-Sea como sea, le diré que no me ponga en Slytherin. ¡No puedo dejar que me pongan en Slytherin!- protestó Albus, obcecado.
-Vale ya, Al, tranquilo- le soltó su prima Rose- si no quieres, no te van obligar- como ella lo decía, parecía que realmente acabar en Slytherin contra tu voluntad era imposible. O al menos, eso le pareció a Ann.
-Estoy deseando aprender hechizos- comenzó a decir entusiasmada- ¿imagináis cuando seamos mayores de edad? haremos magia a todas horas, como nuestros padres-le dijo a Albus.
Ann había recibido un dato que le había llamado la atención.
-¿Vuestros padres son todos magos?- preguntó.
-Así es-respondió Rose-pero no toda nuestra familia es mágica, por ejemplo, mi madre es de familia Muggle.
-Y...-dijo el niño pensando un momento-mi abuela también venía de familia Muggle, aunque era una bruja también...-reflexionó, como si nunca lo hubiera pensado realmente.
Ann se preguntó si alguna vez había conocido a su abuela paterna, si no era así, él y Ann ya tenían algo en común.
-¿Y tú? ¿Eres hija de Muggles?-preguntó Rose, que parecía haber reparado en la vestimenta de la niña.
-No- explicó- mi padre venía de una familia de magos, pero murió a los pocos días de nacer yo, y nunca lo conocí-Rose y Albus se quedaron en silencio. El "lo siento" estaba en sus gargantas, pero no encontraba fuerzas para salir. Ann lo entendió perfectamente. El hecho de que se hubiera topado con James al entrar al tren, y este hubiera decidido presentarles a su hermano y a su prima, no significaba que los tres fueran a ser amigos automáticamente. Prosiguió.
-Así que en fondo siempre he sido Muggle, aunque supongo que también me sentía especial al resto de gente. Me habría gustado conocer a mi familia paterna, pero por lo visto se enfadaron mucho con mi padre por casarse con una mujer no-mágica.
Rose puso cara de circunstancias, asintiendo como quien entiende un problema.
-Existen familias así...a ellas les importa la sangre mágica, y no quieren que sus miembros se mezclen con Muggles. Mi padre dice que, afortunadamente, hay ya muy pocas, y nuestra familia siempre defendió la igualdad. También mi madre me dijo que, cada que se metían con ella por ser hija de no-mágicos, mi padre se enfadaba muchísimo y la defendía...
-¿En Hogwarts se meten contigo por ser ...por no ser un mago completo?- preguntó rápidamente Ann, un tanto alarmada.
-Mi madre dice que en su generación eran otros tiempos-contestó Rose- y no te preocupes-le brindó una sonrisa- para nosotros, eres tan maga como cualquiera.
-¿Y siguen existiendo familias que no admitan mezcla entre magos y Muggles?
Ni Rose ni Albus respondieron, los dos dirigieron la vista hacia la entrada del compartimento.
Un chico de su edad, pelo rubio plateado y vestimenta negra y refinada estaba plantado allí. Parecía molesto por algo, pensó Ann.
-Todos los compartimentos están al tope-explicó mientras entraba para instalarse. No iba solo, precedía al chico al que habían conocido hace unos minutos, aquel que se había puesto a discutir con Rose. Ese fue el motivo por el que Ann se les quedó mirando, y lo que causó que él la mirara de una manera de lo más extraña. Con la atención con la que nadie nunca la había mirado jamás.
El niño rubio y él dejaron sus baúles y sus mascotas... el de pelo castaño murmuró un "Oh" cuando vio a Rose, pero ella desvió la mirada en seguida. Parecía encontrar muy interesante el paisaje. No pareció importarle, y les sonrío a Ann y Albus. Este último, sin saber muy bien qué hacer, le devolvió el saludo tímidamente.
Ann se fijó en la particular forma que tenía una de las pertenencias del chico.
-¿Qué mascota traes?- le preguntó, rompiendo el hielo entre todos.
Él la miró. Y esta vez no fue extraño.
-Un gato. Se llama Paul, y es muy pequeño todavía.
-¿No eres de aquí, no?-intervino Albus-me refiero, a que no eres de Inglaterra...
-No, no lo soy-explicó, resuelto-pero mi padre siempre me manda a internados en Inglaterra desde hace unos años. Así que, como se me dio a escoger, elegí y prefiero Hogwarts. No hay nada como estar lejos de casa.
Ann frunció el ceño. ¿"No hay nada como estar lejos de casa"?
-Creo que eres el primero al que oigo decir eso-dijo Ann. No sabía el porqué, pero si con Albus y Rose había pasado vergüenza y timidez, con él la conversación salía sola.
-Lástima ¿no?- dijo, divertido.
Albus y Ann sonrieron un poco. Rose bufó un poco.
El rostro del chico rubio estaba tapado por un periódico mágico. Ann leyó encima de la portada el nombre, "El Profeta", y se preguntó si todos los niños leían el periódico siendo tan jóvenes. Ella personalmente le echaba vistazos en ocasiones.
La puerta del compartimento se volvió a abrir y dejó ver a un grupo de tres chicos, uno de ellos parecía de su edad, pero los otros parecían mayores. Estaban ya vestidos con la túnica de Hogwarts, y los que no eran pequeños llevaban una insignia en el pecho, plateada y con una serpiente verde dibujada.
-Samdon-dijo el niño rubio, que había bajado el periódico sonoramente- hola.
-¡Hola, Malfoy, te hemos estado buscando!...-comentó ignorando a los demás.
-Y yo a vosotros-dijo Scorpius, de una manera que le dio entender a Ann que le estaba costando admitirlo-pero no os encontraba por ninguna parte.
-Ya, bueno...Crabbe andaba buscando el carrito de las chuches-dijo, poniendo los ojos en blanco.
Scorpius se levantó de su asiento, cogió su baúl y su lechuza ante la atenta mirada de los demás. Antes de marcharse con sus amigos, se giró para mirar al chico que lo había acompañado. Pareció sentirse obligado a ofrecerle que lo siguiera.
-¿Vienes?
El niño abrió la boca para responder, pero el tal Samdon lo interrumpió.
-El muggle no puede venir-dijo, crudamente.
Era tan evidente que el niño moreno era un muggle... sus ropas estaban a la moda de estos, y todo en su pose daba a entender que antes de ir a comprarse una varita no había visto a ningún mago.
-Tranquilo-intervino Albus revolviéndose en su asiento y mirando con seriedad al trío de chicos. Su prima Rose hizo ademán de levantarse (y Ann juraría que las orejas se le habían puesto rojas)- no queremos que más gente se mezcle con vosotros.
Samdon hizo ademán de entrar a contestar a Albus, pero el chico de piel oscura (Ann deseaba saber su nombre ya mismo) le cortó el paso, poniéndose en pie.
A pesar de que Samdon parecía mayor, él era más alto y parecía más fuerte.
Samdon entrecerró los ojos amenazadoramente, y pareció dispuesto a encararle cuando una voz femenina que se escuchó por el pasillo los interrumpió.
-¡El carrito de las chuches! ¡Grageas de todos los sabores! ¡Ranas de chocolate!- proclamaba a voces.
Samdon miró al muggle una vez más. Después, se dio la vuelta.
-Nos vamos- casi ordenó.
Los chicos se marcharon rápidamente, dejándolos al resto bastante nerviosos. Rose se incorporó como si tuviera un resorte en el culo. Miraba a Ann.
-¿No me preguntabas si existían familias así? bien, pues ahí las tienes. Malfoy, Samdon, Crabbe y seguramente, la familia del otro inepto.
-Puedes decir idiota, no pasa nada-comentó el que seguía de pie-una lástima, ese Scorpius pareció caerme bien-dijo, por primera vez, hablando directamente con Rose.
-Y ahora, disculpa-dijo avanzando-tengo que ir a comprar ranas de chocolates ¿Queréis?
-Voy a comprar Grageas de todos los sabores...-dijo Al, para acompañarla y no quedarse solo con ellos dos.
Volvió a sentarse al lado de Ann, observando el paisaje con una ceja levantada.
-Algo me da, que esta va a ser la aventura de mi vida... ¿tú no lo ves igual?
- A veces sí. Oye, ¿cómo te llamas?-le interrumpió Ann.
-Harley. Bueno, no me llamo Harley. Pero puedes llamarme Harley.
-¿Harley? es...extraño. ¿Puedo preguntar cómo te llamas de verdad?
-Ciro- sólo respondió.
-Oh- se formó un silencio incómodo entre ellos- eso definitivamente no es un nombre menos extraño.
Ambos sonrieron.
-Los ingleses suelen pronunciar mal mi nombre. Con Harley nunca fallan.
Rose fue la primera en volver al compartimento.
-¿Alguno ha probado alguna vez las Ranas de chocolate?- preguntó, mientras entraba y contaba a la vez las monedas que le habían sobrado de la compra.
Los niños se miraron extrañados.
-Pues ya va siendo hora de que eso cambie-intervino Rose tendiéndole una. Seguía con las orejas coloradas. Harley la aceptó, formando en su rostro una gran sonrisa. ¡Y cuánto mejor le quedaba estar así!
-¿Es tu forma de pactar tregua? ¿O te doy pena por ser Muggle?
-Ninguna de las dos-contestó ella-simplemente me parece un pecado mortal que haya gente que no haya probado el mejor dulce del mundo.
Aquella tarde, Albus y Rose compartieron sus golosinas con Ann y Harley, mientras veían el paisaje verde y fértil pasar rápidamente por delante de sus ojos. El tren los estaba conduciendo a su mayor aventura.
Cuando el tren se hubo detenido, los cuatro llevaban ya las túnicas del colegio puestas, y se dirigieron a rescatar sus pertenencias y a salir de allí, alegres.
Ann nunca se lo había pasado tan bien.

Despertó un poco de su estado de desmayo cuando empezó a notar un bamboleo extraño y mareante ¿o era ella la que estaba mareada? Al principio pensó que era sólo su cabeza, pero todo su cuerpo parecía mecerse de una manera no muy agradable. ¿O era su cabeza, que le daba muchas vueltas? ¿Era su cabeza? ¿Su cab... No.
Entendió, muy poco a poco, la situación en la que se encontraba.
Había esperado que fueran los brazos de Josh en los que despertara, ya que eran los últimos que había sentido antes de caer rendida del "ataque de ansiedad" (o lo que fuera) que le había producido el pelear con su hermano. Pero aquellos brazos era un poco más delgados, el cuerpo menos ancho y pudo identificar el olor característico de un uniforme de Quidditch.
Aquel no era él.
Intentó hablar, pero el sonido que emitió fue débil y patético. Su portador debió escucharlo.
-Shh- intentó calmarla.
Grace permaneció unos segundos en su estado de atontamiento y, finalmente, fue despertando.
-¿Dónde está? ¿Dónde está?- comenzó a murmurar, de forma casi inaudible.
-¿Dónde está quién?- preguntó el chico que llevaba en brazos. Debía de ser uno grande, y que jugara al Quidditch.
No se le ocurría otro que no fuera Josh.
Murmuró el nombre de su mejor amigo varias veces.
El chico rio. Al menos, eso creyó, porque pudo notar como su caja torácica reverberaba repetidamente.
-Pensé que llamabas a tu hermano. No sé muy bien a donde a ido tu amigo, pero a mí me han dicho que te traiga a la enfermería. Espero que no te importe ir así, porque no me fío mucho de mi habilidad con los hechizos levitadores. Son los únicos que se me resisten. ¿Una casualidad de la vida, no te parece?
Por fin, tras un instantáneo momento de lucidez, reconoció el tono socarrón de aquel chico, que le hacía dudar sobre si estaba diciendo la verdad.
Abrió los ojos con fuerza y se revolvió entre sus brazos.
La sorpresa de él debió de ser lo que le hizo detenerse e interrumpir su rápida marcha, y flaquear. Cayeron con poca brusquedad al suelo, casi lentamente, y Grace sólo sintió un leve mareo al trasladarse
al suelo. Al menos estaba frío.
Él seguía agarrándola por donde podía.
-Lo siento- se disculpó, un poco asustado, y preocupado de que le hubiera ocurrido algo.
Grace y James se miraron durante una chispa de segundo. Fue lo suficiente como para que se sintiera muy incómoda. Estaba casi debajo de él y se sentía como claustrofóbica. La imagen de Michael intentando inmovilizarla justo en la posición en la que estaban ahora la hizo sentir terriblemente mal.
-Puedo ir a donde sea por mi propio pie, gracias- le dijo, cortante, revolviéndose de él.
James Potter levantó las manos como un inocente, soltando el agarre entre ellos.
-Lo que digas- sólo respondió.
No obstante, la ayudó a levantarse.
-Badgreen ha sido la que me ha dicho que te traiga a la enfermería. Fue la primera profesora en llegar hacia donde estabais.
-¿Y los demás?
-No ha dejado que nadie más nos acompañe.
Intentó reprimir una mueca. Le dolía debajo de las costillas. Muy a su pesar tuvo que agarrarse al brazo de James.
¿Por qué estaba tan TAN mareada?
Procuraba evitar pensar en lo que había sucedido. No sólo había obrado dándose a puñetazo-arañazo limpio con Michael, sino que había perdido por completo los estribos y eso era lo que le había llevado a hacer aquello.
Pensó en su madre justo después, y un nudo pesado y creciente se instaló rápidamente en su garganta.
-¿Y algunos de los demás?- esas palabras la trajeron al mundo- bueno, Mcgonagall se ha llevado al asqueroso de Samdon a su despacho. Creo que tu amigo, por el que preguntas, ha dicho no-se-qué de esperarlo a la salida para darle su merecido...luego si me disculpas me encantaría ir a hacerle compañía, y llegar antes de que lo saquen del despacho.
-Probablemente esta vez hará que sus amigos le ayuden a defenderse- razonó.
-Bueno. También yo tengo amigos. Y más magos y más fuertes que los suyos.
Grace oyó unos pasos de alguien que se acercaba hacia ellos.
-¿Y Scorp...
-¡Grace!- la llamó por detrás de ellos el chico cuyo nombre estaba pronunciando.
Soltó un suspiro de alivio cuando se giró y le vio.
Se acercaron más y más hasta que se abrazaron con fuerza.
-¿Estás bien?- preguntó Scorpius.
-¿Dónde te metiste?
-No nos dejaron acompañarte. Dijeron que estarías mejor sin gente a tu alrededor después de todo. Así que obviamente me escaqueado.
-Tarde o temprano tendré que enfrentarme a los demás- casi se estremeció al pensarlo- de todas formas me refería a que estabas haciendo antes de todo esto.
-Tenía que ir a ver a Badgreen- pudo ver en su mirada una chispa de culpabilidad- Lo siento mucho, no avisé. Es mi culpa.
-No- dijo separándose de él, para mirarlo bien- tampoco sé muy bien de quien es la culpa, pero tuya no. Habría pasado en cualquier otro momento.
Scorpius bajó la mirada. En sus ojos había aparecido el brillo propio de un Malfoy que buscará venganza.
-Bueno. Leves contusiones y algún que otro arañazo- concluyó la vieja señora Pomfrey, después de que Grace se levantara un poco la camisa para poder enseñarle la zona donde notaba el mayor dolor que sentía (Scorpius la miró todavía preocupado, pero James desvió la mirada, entre incómodo y fuera de lugar y un tanto..."entretenido" .Claro que ella no lo notó). Una leve sombra morada estaba empezando a aparecer en la zona- un vaso de poción renovadora, y como nueva.
James se asqueó de repente.
-¡Oh, venga ya! sabe a pies. Mi madre me la dio un par de veces que me caí de la escoba, en mi casa cuando era pequeño. Todavía recuerdo el sabor a mierda colándose por todas partes. Créeme, te gustará más el dolor de ahora.
Scorpius y Grace lo miraron, esta última mientras se sentaba lentamente en una de las camas de la enfermería, arrugando las sábanas blancas y perfectamente planchadas. Quizás era la cama que había ocupado su compañera Erized, antes de ser trasladada a San Mungo el día anterior.
-Túmbate, si quieres- le dijo, mientras se dirigía a su despacho para traer la poción, ignorando a James por completo, más que acostumbrada a las quejas del joven, ya que al jugar como bateador (además de ser el capitán) en el equipo de Quidditch, frecuentaba la enfermería "a menudo"
Grace negó, aunque Pomfrey no pudiera verla.
Esa sensación otra vez...
No iba a volver a llorar. Ya no. No lloraría más.
Ahora que su madre había muerto, se había creado un intenso vacío en Grace. Algo que no sabía cómo se reemplazaría, y más que angustia, aquella incertidumbre era la que la carcomía por dentro, lentamente y haciendo pequeños agujeros, como una polilla en un armario viejo y que ya no sería usado nunca más.
Aquello iba a suponer cambios. Cambios inintuibles. Y eso era lo peor.
-¿Crees que me expulsarán?- le preguntó a Scorpius, en voz baja.
-¿Expulsarte?- preguntó anonadado, como si realmente no lo hubiera pensado.
-A nadie le expulsan por pegarse con alguien- intervino James. ¿Por qué no se iba ya?- y mucho menos si es el idiota de Samdon el que está metido en esto. Aunque, visto desde otro punto, tampoco es que haya sido para tanto. Cuando yo llegué a veros, Samdon parecía una gallina enfurecida y, bueno...tú...
Torció el cuello y le miró
-Entonces ¿a él tampoco le van a expulsar?
-Bueno, por lo poco que sé, fue él el que empezó ¿no? supongo que tendrá mucho más castigo. Pero está a un paso de los É.X.T.A.S.I.S, no lo van a expulsar ahora.
Fue extraño, pero lo primero que se le vino a la cabeza justo después de saber que tendría que soportar vivir bajo las mismas paredes que Michael al menos dos meses más, fue en el aspecto de James. No tenía los ojos verdes, como Albus. En realidad, los hermanos no se parecían en nada en absoluto.
James era más alto, más fuerte. Tenía el pelo castaño muy claro, de un brillo casi pelirrojo, la cara menos angulada y los ojos marrones claros, demasiado vivos, y eso era lo que definitivamente los distinguía.
La mirada de Albus era siempre tranquila, y transmitía una sensación de seguridad.
La de James era más como la de aquel que ve la vida como una gran diversión, sin pararse mucho a reflexionar sobre ella. Menos seguro, por lo tanto.
Hubo un segundo en el que echó de menos aquella mirada verde, como quien extraña aquellos contados días en los que la hierba alta se mece lentamente con la brisa. Como si deseara volver a sentir esa sensación de paz.
La chica melancólica se fue rápidamente de su cabeza.
-¿Vas a darme un premio a la mejor golpeadora de Samdon, o algo así?- intentó ironizar.
-No. Está claro que yo soy mejor- le sonrío.
-Tú usas magia, no las manos.
-Bueno... ¿y qué? no me digas que no viste aquella vez que le hice vomitar babosas. Fue muy divertido. Me castigaron sin Quidditch, pero bueno...
Grace bajó la mirada.
-Bueno, y ahora creo que es mejor que me marche- dijo James, mirando a Scorpius- ya no pinto mucho más aquí, realmente.
Se quedó pensativo.
- Si alguna vez necesitas algo, no dudes en avisarme. Va para ti, Wilson- dijo, al ver que ella no le hacía mucho caso.- va para ti.
En otra ocasión habría puesto una mueca extraña que denotaría lo que estaba pensando, que no era del todo...
Bueno, pero como eran unas circunstancias un poco extrañas, se dedicó a sonreírle muy levemente. Él pareció notarlo, satisfecho.
Se marchó justo para cuando la señora Pomfrey traía la poción renovadora.
Y él tenía razón. Sabía horrorosamente mal.
-Han pasado ya tres días y no parece haber más enfrentamientos entre ellos ¿no?
Rose y Ann se habían colocado en el lado opuesto de la mesa al que solían comer, para así poder observar la mesa de los Slytherins.
-Si- concordó Ann- Pero mira la posición de hombros de Samdon- se contuvo el señalarlo con el tenedor- y la expresión de Wilson, además de que la forma que tiene para inclinarse a comer es un tanto forzada. No se están comportando como normalmente.
-¿Cómo puedes estar segura de eso?- cuestionó Albus, medio metido en la conversación.
-Lo veo- dijo simplemente Ann- y realmente no es muy difícil hacerlo. Imagínate como sería tener que ver a tu hermano todos los días y temer que en cualquier momento él pueda abordarte.
-Bueno. Si es sólo eso, entonces la entiendo- intentó bromear Albus.
Rose observó que Harley estaba bastante callado y revolvía su plato una y otra vez.
Antes de preguntarle nada, en un par de señas intentó preguntarle a Albus qué ocurría.
Desistió.
-¿Qué te ocurre?- le soltó.
Aquella sensación de silencio que se había instalado en ellos desde que Rose le había dicho que tal vez no quería que fueran amigos estaba arañándola por dentro. A veces más fuerte, a veces más flojo.
Levantó la mirada. Era oscura, como dos agujeros.
-Hoy me he despertado en la alfombra de la sala común. Me dormí casi toda la noche. Creo que me desmayé, o algo así.
Parecía que se contenía la rabia y enfado agarrando fuertemente su cuchillo de la mantequilla.
-Oh, dios- murmuró casi inaudiblemente Ann cuando el objeto se abolló sin dificultad aparente, por la parte del ancho mango de metal. Los otros dos simplemente lo miraron, con las bocas entreabiertas.
Harley metió rápidamente el cuchillo en el bolsillo de su túnica, para que nadie lo viera, se levantó justó después, recogiendo su mochila y echándosela al hombro.
-Si no aparezco por clase, decidle a los profesores que estoy enfermo.- les dijo- aunque claro, tampoco sería mentir ¿no?
Nadie se atrevió a decir nada. Lo miraron sin moverse un ápice de milímetro.
Se alejó rápidamente de su lado y lo vieron alejarse, preocupados.
Ann hizo el ademán de levantarse sólo unos cuantos segundos después. Siempre solía ser ella la que iba detrás de él en alguna situación parecida.
Aunque aquella vez...
Rose se puso en pie más rápido que ella y la miró directamente, intentando impedirle avanzar.
-Yo iré- solo dijo.
Ann frunció el ceño e intentó compartir su sorpresa con Albus, pero no llegó a mirarlo.
-Déjame, venga- insistió Rose.
-Yo no tengo que dejarte nada, Rose- razonó, con tono cansino, como si hubiera tenido que repetir eso mil veces-como quieras.
Esta, sin esperar más respuesta, se echó la mochila al hombro con prisa.
-¿No estaban enfadados?- le preguntó Albus a Ann cuando se hubo sentado de nuevo.
Esta suspiró.
-Realmente yo ya no me meto. Es muy agotador
Albus soltó una media sonrisa.
-Hace años que te dije que no lo hicieras.
-¿Crees que él está bien?- le dijo, preocupado.
-Está más frustrado consigo mismo, que afectado físicamente por haber recuperado la energía que tanto se empeña en perder.
-Bueno- le defendió Ann. Su lealtad para con él nunca la abandonaría- es lo que tiene que hacer, si quiere ser normal, y no pasarse la vida como un enfermo.
-Shhh...deja de hablar del tema. Se acerca mi prima Roxanne.
Y callaron, como siempre, para mantener un secreto guardado y vetado para todos los que no eran ellos.
-¡Eh! ¿Adónde vas? ¡Harley!
Este escuchó como Rose lo llamaba mientras caminaba con paso demasiado rápido por uno de los corredores abiertos, los que daban a los jardines de Hogwarts.
Supo que si no se paraba, no le dejaría en paz. Era tan obcecada como una mula. Y si quería hablar con él, acabaría hablando.
Por eso entonces se detuvo. Y el corazón le latía demasiado deprisa. Reprimió un jadeo de dolor (porque dolía) y se dio la vuelta, procurando aparentar normalidad.
-¿Qué?- le soltó.
Era todo muy extraño con ellos, pensó, mientras observaba como llegaba a junto de él y sus ojos azules le escrutaban, con un brillo que dejaba entrever la viveza que había dentro de ella.
Por una mirada empezó a deducirlo todo.
¿Estaría regresando la Rose que conocía? y si no era así ¿Dónde estaba aquella mirada de hielo que le dirigía en cuanto podía?
Desde el viernes, no había podido dejar de oír en su cabeza el "tal vez" de Rose.
"Tal vez no me necesites para nada"
No sabía por qué le dolía tanto recordar eso. No había cosa que le doliera más que sentirse un inútil.
Ya se habían dicho frases hirientes otras veces, pero todas las demás tenían el tono de lucha inconfundible, y aquel "tal vez"...aquel "tal vez" contenía el tono de derrota y provenía de alguien que se sabe derrotado.
¿Tanto le había fallado?
Desde el viernes, se podía descubrir así mismo observándola cuando ella no podía darse cuenta: a la hora del desayuno, cuando hablaba con Ann, cuando le explicaba la lección a alguien desesperado que acudía a ella (le hacía gracia ver como se ponía cuando explicaba algo particularmente complejo)... o simplemente en clase de Historia de la Magia, mientras tomaba sus apuntes a la velocidad de una moto en un Grand Prix. A pesar de que solía ponerse una coleta alta para que el pelo no le incordiase mientras redactaba, siempre algún mechón rebelde y largo se le escapaba y tocaba la mesa de manera particularmente hipnotizante, o al menos se lo había parecido.
-¿A dónde vas?- le preguntó.
El dolor que le empezaba a acuciar por todo el cuerpo...siguió empezando.
-A ver a Hagrid. Siempre voy a ver a Hagrid cuando estoy especialmente mal.
-Pero es que no estás especialmente mal. Nosotros lo vemos pero tú no eres capaz, porque estás alterado. Además ¡no siempre vas a ver a Hagrid!
-Bueno, siempre no- le contestó él subiendo un poco la voz- ¿y qué? no es broma, me encuentro mal. ¿En serio que vaya hoy a clases? aunque de todas formas creo que en el fondo te da igual.
El tono ácido le salió no sólo por la disputa no-te-hablo-desde-hace-cuatro-días (cuando-me-dijiste-que-no-querías-ser-mi-amiga) sino también porque aquel dolor siempre lo volvía más desagradable.
-Haz lo que veas- le dijo, sin entrar a su provocación- pero de todo menos decir que no me importa.
Harley estaba nervioso, y ya se le notaba externamente. Ella procuró desplazar su propio nerviosismo y sustituirlo por temple.
Rose estaba volviendo. Si...si lo hacía.
-Lo siento. Por lo del otro día, lo siento mucho. Ya sé que no es el mejor momento pero tampoco encontraba otro antes, y tenía que decirlo. Lo siento ¿vale? Acababa de discutir con Tobías y estaba enfadada. Bastante enfadada.
-¿Por eso cortaste con él?- la interrogó.
Rose rodó los ojos. No con pesadez, sino como alguien que estaba teniendo un combate interno.
-Si- dijo, simplemente- la verdad es que fue una pelea bastante fuerte.
-Adivino. No me lo vas a contar ¿no?
-Preferiría que no me preguntaras.
Actuó cautamente.
-Entonces... ¿puede volver todo a ser como antes?
-Si tú me perdonas, sí.
-No. Tú también me tienes que perdonar. Tienes razón. Os dejé colgados en el peor momento. No lo volveré a hacer, lo prometo.
Rose sonrío.
-Bien, entonces.
En realidad, no acababan de solucionar del todo sus problemas. Pero al menos volvían a hablarse.
Y de repente, se sintió más animado.
-Hay una cosa que he querido hablar contigo desde hace mucho tiempo.
Casi inconscientemente, lo fue llevando a un rincón un poco más privado para que nadie los oyera.
-Si el Mortífago es uno de los profesores, entonces sería muy difícil averiguar cuál de ellos es. Pero tal vez no sea exactamente un profesor.
Harley entrecerró los ojos. No sabía muy bien si era por el pinchazo que acababa de sentir en la zona del pecho, o si porque aquello no le tenía demasiado sentido.
-¿Y quién sino? ¿Los elfos domésticos de las cocinas? no, espera...los retratos. Si, los retratos.
Rose comenzó a picarse.
-Sólo hay alguien que conozcamos mínimamente y que haga unas visitas muy asiduas al colegio. Oh, venga... ¿no se te ocurre de quién puedo estar hablando?
-No, realmente.
-¡La directora del coro! ¡La señorita Lectern!
-¿Qué?- dijo como si estuviese loca- ¿Cómo va a ser ella, si es...es...
-A ver, ¿cómo es?- preguntó, esperando que Harley la adulara, ya que la mujer que, a la muerte del señor Flitwitch dos años atrás lo sustituyó exclusivamente en sus labores para el coro de Hogwarts, era bastante joven y guapa.
No se esperó el argumento de él.
-Es...normal. Completamente normal. Es hija de Muggle y vive en el mundo Muggle, nos habla sobre musicales y esas cosas...
-Y entonces nadie sospecharía de ella, ¿no? ¡Por eso, a lo mejor es ella!
-¡Venga ya, claro que no! no desvaríes.
Después de decir eso, a Harley se le nubló la vista por un momento.

Rose lo notó.

-Harley... ¿estás bien?

-Si- dijo, rápidamente- sí, tranquila.

Se había tambaleado un poco.
-A ver...-le dijo Rose perdiendo la paciencia, pero suavizando un poco su voz- Ann también lo cree, y Albus tampoco la descarta como sospechosa.
-A ver...cuando oíste este verano a aquel Auror hablar con tu tío... ¿Qué fue exactamente lo que le dijo?

-Que alguien había mandado un anónimo patronus parlante confesando que uno de los profesores era un Neomortífago. ¡Ya lo sabes!
-¡Ahí lo tienes! ¡Profesor! ¿Crees que consideraría profesor a alguien que viene a dar un par de lecciones de canto a la semana? Además, lleva dándome clases dos años. Creo que la conozco mejor que vosotros, que sólo la conocéis de vista.

-No estás siendo imparcial. Ella entra y sale del castillo. Ya por eso tiene más probabilidades de ser ella.

-¿Y tú? Con el profesor Longbottom eres de todo menos imparcial. Ni siquiera has barajado la posibilidad de que sea él, a pesar de que vuelve todos los fines de semana a su casa en el Caldero Chorreante.

-¡No digas estupideces! ¡Tú también le conoces, y sabes que él no puede ser! ¡Es un héroe de guerra!
Ya estaban discutiendo otra vez.

-Está bien- intentó razonar Harley- supongamos que es como tú dices. Entonces, se me ocurre una buena manera de comprobar cómo de inocente es.

-Nada. Absolutamente nada.

Rose salió del pequeño despacho precediendo a Harley, que cerró la puerta muy despacio para que no hiciera ruido. Por si acaso.

-Además, ¿Quién que pretenda ocultar algo se deja la puerta de su mini-despacho abierta?

Rose lo miraba con el ceño fruncido.

Toda la mañana había transcurrido ansiosa, mientras ella intentaba concentrarse en las clases y el sitio de Harley permanecía vacío. Como había dicho, había pasado toda la mañana encerrado en la cabaña de Harley, con Albus cubriéndole diciendo que estaba en cama muy enfermo. Ahora había dicho que se encontraba un poco mejor a los que lo habían visto por el pasillo.

El coro de Hogwarts ensayaba los martes, jueves y domingos (este último día sólo en ocasiones especiales) a las cuatro.

A esa hora, era a la que Harley y Rose habían decidido colarse en el pequeño despacho-almacén de partituras mágicas antiguas a examinar a ver si encontraban algo sospechoso en ella. Ann tenía que enseñar a Scorpius pociones, y Albus tenía una pequeña reunión con el equipo de Gobstones.

Pero después de un rato buscando, era evidente que nada había de importancia.

Rose maldijo por lo bajo y rezó porque nadie los viera husmear por aquel pasillo.

Tenía que haberle impedido a Albus que le devolviera la capa de Invisibilidad tan pronto a su hermano. Aunque, pensado mejor, Harley y ella eran demasiado altos para usarla.

-Eso no descarta que pueda ser ella- susurró- ¿Qué esperabas? ¿Qué tuviera una nota de confesión? "Hola. Yo soy la mala. Me habéis descubierto"

-Por ese tipo de ironía que usas es por lo que sé que pasas excesivo tiempo conmigo.

Rose comenzó a andar para marcharse de allí antes de que la profesora interrumpiera el ensayo y fuera hacia aquel lugar, o algo así.

-Sobretodo últimamente, ¿no?

Aquel "no" se ahogó en su boca. El chico se la tapó con una mano. Miraba a un lado y al otro, nervioso.

Había oído algo.

Sus pensamientos se habían cumplido.

Antes de poder pensar algo, estaba siendo arrastrada hacia un lugar del pasillo donde daba la sombra (ya de por sí no estaba muy iluminado. Había una pequeña ventana al fondo, pero el tiempo había empeorado a medida que avanzaba el día y las nubes ya no dejaban pasar ni un mísero rayo de sol) y colocarse al lado de una pequeña columna podía ocultarlos un poco a la vista. Pero no tanto. El corazón le bombeaba a mil por hora. ¿Qué tipo de explicación iban a dar?

Pero ojalá ese hubiese sido el único de sus problemas.

Sintió como su espalda se estampaba contra la pared con bastante fuerza, tanta, que se hizo daño y soltó un gemido lastimero.

-Ay.

Harley la agarraba de un brazo, de manera bastante poco delicadamente y su pecho subía y bajaba con excesiva rapidez.

OH, no. Ahora no. Ahora sí que estaban perdidos.

Los ojos negros de él le ganaron a la oscuridad del lugar. O eso, o estaba demasiado cerca de ella (ya que estaban pegados para que la columna los tapara a los dos en un mínimo espacio) y se había quedado mirando para ellos, un tanto embriagada.

La parte racional de su cabeza acudió en su ayudo.

-Harley, mírame- el chico obedeció, más o menos, sus ojos parecían muy lejos de allí. Estaba segura de que deseaba gritar de dolor- aguanta, por favor. No te pongas nervioso. No pasa nada.

Su mandíbula, cuadrada y firme normalmente, temblaba bastante en aquel instante. Rose apenas le entendió lo que murmuró balbuceando, pero escuchó, porque sus frentes se tocaban y porque, en parte, era fácil adivinar lo que le iba a suplicar.

-No dejes que nadie me vea así.

La tenía agarrada por ambos brazos, con las uñas clavadas en su chaqueta, Rose casi podía sentirlas en la piel.

Se imaginó por un momento ser él. Que la propia magia que vivía dentro de ella se volviera en su contra, intentando destruirle, como le ocurría a él. No podía llegar a imaginar el dolor, las ganas de gritar... la volverían loca.

Sabía que la extraña magia curativa que Ann podía hacer era capaz de mantener a raya aquel extraño desequilibrio de magia. Incluso la presencia de Albus incitaba a la calma y era capaz de suavizar un poco el nerviosismo de su a amigo, que no ayudaba a que la magia se estabilizara y volviera a formar parte de él mismo.

Aun así, tenía suerte. Había casos peores y parecidos, como el de Adriana Dumbledore.

Pero espera... ¿y ella? No podría hacer nada por él. Nada salvo esperar a pasar desapercibidos.

Empezó a escuchar los pasos de alguien al final del pasillo. Harley tenía razón. La vida le había compensado de alguna manera sus problemas, y el sentido del oído tremendamente agudizado formaba parte de esas compensaciones.

Se puso en su lugar de nuevo, pensando en cómo parar aquel ataque que estaba teniendo.

De pronto, al empezar a sentir como el aire que él expulsaba rápidamente golpeaba su cara, con brusquedad, tuvo una idea bastante descabellada. Bueno, no era descabellada, pero traería unas consecuencias bastante malas.

Pero él le había pedido algo, y ella no sería capaz de decepcionarle. Rose nunca decepcionaba, si era posible.

En realidad, fue tan sencillo como obedecer un impulso que nunca creyó poder realizar. Se puso de puntillas y se inclinó hacia delante.

Le besó.

Oh, Merlín. Aquello no podía estar pasando de verdad.

Sujetó su rostro con las manos, para no se apartara, y lo apretó contra ella. Jamás en sus mayores sueños imaginaba que iba a ser capaz de aquello.

Sus labios y su mandíbula estaban tensas, y se sintió como si besara a una roca, pero le emocionaba como nunca el estar besando a una roca. Jamás nada la había emocionado tanto. Dejó de presionar tanto sus labios, ya que lo que había demostrado era que eso era justo lo que ella quería hacer, y creyó que ya le había quedado lo bastante claro.

De repente, fue casi tan rápido como apagar una luz. Harley dejó de convulsionar nerviosamente, y su pecho había dejado de subir y bajar tan rápidamente. Suspiró sobre sus labios, sorprendido, lo que le hizo temblar, mientras lo respiraba.

Lo doloroso seguía dentro de él, pero en cuanto ella le había besado, algo se había levantado y había peleado contra ese mal, tumbando casi por completo el dolor. La sorpresa.

Ella acababa de besarle. Y maldita sea, lo estaba intentando otra vez, arrastrada por las ganas acumuladas. Sus labios parecían perfectos, mucho mejores de lo que habría podido imaginar, comprobó una vez que los suyos también reaccionaron. Solo en aquel momento supo que una parte de él había esperado aquel momento bastante tiempo.

Por un momento, besarse le pareció lo más bonito que había hecho en su vida.

Había estado celoso de Tobías Smith. Celoso. Tan celoso que no se había dado cuenta. ¿Cómo no estarlo, cuando ella era tan genial? Celoso. Él la había besado tantas veces...

Pero por fin ahora era su turno de hacerlo. Por fin eran solo ellos (¿había estado esperando el momento?) La rodeó por la cintura, con los nervios a flor de piel y se acercó más a ella, descaradamente, ya que ya estaban prácticamente pegados. Apretó sus labios a los de ella con valentía y comenzó a moverlos suavemente, pero con fuerza al mismo tiempo.
Rose, sorprendida ante su reacción, solamente pudo acertar a ahogar un sonido un tanto particular que amenazaba con salir de dentro de ella, y se dejó llevar. Respondió con entusiasmo, olvidando todas las normas que estaban incumpliendo. Demasiadas, y de diferentes orígenes.
Harley, de manera impulsiva y casi irracional, sin reconocer al chico que se divertía besando a chicas con la cabeza fría se atrevió a llevar sus manos a la espalda de Rose, (separándola lo necesario de la pared) una para mantenerla próxima, y la otra para comenzar a acariciarla, a recorrerla con cierta prisa. Sabía en el fondo, que aquel momento no duraría eternamente (¡pero ojalá!), pero mientras seguiría concentrándose en ese beso que parecía comenzar a salir de sus propios sueños ocultos.
Rose se estremeció, incluso si él realmente no estaba haciendo contacto directo con su piel. No quería imaginarse como sería si...no. No podía pensar en nada.
"No dejes que me vean así"
Pues definitivamente, eso estaba más que arreglado.
Casi les dio un vuelco al corazón al sentir que aquel beso adquiría una seriedad demasiado inusual para que hubiese empezado con un beso robado y sorpresivo. Sentían como descargas cada vez que sus lenguas se rozaban de improvisto (ya después lamentaría el atrevimiento, aunque ahora eso las consecuencias mucho no les importaban) pero segundos después ya se reconocían.
Lo que habría parecido un beso para salvar el pellejo, y fingir que eran dos novios que sólo buscaban un poco de privacidad, y del que podrían llegar a reírse nerviosamente si se hubiera detenido a tiempo (y eso entraba en un límite de segundos demasiado corto) se convirtió en una tormenta. Un incendio. Fuego, que amenazaba con quemarlos por dentro.
Fuego del que quema de la manera más dulce y cruel, al mismo tiempo.
Del hielo que podía haber existido dentro de Rose ya no quedaba nada. Cada trocito de escarcha y cristal que había sido clavado en su corazón se había ya evaporado, o roto en pedazos minúsculos. Polvo fino. El corazón de Rose volvió a latir desenfrenado, dispuesto a gritar el nombre de Harley por todo Hogwarts. A cantarlo en mil canciones. A suspirar hasta la extenuación.
A ella le comenzó a faltar el aire, pero él no parecía por la labor de separarse ni un milímetro de ella, no. Lo había rodeado por el cuello y le acariciaba y alborotaba aún más el pelo castaño oscuro. No se detuvo. Cómo pudo haber estado tanto tiempo sin hacer aquello.

Sus labios le parecían desesperadamente suaves, dulces como una rana de chocolate, o incluso mejores. Por primera vez en su vida lo que se le agitaba por dentro no era dolor. Era Rose Weasley. En su interior. Colándose por cada poro.
Y ahora que la había besado, que estaba en ello, que realmente había pasado, simplemente no podía negarse ningún sentimiento hacia ella. La besó más todavía. Ya habían cruzado la línea, ya no existía la vergüenza.

Rose tenía que respirar. Ya. Se estaba mareando. Había una orquesta de percusión en su estómago. Un océano tormentoso en su cabeza. Desordenándolo todo. Podía sentir a Harley por todas partes- en su espalda, en su pecho, en sus piernas (que rozaban las suyas) y en su boca. Realmente, en todas partes. Y sabía que no era suficiente. Pero tendría que tomar aire.
-Oh, Merlín.

El chico se separó de ella sin miramientos, y Rose inhaló con todas sus fuerzas. El aire estaba helado, por algún extraño motivo. Frío, si no era el que respiraba a su lado.
¿Acababa de suceder de verdad?
Desvió la mirada, luchando por regular su respiración lo antes posible, e intentando descubrir quien había interrumpido su irrepetible momento de gloria.
No era otra persona que Charlotte, su compañera de cuarto, la que estaba parada en frente de ellos. Sostenía su libreta de partituras mágicas fuertemente, y era evidente que no quería estar allí de ninguna maner.

Debían de estar ofreciendo una visión bastante lamentable.
No se sabe si Rose se alegró de que quien los viera allí fuera ella, o si por el contrario eso sólo consiguió que se sintiera más avergonzada.
Harley se había colocado tras ella, para que la chica y la escasa oscuridad lo taparan un poco. Al menos el rostro. Pero ya no hacía nada extraño y fuera de lo normal. Por lo visto, su idea había funcionado, se había distraído y había conseguido controlarse.
Parecía perturbado, simplemente muy confuso.
Rose se quedó unos segundos en su precioso mundo particular, lleno de sensaciones, y, finalmente, regresó al real.
Al de los objetivos.
-Lo sentimos muchísimo- balbuceó- no sabríamos que habría alguien y...
-No- la interrumpió Charlotte, mantenía la cabeza gacha. No sabía si estaba avergonzada o incómoda, o si estaba sonriendo- es que como Lectern me pidió que fuera a su despacho a recoger la canción nueva, pues no podía saber...
Rose casi rodó los ojos. De modo que realmente la directora del coro no tenía nada que ocultar...
Carraspeó.
-De todas formas, yo ya me iba- dijo Rose.
Abochornada completamente y sin echarle una simple mirada a Harley, se escabulló como pudo de ellos.
Sin embargo, en el último momento, añadió algo, dirigiéndose a él sin mirarle.
-Hagrid te espera. No puedes llegar tarde.
Podía escuchar como los pasos de la chica se escuchaban cada vez más lejanos, y observar como intentaba ordenarse el pelo. Moriría por ver la cara que estaba poniendo. No podía dejar de pensar en lo que acababa de pasar.
Optó por aceptar la opción que Rose le daba para escapar de aquella más que increíble situación.
-Me voy- le dijo a Charlotte- ya sabes...dile a Lectern que no puedo ensayar hoy porque estoy enfermo.

-Ya...muy enfermo- murmuró mientras se alejaba.

-¿Mandó llamar, Directora?

Neville Longbottom entró en el despacho de McGonagall sin muchos miramientos, ya que Mary y David, sus compañeros de profesión, le habían avisado de que la mujer la requería con mucha urgencia.

-Señor Longbottom- respondió inmediatamente la mujer- señor Longbottom...

No estaba sola en la estancia.

Reconoció de sobra al hombre que estaba a su lado.

-Neville...

-¡Harry! ¿Qué haces aquí?

El hombre tenía una expresión seria y parecía bastante agotado. Como en aquellos tiempos en los que se veía obligado a pelear en la guerra, sin descanso.

Harry Potter y la directora de Hogwarts mantuvieron una mirada rápida.

Luego, se dirigió hacia él.

-He venido a buscar a mis sobrinos. No sé si es muy buena idea, pero Ron me ha pedido que lo haga.

-¿Rose y Hugo? ¿Para qué?

-Es Hermione-dijo Harry con la voz hueca.

Neville se alarmó.

-¿Qué a ocurrido con ella?

-Me temo que ha sido infectada, señor Longbottom- murmuró con gravedad la Directora.