La concentración en aquella aula era imposible. Siempre lo era.
La segunda clase de aquel Jueves, Transformaciones, era ruidosa y caótica casi sin medida. Los alumnos de aquella clase aprovechaban para charlar sobre cotilleos más recientes (como que Harley fue rechazado por Grace Wilson para ir al baile del tres de mayo) o para descargar la tensión de los estudios, hablando sobre otras banalidades. Alguno exclusivamente recuperaba horas de sueño, pero con aquel bullicio era complicado hacerlo.
Y a pesar de todo, en Transformaciones se aprendían muchas cosas rápidamente, y los alumnos se preparaban correctamente para los T.I.M.O.S, con claras expectativas de que los resultados fueran buenos.
Las clases de Robert Redfield, profesor de la asignatura y jefe de la casa Ravenclaw, eran sin duda un ejemplo de que se puede uno divertir y sentirse realizado aprendiendo. Y que realmente se aprende algo.
A Grace se le daban bien muchas asignaturas: Runas Antiguas, Aritmancia, Defensa contra las artes Oscuras, Pociones (su punto fuerte) y todas en general. Pero en Transformaciones flaqueaba un poco. Por eso, siempre procuraba estar un poco más atenta en esa clase, a pesar de la dinámica de esta.
Pero ese día estaba sólo físicamente en el aula. Mentalmente estaba lejos, muy lejos. Miraba a un punto fijo del cristal de una ventana, mientras la compañera Gryffindor situada a su derecha manejaba de manera incorrecta su varita. La tarea era convertir un pesado libro en un lagarto de tamaño medio, y haciendo esa extraña floritura sólo conseguía un libro con cola de reptil.
Al menos eso alejaría a ladrones de libros-pensó.
-Manejas horrorosamente la varita, Charlotte-dijo, esta vez en voz alta.
Mientras la Gryffindor regordeta se sonrojaba en sobremanera, a sabiendas de que ella siempre manejaba fatal la varita y aprobaba por los pelos muchas asignaturas, la otra compañera de al lado, Rose Weasley, miraba a Grace con aprensión. El lagarto de la chica pelirroja se deslizaba por la mesa, feliz de poder moverse.
-Hace lo que puede, Wilson.
La chica Slytherin se dio la vuelta y se encontró con la pelirroja, que la miraba con disgusto.
-También yo, y mira.
-Sí, ya veo. Por cierto, tu lagarto está lleno de letras.
Era cierto. El lagarto de Grace era perfecto, excepto porque tenía el cuerpo cubierto de letras escamosas.
-Maldición-exclamó.
Rose rio. No de manera tan malvada como si fuera una de las Slytherin con las que compartía habitación, sino más bien como si todo aquello le hiciera gracia de verdad
Grace no entendía del todo el sistema del profesor, pero estaba cerca de hacerlo.
Casi desde la primera clase, el profesor Redfield había reordenado a los Gryffindors y Slytherins y los había puesto juntos. Con el paso de cuatro años, Grace conocía a los Gryffindors lo suficiente como para hacer una descripción (si bien un poco superficial) de ellos.
Las chicas con las que compartía mesa ahora mismo y desde la vuelta de las vacaciones de Navidad eran Charlotte Sanders y Rose Weasley.
Charlotte era gordita, tímida y un desastre andante. Caminaba con la mirada en el suelo y procuraba no llamar mucho la atención. Aunque era mala con la varita, las asignaturas como Historia de la magia o Herbología las dominaba. No tenía muchos amigos. Solía verla de vez en cuando con Huffelpuffs igual de tímidos que ella.
La chica más normal era Rose, y era una Weasley. Era pelirroja por supuesto, y altísima. Había oído a demasiados adultos o profesores decirle que era una copia de su madre, pero con los rasgos Weasley heredados de su padre. Rose sacaba unas notas excelentes y tenía un fuerte carácter que dejaba ver de vez en cuando ejerciendo labores de prefecta.
Grace la consideraba un poco histérica. Pero si tuviera que confiar en alguna Gryffindor, lo haría en ella.
Aparte de Charlotte y Rose, había otras dos chicas. Una, Christinne Bennett, era a la que media clase consideraba hueca de ía darse aires de interesante todo el tiempo. Nadie la aguantaba. Además era una loca de la Adivinación, y todo el mundo detestaba la adivinación.
Y la última era Ann. Ann Anderson. Sorprendente. Siempre la había considerado poca cosa: tan bajita (incluso más que la propia Grace) y tan menuda que nadie se fijaba en ella (si lograba tapar sus brillantes ojos azules con la larga melena negra, claro) y sin embargo había visto a la chica hacer cosas realmente extrañas. Su nombre salió elegido por el cáliz de fuego el año anterior, en el Torneo de los tres magos, celebrado en Beauxbatons. Y aunque el elegido de la escuela francesa había resultado vencedor, Ann había sido la segunda y había perdido por un pelo. La había visto hacer cosas que más de la mitad del curso no sabía hacer. Qué locura. Sin embargo, aquel año había vuelto a su protagonismo habitual.
La mayoría la ignoraban. Pero algo debía de tener esa chica para estar siempre rodeada por Harley y Rose Weasley.
Y para ser la novia de Albus Potter.
Bueno, eso último no. Albus Potter podía ser hijo de quien le diera la gana, pero...era...
Grace no sabía cómo describirlo.
Lo observó un segundo. De baja estatura, con el pelo negro azabache desperdigado por su cabeza, sin gracia, y su delgada figura intentando no ser mordida por el lagarto no del todo pacífico en el que se había convertido su libro. Era muy tranquilo. No traía ningún tipo de problema, a diferencia de su hermano mayor James, que amaba el peligro. Tranquilo.
Demasiado para su gusto.
-Tal vez si dejaras de meterte con el trabajo de Charlotte tu lagarto dejará de parecer una biblioteca. Si permites un consejo, creo que diste tres vueltas de varita en lugar de cuatro.
-Oh, calla Weasley. Todos sabemos que Sanders es tu protegida, pero no la tomes conmigo.
-Como quieras.
Cuando la clase dio a su fin, la idea que Grace tenía en mente se abrió más paso. Los alumnos se retiraban con apremio mientras Scorpius y Josh esperaban en la puerta. Pero ella les hizo una seña para que se fueran y ellos no discutieron.
Se colgó la bolsa al hombro, guardó el libro-lagarto en su lugar, de nuevo convertido en objeto (al animal todavía no había podido eliminarle las letras) y se dirigió a la mesa del profesor Redfield, que escribía la siguiente lección en la pizarra, al
método Muggle.
Como estaba de espaldas, lo llamó.
-¿Profesor?
Él dio un respingo.
-¿Wilson?
-¿Le importa si hablo un momento con usted?
-Ummm...-La tiza chirrió contra la superficie negra- un dibujo
más...ya está- se dio la vuelta por fin- ¿Qué quieres comentarme?
-Esto...esto me resulta un poco incómodo. Verá, sé que usted es el jefe de la casa Ravenclaw y que para estas cosas debería acudir a la profesora Badgreen, la jefa de mi casa, pero...no me veo capaz de contarle este problema a ella.
Una pequeña sonrisilla de resignación apareció por el afable y surcado rostro del profesor.
-Puede que te resulte raro, pero no es la primera vez que me dicen esto. A mí y a mis otros dos compañeros jefes de casa. Puedes imaginar cuanto le gusta eso al profesor Patterson, que siempre insistió en que Mary era incompetente para el cargo que tiene. Sin embargo, el
profesor Longbottom, siempre tan discreto para esas cosas...
-Profesor- interrumpió Grace.
-Lo siento. Sin duda me fui por las ramas. Puedes contarme tus problemas.
-Sólo tengo uno. Creo. Verá...bueno... ¿usted sabe de quién soy hija? sabe mi historia, tal vez.
El rostro del hombre se volvió más serio.
-Me temo que no es ningún secreto. Y menos entre profesores. Se supone que tenemos que ocuparnos de tu formación, pero también de tu bienestar.
-Lo dice por Michael ¿verdad?- murmuró con voz queda.
-Lamentablemente sí.
-No le tengo miedo.
-Lo sé. Pero también sabes que podrías.
Grace se estremeció entera por dentro.
Uno de sus mayores miedos, desde que entró en Hogwarts, tenía nombre y apellidos.
Michael Samdon.
Michael tenía el pelo
del color de la coraza de un escornabois y la piel
blanca, como un aristócrata de otra época. Tenía los ojos verdes, del color de la hierba en primavera. Vivos, observadores, alertas. Los tenía como Grace, y ella y Michael los tenían como
los de su madre.
La misma madre.
Grace podía ser muchas cosas, pero tonta y osada no, nunca había intentado un acercamiento con él. De todas formas, ni los habían presentado alguna vez.
Porque ella era huérfana de madre, pero Michael no. Grace era el gran error en la vida de los Samdon.
«¿Cómo pudo pasar?» se preguntaba todo el tiempo. Para tener hijos había que hacer "ciertas cosas" y si Pansy era de esas familias asquerosas de linaje de Sangres limpias ¿no se suponía que debía odiar a los Muggles?
Desde luego, si el
padre y la madre de Grace se hubieran amado alguna vez, Michael sería el que no tuviera madre.
Pero no era así. Y aunque parecía que Grace fruto de un error del que todavía no sabía toda la enturbiada historia, dolía. En el fondo lo hacía.
Solía preguntarse a menudo si aquella mirada de escondida maldad de Michael, su hermanastro de séptimo año cuyo pasatiempo favorito era pelear con James Potter y sus amigos, estaba escondida en la mirada de Pansy Samdon o en la de su "esposo"
En cualquier caso, ella tenía una pregunta que formular.
-De hecho quiero hablar de él...bueno, no exactamente de él. Una carta de San Mungo llegó hace unos días, y...en ella decía que mi madre estaba enferma. Creo que ella quiere verme pero, sinceramente...no quiero.
El profesor respetó la parada de la chica, que tomaba fuerzas para continuar.
-Pero me siento mal por ello- cerró los ojos- estoy confusa y ya no sé qué hacer.
-Sabes que San Mungo no te habría avisado de su internamiento sino lo hubiera pedido ella expresamente.
-A decir verdad, todo eso es tremendamente injusto. ¡He hecho cosas todos estos años! ¡Y ella no ha estado nunca! No ha visto ninguna...
Al ver que la chica comenzaba a perder los estribos de la situación, puso una mano en su huesudo hombro, tranquilizándola.
-Lo sé. Lo entiendo.
-No...-murmuró con voz queda- no lo entiende. Ayer leí una noticia en El Profeta...un paciente murió en San Mungo de un virus extraño. Es lo que tiene mi madre, estoy tan segura como pocas cosas. Es mortal.
-No lo sabes- razonó el
profesor, pensativo.
-Creo que eso es lo peor. No saberlo con seguridad.
Silencio.
-¿Qué quieres que te diga?
-Sólo inténteme ayudar-suplicó
-Si dudas entre ir a visitar a tu madre y no hacerlo, tienes más posibilidades de arrepentirte si al final no lo haces. Créeme, lo sé por propia experiencia, desgraciadamente.
Grace desvió la mirada, meditando sobre aquello.
-Gracias por escucharme, profesor.
-No hay porque darlas.
-Entonces... ¿qué has decidido?
-Que no voy a hacerlo.
El aire frío movió los cabellos rubios de Grace, haciéndolos bailar enfrente de su rostro. Scorpius estaba espatarrado
en la hierba leyendo el
libro de pociones al revés (tenía una extraña teoría que estaba confirmando) y Josh simplemente tenía la mirada perdida en el lago de Hogwarts. Excepto cuando había formulado la pregunta, que la había mirado.
-¿No?
-Lo que dijo el profesor Redfield me hizo darme cuenta de que mi miedo a lo que ocurra allí es más fuerte que el supuesto arrepentimiento que me entrará si no la visito. Así que no lo voy a hacer, y zanjemos el
asunto.
Ninguno de los dos dijo nada. Su razonamiento parecía, tal
como lo que a la propia palabra se refiere, razonable.
-¿Qué hace Weasley viniendo hacia aquí?
Era cierto, Rose Weasley se acercaba hacia ellos decidida y con la cabeza excesivamente alta. Los tres mantuvieron contacto visual con ella (Scorpius en una posición un tanto incómoda, como medio incorporado) hasta que la pelirroja se detuvo.
-Hola
No recibió respuesta.
-Escuchad- Grace se fijó en los extraños papeles que llevaba debajo del brazo- tal vez penséis que esto es extraño, y de hecho hay gente en que no está de acuerdo en que...bueno, en fin. ¿Habéis leído los periódicos últimamente?-preguntó nerviosa.
- ¿Weasley?-sólo dijo Josh.
-Están ocurriendo cosas- murmuró Rose- de alguna manera u otra...acabarán afectándonos a todos.
- ¿Te refieres a esas desapariciones de las que habla El Profeta?- preguntó
Scorpius.
Rose asintió lentamente.
-No sólo de eso. Escuchad, si os interesa...- suspiró- de verdad que no puedo explicaros más aquí y ahora, pero un grupo de alumnos...estamos muy preocupados por la situación que estamos viviendo. Hace años que no desaparece tanta gente, no muere un número de gente tan significativo por causas extrañas. Y...hay cosas que no sabéis que...
-¿Qué estás insinuando? ¿Estás intentando meternos miedo?- interrumpió Scorpius- tal vez estés un poco paranoica con todo esto ¿no?
Rose estaba llegando al límite de su nerviosismo. Se acercó a Scorpius (parecía que iba a pegarle) que estaba sentado en la hierba con las piernas cruzadas, y dejó caer uno de sus papeles que llevaba. Cayó deslizándose con gracia por el aire hasta llegar a caer en su regazo.
-No sé. Tal vez yo sea una paranoica. O tu estás demasiado ciego. En cualquier caso, es sólo problema tuyo.
Echó una última mirada a los otros dos y se alejó con aire altanero, como si hubiese salido triunfadora de una guerra que ya consideraba ganada. Albus Potter esperaba a su prima a lo lejos, murmurando algo a su amigo Harley, que parecía sonreír divertido mientras Rose se acercaba a ellos. Ann Anderson, de la mano de Albus los miraba, como pensativa.
-Me siento muy observado- murmuró Josh.
-Yo siento que hay mucho Gryffindor tocando las narices últimamente- gruñó Scorpius.
Grace se dio cuenta de que se había puesto rojo. No creía que fuera de ira precisamente.
-Oh, vamos- se burló Josh- ni que los Gryffindors te molestaran precisamente. Sobre todo las chicas ¿eh? ¿Eh?
-Oh, cállate.
-¿Que dice el papel?
Scorpius desenrolló el pergamino. Leyó:
"Miércoles en la salida a Hogsmade.
Tienda Sortilegios Weasley, cuatro y media"
-Tienes una cita- se burló Grace.
-¿Eso es todo lo que dice?
-Eso parece. Pues vaya...Weasley está loca. Que novedad.
-Pues yo voy a ir- dijo Josh.
-¿Y gastar toda nuestra excursión a Hogsmade en una reunión llena de Gryffindors?- protestó Scorpius.
-Tampoco es que nos vayan a comer. Y no puedes negar que Weasley tiene algo de razón. En los periódicos aparecen cosas muy extrañas- alegó Grace.
-Si claro, Voldemort ha vuelto ¿no?- dijo Scorpius con ironía. Pero debió de acordarse de algo repentinamente, porque dejó de sonreír burlón inmediatamente.
-No...bueno, ya lo pensaremos ¿no? tenemos tiempo...casi una semana.
Y así quedó aquel
asunto. Era realmente confuso.
Que Weasley se hubiera explicado un poco mejor.
Horas después (muchas horas después) Grace estaba sentada a los pies del sofá de la sala común de Slytherin, con Josh rodeándola con sus fuertes brazos por detrás, apoyando su ancha espalda en el
sillón, y con las luces verdosa de la estancia iluminando levemente su rostros, haciendo extrañas figuras en ellos.
-No se lo digas a nadie, pero no había pasado tanto pánico en la vida-murmuró ella.
Él la apretó con fuerza, protegiéndola...de nada en aquel momento.
Estaban completamente solos. Eran las dos de la mañana y todos dormían o al menos intentaban hacerlo.
Menos ellos.
Dicen que existen muchas casualidades en la vida, y una de ellas era que si Michael Samdon había ignorado tantos años a Grace, el dia en el que más se hablaba de ello había decidido que su hermana menor existía.
Todavía recordaba los brazos del chico aprisionándola a la entrada de la Sala común, por sorpresa y sin dar posibilidad de que Grace reaccionara. Nadie acudió en su ayuda en ese momento (al menos hasta que Josh entró de volver de cenar, tan temprano como siempre) porque de los pocos que estaban presentes, todos eran amigos de Samdon, o le tenían el suficiente miedo.
-Vas a escucharme atentamente, Wilson-ella había estado a punto de gritar al notar como la estrellaba contra la pared, pero solamente inhaló aire, ahogando cualquier sonido- si sabes lo que te conviene, vas a procurar mantenerte al margen de todo. De todo ¿entendiste? O te pasarán cosas que vas a lamentar. Vas a lamentar, y mucho- le gruñó.
Si no hubiera llegado su amigo en aquel momento, no sabe que podría haber pasado. O con que la habría amenazado. No le había contado ese episodio a nadie (ni siquiera a Scorpius) pero se acabarían enterando todos. Así funcionaba.
- Vale, Samdon te ha dejado claro que no quiere que vayas a ver a vuestra madre- dijo Josh, intentado sonar tranquilizador- pero de todas formas no ibas a hacerlo, así que...
-No me ha dado mucho tiempo a decírselo- murmuro ella- además creo que no se refería sólo a eso.
Él no dijo nada por un rato.
-Tú también entendiste algo de lo que dijo Weasley antes ¿verdad? sé que no mencionó la palabra por respeto a Scorpius, o eso creo, pero se refería a los Neomortífagos. No son tan poco peligrosos como hace años, eso era lo que intentaba decir. De alguna manera creo que se han hecho más fuertes y peligrosos.
Grace había descubierto hacía tres años que el padre de Scorpius había formado parte de los Mortífagos. Que había sido algo así como "un Mortífago obligado" y que había escapado de Voldemort en cuanto le había sido posible. Ella sabía que esa no podía ser exactamente la verdad, pero eso fue lo que dijo el chico. Por eso Grace y Josh procuraban no hablar nunca de Mortífagos, o de los desgraciadamente famosos Neomortífagos.
Había una sospecha que llevaba demasiado tiempo rondando la mente de la Slytherin, y era si el padre de Michael, Henicc Sandom, era uno de esos Neomortífagos. Algo le decía que sí.
«No son tan poco peligrosos como hace años, eso era lo que intentaba decir»
Tal vez Weasley y sus amigos tuvieran respuestas a varias de sus incógnitas.
Y tal vez Michael le advirtiera que se mantuviera alejada de todo aquello o pagaría las consecuencias.
Pero ¿por qué?
También podía ser que Henicc la odiara tanto como a su propio padre (él podíaestar en peligro). Todo era muy confuso. Pero al mismo tiempo...
-Ahora todo está un poco más claro- finalizó ella.
Decidida a apartar todos esos pensamientos de su cabeza, se dio la vuelta y serecolocó envolviendo la cadera su amigo con sus piernasy rodeándolo el cuello con sus brazos. Su piel oscura contrastaba conla blanca de ella, aunque la luz verde sin duda era hermosa en la piel delchico, que sonreía.
-Si no fueras gay creo que te besaría-soltó Grace, impulsivamente.
Josh rio y después de un silencio misterioso se incorporó y la besó de lleno enla boca, moviendo los gruesos labios de forma casi cómica sobre los finos deella.
Lejos de molestarse, la chica rio a carcajadas, rompiendo el beso.
-¿No decías que me besarías?- se burló él mientras Grace opacaba su risa en elhombro de él, abrazándole.
-Me refería a que me gustarías.
-Tal vez en otra vida tú a mí también.
-Casémonos-bromeó.
-En cuanto ponga una reja entre nosotros.
Silencio.
-¿Cuándo se lo vas a decir a Scorpius?- susurró ella, de nuevo seria.
Él no respondió nada. Lo notó ponerse tenso debajo de ella.
-Es injusto que él lo sepa y yo no-argumentó.
-Tú no eres un chico- dijo de pronto con la voz más ronca- no pensarás que mesiento atraído hacia ti, o algo así.
-Acabas de besarme.
-Grace...-suplicó.
-Ya te entiendo- le aclaró- ya lo sabes. Pero igual que a mí me gustan loschicos y no me siento atraída por Scorpius, entenderá que tú igual.
-No es fácil. Contigo fue más fácil, sin duda. E incluso con mis padres. Peroya sabes cómo es la familia de Scorpius. Si ya no lo dejan venir de vacacionescon nosotros por el tema de la sangre...
-No sabemos si es por eso.
-Ni él mismo. Pero en el caso de que sea por eso, imagínate como se pondrían sise enteran de que tiene un amigo homosexual.
-No tengas miedo. Sólo ten valor y díselo.
- Si fuera valiente me habrían puesto en Gryffindor.
-¿Y cuál es el refrán más conocido? "Un Slytherin valiente vale más quecien Gryffindors"
-Tal vez tengas razón. Lo intentaré
Aquella noche, Grace soñó con Neomortífagos, Scorpius homosexuales y ellasmismas que decían a Samdon que asistiría a la reunión de Rose Weasley,argumentando a gritos que un Slytherin valiente (al no hacer caso a susamenazas), valía más que cien Gryffindor.
