Casi una semana después, en el día miércoles 23 de febrero, tres jóvenes ataviados con ropas invernales (verdes y plateadas) que ya no hacían tanta falta como semanas antes, recorrían una de las pocas calles de Hogsmade. En el reloj de uno de ellos (del más alterado, Scorpius) marcaban las cuatro y veinte. Justo en ese momento, el grupo de tres se detuvo.
-Es aquí-dijo Josh. Aunque no era estrictamente necesario haber aclarado nada, ya que frente a ellos se encontraba la sucursal de Sortilegios Weasley en Hogsmade. Grace observó el interior y observó también a la multitud inmensa de alumnos que miraban los artículos de la tienda.
-Es pronto ¿tenemos que entrar ya?- protestó Scorpius.
-Oh, vamos- discutió su amigo- amo esta tienda. Y nunca me dejáis entrar. Pero que ningún Weasley me oiga decir eso.
Así que entraron. Estar dentro de aquella tienda no era sólo
adentrarse en una tienda de artículos de broma. Para Grace, no del todo acostumbrada a visitar tiendas mágicas, estar allí era como estar soñando. Todo estaba muy lleno de color. Alumnos con aspecto de querer vomitar la empujaban para encontrar un sitio para devolver sus pastillas vomitivas. Es decir, su vómito.
Se paró un momento porque un alumno grandote que no sabía de donde había salido (creía que estaba en Hufflepuff) le cortaba el paso. Escuchó a duras penas un "¿vienes al baile conmigo?" balbuceante.
-Lo siento, ni siquiera sé tu nombre- dijo esquivándole.
-Ewan
-Encantada, Ewan.
Y siguió avanzando como si nada.
-¿Y no se te ha ocurrido
en porqué, exactamente, nos han traído a un sitio tan público para lo que se supone, es una reunión un poco más privada?- gruño Scorpius muy cerca de su oído. El sitio en los pasillos no sobraba precisamente. Aun así, Grace casi no le entendió. Algo no muy lejos de allí parecía haber explotado.
Se paró en un estante muy llamativo lleno de collares plateados parecidos a chapas militares Muggles. A simple vista, eran normales, pero vio que uno despedía por la chapa leves luces de colores, haciendo preciosas figuras en la pequeña superficie.
-Oh, es precioso- murmuró maravillada.
-¿No le vas a comprar un collar de esos a tu novia, Malfoy Junior?- exclamó el
propietario de la tienda, George Weasley. Grace ni siquiera le había visto entre tanta gente. Tampoco le habría esperado. George y su hermano menor Ron nunca estaban en la tienda, y si estaban, era en la del Callejón Diagon, no en la de Hogsmade, que era mucho más pequeña- son para parejas. Nuestro nuevo producto ¡Está vendiéndose como cervezas de mantequilla!
-¿Hacen algo en especial?- preguntó Grace, ignorando que el señor Weasley se había metido con Scorpius y este parecía más tenso que el palo de una Nimbus 2009, y el hecho de que había insinuado que ellos eran novios.
-¿Que si hacen algo en especial?- respondió- son más poderosos que un anillo de compromiso, creo yo. Un simple hechizo para conectar los collares y sentirás todas las sensaciones del que lleve el collar vinculado. Controlador ¿verdad? a mí me asusta un poco. Pero a los que lo compraron parece que no. Cada color es un sentimiento. Este- dijo agarrando el collar de color del estante- salió defectuoso, funciona solo y se ilumina de todos los colores. En fin...diez galeones.
-¿¡Diez Galeones!?-se escandalizó Scorpius.
-Para ti, cien, pequeño Malfoy. Y no me digas que eres pobre, que no cuela.
-¿Te hace sentir lo mismo que la otra persona?
-Claro que no- interrumpió Rose Weasley. Grace habría jurado que la gente reconocible aparecía de la nada- para eso son los colores. Sólo te avisan. Mi padre estuvo trabajando en esto años. Tío George- dijo mirándolo- unos pocos más y empezaremos.
-¿Cómo sabré cuáles son?- le pregunto él ojeando a la multitud.
-La mayoría que dijeron que vendrían ya están en el sótano. Creo que falta un grupito de Ravenclaws de sexto, pero podemos empezar sin ellos. Tenemos suficiente gente. Vuestro amigo ya está dentro- les indicó a los chicos- ir al cuatro de artículos de alta gama. En el suelo hay una trampilla. Es por allí. Id ya mismo.
Así lo hicieron. Un sentimiento de incertidumbre rodeaba a Grace mientras bajaba al sótano con su amigo (sin ser visto por nadie, los artículos de alta gama eran tan caros que nadie se interesaba por ellos) y se encontraban con un gran sótano espacioso y casi vacío. Excepto por la gran cantidad de gente que había. Calculó entre quince y veintimuchos.
Localizaron rápidamente a Josh, que hablaba muy interesado con una chica de cuarto de Ravenclaw y una amiga de su mismo curso. Se acercaron a él esquivando alguna caja.
-...y cuando menos lo esperaba mi familia, ellos atraparon a mi padre y lo tuvieron secuestrado semanas. Ron Weasley también estuvo retenido.Y otros. Casi mueren. Creo que después de eso él dejó el cuerpo de Aurores. Para entonces Hermione iba a tener a Hugo. Dice mi madre que ella lo pasó fatal. Claro, mi madre también pero como mi madrina, no quiere hablar mucho de ello.
-Si, supongo que no es muy agradable recordar eso- concordó Josh con gravedad.
-¿De qué habláis?- interrumpió Scorpius.
-Hablaba con Clarissa sobre los Neomortífagos- respondió un tanto incómodo- Dice que su padre era...
-Es-corrigió.
-Es Auror y que casi lo matan hace años.
-Así que estamos aquí para hablar de ellos- dijo Scorpius entendiendo por fin. Su expresión era grave y seria como tallada en granito, y su cuerpo estaba tan tensado como la cuerda de una guitarra a punto de ser rota por tanto estiramiento.
Era díficil explicar cómo podía entender Grace a Scorpius, pero le tomó de la muñeca en señal reconfortante. Quería decirle algo así como "nadie te echará nada en cara a ti" pero Clary, su amiga y el resto de los presentes estaban demasiado cerca. Aun así creyó que su mirada fue lo suficiente significativa.
Oyeron el sonido de la trampilla al cerrarse. Harley y Rose descendían por la escalera de la misma. Grace estaba lo suficientemente cerca para oír algo así como "...George no entre" que la chica le decía a su amigo.
-Me quedaré a la entrada, entonces- le escuchó decir con aquel acento extraño, marcado y cantarín al mismo tiempo.
Cuando se situó enfrente del grupo, se hizo el silencio.
La pelirroja carraspeó.
-¿Albus?
El chico emergió del grupo, que comenzaba a sentarse en las pocas cajas que había.
-Cuidado, nunca sabes lo que puede salir de ellas- advirtió Hugo Weasley, que también estaba presente. No se sentó.
Grace veía a duras penas a los presentes. Los reconocía por la voz. Sólo la ayuda de un pequeño ventanuco los salvaba de la completa oscuridad.
No veía a ningún Slytherin más por ninguna parte. Tampoco le extrañó.
-Ejem, bien. Bueno, algunos no sabéis muy bien porqué estáis aquí. Otros lo intuís. Pero lo cierto es que nadie lo sabe con seguridad. Por eso, gracias por venir. Esperamos aclarar algunas cosas.
-Pensaba que estábamos aquí para hablar de Neomortífagos- interrumpió Tobias Smith, un Hufflepuff un tanto impertinente del curso de Grace, quinto.
-Si- afirmó Rose- pero no sólo eso.
-Yo había venido a saber qué demonios se trae mi hermano con sus amigos-añadió James Potter, después de desordenarse el cabello.
-¡James!-le reprochó Albus.
-Oh, callaos ya- escuchó decir a Lily Potter. Scorpius soltó un pequeño respingo.
-¡Lily! ¿Qué haces aquí?- se escandalizó Albus.
-La he traído yo. He pensado que también podría reírse un rato- respondió James.
-Eres idiota- le reprochó Albus. Grace nunca lo había visto tan, tan...
-Ya basta- interrumpió Rose- ¿Queréis oír lo que tenemos que decir, o queréis iros? ahí está la puerta.
-La trampilla, en realidad- aclaró Harley.
-No ayudas-le reprochó.
-Hay cosas que vosotros no sabéis y que han ido ocurriendo a lo largo de los años, en nuestro propio colegio. Tanto dentro como fuera. Hemos...hemos visto Neormortífagos.
El murmullo entre los presentes se acentuó, unos cuantos ahogaron un grito.
-¡Pero si Hogwarts es seguro!
-¡Es imposible!
-No lo es. Mi teoría es que después de tantos años, las medidas que se han tomado para proteger el castillo no son tan fuertes como antaño. Luego...hay algo más. No puedo daros muchos detalles pero...es muy posible que uno de los profesores del colegio lo sea. Neomortífago.
La noticia explotó como una bomba. Tobias Smith fue uno de los primeros en levantarse como un resorte.
-¿Y eso como lo sabes?
-Dios mío ¡están dentro!
-¿Qué hacemos?
-¡No lo sabes!
-Yo me voy de este colegio...
-¡Silencio!- gritó Harley, con su potente voz.
Rose tomó aire.
-Lo sabemos porque es una sospecha del cuerpo de Aurores. Creerme que lo sabemos por eso, aunque no podamos explicaros
-¡Mucho dices y poco explicas!
-Todos los detalles...
-Lo que quiere decir es que los Neomortífagos están cerca de entrar en Hogwarts y alguien les debe de estar ayudando. Alguien con cierto mando en el castillo.
Más voces y cada vez más espantadas.
-¿Cómo sabéis eso?- se escuchó una voz femenina entre la multitud.
-Porque los hemos visto. Cierto que no exactamente este año, sino otros, pero...
-La razón por la que llevan tiempo intentando entrar en Hogwarts es porque quieren a alguien. Hace años querían algo que fue destruido. Ahora buscan a la persona que lo destruyó-intervino Albus.
Repentinamente se hizo un silencio sepulcral.
-¿A Quién?- murmuró Clarissa Waysand.
-A mí- interrumpió una voz débil.
Ann Anderson se levantó de su asiento para que todos la pudieran ver (o lo intentaran ya que era muy bajita)
Hubo varias risas incrédulas. El resto permanecieron mudos.
-¿Tú? ¿Anderson?
-¿Y por qué deberíamos preocuparnos por una cosa que tú hiciste?- preguntó Christinne Bennet.
Grace oyó que en lo alto de la escalera Harley murmuraba entre dientes un insulto en su idioma natal. Se parecía demasiado a "estúpida" como para que fuera otra cosa.
-No sólo me quieren porque destruí algo importante para ellos. Me buscan porque...
Todos esperaron la respuesta.
-Ehh bien- interrumpió Rose, cortando el silencio como
con un cuchillo- una de las cosas que no sabéis, es que Ann no es como el resto de nosotros. Personalmente busqué en libros durante años y nunca he encontrado ninguna referencia acerca de ello. De lo que ella puede hacer.
Anderson parecía abochornada. Tanto como lo está un niño mientras todos le cantan el "cumpleaños feliz" o como lo puede estar la persona más académicamente preparada del mundo en su primera entrevista de trabajo.
Ella se aproximó a Rose y a Albus, que se mantenían serios. A Grace le hubiera gustado pensar que estaban de broma.
Nadie dijo nada.
Ann era célebre. Pero no especial. Retraída, perezosa, poco despabilada. Grace y sus amigos solían comentar que Ann y Rose eran demasiado diferentes para ser tan amigas. Tan opuestas como el día y la noche, la verdad y la mentira y la generosidad y la codicia. Sin embargo, algo las vinculaba de manera fuerte. Como un delgado hilo, pero del más resistente diamante.
Cuando se celebró el Torneo de los tres Magos en Beauxbatons el año anterior, a pesar de que se revocó la norma de que el aspirante debía de ser mayor de edad, nadie creyó que alguien de catorce años saliera elegido. De nuevo, pero esta vez legalmente. Ann, como el resto de alumnos que habían pasado la prueba para ir a Francia, echó su nombre al cáliz. Grace recordó que ninguno de los hermanos Potter participó. Oyó por ahí que su padre no se lo había permitido.
Sin duda Ann era una maga destacada, si se esforzaba. Pero nada extraordinario. O sí.
-¿Y qué puedes hacer?-preguntó James Potter, mucho más serio que no hacía ni cinco minutos.
Todos esperaron la respuesta. La chica no cabía en sí de nerviosismo y verguenza. No se supone que así era como debía de estar, pero así estaba. No respondió y el silencio cada vez era más horrible.
-A mí me salvó de un hombre lobo, hace dos años-soltó Harley con tanta decisión con la que un soldado defiende su castillo- simplemente le dijo, más bien le ordenó, que se detuviera, y lo
hizo, simplemente...
-Imposible...-murmuró Grace. Aunque por algún extraño, no le pareció tan increíble al ver como Ann intentaba mirar a su amigo bon una expresión de protección tan sincera como pocas cosas.
Aquella confesión de su amigo pareció darle fuerzas.
-Puedo hablar con los animales. Es una de las cualidades que...bueno, no conozco a nadie que pueda hacerlo- nadie dijo nada- de algunos oigo lo que piensan, de otros hablo en su idioma...
-Es raro, pero no especial. Todos sabemos que Voldemort podía hablar con las serpientes. Y tu padre también, Potter. Mi padre me lo dijo- intervino Lenna McLaggen.
-Puedo hacer otras cosas- respondió Ann, alzando la voz, sólo un poco- por eso me buscan. Nadie me ha visto hacer magia antes ¿no? al menos no muy complicada, y la complicada sólo en el Torneo de los tres Magos. La verdad es que no me quedó más remedio. Fui estúpida al meter mi nombre en el cáliz. Era eso o correr serio peligro
Rose y Albus se revolvieron nerviosos, repentinamente.
-Pero al no tener cuidado en la primera y segunda prueba, cuando me coloqué en primer, empecé a tener problemas- dijo, sombría.
Grace recordó que todos habían apostado que Ann ganaría el Torneo, llevaba una ventaja considerable a sus dos rivales y era muy buena. En la tercera prueba, lo fastidió.
-Me amenazaron-suspiró largamente- yo ya había procurado no destacar demasiado, pero como ya he dicho...hay gente a la que no le interesa que el resto me vean hacer magia.
-¿Por qué nos estás contando esto?
-Porque esas personas son Neomortífagos, y planean algo. Algo que no sabemos y eso debería preocuparnos a todos. Lo más seguro es que el supuesto profesor no venga sólo a matarme. Al fin, yo no soy tan importante.
-Si eres tan especial ¿por qué no lo demuestras? Aquí y ahora- intervino de nuevo Tobias Smith
Ann no pareció en desacuerdo.
-¿Cómo?
- Bátete en duelo con alguien.
-Eso puede ser peligroso-opinó.
-Puede, pero es la única forma de comparar tu magia con la de alguien. Un hechizo bastará ¿no?
Pareció pensarlo.
-Está bien, levántate.
-¿Yo?- preguntó Tobías, nervioso- yo no he dicho que me presente voluntario.
-Eres un cobarde, Smith- opinó Harley en voz alta.
-Lo es-coincidió James Potter- no importa, yo lo haré- exclamó, poniéndose en pie- soy un alumno de séptimo, así que se supone que sé más magia que la mayoría de los presentes ¿alguien se opone?
Todos negaron con la cabeza.
-Me lo imaginaba.
Ann y James se colocaron frente a frente y a una posición prudente de los presentes, mientras un murmullo incomodó invadió el gran sótano.
-Ann, te conozco desde hace mucho, desde que te presenté a mi prima- le dijo James, tomando posición- no harías daño a una mosca-No parecía haber creído lo que Ann había dicho. Bueno, mucha gente pensaba que a la chica de Gryffindor había algo que no le funcionaba correctamente en la cabeza.
-No, que luego la mosca le riñe- oyó murmurar Grace. No identificó al incrédulo que se burló de la chica.
-¿Crees que miento?- le dijo Ann, repentinamente ofendida- no lo habría esperado de ti. Por lo visto sólo crees conocerme.
James levantó su varita. Ann hizo lo mismo.
-¿Qué hechizo lanzarás? Mejor uno que se té de bien.
-¿UnDesmaius? Así compararemos la fuerza de los hechizos- opinó James-pero te advierto que se me dan muy bien.
-De eso se trata-respondió. ¿A la de tres?
Albus carraspeó.
-Tres, dos, uno...
Grace oyó dos gritos y dos rayos de luz roja que la cegaron por un momento. Después un ruido de algo estampándose contra unas cajas y un gruñido de dolor. Se apremió a mirar.
Ann no se había movido ni un centímetro, y su expresión era neutra. James farfullaba algo mientras Albus le ayudaba a levantarse, casi había golpeado contra la pared, que dicho sea de paso, no estaba precisamente cerca.
Los alumnos soltaron exclamaciones de sorpresa. El hechizo de James había sido bueno. Además, la mayoría sabían de sobra que James era un gran mago ¿Qué había pasado entonces?
-Ha podido ser peligroso- le reprendió Rose a su amiga- te has pasado.
La aludida frunció el ceño, mostrándose arrepentida.
-Tienes razón. Procuraré no volver a hacerlo.
James todavía parecía desorientado mientras intentaba ponerse en pie, sin éxito
-¿Hacen falta más pruebas o nos creéis ya? ¿Vais a ayudarnos?
-¿Cómo?- intervino Grace, sin poder aguantar más las ganas- la mitad de nosotros no somos útiles para...lo que sea.
-De momento no pedimos nada en concreto. Sólo ayuda cuando la necesitemos. Albus, Harley, Ann y yo no podemos hacer gran cosa. Los Neomortífagos quieren a Ann porque es especial. Tiene poderes que otros magos no. Por lo pronto, creo que sólo deberíamos vigilar si ellos están cerca de ella. Porque si están cerca de ella, están cerca de Hogwarts. Si es verdad que un profesor es uno de ellos, entonces están demasiado cerca no sólo de hacerle daño a ella, sino a todos. Así que todos corremos peligro. Eso es lo que principalmente hemos venido a deciros hoy.
Por fin las palabras y los hechos que habían ocurrido hasta entonces parecieron hacer algún efecto entre los alumnos, que empezaban a estar metidos de lleno en las palabras de Rose Weasley, como quien escucha el discurso de un político en tiempos de guerra.
- He traído una lista. Quien se quiera apuntar a la siguiente reunión, que se apunte en ella, pero que piense en las consecuencias. Avisar a más gente si queréis, pero ningún profesor debe saber esto. Creo que sabéis porque no ¿no?
Claro.
-Entonces...-murmuró Clarissa- estamos solos.
-No, Clary- respondió Albus- estamos juntos.
-Con las cosas que están ocurriendo fuera, poco podemos hacer. Hay rumores terribles sobre asesinatos y...es posible que los Mortífagos estén utilizando métodos que nunca antes habían utilizado. Una idea tomada de Muggles, por eso nunca antes se les habría ocurrido utilizar. ¿Alguien ha leído el periódico esta mañana? Está empezando una alerta en San Mungo. Un extraño virus que nadie conoce ni sabe tratar aparece de la nada y los afectados son gente que guarda algún tipo de relación negativa con Neomortífagos. Lo más seguro es que no sea una coincidencia.
El corazón de Grace golpeó con fuerza sus costillas, haciendo que soltará un gemido lastimero. Varios se giraron para mirarla. Notó como una mano suave y de dedos largos y elegantes tomaba la suya y la apretaba con fuerza, y que Josh la agarraba con fuerza del otro lado, murmurando su nombre, llamándola.
Grace no pensaba en su madre. Pensó en su padre, solo, en el mundo Muggle... sin ningún tipo de protección mientras ELLOS se atrevían a pagar la traición de Pansy con él también.
Por un momento perdió el aire, y el almacén le pareció repentinamente más pequeño y oscuro. Ella no podía hacer nada para salvarlo. Si le ocurría algo a su padre, la destruirían a ella.
Grace Wilson no amaba a cualquiera. Era recelosa, desconfiada y borde desagradable, si se lo proponía. Quizás la única lección que le había enseñado su madre era que si dejas pedazos de tu corazón a alguien, eso te fortalece, pero también puede destruirte, porque la persona puede hacer lo que quiera con ellos. Por eso, sólo había tres personas por las que moriría sin arrepentirse ni un ápice. Y se llamaban Scorpius, Joshua y Matthew Wilson. Y eso la fortalecía, de alguna manera.
Pero si le ocurría algo a alguno de los tres, la destruiría. Algo dentro de ella dejaría de tener sentido.
Y Grace tuvo más miedo que nunca jamás en su vida.
Dicen que a veces algo te hace madurar de golpe.
No recordó mucho más de lo que ocurrió. No recordó con exactitud como salió de aquel lugar, como salió de la tienda, como huyó de todo, como llegó a Hogwarts y cómo, después de convencer a sus amigos de que necesitaba estar sola, (aislándolos de sus problemas, en un mecanismo estúpido de defensa al dolor) estaba a aquellas horas de la noche sola, vagando por los corredores de Hogwarts, escondida bajo el hueco de un retrato que no había podido ver, de cuyo nombre no quería acordarse...en fin.
Grace lloró, no pudo evitarlo. Lloraba, y no sabía muy bien porqué. Un montón de pensamientos se entremezclaban, haciendo que Grace se confundiera.
Pensó en Pansy también. Aunque sentía tristeza por ella, también sentía un sentimiento mucho más difícil de describir.
Se limpió una lágrima traicionera con cierta rabia, mientras apoyaba la espalda en la fría pared. Todo estaba tan oscuro que ni siquiera se había molestado en colocarse, cogiendo una mala postura.
De repente pensó en los Malfoy. ¿Cómo había sido tan estúpida? ¡Ellos seguramente eran de los que más corrían peligro ¿o no? ¡Si! ¿Cómo pudo haberse preocupado sólo por ella, y no también por como Scorpius se sentía?
Se sintió fatal. Se prometió a sí misma hablar con él en cuanto pudiera.
Eso la despertó un poco de su atontamiento.
Eso, y que oyó un ruido a lo lejos de pasos dirigiéndose al lugar donde ella se encontraba.
Tal vez debería haber tenido cuidado con los ruidos de sollozos que había emitido.
La luz de una varita cada vez se hizo más cercana.
Grace tenía la vista nublada y recién cegada por la repentina luz, pero juraría que tenía a Albus Potter delante.
-¡Os pillé! ¡Vosotros...¿eh? ¡Wilson!- se sorprendió el chico.
-¿Quieres apartar esa luz de mi cara, Potter?- le dijo con brusquedad.
-¿Que? ¡Oh! bueno... ¿qué haces aquí? la ronda de prefectos es de Gryffindor hoy.
Grace no respondió nada. Potter no podía ser más tonto.
-¿Estás llorando?- preguntó, con más gravedad.
-No- soltó, con rabia. Se sentía intimidada si él estaba de pie y ella sentada, así que salió del
hueco del retrato levantándose- largo.
-¿Cómo que largo? ¡No puedes estar aquí!
va contra las normas...
-¡Me importan una mierda las normas! ¡Vete!- casi gritó Grace.
-¿Quieres dejar de gritar? ¡Como nos pillen se nos va a caer el pelo!
-Entonces será mejor que me vaya- dijo, gruñendo. Empezó a avanzar.
-Por ahí no se va a la sala de Slytherin- le espetó Albus siguiéndola- no puedes vagar por el castillo a estas horas ¿es que no estabas hoy? ¿No escuchaste nada de lo que dijimos?
Grace se detuvo y más lágrimas traicioneras acudieron de golpe a sus ojos.
Se desplomó al pie de la escalera que estaba a punto de bajar, y apoyó la cabeza en la piedra fría de su derecha, sin fuerzas. Echando toda su angustia por la mirada.
Pasaron los minutos y Albus Potter no abrió la boca. Grace pensó que no lo había oído marchar, pero todavía el sitio no estaba totalmente oscuro. Se dio la vuelta.
Y él seguía allí plantado.
-¿Qué haces?- preguntó, más sorprendida y exasperada que borde, como anteriormente.
-Ya te he dicho que no puedes estar sola.
Grace no objetó nada esta vez, probó con otra cosa.
-¿Dónde está tu novia?
Ann era la prefecta de Gryffindor. Antes era Weasley, pero renunció. Al menos Grace no sabía por qué.
Notó que Albus se ponía visiblemente incómodo detrás de su varita.
-No ha podido venir...no se encontraba bien.
Se notaba que mentía. Ella no insistió. No era de naturaleza cotilla. Los asuntos de los demás le importaban bien poco.
-Entonces tú también estás sólo. No sé porque te escandalizas tanto- soltó un hipido, mientras procuraba parar por fin de llorar.
-Bueno, ahora ya no...Además, yo no estoy llorando.
Sin permiso de ella, avanzó y ocupó también el primer peldaño de la escalera, a varios metros de ella, haciendo la distancia soportable.
Potter era un compañero silencioso. No se movió ni hizo ningún ruido.
Grace se sentía un tanto incómoda con su presencia. Pero eso, comprendió casi una hora después, la ayudaba a no pensar en otras cosas.
Potter era silencioso. Pero no callado.
-Seguramente los Sanadores encontrarán la cura del virus, y salvarán a tu madre. No le pasará nada.
Grace se sorprendió.
-¿Cómo...
-"El Profeta" además, noté como te ponías cuando Rose mencionaba...bueno, ya sabes...
- No es exactamente mi madre. Temo por mi padre, también- soltó, incapaz de guardárselo.
¿Qué estaba haciendo? ¿A quién le contaba aquello? por Dios...
-Sinceramente, no creo que Neomortífagos se preocupen mucho por él.
-Eso quiero creer-respondió en voz baja.
-Es decir...
-No, ya se lo que quieres decir. El error es de mi madre, no de un "sucio Muggle". Pero aun así...
Albus asentía, pero Grace no le vio.
-No estáis solos- dijo Albus después de demasiado- ni deberíais estarlo. Cuanto más solo estás, más vulnerable eres.
-Mi padre está solo- musitó.
-Quizá no. Sólo tienes que saber pedir ayuda a las personas adecuadas.
-¿Tú y tus amigos?- ironizó Grace.
-No, está claro que no. Pero quizá pueda intentar algo...
Ella no respondió, el sueño estaba ganando una batalla contra los nervios, y su sistema empezaba a apagarse poco a poco. La voz de Albus Potter empezó a alejarse poco a poco. No tuvo fuerzas para decirle que no se alejara, que si lo hacía, volvería a estar sola y esta vez no le gustaría...
Despertó cuando comenzó a ver la luz del día. Le dolía todo el cuerpo. Tenía los músculos entumecidos y le dolía la cabeza como si tuviera un grupo de percusión dentro.
Se incorporó trabajosamente. ¿Dónde estaba? Intentó abrir al máximo los ojos
¡El hueco del retrato! pero...ella
Potter...
¿Lo había soñado o había pasado de verdad?
La verdad es que no lo tenía nada claro.
La chica salió rápidamente de allí, rogando porque las clases no hubieran empezando.
Cuando llegó la hora de la clase de Transformaciones, Grace buscó la mirada de Albus todo el tiempo. No la encontró. El chico parecía más ausente que nunca. Tal vez Weasley se había percatado de lo mucho que ella miraba a su primo. Esperaba que no, no se fuera a hacer una idea inequívoca.
Se frustró, se frustró de verdad. Lo había soñado todo ¿verdad o mentira?
Inconscientemente, despejó todas sus preocupaciones priorizando aquella tan insignificante. De todas formas, aquel día estaba totalmente ida. Totalmente desconectada.
Y aquella noche, no podía dormir. A pesar de que Protea roncaba como siempre y Erized hablaba en sueños como todas las noches (y eso
no era impedimento para que se durmiera, ya que estaba más que acostumbrada) no podía dormir.
Minutos después tomó una decisión estúpida. Se vistió y salió otra vez de la sala común.
Después de una hora buscando por todas partes (y evitando al conserje para que no le castigasen) no había Albus Potter por ninguna parte. Debió de haberlo previsto. Ni siquiera era la noche de prefectos Gryffindors. Le tocaba a Ravenclaw.
No supo ni porqué lo intentó.
Sin embargo, al tercer día, después de que Scorpius y ella revisaran meticulosamente los periódicos en busca de una mala noticia que afortunadamente no encontraron, Grace seguía saliendo por las noches, como
sonámbula, consiguiendo no ser vista.
Ya no esperaba encontrar a Potter, ahora era más bien algo automático, como si tuviera que hacerlo por un extraño motivo. De alguna manera se sentía mejor moviéndose, aunque lo normal sería que se sintiera más desprotegida. Además, no podía dormir mientras no acabara de llegar la carta de su padre. Era demasiado importante asegurarse de que todo iría bien.
También dicen que cuando dejas de buscar algo, lo encuentras.
Lo encontró en las escaleras donde había estado el otro día, apuntó con su varita a su espalda. Sus hombros estaban hundidos y su espalda encorvada. No parecía ser buena señal.
-¿Potter?- lo llamó en voz baja, después de conjurar el "lumos" para mirarle.
Se dio la vuelta. No pareció enfadado, quizá un poco extrañado.
-¿Wilson? ¿Otra vez tú?
Algo dentro de ella dio una pequeña sacudida.
-¿Prefieres que fuera Filch?
Albus no le hizo caso.
Se quedaron sin nada que decir.
-Ya sé que no debería estar por aquí...pero mi habitación me agobia.
Se negaría a decirle a cualquiera que tenía pesadillas en las que Michael entraba en el cuarto de las chicas de quinto y le hacía cosas más desagradables que las de la semana anterior.
El chico tardó en responder.
-Creo que a mí me pasa lo mismo.
Casi sin pensarlo Grace volvió a ocupar el mismo sitio que el día anterior. El aire ya no parecía tan irrespirable y la tensión presente había decidido marcharse a otra parte.
-Parece que hoy es a ti a quien le ocurre algo ¿me lo vas a contar?
No respondió.
-Es injusto que el otro día tú e hicieras el pesado y hoy no me quieras contar... ¿no será nada grave?
-No es grave, supongo- dijo Albus, arrastrando las palabras- se supone que es una noticia feliz, pero no puedo evitar... escapar para que nadie vea que me parece mal.
-Cuéntalo, el otro día a mí me hizo sentir mejor hablarlo.
Él no dijo nada hasta minutos después, y la chica respetó su silencio tal y como él lo había hecho el día anterior.
-Harley se va. Se va de Hogwarts.
Soltó lo primero que le vino a la cabeza.
-¿Qué? ¿Lo han expulsado?
-¿Qué? ¡No, claro que no! es sólo que la escuela Muggle para la que lleva años pidiendo admisión por fin lo ha admitido, y él no puede dejar escapar esta oportunidad.
-Pero...
-Es difícil estar feliz por alguien si va a marcharse. Pero en el fondo tenía que haberlo visto venir. Nada lo ata al mundo mágico, así que...
La verdad es que Grace se quedó sin habla. ¡No era el mejor momento para irse del castillo! ¿Cómo podía hacerlo?
A la chica le llevó horas darse cuenta de que podía haber sentido lástima por Albus, pena porque un compañero se marchara. Enfado, porque se marchara en aquel momento...
Pero lo que sintió acerca de eso fue mucho peor.
Sintió envidia.
Probablemente sería la única alumna de Hogwarts que no sentía el castillo como su hogar.
Nunca se había sentido tan encerrada.
