Ann abrió sin demasiadas ganas el decimoséptimo libro de la tarde.
"Las enfermedades más curiosas de los últimos cinco siglos"
Empezó a leerlo rápidamente. Pasando cada página en poco tiempo.
Nada. Nada. Nada. Nada. Empezaba a no extrañarle en absoluto.
-¿En serio te estás enterando de algo?- dijo Rose, acompañando el sonido de las páginas pasarse. La chica estaba sentada a unos metros de ella, con el brazo apoyado en la mesa y la mejilla apoyada en el codo. Parecía a punto de caer dormida.
-Sabes que sí- le respondió, con su típica voz suave y apagada- tengo memoria fotográfica ¿recuerdas?
-No es que no lo recuerde- rebatió- es sólo que nunca te había visto...bueno, usarla tan abiertamente.
-Estamos solas- sólo dijo, sin interrumpir su tarea.
-Hemos estado solas en muchas más ocasiones.
Ann no se lo cuestionó. Sólo ella misma podía llegar a comprender porque para llegar a ser verdaderamente normal, tenías que serlo hasta con tu mejor amiga. Hasta en soledad.
Pero a situaciones desesperadas, medidas desesperadas.
-Creí que todo esto lo hacíamos por Wilson- dijo.
Rose se desperezó con rapidez, levantándose y empezando a rebuscar en la estantería.
-Lo hacemos por Grace, porque su madre es una de las afectadas de San Mungo, pero no sólo por ella. Más gente ha sido infectada, y no es que nosotros no podamos hacer nada para ayudar.
-No sé si es probable que la respuesta a la enfermedad esté en los libros de la biblioteca de Hogwarts.
-Voldemort descubrió los Horrocruxes gracias a la sección prohibida de la biblioteca de Hogwarts- rebatió ella, seriamente y en voz más baja.
-No compares- contestó ella, sombría- de todas formas, eso me recuerda que todavía no hemos empezado a mirar por allí.
-Ahora no puedo- dijo Rose, claramente incómoda- he quedado...
-Con Tobías- completó Ann.
-Si...
El cerebro de Ann le invitaba a su amiga a decirle que no perdiera el tiempo con ese chico, que era un idiota y además ella no sentía nada por él. Pasar tiempo con él era desperdiciar el mismo. Pero la parte que vencía decía que tenía que dejar que superara la ausencia de Harley como pudiera.
-¿Y entonces? ¿Vas a dejarme aquí sola?- le reprochó con una mezcla de irritación y burla.
Rose se mordió el labio.
-Al viene ahora.
Ann desvió la mirada. Albus.
Estos últimos días habían sido más tristes, debido a que el chico ya no estaba a su lado para aplacar el mal que le causaba a Ann estar sin Harley.
Al último lo echaba tanto de menos...sentía como si hubiera perdido un pulmón, y apenas pudiera respirar. Nadie, absolutamente nadie podía entenderle. Rose no quería hablar de ello, ni siquiera parecía importarle (esa era la versión oficial, la de verdad sólo Albus y Ann la sabían) y nadie era tan amigo íntimo de él como Ann. Y siempre tuvo claro que lo que tenían era mucho más que algo que se llame amistad. Algo diferente, como si no pudieran vivir el uno sin el otro.
Ahora tenían que hacerlo, y para ella era insoportable.
La persona que podía llegar a sentirse lo más parecido a Ann, se llamaba Albus Potter.
Pero se había acabado.
Ann nunca supo si Albus le había gustado alguna vez. Algo extraño sí que sintió el año pasado, cuando él la llevo a un rincón apartado del castillo y le plantó un beso en la boca sin casi decir palabra antes. Sintió un tipo de emoción que no había sentido con otro beso (bueno, sólo había otro con el que compararlo, y fue un desastre, pero aún así...) y todavía podía sentir el rubor de sus mejillas al oír de su boca que era bonita, y que le gustaba mucho.
Ningún chico le había dicho antes que era bonita. Cayó en seguida en sus ojos verdes con una gran sonrisa y andares más alegres.
Sus meses de relación habían sido tranquilos para Ann. Ellos ya se conocían muy bien y no había mucho más que contar, salvo que supuestamente se gustaban. Bueno, a Albus le gustaba Ann.
Tardaron, pero llegaron las discusiones. Las primeras pruebas de fuego para una relación que no se sostuvo. Habían cortado sólo cinco días antes. Bueno, Albus cortó con ella. Ya no veía en él esa mirada de especial interés que había visto antes.
Lo cual si era honesta era un alivio, porque Ann siempre había visto al joven Potter como un gran amigo, y eso era lo que quería recuperar aunque llevara su tiempo. Una buena amistad.
Para resumir: había perdido a Harley, había perdido el apoyo y cariño de Albus y había obtenido una Rose Weasley más distante y calculadora.
Como si tuviese vida propia y quisiera discutir sus pensamientos, algo palpitó en su pecho, presente y cálido, como siempre. Ese maldito collar.
Harley:
Prometí que te escribiría para contarte lo que ocurrió en la reunión de el otro día, pero realmente no sé por donde empezar. Simplemente decir que no sé si alguna vez Rose debió de avisar a los demás alumnos de que había un Neomortífago entre los profesores. No estoy del todo convencida de que eso vaya a ayudar a que sepamos quien es, sino más bien a desatar el caos, y muchas inseguridades. Pero ya sabes que pienso así.
Como te dije, continuamos con el plan de utilizar los collares de Sortilegios Weasley. Fue una gran idea del tio de Rose, George, procurar vender todos los í, hay alumnos que los llevan comunicados a los de su pareja, o de sus novios o lo que sea (no hay tampoco un número exagerado de gente que lo lleve puesto por Hogwarts todos los días, pero está bien) mientras que por los nuestros estamos conectados más de veinte personas. Supongo que la gente empezará a darse cuenta de que los collares con placa pueden ser para más de dos personas, pero bueno...
Muchas veces, sino casi siempre, llevar puesto el collar en todo momento es una carga difícil. Somos muchos y tenemos muchas emociones que compartir. Basta con que solo uno le ocurra algo malo y sientes el collar palpitando sobre tu pecho, y duele. Ahora te explico porque, espera.
Cada color representa una cosa, eso lo planeamos antes de que te fueras, ya lo sabes. Normalmente está azul y tibio, en calma, sobretodo por las mañanas cuando todos están en clases. Por la tarde es cuando los collares se vuelven locos. El otro día Rose y yo nos dimos cuenta de que cuando alguien está angustiado, o envuelto por un sentimiento negativo o de cierto peligro, la placa del collar "palpita", se calienta (por eso por las noches, cuando la mayoría duermen, lo notamos más frío) en definitiva, los collares sirven para lo que pretendíamos. Si alguien se encuentra bajo peligro lo sabremos (espero sinceramente que no nos dejen marcas en la piel de lo caliente que podría volverse, realmente parece peligroso)
Ahora mismo tiene un color entre azul y verde, eso es bueno. Espero que no cambie nunca.
Rose también se empeñó en ayudar a Grace. Como te dije en la anterior carta y tú respondiste que ya sabías, su madre es una de las pacientes de San Mungo afectadas por la enfermedad. Así que buscamos por la biblioteca de Hogwarts (bueno, si puedo busco yo, sabes que voy más deprisa) algo que pueda ayudarnos.
Respecto a lo que preguntas sobre si la gente sigue mirándome raro desde que saben que soy una especie de, como tú dices, "superdotada en la magia", sí que lo hacen, y cada día más. No les culpo, sabía que lo harían. Lo que no quiero que sepan es que soy más que una bruja superdotada, que quitando el "bruja" también lo soy. No quiero que lo sepan. Ni quiero ni es necesario, por mucho que Albus y tú os empeñéis en que sí.
¡Claro que hace difícil estar sin ti! Creo que hasta Christinne Bennet, a la que tanto te gusta pinchar, te echa de menos. Rose y Albus están más apagados que nunca y yo...bueno, sabes lo que significas para mí y lo que me afecta no tenerte cerca, pero entiendo que no es que nunca nos volvamos a ver, y que estudiar en la academia de artes Muggle te hace feliz.
No te lo he dicho nunca, pero desde que Mamá murió has sido mi mayor apoyo. Tal vez siempre, incluso ahora que estás tan lejos, lo fuiste.
PD: Te he notado raro en la última carta. Sé que ocultas algo, ¿que ocurre? puedes contarme lo que sea.
Ann.
La chica supo que el collar que llevaba puesto, ella y veinte más, se estaba tiñendo lentamente de gris. El color que representaba tristeza. También cambiaba un poco la temperatura del mismo con ese sentimiento, aunque no mucho. Se preguntó a sí misma si era la única causante de ese color.
Casi no se dio cuenta de que Albus se encontraba con ella en la estantería de la biblioteca. Acababa de llegar y ya estaba ocupando el lugar de Rose, buscándole a Ann libros en los que encontrar datos de utilidad. Nunca unos Gryffindor habían gastado tanto tiempo ayudando a Slytherins.
-Hola- saludó Ann, tímidamente afectuosa.
-Buenas- sólo dijo Albus, apenas sin mirarla.
-¿Cuándo vendrá Wilson?- preguntó, casi sólo por dar conversación.
-En media hora. Después podrás irte, me encontré con Rose y dijo que llevabas toda la tarde aquí. Y serás más lista, pero no más humana que el resto.
Ann casi sonrió al notar un poco del antiguo afecto de amigos de Albus en aquellas palabras.
Al minuto, volvió a llamarla. Se aproximaba a ella con un montón de seis libros gordos en sus brazos.
-Ann.
Sus miradas se encontraron por primera vez en dos semanas.
-Sé que Grace agradece lo que estamos haciendo, lo que tú sobretodo estás haciendo, (aunque eso ella no lo sepa) y que todos los demás también lo hacen- la miró intensamente, como a todo el mundo cuando estaba a punto de decir algo realmente bueno- así que si te ocurre algo, no sólo tienes Aurores fuera, sino aquí dentro tú más que nadie, tienes gente que te ayude. Aunque ahora te parezca que no.
Desvió la mirada y tuvo ganas de suspirar. En lugar de eso, volvió a las páginas de "Las enfermedades mágicas más curiosas de los últimos cinco siglos" las palabras de Albus Potter siempre estaban llenas de magia. Más de una vez había pensado que sus palabras podían evitar guerras Muggles, o divorcios, o cualquier tipo de conflicto. Podían convencer a alguien de algo en menos de un minuto, y podían hacer que alguien se sintiera menos triste.
