Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto. La historia es de El Reino.

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Día 30: Yuánfèn (mandarín) y Zweisamkeit (alemán)

"El destino entre dos personas. El destino que une a dos personas" y "Armonía/Resonancia entre dos individuos. Íntimo afecto entre dos individuos"

—¿Por qué está aquí? —preguntó Kiba, arisco como siempre. Como si Akamaru no estuviera tratando de solicitar caricias a Sasuke.

Hinata le dio a su amigo una mirada tranquilizadora, pero él la ignoró.

—¿No se me permite estar aquí? —Sasuke enarcó una ceja.

Akamaru gimió al ser ignorado. Sasuke, de mala gana, le dio unas palmaditas en la cabeza.

Shino suspiró y se puso en pie.

—Vamos, Kiba. La visitaremos más tarde.

Kiba se dejó arrastrar por el brazo.

—¿Por qué tenemos que irnos? Estábamos aquí primero.

Su voz se fue apagando hasta que el silencio reinó en la habitación. Pero solo brevemente.

—¡Qué! —chilló Kiba en el pasillo.

Hinata no pudo reprimir su alegría.

—Supongo que ahora lo sabe.

Sasuke sacudió la cabeza. Llevaba una bolsa de comida rápida y dispuso cuidadosamente unos cuantos recipientes en la mesita.

—No estoy deseando que tu primo se entere —admitió.

—Oh, él ya lo sabe —dijo ella.

Sasuke se quedó helado.

—Qué.

Deslizó la bandeja hacia ella y hurgó ociosamente la comida.

—Probablemente, lo supo antes que yo —ella comentó distraídamente—. ¿Por qué crees que no dejaba de mirarte?

Sasuke abrió la boca para responder, y luego la cerró con un chasquido. Sus orejas se pusieron rojas.

—Creías que siempre actuaba así, ¿no? —Hinata sonrió.

Él asintió con la cabeza.

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Esta vez, cuando Sasuke entró, llevaba un par de libros, su hermano y su cuñada estaban ocupando las sillas de los visitantes.

—... Y entonces dije, Shisui, no puedes hacerle eso a Sasuke. Él es sensible. Oh. ¡Hola, Sasuke! —Izumi sonrió.

El hombre en cuestión levantó una mano.

—No quiero saberlo.

Itachi se dio una palmada en los muslos mientras se ponía en pie.

—Vamos, Izumi.

—¿Ir a dónde? —protestó ella, tratando de anclarse a la silla cuando Itachi la agarró por la cintura—. ¿Ya no podemos pasar tiempo con Hinata-chan? Eso es injusto.

El cierre de la puerta cortó el resto de sus protestas.

—¿También lo supo él antes que tú? —adivinó Hinata.

—Sí —Sasuke suspiró—. Él y Shisui. Nunca lo voy a olvidar.

Intercambiaron una mirada de compasión.

—¡Oh! ¡Me trajiste libros!

—Sí —Sasuke se acomodó junto a Hinata—. No sabía qué te gusta, así que traje varios de diferentes géneros.

Ella alargó la mano para tomarlos, pero él los mantuvo fuera de su alcance.

—Con una condición —dijo él—. No puedes leer durante más de una hora.

Inclinándose, trató de ojear los títulos.

—La última vez que estuviste aquí, dijiste que pediste un permiso en el trabajo, ¿verdad?

—Aa —confirmó él.

Ella lo miró por entre sus pestañas.

—¿Podrías leerme? —la voz de ella era baja y suave.

Sasuke se aclaró la garganta. Para su deleite, sus orejas se pusieron rojas.

—Yo... Supongo que podría hacerlo. Sí.

Estaba demasiado ocupado con los libros como para notar su expresión de satisfacción.

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Continuando con su tendencia a visitarla diariamente, Sasuke entró en su habitación a la mañana siguiente, solo para encontrar a Hiashi, Neji, Kakashi y Hinata sentados alrededor de una mesa que alguien sacó de... Alguna parte. La superficie estaba llena de papeles. Se preguntó cómo habían convencido al personal médico para que dejaran leer a Hinata durante tanto tiempo.

Se detuvo cuando reconoció los diseños básicos de los sellos.

Hinata palmeó el asiento vacío que estaba a su lado. Le sorprendió, aunque no debería. Por supuesto, ella anticipó su llegada. Aun así, él agradeció el gesto.

Se sentó obedientemente, leyendo con atención los documentos que tenía más cerca.

Kakashi lo saludó antes de reanudar sus notas. Neji lo saludó con un asentimiento de cabeza. Hiashi levantó una ceja y luego procedió a ignorarlo.

Hinata apoyó una mano en su rodilla bajo la mesa. Sus ojos se desviaron brevemente hacia la familia de ella, pero hizo lo posible por no reaccionar. Ella se acercó para hablarle en voz baja. Su cabello olía a flores, lo que indicaba que hoy había utilizado su propio champú. Era una buena señal. Significaba que pronto la darían de alta.

—Estamos tratando de reconfigurar el sello —dijo—. En teoría funciona bien. Sin embargo, un simple corte en el rostro hizo que el sello se activara y me incapacitara. No tiene sentido tener un sello que proteja nuestros ojos si este nos vuelve vulnerables ante los ataques básicos.

—Quieres que el sello solo se active cuando el usuario esté cerca de la muerte... O ya este fallecido —aclaró.

Ella asintió.

Lanzó otra mirada a Hiashi.

—¿Qué tienen hasta ahora?

Ella se animó y le acercó sus notas. Él estudió su pulcra caligrafía durante un segundo, antes de acercarse y entrelazar sus dedos. Ella sonrió.

Hiashi estudió sus manos juntas. Para sorpresa de Sasuke, sus labios se movieron en una mínima expresión de alegría.

—Hanabi tenía razón —mencionó en voz baja—. Es divertidísimo.

¿Cómo podía un hombre decir algo así prácticamente con expresión seria? ¿Y qué era lo gracioso? ¿Tomarse de las manos?

Sasuke miró a Hinata. Ella negó con la cabeza.

—Te lo explicaré más tarde. Lo prometo.

Más tarde ella cumplió su promesa.

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Hinata jugueteaba con los papeles del alta. Podía irse hoy... Pero técnicamente necesitaban que un ninja médico firmara el papeleo y la acompañara hasta la salida. Como él no estaba de servicio y por conflictos de intereses, Sasuke no podía hacerlo.

Kiba y Shino estaban en una esquina de la habitación. Sasuke tenía un codo sobre la cama, con el rostro apoyado en la palma de la mano, parecía estar dormitando.

Ella se acercó y puso la coleta de Sasuke en su regazo. Él soltó un suave ruido y se inclinó más hacia ella. Con el permiso concedido; ella empezó a jugar con su cabello.

Kiba habló en el silencio.

—Eh, Sasuke. ¿No va a ser incómodo salir con una futura líder de clan? Técnicamente... Tendrías que convertirte en un Hyūga.

Sasuke frunció el ceño, pero no abrió los ojos.

—La verdad es que no... —dijo.

Shino se subió las gafas de sol.

—No te entiendo.

—Sí —coincidió Kiba—. Sería toda una ofensa, pero tu padre no es realmente conocido por ser el mejor eh... —miró a Shino en busca de ayuda.

—... Aceptando a los Hyūga —terminó Shino.

Sasuke se rio. Entrecerró un solo ojo. Miró a los dos hombres y luego a Hinata.

—Hinata, no estoy tratando de hacer menos mis sentimientos por ti. Pero Hanabi y tu padre tienen razón, será divertidísimo. Mi padre va a tener un aneurisma y yo voy a disfrutar cada segundo.

—Oh —se iluminó al darse cuenta—. Es sobre del rencor que mencionó Sakura.

Sasuke abrió completamente los ojos. Dejó caer el codo y la miró sin comprender.

—¿Lo del rencor?

Hinata asintió. Kiba soltó una carcajada y Shino ocultó su sonrisa en el cuello de su abrigo.

Señaló la sala del hospital.

—Convertirse en médico. Entrenar bajo las órdenes de una mujer. Negarse a entrar en el cuerpo policial.

Se enderezó y le agarró la mano. Parecía alarmado.

—Hinata —dijo—. Hinata, ¿crees que estoy saliendo contigo solo para fastidiar a mi padre?

Ella realmente trató de mantener una expresión seria. Realmente lo hizo. Pero cuando Akamaru soltó un pequeño aullido de diversión, todo el Equipo 8 se deshizo en risas.

Incluso cuando el hospital le dio el alta una hora después, ella seguía disculpándose con Sasuke. No, ella no creía que él saliera con ella solo para fastidiar a su padre. Simplemente, encajaba en un patrón. Sasuke, ella debía dejar de reírse. Sasuke, la miraba, ella estaba tratando de verse seria.

Él la miró, haciendo un mohín, y Hinata perdió su recién encontrada calma.

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Se encontraban en medio de un campo de entrenamiento. La nieve caía suavemente al suelo, donde se derretía. Era demasiado pronto para que hiciera el suficiente frío como para que la humedad se congelara. Lo cual era una suerte para Hinata. El blanco habría hecho que el siguiente ejercicio fuera un poco más difícil.

Sasuke desenvolvió su bufanda solo para volver a envolverla un poco más ajustada.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó.

Ella se pasó la lengua por el paladar, imaginando que podía sentir el tercer, y con suerte último, sello. Un copo de nieve se posó en sus pestañas y se fundió en su ojo. Riendo, dejó que Sasuke lo limpiara ligeramente con el extremo de su bufanda. Él le besó la mejilla.

—Estoy bien, Sasuke —ella le puso una mano en el brazo—. Estoy lista.

Él dejó escapar una temblorosa respiración.

—Hinata... Yo... Yo nunca olvidaré cómo te veías cuando... —tragó con fuerza.

Ella le agarró la mano y le besó los nudillos.

—Y desde entonces has hecho todo lo posible para asegurarte para que yo este a salvo. Confío en ti. Te amo.

Apartándose, él asintió con seriedad.

—Yo también te amo.

Enderezando los hombros, activó su Byakugan antes de que Sasuke pudiera intentar convencerla de lo contrario. Inmediatamente, su visión y su conciencia se ampliaron. El claro se le reveló en su totalidad. Vio los maniquíes de entrenamiento en 180 grados. A Sasuke a 270 cm. Su chakra pulsaba como un faro en el ojo de su mente. Empujó hacia adelante, 20 metros, 40, 80, y así sucesivamente hasta que alcanzó su límite a 20 kilómetros a la redonda. Sus ojos se llenaron de lágrimas de gratitud.

Estuvo a punto de no tenerlo. Casi lo pierde para siempre.

—Sasuke —resopló, desactivando su Byakugan.

Inmediatamente, él se acercó.

—¿Qué? ¿Qué pasa? —preguntó.

Ella negó con la cabeza.

—Funcionó, Sasuke. Tú... Lo has logrado.

Él le acarició suavemente las mejillas con las palmas de las manos.

—No, Hinata. Tú lo hiciste.

Con ternura, sus pulgares le limpiaron las lágrimas. Él sonrió, amplio y apuesto.

—Lo hicimos los dos —replicó ella.

Él murmuró y lo pensó.

—Claro que sí —aceptó él, antes de darle un profundo y abrasador beso.

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Notas: ¡Ahhhh! Hinata se salvo y fue Sasuke quien lo hizo.

Naoko Ichigo