El vacío lo envolvía. No había suelo bajo sus pies, ni el peso de su cuerpo para anclarlo a la realidad. Era una sensación extraña, como si su mente estuviera flotando en algún lugar entre el sueño y la vigilia, pero su conciencia, fragmentada y lejana, supiera que estaba cayendo. Lo sentía en lo profundo de su ser, esa certeza que no requería ver nada para saber que el suelo estaba lejos, que no había final a la vista, y, sin embargo, el vértigo lo rodeaba.
El aire —si es que realmente había aire en ese lugar— rozaba su piel de una manera etérea, como si no existiera del todo, como si él mismo fuera una mera sombra flotando a la deriva. No había viento que lo empujara, ni gravedad que tirara de él. Solo la incómoda certeza de que, aunque no había dirección, él estaba descendiendo... descendiendo sin fin.
Su mente luchaba por comprender dónde estaba, o si todo esto no era más que un fragmento de algún sueño perdido. Trataba de abrir los ojos, pero ni siquiera estaba seguro de si los tenía cerrados. No había luz, ni sombra, solo la nada.
Por un momento, pensó en dejarse ir, en rendirse a la sensación de vacío y simplemente dejarse llevar por esta caída interminable. Pero algo dentro de él se resistía, una chispa que ardía débilmente, recordándole que no podía rendirse, que no estaba solo en este limbo.
De repente, sintió un tirón. No físico, no en su cuerpo —si es que tenía uno en ese momento—, sino en su mente. Algo lo llamaba desde las profundidades de ese abismo oscuro. Un susurro, casi imperceptible, pero insistente. Intentó concentrarse en ese sonido, ese eco distante, pero cuanto más intentaba alcanzarlo, más lo envolvía la oscuridad.
Jason trató de moverse, de luchar contra la sensación de estar cayendo, pero no había resistencia, ni apoyo, solo ese susurro que, con cada segundo, parecía más claro, más familiar.
Entonces, justo cuando creyó que la oscuridad lo consumiría por completo, una voz lo sacudió de su trance, rompiendo el vacío a su alrededor.
"Jason... despierta."
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
"Jason... despierta."
La voz se desvaneció en la oscuridad, pero fue suficiente para sacarme del abismo en el que me encontraba. Sentí como si mi cuerpo estuviera siendo arrastrado de vuelta a la superficie, jalado a la fuerza por una mano invisible. Pero no fue rápido ni fácil; cada segundo en esa transición fue una lucha.
Mis párpados pesaban como si llevaran siglos cerrados. El esfuerzo por abrirlos fue monumental, y cuando lo logré, todo seguía borroso. Parpadeé varias veces, tratando de despejar la niebla en mi visión, pero el mundo a mi alrededor seguía siendo una amalgama de sombras y formas indefinidas.
El dolor fue lo siguiente en llegar. Un dolor profundo, agudo, que atravesaba cada fibra de mi ser. Sentía como si todo mi cuerpo hubiera sido golpeado y desgarrado una y otra vez, hasta quedar hecho trizas. Cada movimiento, incluso el más leve, disparaba una oleada de agonía a través de mis nervios.
Mis heridas... podía sentir la sangre tibia que fluía lentamente de ellas, especialmente de la mordida del Ursa Alpha. La presión en esa zona era insoportable, como si alguien estuviera presionando con una mano ardiente sobre la carne desgarrada. Mi pierna palpitaba con un dolor tan intenso que apenas podía soportarlo. Era como si todo el calor de mi cuerpo se concentrara en esa mordida, quemando desde adentro hacia afuera.
Apreté los dientes, tratando de no dejar que los gritos de dolor escaparan de mis labios. Necesitaba pensar, necesitaba moverme, pero cada músculo protestaba. La mordida del Ursa latía con fuerza, y sentía cómo la piel a su alrededor se inflamaba, caliente y pulsante.
"Vamos... muévete", me dije, pero mis brazos apenas respondían. Mi cuerpo estaba tan destrozado que incluso respirar me costaba. El aire frío entraba en mis pulmones, pero no era suficiente para apagar el calor abrasador que sentía en la herida.
El dolor seguía latiendo en mi muslo, una pulsación constante que me hacía apretar los dientes con fuerza. Cada latido era como un golpe ardiente, una tortura silenciosa que no me dejaba pensar con claridad. Sabía que tenía que hacer algo antes de que la sangre siguiera fluyendo, pero mi cuerpo apenas respondía.
Lentamente, con un esfuerzo monumental, moví mi mano. Temblaba, como si mis músculos se resistieran a cualquier movimiento. La llevé hacia mi muslo, donde el Ursa había dejado su marca con esos malditos colmillos. El contacto fue insoportable. Apenas rocé la herida y el dolor me arrancó un grito ahogado que luché por mantener dentro de mi garganta. Apreté los dientes tan fuerte que pensé que se me romperían.
Mi mano temblaba más con cada segundo que pasaba, y por un momento, quise dejarla caer. Pero no podía. Tenía que detener el sangrado. Si no lo hacía, esa maldita herida me mataría antes de que cualquier otra cosa lo lograra.
Con la mano aún temblorosa, forcé mis dedos hacia uno de mis bolsillos de mi equipo que me había puesto en mi pantalon. Sabía que tenía que haber algo allí, algo que pudiera usar para detener el flujo de sangre. Mi visión seguía borrosa, pero mis dedos encontraron lo que buscaban: una venda.
La saqué del bolsillo con un tirón torpe y la desenrollé lo mejor que pude, pero mis manos seguían temblando. El calor abrasador que emanaba de la herida me estaba volviendo loco, como si el Ursa hubiera dejado algo más que colmillos en mi pierna.
Apreté los dientes de nuevo y envolví la venda alrededor de la mordida, apretando con todas mis fuerzas para detener el flujo de sangre. Un nuevo grito ahogado salió de mi garganta mientras el dolor se disparaba por mi cuerpo como una descarga eléctrica. El simple hecho de hacer presión en la herida era un infierno, pero no tenía otra opción.
A cada vuelta de la venda, sentía cómo mis manos perdían fuerza, cómo mi cuerpo se rendía lentamente a la fatiga. Pero seguí envolviendo, apretando, ignorando el dolor que me quemaba por dentro. La venda se tensó alrededor de mi muslo, y finalmente, el flujo de sangre comenzó a disminuir.
Mis brazos cayeron a los lados, exhaustos. Me quedé ahí, jadeando, sintiendo el sudor frío que me cubría mientras intentaba controlar mi respiración. El dolor seguía allí, pero al menos había hecho algo para mantenerme con vida... por ahora.
Dejé que mi cabeza cayera hacia atrás, jadeando por el esfuerzo. Mis pulmones ardían, y cada respiración era como un recordatorio de lo roto que estaba. Pero necesitaba un momento, aunque fuera solo para recomponerme.
Fue entonces cuando lo noté.
El aire... era distinto. Ya no olía a tierra húmeda ni a bosque. En lugar de eso, el hedor de la basura y el asfalto me golpeó con fuerza. Abrí los ojos de golpe, sintiendo cómo mi mente trataba de ponerse al día con lo que estaba ocurriendo. No estaba en el bosque. De hecho, no estaba ni cerca de donde había peleado contra el Ursa.
Alrededor de mí, las paredes de un callejón sucio se alzaban como gigantes descuidados. Un basurero oxidado estaba a mi lado, y más allá de eso, pilas de cajas rotas y bolsas de basura. Arriba, calefactores viejos, tuberías corroídas y un enredo de alambres colgaban sobre mí como telarañas metálicas. Un olor agrio a desperdicios y smog impregnaba el aire.
Inclinando la cabeza hacia atrás, sentí el contacto frío y áspero de un muro de concreto detrás de mí. Estaba apoyado contra él, sentado en el suelo sucio como si hubiera sido arrojado aquí. Mi cuerpo aún dolía, y el calor de la mordida en mi muslo seguía presente, aunque ahora parecía... lejano, como si no perteneciera a este lugar.
¿Qué diablos había pasado? ¿Cómo terminé aquí?
El dolor y el cansancio me impedían pensar con claridad, pero una cosa estaba clara: ya no estaba en el bosque. Y lo que fuera que me hubiera traído aquí, no me dejaba ninguna pista. No había señales del Ursa, ni del río, ni de los árboles. Solo este callejón gris y el eco distante de la ciudad.
Respiré hondo, sintiendo el concreto frío bajo mis manos, y traté de orientarme. La situación había cambiado, y tenía que averiguar cómo demonios salir de aquí antes de que las cosas empeoraran.
Mi mente intentaba poner en orden lo que estaba sucediendo, pero nada tenía sentido. Un segundo antes, estaba en un maldito bosque, vendándome la pierna, y ahora... esto. Un callejón sucio en una ciudad que no reconocía.
Me obligué a levantar la mirada, a apartar el pensamiento de cómo había llegado aquí y enfocarme en lo importante: sobrevivir. Pero algo estaba mal, lo sentía en el aire, algo más que el dolor persistente en mi cuerpo y el hedor del lugar.
Entonces lo recordé.
La misión.
El tiempo.
El pánico me golpeó de inmediato. "¡Mierda!" murmuró mi mente, mientras giraba la cabeza rápidamente en busca de algo, cualquier cosa que me diera información. El temporizador, la pantalla, debía estar en algún lugar... Necesitaba saber cuánto tiempo me quedaba. Mis ojos se movieron frenéticamente hasta que finalmente la vi.
Ahí estaba, flotando a mi lado, casi imperceptible en su transparencia, una pantalla translúcida que solo yo podía ver. Las letras y números flotaban frente a mí como un recordatorio inquietante de la realidad en la que estaba atrapado.
Misión: Iniciada.
Mi mirada se enfocó en la pantalla flotante, intentando averiguar más sobre la misión, pero algo más llamó mi atención. Justo debajo, aparecía un listado de objetivos, pero... estaban todos censurados, cubiertos por gruesos recuadros negros que los oscurecían, como si estuvieran clasificados. Ni siquiera podía distinguir palabras o pistas, solo sombras bloqueadas por esa oscuridad impenetrable.
"¿Qué demonios...?" murmuré, sintiendo una creciente frustración. No había temporizador visible, no había ninguna indicación de cuánto tiempo me quedaba ni de cuál era el próximo paso. Solo esos malditos recuadros negros que parecían burlarse de mí, manteniéndome en la oscuridad.
¿Por qué no podía verlos? Era como si alguien o algo estuviera ocultándome información crucial. Intenté interactuar con la pantalla, moviendo mi mano frente a ella, esperando que algo se desbloqueara o se aclarara, pero nada. El tablero permanecía inmutable, con los objetivos envueltos en negro y sin ningún indicio de cómo proceder.
La presión aumentaba en mi pecho. ¿Cómo iba a completar una misión si ni siquiera sabía qué demonios debía hacer?
Volví a apretar los dientes, mis ojos fijos en la pantalla, esperando algún cambio, alguna pista. Pero todo lo que obtuve fue el mismo silencio de siempre, como si el propio sistema se estuviera riendo de mí.
"Esto no puede ser en serio..." murmuré, llevándome la mano a mis ojos, tratando de no ceder ante el creciente estrés. Sin el temporizador ni los objetivos claros, estaba prácticamente a ciegas en una misión que ya había comenzado.
no podía hacer nada, solo suspirar y tragarme el estrés que iba en aumento, mientras pensaba que hacer una idea me vio a la mente o mas bien recordar ver si tenia mensajes, curioso y con pocas esperanzas vi el buzón de mensajes en la pantalla, y para mi buena suerte en todo este dia, si había uno, oprimí el icono con algo de dificultad y inmediatamente vi el solo una nota diciendo Sekirei
sin mas que hacer oprimí la nota y pude ver como una carta se creaba de la nada por medio de partículas blancas hasta estar en mis manos, a estas alturas ya no debía sorprenderme, pero debia que admitir que el espectáculo seguía siendo entretenido, sin mas abrí la carta y emepze a leer el contenido
Estimado Jason Todd,
Te escribo para informarte que ya no estás en Remnant. Ahora te encuentras en Tokio, Japón, en el año 2020, durante un evento conocido como el Proyecto Sekirei. El lugar al que has sido transportado es muy diferente a lo que conoces, y debes estar preparado para enfrentarte a desafíos completamente nuevos y desconocidos.
Las reglas aquí pueden ser confusas, pero no estarás solo. Encontrarás individuos con habilidades extraordinarias, conocidos como Sekirei. Tu misión es sobrevivir y adaptarte a este nuevo entorno, aprendiendo y utilizando cualquier ventaja que el sistema te proporcione.
Tienes una nueva oportunidad de demostrar tu valía y tus habilidades. Recuerda que aunque este mundo es diferente, tus instintos y entrenamiento te guiarán. cuando termines volverás a Remnant sin ninguna complicación
P.D.: Solo vive como lo harías normalmente, y al hacerlo, cumplirás con la misión.
Suerte.
atte:The Presence
bueno... es algo trate de sonar al menos sonar agradecido de no estar a ciegas, otro mundo, si me dieran una moneda por cada ves que dicen que estoy en un nuevo mundo, tendría dos, lo cual no es mucho pero por el contexto de la situación no es algo que se tome a la ligera
bueno solo queda hacer lo unico en donde me he visto potencial últimamente, levantarse después de una golpiza como si yo hubiera matado al mismo dios, con todas mis fuerzas que reuní logre levantarme para terminar recargando todo mi peso al contenedor de basura de al lado, mi pierna izquierda me mataba por la mordida del grimm, por eso no puse nada de peso en esa pierna
empecé a cojear de poco a poco, primero lento para después agarrar cierto ritmo, me pase del contenedor de basura al muro para seguir avanzando hacia afuera del callejón, al cabo de mucho esfuerzo y algo de tiempo logre llegar a la entrada
la calle estaba algo llena de gente, gente que todavía no me veía, no podía mentir me veía todo eso un desastre, lleno de sangre, lodo y mas suciedad de lo alguien podía aguantar, si alguien me veía en este estado llamarían a la policía o mínimo llamaría mucho la atención
por fortuna para mi, no llegue a cualquier calle, por los letreros y las mujeres con poca ropa y aparte llamativa, estaba en una especie de distrito rojo, al menos eso pensaba por ver a esas prostitutas y uno que otro yakuza por toda la calle, se que ellos no llamarían a la policía para evitar problemas, además que importa un desconocido como yo
ahora tenia que formar un plan para evitar llamar la atención lo mejor posible, al cabo de unos pocos minutos ya tenia una idea de que hacer, saque el contenido de una bolsa de basura para obtener la bolsa, tuve que vaciar 3 ya que las primeros dos tenían desechos de comida y otras cosas, en pocas palabras elegí la que olía menos mal, después me quite todo el equipo táctico que tenia, el chaleco, las correas, el porta armas, todo lo que un civil no podía tener
no conozco la ciudad ni mucho menos este mundo, por eso debo que tener un perfil lo mas bajo posible mientras aprendo como van las cosas por aquí, las únicas armas que tengo son el dos par de pistolas con unos cuantos cargadores, también metí las ultimas granadas y aturdidoras que tenia y sin mas también los metí en la bolsa y con ello la cerré
con eso hecho cerré la sudadera roja que tenia puesta para retener todo el calor posible ahora solo vestía una simple playera negra de manga corta debajo de la sudadera, unos pantalones que se podían notar que eran de uso militar y unas botas negras, obviamente me veía vendando tanto en mis brazos como en mi pierna, se veía raro lo de mi pierna ya que la venda estaba sobre el pantalón, pero al menos ejercía la suficiente fuerza para evitar que sangre mas
ya con eso salí del callejón, trate de caminar lo mas normal posible pero era algo complicado por mi pierna toda destrozada, como el pantalón era negro, no se veía del todo la sangre manchada en el y como también era de noche y todos estaban metidos en sus asuntos casi nadie me prestaba mucha atención
obviamente recibí algunas miradas curiosas, algunas de prostitutas y otras de los yakuzas que estaban viendo el negocio, pero después de unos segundos me dejaron de ver, también no lograban ver mi cara ya que mantenía la mirada abajo con la capucha puesta sobre mi cabeza, a sus ojos parecía un indigente desafortunado, o eso esperaba
poco a poco logre salir de esas calles mas concurridas a unas mas solitarias y ya podía tomarme ciertas libertades, como era ya no caminar tan normal para cojear un poco
mi cabeza gacha, evitando cualquier mirada que pudiera ponerme en problemas. El frío me golpeaba de lleno, filtrándose a través de la sudadera como si no fuera más que papel. Cada paso era un recordatorio del estado en el que estaba, y con cada segundo que pasaba, sentía cómo mi cuerpo pedía a gritos un descanso que no podía permitirme.
Intentaba pasar desapercibido, caminando lo más recto que podía, pero mi pierna seguía matándome. El dolor era constante, como si la mordida del Ursa aún ardiera en mi piel, una quemazón que no cedía.
Mientras seguía adelante, algo me hizo frenar en seco. El aire... el aire se volvió increíblemente frío de un momento a otro. Me detuve, frunciendo el ceño mientras una extraña sensación recorría mi cuerpo. Sentía como si el frío no fuera normal, como si algo estuviera mal. Di un paso hacia adelante, y el aire se volvió aún más gélido,
"¿Qué...?" murmuró mi mente, completamente consternada. Retrocedí instintivamente un par de pasos, y al hacerlo, el frío comenzó a disminuir, volviéndose algo más soportable. Di otro paso atrás, y lo sentí: calor, o al menos algo cercano a ello, en comparación con lo que había sentido al avanzar.
Algo no cuadraba. Di un paso más hacia adelante, y de nuevo, ese frío me invadió,Sentía el frío en mi piel, pero ahora parecía más intenso que antes. Fruncí el ceño, ralentizando el paso. La diferencia no era drástica, pero claramente era más gélido que unos metros atrás.
"¿Qué demonios está pasando aquí?" pensé, mientras observaba el lugar con más atención. Había algo en el aire, algo que no podía ver, pero que claramente estaba ahí.
"No es tan grave... pero algo raro está pasando aquí," pensé mientras miraba alrededor. No había nada que indicara un cambio visible, pero la diferencia en la temperatura era suficiente para hacerme dudar. No podía permitirme quedarme quieto, así que decidí avanzar con cuidado. Mientras mis pasos resonaban en la calle vacía, el aire se mantenía más frío, pero nada que no pudiera soportar.
Aunque la sensación era incómoda. Mis músculos tensos y el dolor en mi pierna no ayudaban. dicen que la curiosidad mato al gato, espero que no sea de ese modo para mi
Poco a poco, fui avanzando, dejando atrás las calles más estrechas y oscuras, hasta que, al girar en una esquina, lo vi. Frente a mí, a unos metros de distancia, un pequeño parque se extendía en medio del paisaje urbano. No era más que un espacio abierto con algunos árboles y bancos, pero el aire que lo rodeaba se sentía más frío, como si el parque mismo fuera el epicentro de esa extraña bajada de temperatura.
Me detuve un momento, observando el lugar. No había mucha gente alrededor, lo cual era un alivio. El frío no era tan intenso como para impedirme avanzar, pero definitivamente era más marcado en ese parque. Aún así, decidí seguir caminando. Mi respiración formaba pequeñas nubes de vapor frente a mi rostro, mientras mis ojos escudriñaban el área, buscando algún indicio de por qué el ambiente era tan distinto allí.
Los árboles, con sus ramas desnudas, se movían ligeramente bajo la brisa gélida, y el suelo estaba cubierto por una fina capa de escarcha. No parecía haber nada fuera de lo común, pero algo me decía que este parque no era un simple sitio al azar.
Decidí ignorar la sensación extraña del parque y seguir adelante. No tenía tiempo para perderme en lo que fuera que estaba ocurriendo allí. Di unos pasos más, alejándome lentamente de la entrada del parque. El frío seguía persistiendo, pero lo dejé en el fondo de mi mente mientras trataba de concentrarme en encontrar una dirección o algún lugar donde pudiera pensar con claridad.
Sin embargo, antes de que pudiera avanzar mucho, algo me hizo detenerme en seco.
Allí, sentada en uno de los bancos del parque, había una joven. Al principio no me pareció raro, pensé que era una transeúnte más, quizá alguien pasando el rato. Estaba abrazando sus piernas, con la cabeza hundida en sus rodillas, como si quisiera desaparecer del mundo. Pero algo en la escena no cuadraba del todo.
Fue cuando abrí un poco más los ojos, fijándome en los detalles, que noté dos cosas que me helaron más que el aire alrededor.
Primero, la chica no parecía estar vestida más que con una bata de laboratorio, y nada más. Ni siquiera algo para protegerse del frío. Su piel, expuesta bajo la tela, se veía pálida y delgada, como si hubiera estado así durante demasiado tiempo.
Lo segundo que noté fue la sangre.
La bata que llevaba no estaba limpia. Tenía manchas de sangre, algunas frescas, otras secas, y de repente, la situación me pareció mucho más extraña y peligrosa de lo que había asumido. ¿Qué diablos estaba haciendo ahí una chica, vestida de esa manera y cubierta de sangre?
Por un momento, me debatí entre seguir avanzando y hacer caso omiso a la chica en el banco. Después de todo, había aprendido a no involucrarme en problemas ajenos en mundos que no conozco. Pero la imagen de esa joven, sola, desprotegida y con una bata de laboratorio manchada de sangre, no se salía de mi cabeza. Algo andaba mal, eso era seguro, pero lo más sensato sería mantenerme alejado.
O eso pensaba, hasta que los vi.
Dos jóvenes aparecieron de entre las sombras, caminando con pasos confiados hacia la chica. Al principio, los ignoré, pero algo en sus miradas y sus gestos me hizo observar más de cerca. Se estaban riendo entre ellos, con esas sonrisas arrogantes que conocía demasiado bien. Uno de ellos incluso señaló a la chica y ambos empezaron a hacer gestos hacia ella, murmurando entre risas mientras se acercaban.
Por sus expresiones y la manera en la que la miraban, era evidente lo que tenían en mente.
No suelo juzgar a las personas a primera vista, pero sus movimientos, su manera de caminar y la forma en que se dirigían hacia ella dejaban pocas dudas. Sus miradas no eran de curiosidad o preocupación, sino de alguien que busca aprovecharse de una situación. Y viendo cómo uno de ellos gesticulaba hacia el cuerpo de la chica, me quedó claro qué tipo de personas eran.
Un nudo de ira se formó en mi estómago.
Sin pensarlo más, comencé a caminar hacia la chica. El dolor en mi pierna seguía presente, pero lo ignoré. No era la primera vez que tenía que intervenir en algo así, y aunque estaba en un mundo desconocido, no iba a permitir que esos dos desgraciados abusaran de alguien tan vulnerable.
Mis pasos se aceleraron, mis ojos fijos en los dos jóvenes que ahora se acercaban peligrosamente a la chica. Tenía que llegar antes de que ocurriera algo peor.
Aceleré el paso, acercándome más y más. Podía escuchar las risas apagadas de los dos jóvenes mientras se acercaban aún más a la chica. La tristeza en su rostro enterrado en sus rodillas me hizo apretar los dientes. El dolor en mi pierna era un recordatorio constante de mi estado, pero lo ignoré por completo.
"¿Qué crees que vas a hacer?" pensé, sintiendo cómo la adrenalina comenzaba a llenar mi cuerpo. No estaba en condiciones de pelear, y mucho menos contra dos desconocidos en un lugar que ni siquiera comprendía del todo. Pero no podía darme la vuelta.
Los dos jóvenes ya estaban demasiado cerca, su mirada depredadora sobre la chica que seguía sin moverse. Las palabras empezaban a salir de sus bocas, llenas de desprecio, mientras se inclinaban un poco hacia ella.
No lo iba a permitir.
Con cada paso, me acercaba más, mi mano bajando lentamente hacia el borde de la sudadera, lista para cualquier cosa que pudiera ocurrir.
"Espero que estén preparados," murmuré para mí mismo, sabiendo que ya no había vuelta atrás.
