- soltó Josh con expresión divertida.

Scorpius se limitó a seguir al Gryffindor con la mirada, y finalmente dictaminó en voz baja que Harley era un chico muy extraño. Muy rarito. Demasiado para su comprensión.

Grace habría añadido varios adjetivos no demasiado halagadores para describirlo, pero alguien la llamó a lo lejos. Reconoció la voz del otro prefecto de Slytherin (el verano anterior ella había recibido la insignia de prefecta con la carta de Hogwarts) Hyssac Sladde.

-¡Wilson! ¡Grace Wilson!- gritaba, apremiante.

-¡Aquí!- gritó levantándose para que Hyssac la localizara.

Lo divisó a unos cuantos metros. Él la miró también y se acercó a ella a toda velocidad.

-Tengo que llegar a clase de pociones quince minutos antes, sino Badgreen me mata, como siempre llego tarde, me castigó.

-Lo sabemos. Te gritó en plena clase ¿recuerdas?

-Sí, bueno... pues como tú no estabas cuando llegó el correo, lo he tenido que coger yo.-Grace se fijó en el pequeño montón de cartas que llevaba en la mano que no estaba ocupada por el libro de pociones- hay para ti.

Hyssac le tendió una carta que hizo que Grace sonriera nada más verla. Era de su padre. Como cada tres días, había recibido correo del hombre que la esperaba fuera del mundo mágico, en un hogar donde ella se olvidaba de la magia, y de todos los problemas que parecía traer siempre consigo.

Quienes conocían a los padres de Grace Wilson (y pocos eran los que conocían a los dos) decían que ella era el vivo retrato de su padre. Y que de su madre había heredado parte del carácter, si bien su padre se había encargado de ir corrigiendo sus malos comportamientos. Pero ella no quería parecerse a su madre: No quería ser como ella, no quería que la relacionaran con ella, y sobretodo, que no la compararan con ella. Ella tenía motivos de sobra para desear todo aquello, y solía pensar que con su historia podrían escribirse páginas y páginas de una historia que sólo a los más retorcidos les gustaría leer.

Sin embargo, la palabra odio era demasiado para describir lo que Grace sentía por su madre.

Pansy.

Cabe decir que nunca se escribían cartas. Hace años una o dos cada tantos meses, pero la comunicación fue tan poca que sirvió para que se metamorfoseara en palabras inexistentes. Por eso, cada vez que Grace recibía una carta de su padre era un alivio, un soplo de aire fresco. El recordatorio de que alguien ahí afuera pensaba en ella. Eso la hacía sentir bien. Una simple carta.

De ahí su sorpresa al encontrase con que había otra para ella esta vez. Aquel sobre era más grande y pulcro. Se apresuró a mirar el remitente, pero encontró un gran sello en su lugar, parecido al de las cartas de Hogwarts.

"Hospital San Mungo para enfermedades y heridas mágicas"

Grace frunció el ceño.

-¿Qué es esto? ¿Una carta de San Mungo?

-En serio, me tengo que ir ya- Hyssac palmeó su hombro levemente y echó a correr, aireando el pelo rubio y largo de ella al pasar.

Abrió el gran sobre, entre expectante y nerviosa. Finalmente, sacó un pequeño pergamino de ortografía pulcra y legible.

Estimada señorita Wilson:

Forma parte de uno de los servicios del Hospital informar debidamente a los familiares o personas más cercanas a los afectados graves o con serios problemas de inmovilidad que ingresan en nuestras paredes de su ingreso y/o estado actual, así como de mensajes urgentes de estos hacia estas ciertas personas.

Por lo tanto, es nuestro deber informarle de que un familiar suyo ha sido ingresado de una enfermedad desconocida y en vías de investigación junto con un grupo de afectados más (para más información, consultar en recepción del centro) y su estado, comprobado por un grupo de medimagos especializados en enfermedades extrañas, parece grave pero por el momento, resulta incierto.

Se ruega por parte de su familiar afectada visita y apoyo en estas circunstancias.

Paciente: Pansy Samdon.

Planta: Segunda (Virus mágicos)

Habitación: 35.

Atentamente,

La administración del Hospital San Mungo de enfermedades y heridas mágicas

Grace bajó la mirada, confusa.

Scorpius se había levantado del banco, que ya estaba prácticamente vacío, y la miraba, preocupado.

-¿Grace?

-Es...mi madre. Más o menos.

-¿Más o menos? ¿Qué ocurre?

-Creo que está enferma. Creo que quiere que vaya a verla. Es decir- sacudió la cabeza- está enferma, pero no sé si quiere que vaya a verla.

Él no supo que responder. Ella lo miró, como pidiendo ayuda.

-¿Qué hago?

- La pregunta es: ¿Qué quieres hacer?

-No lo sé.