-¿Crees que lo conseguirán?

Grace subió las cejas mientras tomaba aire, profunda y lentamente. Había dejado de redactar.

-No. ¿Cuántas veces en la historia habrán querido cerrar Hogwarts?

-¿De qué estáis hablando? ¿Cerrar Hogwarts?

Scorpius echó para atrás la silla que estaba al lado de Josh y se sentó con ellos. Había vuelto a la sala común después de estar dos horas con Rose Weasley en la biblioteca, intentando entender la asignatura que consideraba creada por el mismo demonio. Pero parecía más contento de lo normal. Quizás estaba mejorando por fin.

-El consejo escolar quiere que Hogwarts se cierre el año que viene.

Scorpius frunció el ceño.

-No lo creo probable.

-Casi matan a una compañera nuestra. Es para pensarse qué va a pasar el año que viene-razonó Josh.

Grace bajó la mirada, lentamente.

-Y también aquí se ha asesinado gente, y nunca han cerrado por eso.

-¡No digas gilipolleces-le espetó su amigo- eso eran tiempos de guerra!

-Cuando asesinaron a Myrtle La Llorona no había ninguna guerra.

-¡Y casi se cierra el colegio!

-¿¡Y tú que sabrás!?

-¡No hagas como si no te importara no volver aquí el año que viene!

Josh estuvo a punto de cabrearse de verdad, pero quedó demasiado impactado con lo que Grace dijo a continuación:

-De todas formas yo no voy a volver.

Los dos se giraron para mirarla. Ella paseaba la pluma con la que hacía la redacción de Historia de la Magia entre sus finos dedos, mientras miraba fijamente a un punto fijo en la mesa.

Scorpius parecía confuso. El otro simplemente no reaccionaba de ninguna manera.

-¿Cómo que no, Grace?

-No voy a hacerlo. No volveré. No después de toda la mierda que he tenido que aguantar este curso.

Josh seguía callado. Pero parecía realmente afectado.

-Pero... el año que viene será diferente, Grace.

-¿Diferente, en qué?

-Tu hermano-intervino Josh, con la voz ronca como si hubiese permanecido callado una tarde entera-ya no estará en el colegio.

-Pues no voy a esperar a que otro imbécil la tome conmigo. Lo siento. No lo soporto. Me voy de Hogwarts. Sacaré los TIMOS y no volveré- dijo, convencida.

Se quedaron anonadados.

Por un momento, los dos se imaginaron su vida sin Grace.

Josh recordó cómo fue con ella con la que estableció un fuerte lazo casi desde el primer momento. No le pareció como el resto de tontas niñas Slytherin que tendían a criticarlo todo. Era más inteligente que las demás, y casi siempre estaba refunfuñando, lo cual era divertido porque a Josh le encantaba el reto de tener a alguien a quien intentar hacer sonreír. Con ella había podido ser él mismo. Era la única que sabía que le gustaban los chicos, y cuando se lo contó simplemente lo aceptó, no hubo sorpresa en su rostro, ni reproches, ni escándalos. Sólo le permitió ser libre, que fue lo mejor que alguien hizo por él jamás, aunque ella no fuera consciente de ello.

Luego llegó Scorpius, y las cosas cambiaron. Él pensó que no podría competir con un niñato rubio treceañero que luchaba por la atención de SU chica, porque ambos tenían tantas cosas en común que abrumaba. Además, Grace y Scorpius podían enamorarse, y él quedaría aislado para siempre de todo aquello. Y llegó a ser bastante desagradable con él. Además, Grace creció.

Poco a poco, simpatizó con el chico y fueron volviéndose tres en lugar de dos. De un dúo a un trío inseparable. Y así llevaban dos años, y así sería para el resto del tiempo que les quedara de vida.

Por lo visto, no.

Ahora ella, la que unía al trío, la punta del triángulo y la cuerda que los ataba, iba a desaparecer. Y todo se iría a la mierda. Lo cambiaría todo. No era justo. Scorpius y él cuidarían de ella.

-Es injusto-pensó, pero en voz alta esa vez.

-¿Cómo que injusto?- cuestionó Grace.

-Injusto no- dijo, mirándola- tal vez cobarde por tu parte. Tú siempre dices...

-No puedo creer que lo estés diciendo en serio-interrumpió ella, enfadada- ¿Yo, cobarde? ¿Yo?

Mantuvieron una significativa mirada, y Josh pareció amedrentarse. Scorpius los miraba a ambos, preocupado.

-Si lo pensáis, también sería bueno que vosotros no regresarais tampoco.

-Yo jamás haré eso-afirmó Scorpius, sin dudar un instante en su firmeza de voz.

-Hogwarts es nuestro hogar. Nos guste o no, Grace.

Negó.

-El mío no. El mío está en una casa de Essex- se inclinó hacia ellos, para que el resto de alumnos presentes no pudieran oírlos- sois mis amigos...no es como si no fuésemos a mantener el contacto.

Josh la miraba, destrozado. Se había olvidado de fingir su exagerada masculinidad, y de pronto su voz se elevó varios tonos por encima de lo "normal"

-¡Somos amigos desde la primera semana aquí! ¡Te conozco mejor que nadie! ¿En serio piensas que sería de lo más sencillo que lo aceptara?

-Basta, Josh. Todos nos miran.

Mentira. Pero empezaban a hacerlo.

-Me da igual-le soltó, acidamente- estoy harto.

El chico cogió sus cosas en tiempo récord y rápidamente se fue de la Sala común.

Scorpius se quedó inmóvil mirando a Grace, que mantenía la mandíbula apretada, los brazos sobre el pecho y se hundía cada vez más en su asiento. Después de un minuto de silencio, el chico habló:

-Puedo llegar a entenderlo, Grace.

-Muchas gracias- le contestó entre dientes, e irónicamente.

-Ninguno de nosotros podrá convencerte de que no lo hagas ¿verdad?

-Lo siento-pudo decir ella, con gran esfuerzo.

-Ya-sólo dijo, serio-...entonces...entonces creo que me iré a estudiar pociones. Mi examen es el viernes.

Grace no respondió. Había estado haciendo un esfuerzo enorme por no llorar y cuando supo que no podría contener la compostura ni un sólo minuto más, recogió sus cosas y bajó por las escaleras hacia las habitaciones, dirigiéndose a la suya.

Allí, la sorpresa fue tal que casi se olvidó de su choque de emociones.

-¡Erized!- exclamó Grace, mientras desde el umbral veía a sus compañeras charlar silenciosamente (lo cual era raro porque siempre hablaban casi a voz en grito)

-Shhhh, Wilson-dijo Protea, su otra compañera de habitación, de manera exigente- Erized no quiere que se sepa que llegó esta mañana.

-¿Nadie te ha visto todavía?- le preguntó mientras se acercaba a ellas.

Estaban sentadas en la cama de Erized. La chica tenía un aspecto muy desmejorado, para nada parecido al que tenía siempre. Se arreglaba mucho, y siempre llevaba la cabeza alta cuando andaba. Era fuerte de carácter y le gustaba mucho bailar (y no sólo eso, sino que lo hacía muy bien). Ahora mantenía la cabeza gacha y era demasiado extraño que Grace no la hubiera escuchado hablar todavía. No iba maquillada y su piel era varios tonos más pálido.

Grace se preguntó qué aspecto tendría ella si alguien hubiera intentado matarla y tuviera que regresar a estudiar al mismo escenario del crimen.

-No- contestó Protea por su amiga, mientras apretaba más su mano.

Erized seguía sin reaccionar.

Grace intentó (o al menos se le pasó por la cabeza) ser amable. Decirle que todo iba a salir bien, que nadie iba a volver a atacarla porque su sangre era demasiado valiosa. Que contaba con la protección de un gran número de Slytherins. Que no tenía por qué esconderse en aquella habitación.

Pero se limitó a permanecer callada, porque no le gustaba prometer cosas que era probable que no se cumplieran.

-¡Josh! ¡Tío, espera!

Alcanzó a su amigo en uno de los pasillos que daban al exterior del castillo.

Él se detuvo y se giró para mirarlo.

-Por Merlín, Scorpius, no me pidas que sea razonable.

-Párate a pensar. Tal vez tenga razón. Tal vez tenemos que aceptar que vuelva a casa con su padre. Que se aleje del mundo mágico...

-¡No me digas que tú no estarías dispuesto a protegerla de lo que fuera!

-Es mi mejor amiga. Claro que sí.

-Pues la muy estúpida opina que no se la necesita aquí.

-Tiene miedo. Y yo también, es normal.

-¿Ah sí? ¡Pues sorpresa! yo también tengo miedo. De perderla.

Scorpius no pudo aguantarse por más tiempo.

-Tío, ¿a ti te gusta Grace?

-¿Qué?-dijo Josh, incrédulo- ¿Cómo puedes p...

-Tú nunca has hablado de otras chicas. Y como... bueno, yo tampoco es que me ande fijando en las chicas que no sean...bueno, pues...Que creo que es posible que te pase algo con ella. Que te pasen cosas. Y al fin y al cabo siempre habéis estado tan unidos que...eso.

-Yo...-murmuró él, sorprendido e incómodo.

-Deberías decírselo.

-Yo no siento eso por Grace. No siento nada de eso en absoluto- se esforzó en remarcar las últimas dos palabras.

-¿Entonces?

-Es mi mejor amiga. Ella...sabe cosas.

Scorpius frunció el ceño.

-¿Sabe cosas? ¿Qué cosas?

-No es así como quería decírtelo- dijo rápidamente y en voz baja- tú debías de enterarte de...pero...tío, yo...

-¿Qué te pasa? me estoy preocupando.

El chico le dio la espalda y se alejó un poco de él, hacia un rincón apartado. Scorpius lo siguió.

-Oye, si no me lo dices voy a cabrearme de verdad.

Josh se dio la vuelta. Sus ojos estaban vidriosos. Solía llorar un poco cuando se ponía nervioso.

-Josh...-le exigió.

Quería decir algo. Se le notaba demasiado. Estaba a punto de reventar.

-Soy...soy...soy. Soy...gay. Soy gay-soltó.

Scorpius se limitó a mirarlo como si su imagen se hubiera vuelto borrosa.

-¿Qué?

Tomó aire con profundidad.

-Que soy gay. Que me gustan los chicos, Scorpius.

Él retrocedió unos pasos, y Josh se mordió el labio interior al notarlo. El rubio se limitaba a mirar a su amigo justo de la forma en la que él había temido siempre que lo haría. Como a un raro.

-Pero tío ¿qué demonios dices?, si tú nunca... ¡tú siempre dijiste que te gustaban las chicas, o al menos lo dabas a entender! ¿Qué pasa, has cambiado de opinión?- dijo procurando no subir en exceso el tono de voz.

-Lo siento. No sabía cómo decirlo. En el mundo mágico no hay gente como yo. Bueno, hay pero...no se acepta bien. Bueno, no es como si en algún sitio se aceptara muy bien.

-¿Desde cuándo lo sabe Grace?-preguntó, acidamente- porque ella lo sabe ¿verdad? siempre soy yo el último en todo. El último en la patética familia Malfoy, el último en la clase de pociones, y el último en enterarse de que a su mejor amigo le van los tíos.

Josh no respondió en seguida.

-Tú llegaste después de ella. Además, eres un chico. No es igual...

-Ya, bueno-le interrumpió- Siento decepcionaros a todos todo el rato. Pero creo- dijo mientras se marchaba- que ahora me toca a mí estar decepcionado.

-Bu- escuchó tras sus espaldas. Ann se sobresaltó levemente.

-Harley. ¿Qué pasa?

-¿Adónde vas?-le preguntó su amigo mientras la seguía.

Ann cruzó uno de los largos pasillos de la biblioteca.

-A hablar con el señor Hoff.

-A hablar con el señor Hoff. Umm y ¿para qué?

Ann desvió la vista hacia donde estaba.

-Una consulta bibliotecaria.

Silencio.

-Bueno. ¿Y qué has estado haciendo? últimamente no te veo el pelo. Tenía que haber estado ayudándote con pociones.

-Tranquila, los dos sabemos lo mala que eres explicando lecciones de la asignatura que sea a la gente. Pues he estado haciendo eso, estudiar. A veces con Rose y Albus, otras sólo con Rose, otras sólo con Al. En ocasiones solo...pero la que preocupas eres tú. ¿En qué mundo estás perdida? ¿Qué has estado haciendo?

-Practicar hechizos- respondió- y-remarcó- no ando perdida en ningún mundo.

-Como quieras. Pero estás bien ¿no?

-Sí, supongo. Todo lo bien que se puede estar ahora.

Harley se extrañó, pero no dijo nada. Se limitó a seguirla.

-¡Señor Hoff! - exclamó ella cuando le localizó en su mesa- Señor Hoff. Hace dos semanas que no devuelven un libro en la sección de Historia de la Magia. Me he dado cuenta de eso porque tengo que hacer el trabajo del trimestre y cada vez que voy a esa estantería, ese hueco siempre está vacío. Así que como el plazo para devolverlo es de una semana y media, era para decirle que alguien no está devolviendo su préstamo.

-Qué observadora- murmuró, sin atisbo de halago- gracias, Anderson. Pero... ya sabía de la ausencia de ese libro. Ha desaparecido.

-¿Ha desaparecido? ¿Cómo que ha desaparecido?- preguntó ella con excesivo "entusiasmo"

-Pues eso, señorita Anderson. Ha desaparecido.

-Pero...-soltó Ann, pero pareció contenerse.

En su lugar, Harley habló, y ella se lo agradeció enormemente en si mente.

-¿Pero qué libro era ese tan importante?

El hombre de pelo gris y rostro arrugado miró el papeleo de préstamos, pasando hojas con un movimiento de su varita, aunque sólo por inercia, ya que parecía saber qué libro era desde el primer momento.

-Era un libro sobre la historia de los mejores magos del mundo mágico. En especial, con extensión de casi la mitad del libro, de Merlín. Claro que en él también incluyen su historia con Morgan Le Fet. Morgana, más conmunmente llamada hoy en día.

Ann prestaba mucha atención.

-¿Y no hay otro libro igual en la biblioteca?

Hoff negó con lentitud. Sus labios se despegaron con parsimonia, para poder hablar.

-Puede preguntarle al profesor Patterson. Suele tener muchos libros siempre en la colección de su despacho, si cree que eso puede aportarle información para su trabajo.

-De acuerdo, gracias.

-Tengo que hablar con Rose-confesó a Harley cuando se dirigían a ver a Hagrid.

-¿Con Rose? ¿Para qué?

-Necesito que me haga un favor. Bueno, ella no. Otra persona. Pero estoy segura de que si ella se lo pide, lo cumplirá con más eficacia.

-Ahora está visitando a su madre.

-Lo sé- dijo, con gravedad- tendré que esperar a que vuelva.

-Vale, pero no la agobies inmediatamente después.

Ann se extrañó.

Unos días después, la noche del jueves, y mientras Albus, Ann, Rose y Harley estudiaban pociones (Ann se dedicaba a hacer garabatos en los márgenes del libro) una lechuza picó en la ventana de la Sala Común.

Rose alzó la mirada.

-¿Platón?- preguntó Ann, pensando que era su lechuza.

-No es Platón ¡Es Brighter!- exclamó Rose. Se levantó enérgicamente- ¡Quizás sea el paquete de Frank!

-¿Tan pronto?- se extrañó Albus.

-El chico es eficaz- alabó Harley.

Una vez Rose cogió la carta y efectivamente, comprobó que el paquete que Brighter llevaba se lo entregaba Frank Longbottom.

-Es de él.

Albus se dispuso a abrirlo.

-¡Guau! ¡Lo consiguió!

-¡No lo toques!-le ordenó Ann.

Los pocos que estaban despiertos a esas horas los miraron sin disimulo, para luego volver a sus conversaciones y tareas.

-¿Por qué no?

-Creo que Ann sospecha que alguien puede haber encantado el libro. ¿No?- inquirió Rose.

-Es una posibilidad- barajó esta.

-¿Por qué?- preguntó Harley.

-Tendría un poco de lógica-reconoció el chico.

Rose pasó la varita por el lomo del libro semidesenvuelto.

-¡Finite Incantatem!

Nada pasó.

Se quedaron sin saber qué hacer durante unos instantes.

-Bueno... ¿Y ahora?

-Bien-dijo Ann- ahora creo que deberíamos irnos a la cama. Me llevaré el libro a ver cuanto puedo leer y si noto algo raro mañana os lo digo.

-¿No puedes mirarlo ahora?- preguntó Albus.

-Déjala dormir-dijo Harley.

-Es tarde- dijo Ann- no queda mucho para los TIMOS. Hay que descansar.

-Oye, ¿Irás a la fiesta?-preguntó Albus.

Harley y Rose bajaron la vista, incómodos.

Ann pareció distraída.

-Claro. La ceremonia es obligatoria para todos.

-Me refería a la fiesta de después.

-¿Al baile? no-se miraron un momento, ella un tanto triste o avergonzada por tener que rechazarle de aquella forma- no. No puedo.

-Sólo será un rato...

-No me apetece, lo siento-dijo Ann, dirigiéndose a su habitación, zanjando el tema.

Rose y Harley se miraron primero ellos, intentando ser disimulados. Intentándolo, sin mucho éxito. Después, miraron a su amigo, que parecía un tanto abatido.

- ¿Y vosotros qué haréis?- contestó a sus miradas, enfurruñado.

Albus empezaba a mosquearse de que sus amigos mantuvieran tantas miradas cómplices. Ni siquiera sabía si estaban saliendo o no estaban saliendo. Se limitaban a comportarse como si aquellos meses de tensión no hubieran ocurrido nunca, pero al mismo tiempo Albus sabía que algo tenía que haber sucedido entre ambos.

Y estaba tan frustrado por otras cosas que no sabía, que aquella no sería definitivamente un cabo suelto más.

-Bueno. Yo tengo pareja, ya lo sabes-le dijo Harley.

-¿La Hufflepuff de sexto? ¿Con la que dijiste que te acostarías?

Rose abrió la boca, estupefacta. Harley se puso nervioso.

-Albus...-protestó.

-¿Dijiste eso?- preguntó Rose, como dolida-no me lo puedo creer. ¡Se llama Dianne Berry, por si te interesa!

-Ya sé cómo se llama- contestó, nervioso.

Y el chico no supo qué decir. Miró a Albus como si quisiera que una manada de centauros lo aplastara por ser tan bocazas. Tan bocazas a propósito. Aunque también se sentía y estaba avergonzado.

-Me voy a dormir- dijo Albus, sin pizca de remordimiento. Sabía que nada podía haber puesto más histérica a Rose en aquellos momentos, pero también confiaba en que Harley lo arreglaría. Sino, tendría que tomar más cartas en el asunto. Despejar las sospechas de Ann acerca de sus dos mejores amigos era una buena opción. A lo mejor ella sabría qué hacer.

-Te mato -le soltó como despedida Harley, del que claramente acababa de vengarse de que andara besando a su prima favorita sin contárselo.

Rose, recuperada de su estupefacción inicial, ya estaba recogiendo sus cosas.

-Rose...-empezó él.

-Ya sé lo que vas a decir, y no ayudaría.

No dijo nada más hasta que se le presentó la oportunidad.

-¿Qué haces? ¡No puedes salir sola! ¡Son las once de la noche!- exclamó cuando vio que se dirimía a la salida de la Sala Común.

Ella llevaba tanta prisa que ni se paró a decirle que no la siguiera.

Recorrió un par de pasillos hasta que se detuvo en seco. Detrás de ella, Harley avanzó como si quiera abrazarla, pero no lo hizo.

-Es mi culpa ¿verdad?- murmuró la chica- por no querer ser sincera con los demás. Albus lo ha hecho a propósito.

Su cabello a la luz de las antorchas se veía vivo, como una llama.

-Bueno. En todo caso es mi culpa, porque realmente digo esas cosas. Sé que no te gusta, pero tampoco es como si los demás no lo dijeran también...no sé.

-No me imagino a Albus hablando así de Ann, por ejemplo.

-¡Estoy intentando disculparme!

Se dio la vuelta. Y se arrepintió, porque a la piel del chico le quedaba demasiado bien aquella luz, y era difícil concentrarse en otra cosa. Como por ejemplo, en que a veces era realmente imbécil.

-No es como si no te hubiera oído decir eso antes. Solías decirlo mucho, hasta hace relativamente poco.

Habían acordado estar juntos en secreto, hacía unos días, cuando Rose había decidido dejar aquel extraño juego de papelitos y salir a buscarle, para poder abrirse por completo a él, por primera vez.

-Bueno pero era sólo fijándome en ellas por cómo son físicamente. Y antes de...-ya tenía asumido que no conseguiría ninguna declaración abierta de sentimientos, porque Harley no era abierto- antes de ti.

Se estremeció de gusto, en contra de su propia voluntad.

Salir en secreto ofrecía la oportunidad de que nadie los molestara con rumores o habladurías, de las que Rose ya era la comidilla de los alumnos a causa de su madre. Simplemente, Rose no quería problemas. Solo estar todo lo bien que pudiera.

Pero claro, Albus había atado cabos y no le parecía muy bien aquel sistema, que podía dar la impresión de que se querían para algo opuesto a algo serio. Algo así como ser amigos con derechos y tener una relación física y abierta. Pero claro ¡Rose no tendría algo así con nadie!

-Al nunca habla así de nadie, pero no quiere decir que no lo piense. Hay personas que las dicen y otras que no. De todas formas te gustan dos personas- dio un paso adelante- unas por lo de fuera, y otras por lo de dentro. Y cuando te gusta todo de alguien no lo sueles querer confesar tanto. No me preguntes porqué.

Rose miraba al punto donde la corbata de él se perdía en el jersey.

-A lo mejor es porque tienes miedo de que te hagan daño -le dijo, tomando su mejilla para que alzara la mirada- no me gusta otra. Me gustas tú.

-Y tú a mí- le respondió ella- es solo que por un lado quiero mantener esto solo entre nosotros, porque no ha pasado en el mejor momento de nuestras vidas, pero por otro, es de lo poco de lo que puedo alegrarme, y quiero que todos lo sepan, y que Dianne Berry se vaya a conseguir a otro que también sepa...apreciarlas.

Harley se rio, y Rose lo acompañó un poco.

-Si voy a ese baile ¿bailarás conmigo?

-Puedo decirle a Dianne que no e ir contigo.

-¡No puedes arruinarle la pareja en el último momento! ¡Está mal!

-Vale. Es lógico.

Se acercaron hasta que la distancia entre ellos fue ínfima.

-¿Eres mi novia?- le preguntó susurrando, haciendo que Rose se estremeciera entera y sólo tuviera ganas de quedarse allí toda su maldita vida.

-SÍ- murmuró, y su voz salió de sus labios pronunciando la afirmación como un anhelo secreto.

-Entonces el resto no importa- concluyó, antes de besarla. Despacio, con una delicadeza propia de alguien que trata con algo roto, que hay que ir reparando poco a poco. Rose se perdió en él, una mano en su cuello y otra en la clavícula, recorriendo con los dedos esa marcada línea, extraviándose, olvidando cosas importantes que en aquel momento no lo parecieron tanto.

-¡Feliz cumpleaños!

Ann gruñó aquella mañana al despertarse.

-¿Qué?- logró decir, adormilada.

-Ann, es tu cumpleaños. Mira, hasta Bennet quiere felicitarte...

-¡Buenos días, Anderson! ¿Hace un precioso día, no crees? Merlín, estoy tan feliz. Toma- dijo acercándose a su cama. Le tiró un paquete- feliz cumpleaños.

-Felicidades, Ann-dijo Charlotte, mientras salía del cuarto.

-Abre mi regalo- le dijo Rose. Era un paquete del tamaño de una libreta. Eso debía ser.

Ann se incorporó, recibió el beso y el abrazo de su amiga y procuró no acordarse de que era su primer cumpleaños desde que murió su madre. Después, empezó a desenvolver sus regalos. David, su padrastro muggle, le había regalado unas deportivas azules. El regalo que venía de parte de Christinne y Charlotte era una caja de varias golosinas (entre ellas gomas de nata, sus preferidas) el de Harley, a los pies de su cama, era un aparato muggle pequeño para escuchar música. También estaba el de Albus, Hugo y Frank, que era habían regalado una mochila nueva (que posiblemente, habría escogido Frank). El regalo de Rose era alucinante. Era un cuaderno de dibujo con unas tapas duras, y con un candado mágico cerrando lás páginas.

-Odias que los demás miren tus dibujos- se explicó ella.

-Es...es precioso. Gracias, Rose. Lo usaré. Cuando vuelva a tener inspiración para dibujar algo.

Rose frunció el ceño mientras apoyaba la mano en la cama para levantarse.

-¿Qué es lo que tienes ahí?-preguntó, al notar algo duro debajo.

-He vuelto a quedarme dormida con el condenado libro-se quejó. Lo he releído mil veces.

-Ann. Si no has encontrado nada raro en ese libro ya no lo encontrarás. Lo mejor es que se lo devuelvas a Frank , o se lo pagues y te lo quedes pero que no le hagas más caso.

-Lo sé. Lo sé. Pero me cuesta...eh, mira. Hay otro regalo.

-Oh, sí. Ábrelo.

Eso hizo. Y lo que había tras el envoltorio, la dejó helada.

-¿Qué es, Ann?

La chica no respondió en seguida. Pero acabó hablando, mostrándole el libro morado que sostenía en sus manos.

"La historia de Morgan Le Fey" de Jacob Jenner.

-¿Jacob Jenner? no me suena. No es conocido.

-Por favor, dime que pone quien ha enviado esto. Que hay una carta, o algo.

Pero sus sospechas eran ciertas.

Nadie.

-¿Por qué está jugando a esto, Rose?-preguntó, abatida.

Esta arrugó el rostro, preocupada..

-Mira, esto es lo que vamos a hacer. Primero, vas a ir a la Ceremonia de la Victoria. Y después, si por la tarde definitivamente no quieres ir a esa fiesta, simplemente estate alerta y si ves algo sospechoso en ese libro y avísame.

Ann lo estuvo pensando, preocupada. Llevaba ya muchos días que la cabeza le daba vueltas. Y era humana. Como Rose, necesitaba parar un rato.

Y después estaría lista para afrontar la amenaza que intentaban cernir sobre ella.

-Hoy, celebramos el aniversario de una fecha que marcó la vida de muchos y el destino de la generación que estudia ahora en este colegio-comenzó Minerva McGonagall-aquel día, luchamos hasta el agotamiento, perdimos a nuestro seres más cercanos,lo dimos todo...

-Hey, Rose.

La chica estaba entre en tumulto de alumnos que escuchaban el discurso de la Directora, con rostros serios y solemnes. Allí, su prima Lily agarró del brazo a la pelirroja.

-Hola, Lily-la saludó.

Su prima pequeña la tomó de la mano. Aquellos días había estado más unida a su familia. Sabía qye eran su fuerza, su apoyo. Sus amigos.

-¿Dónde están Al y Harley?

-Al no lo sé. Pero Harley está con los del coro. ¿Lo ves? en la última fila.

Ambas miraron hacia el grupo de alumnos que estaban de pie en las escaleras, organizados como una patrulla. Todos llevaban uniforme, pero ninguno ningún distintivo de su casa. La corbata era negra.

-Oh, claro. ¿Qué tal le fue su examen de pociones?

-Bien. No creo que tenga problemas para los T.I.M.O.S

-Qué bien...escucha-dijo soltando por fin lo que quería decirle- estuve pensando y ya tengo un nombre para nuestro...grupo.

-Shhh..¡Lily! baja la voz-le exigió, ya que estaban rodeados de gente por todas partes.

-Tan sólo dime si te gusta. "Escuadrón de Merlín"

-¿Por qué Merlín?-preguntó, sin darle mucha importancia, realmente.

-Bueno. Merlín era el mejor mago de todos. Y Ann es muy especial también. Supongo que se parecen, el algo ¿no? Aunque si prefieres, cuando seamos más, podríamos pasar a ser el Ejército de Merlín.

Rose se dio la vuelta rápidamente y miró a Ann, que parecía estar diseñando una teoría compleja en su cabeza.

-Ahora vuelvo-dijo, mientras se escabuía.

-¡Ann!- la llamó. Pero fue inútil.

El sol que daba en los jardines estaba empezando a agobiarla, mientras pensaba, entre otras cosas, que si su madre no estuviera muriéndose estaría allí, al igual que su padre y su tío, recibiendo el reconocimiento que en ese momento les estaba dando la Directora de Hogwarts. Procuró no pensar en ello. Encontrarían la cura. Su madre no se iba a morir. Lágrimas amenazaron con salir de ella.

Alguien interrumpió sus pensamientos.

-¡Weasley! ¡Weasley!

Rose se giró para ver a Scorpius Malfoy, que se hacía hueco entre los alumnos.

-¡He aprobado! ¡He aprobado pociones!

Rose le sonrió con la mirada brillante.

-Eso es magnífico. ¡Genial!

Malfoy parecía realmente feliz y no se dio cuenta del dolor de Rose. Que sin embargo, sí que estaba realmente feliz por él. Había desarollado un sentimiento que nunca pensó que desarollaría por un Malfoy: simpatía.

-Pensé que no lo conseguiría. Muchas gracias por ayudarme. ¡He sacado un Supera las Expectativas!

-Supongo que realmente sí superaste las expectativas.

-Si...oh-soltó, cuando vio a Lily con ella. La miró durante largos segundos-hola. Soy...

-Sé quién eres-le dijo Lily.

-Bueno. Yo sé quién eres tú también.

Lily no se mostró muy simpática. Había oído cosas de los Malfoy, y estas no merecían la sonrisa de la niña...

Scorpius parecía nervioso. Se dirigió de nuevo hacia Rose.

-¿Te importa si me quedo aquí ya?

-No. Quédate. No creo que Ann vuelva.

Durante toda la ceremonia, Scorpius no pudo evitar desviar la mirada hacia donde estaba Lily de vez en cuando.

Incluso puede ser que Lily también desviara la mirada de cuando en vez, curiosa.

Grace sentía ganar de escaparse. Estaba intentando esconderse en una esquina del Gran Comedor para que nadie la viera. Aquella noche, después de hacer el paripé bailando y sonriéndole a Hugo Weasley, el chico parecía haberla dejado libre, deprimido porque no se había enterado de que Clary había cambiado de pareja y él había estado demasiado ocupado buscándose una pareja que fuera capaz de llamar la atención como para enterarse y adelantarse al segundo chico.

Así que estaba sola. Scorpius se había enterado de que Josh era gay y se había enfadado con él y con la chica (ella ya sabía que eso pasaría) y no quería saber nada de ellos. Josh debía de estar hundiéndose en la miseria y ella no andaba mucho mejor. Se mordió el labio. Divisó al chico que había insistido demasiado en que bailara con ella no hacía ni cinco minutos y se intentó situar lo más lejos posible de él. Se acordó de la mirada que le había dirigido James Potter cuando se fijó en él, y la había transportado a una situación parecida de hacía meses atrás. Tampoco quería estar visible para él.

Cuando se dio la vuelta, casi se choca con un chico que no era mucho más alto que ella y que sostenía unas bebidas.

-¿Te apetece? no me preguntes que es, porque no tengo ni idea.

Grace miró a Albus, dubitativa.

-¿Una es para mí?

El chico se encogió de hombros.

-Creo que son para James y para su pareja de baile. Pero realmente no creo que les importe.

La chica aceptó, tal vez por aquel último dato. Era un líquido marrón, parecía pegajoso y olía fuerte.

Albus tosió al beber. A Grace sólo le sorprendió.

-¿Alcohol?

-Creo que esto no lo ha puesto un profesor.

-A quién le importa. Está bueno. Además, el alcohol ayuda contra las penas.

Albus miró a su copa con otros ojos.

-¿Cómo van tus penas últimamente?

-Mejorando te aseguro que no.

-Ya, bueno. Las mías tampoco-dijo, como para sí mismo.

La banda supuestamente conocida que se encargaba de la música empezó a tocar una canción. Esta no era como las demás, que solían alternar entre "cañera" y romántica. Tenía un ritmo tranquilo y comenzaba con silbidos suaves y repetitivos.

-Bailar también ayuda contra las penas-dijo, tras unos segundos.

-¿Acabo de escaparme de bailar, y ya me estas pidiendo que lo haga contigo?

-Sólo está canción. La conozco y me gusta mucho.

Grace puso los ojos en blanco. Pero lo cierto, fue que no dijo que no. Lo cual extrañó, a ella la primera.

Dejaron las copas vacías en cualquier mesa del remodelado Gran Comedor y se metieron entre el tumulto, de la mano.

Por un instante, volvía a ser verano, volvía a estar en una discoteca muggle. Volvía a mirar a un chico que estaba con otros que eran mayores que él, en una esquina, lejos de donde los demás bailaban una mierda de canción. Volvía a estar en el mundo muggle, que claramente, le iba mejor.

Pero en realidad las situaciones no se parecían nada.

-¡Guau!- dijo Albus, maravillado- ¿por qué no querías bailar? ¡Lo haces muy bien? parezco un Grindelow fuera del agua a tu lado.

Aunque no quería hacerlo, Grace se rio.

-Práctica. Supongo que las clases de danza y las de defensa personal siempre dan sus frutos.

-Yo...yo juegos a los Gobstones a veces.

Se rieron los dos. Aunque no tuviera gracia ella no podía evitar sonreír.

-Soy patético

Grace negó.

-No lo eres. Tú encajas en este mundo. Yo no. Yo soy la patética-comentó, con cierta pena.

-No te vayas- le suplicó, tras unos segundos en silencio.

Le miró, interrogante, y al comprender, se cabreó.

-¿Quién ha sido, Josh o Scorpius?

-¿Cuándo me lo ibas a contar? ¿Cuándo sólo quedara media hora en el expreso para llegar a King's Cross?

-Pensé que te parecería bien. Además, no sabía que fuera tan importante. No me voy a la guerra. Deserto de una. De una guerra que no es la mía.

-Yo te he ayudado. Te ayudé con tu padre, y tú...

-No necesito un alma caritativa. O al menos, no sólo una para solucionar todos mis problemas. ¿Lo entiendes? ni tú, ni Scorpius ni Josh, ni siquiera Ann y su "prodigioso poder" pueden arreglarlo.

-Pero tú sí. Sólo necesitas un empujón. Necesitas tener un poco más de valor. Y a eso te pueden ayudar. Yo el primero.

"Oh this has gotta be the good life

This has gotta be the good life

This could really be a good life, good life"

When you are happy like a fool

Let it take you over

When everything is out

You gotta take it in"

-Odio esto-dijo ella, sin saber muy bien porque lo decía exactamente. Sólo sabía que no podía apartar su mirada de los ojos de Albus, que le hablaban por sí solos, embobándola como nunca una mirada lo había hecho. Atrapándola. Persuasión. Seducción ¿Algo así? Confusión.

-No es cierto. Amas esto. Si no estuviera Michael, lo amarías ¿Es por...es por ese chico muggle que es tu medio-novio?

Sólo entonces Grace pudo apartar su mirada de él, anonadada.

-¿Q-q...? ¡¿Quién de los dos fue, Potter?!

-¿Puedes contestarme?

-¡No! Es decir ¡No es por eso!

-Pero odias que los chicos se te acerquen.

-Bueno, tú estás relativamente cerca ahora.

Albus le soltó las manos. Algo dentro de Grace se revolvió, furioso. No quería que la soltara. Pero ¿Por qué no? lo había dicho en serio. Quería que la soltara. No podía confiar en ningún mago. Sólo en Josh y Scorpius, y apenas oído lo oído.

"We're young enough to say Oh this is gotta be good live"

-¿Sabes? no se me da muy bien hacer amigos. A pesar de lo que dice la gente de que hablo de manera competente y que muy soy reivindicativo. No tiene nada que ver con el don de gentes, está comprobado. Siempre son James o Harley los mejores en eso. Y bueno...yo pensé que éramos amigos.

Harley se deslizó entre varias parejas. Al ver a Tobías Smith peligrosamente cerca de donde Rose bailaba con Nick, apuró su tarea de esquivar al resto de gente.

-¡Nick!- este le escuchó. Rose se giró. Estaba muy guapa. La moda de los magos estaba un poco atrasada respecto a la de los muggles, pero su vestido, junto al de Grace Wilson había podido comprobar, era el menos llamativo negativamente a la vista. Bueno, el de Rose era bonito. Y ella estaba realmente guapa. Era guapa.

-¿Puedo bailar con ella?

-Oh, está bien. De acuerdo- le contestó su amigo.

-¿Lo apruebas?- preguntó ella, irónica.

-Lo apruebo- dijo, guiñándole un ojo, muy perspicaz.

Rose se fue rápidamente a bailar con Harley. Le miró mientras le echaba los brazos al cuello.

-Lo prometí. Me he escapado- le confesó él.

-¿Alguien ha intentado besarte esta noche?-le preguntó, de broma.

-No. Nadie, realmente ¿A ti?

Ella negó.

-Yo creo que a Tobías no le hace mucha gracia que estemos tan pegados- comentó, observando por encima de Rose.

-¿Quieres que contemos a cuantas personas no les hace gracia eso? cuenta a la mitad de chicas de tu alrededor.

Harley rio.

-Eso es mentira. Eres una maldita paranoica celosa-dijo, juntando sus frentes.

-Y tú un imbécil. Te quieres acostar con medio Hogwarts y no te esfuerzas en ocultarlo teniendo solo quince años.

-Aparento dieciocho y cumplo dieciséis en verano. Y soy un imbécil, pero a ti no parece disgustarte del todo.

Rose sentía el calor emanando de Harley. Las manos en su cadera. Quería besarle. Quería besarle de una maldita vez.

-Sé cosas de ti que el resto no saben. Yo te conozco. También sé que te asustan cosas como las alturas, o que te molesta que te llamen Ciro- dijo, al notarlo más tenso- o que hablas más idiomas de los que son normales en alguien tan joven. O que eres complicado. Muy complicado.

-Con eso quieres decir que la magia no nos llevamos bien, ¿verdad?

Suspiró.

-No estaba pensando en eso, si no en las cosas que no sé, y siempre he querido saber. El resto no es capaz de ver que lo que eres en el fondo resulta más interesante que como eres en un principio.

-Eres perfecta- le dijo él, embelesado. Su mirada bajó de sus ojos a sus labios. Ella lo notó-¿Ahora tengo que decir algo cursi yo también?

-Lo acabas de decir.

Ella unió sus labios, tal como llevaban tiempo queriendo hacer. Disfrutando como si estuvieran solos, emocionados el uno del otro.

Varios murmuraron a su alrededor. Rose no se dio cuenta hasta que oyó un grito indignado.

-¿Pero esto qué es?

A regañadientes, Rose soltó a Harley.

-¿Te pido que vengas al baile conmigo y te enrollas con esa en mis narices?-soltó la que reconoció como Dianne Berry, totalmente exaltada, montando un escándalo.

Rose cayó en el mundo real.

-Es mi novio- soltó, por toda explicación.

Harley se encogió de hombros, feliz, como pidiendo disculpas.

-Vamos, Rose- dijo, tirando de ella.

Otra canción más animada empezó a sonar.

Fue la primera vez que Grace pudo ver el muro invisible que se alzaba entre ellos. Aquel que luchaban como salvajes para derribar. Y si Grace desistía, Albus no podría hacerlo solo

-Lo somos, Albus.-le confesó.

Y no mentía. Albus había conseguido lo que pocos: un lugar en su corazón.

Se preguntó si el chico era consciente de su hazaña.

Aquella situación era tan sentimental, que lo dolía en el pecho.

Parecía que a Albus también.

Oh. No era eso.

Los collares había vuelto a calentarse, otra vez.

Se miraron, asustados.

No muy lejos de allí, Ann Anderson era arrastrada por el suelo de la biblioteca, semiinconsciente, soltando su nuevo libro y dejándolo allí a propósito, para que alguien pudiera suponer qué era lo que estaba o había ocurrido.