Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto. La historia es de El Reino.

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Día 28: Ya´aburnee (árabe)

"Una declaración en donde prefieres morir antes de vivir sin la persona que amas"

A punto de llegar al punto en que el aburrimiento se convertiría en algo doloroso, Hinata arrancó la pelusa que se acumulaba en su manta. Miró las margaritas que estaban en un bonito jarrón junto a la cama. Por un momento se preguntó si podría hacer una corona con las margaritas. Pero si lo hacía, las flores se marchitarían más rápido y no tendría nada más para mirar.

Suspiró y miró al techo. Dormir podría ser una opción, pero el personal médico seguía entrando e interrumpiendo sus siestas. Podía ir cojeando hasta el lavabo y lavarse los dientes por tercera vez en el día. Sus encías que estaban en carne viva protestaron de inmediato.

Hinata agarro el cepillo de la mesita de noche y se quitó el elástico de la trenza. Desenrolló los mechones y empezó a cepillarlos. Tal vez podría aprender por fin a hacer una trenza de corona.

Llamaron a su puerta. Se levantó, desenredando rápidamente los dedos de su cabello.

La puerta se abrió y la cortina se corrió para dejar ver a Sasuke. Al darse cuenta del estado de su cabello, comenzó a cepillarlo de nuevo.

—Hey —saludó él.

—Hola —respondió ella, un poco tímida.

No se habían visto desde que la llevaron al hospital. Quería decirle tantas cosas, pero ahora que él estaba ante ella, todas sus palabras se secaron detrás de sus labios.

Sasuke se acomodó en la silla de visitas y suspiró.

—¿Cómo te sientes?

Sus ojos se dirigieron a la puerta.

—No leíste ya mi historial.

La miró con calma, lo que hizo que sus mejillas se calentaran.

—Quería escucharlo de ti.

Nerviosa, prestó cuidadosa atención a su trenza.

—Me... Me sigue doliendo la cabeza. Mi visión es un poco borrosa, especialmente por la noche. El Byakugan, me duele al activarlo. Pero se supone que me recuperaré por completo... Gracias a ti.

—Tch —pateó el aire y se encorvó un poco en su asiento—. Definitivamente, fue un esfuerzo en equipo. Asustaste a un buen número de personas.

—Lo siento —se encogió de nuevo en sus almohadas.

Él se inclinó y le tomo la mano. Ella observó con asombro cómo él entrelazaba sus dedos de forma casual.

—No te lo dije para que te sientas mal, Hinata.

Los dedos de ella se tensaron por la sorpresa del uso casual de su nombre de pila. Sus oscuros y hermosos ojos se clavaron en los de ella.

—Eres importante para mucha gente —continuó—. Eso es todo lo que quería decir. Nosotros haríamos de todo por ti.

—¿Nosotros? —ella preguntó.

Él se acercó más y, con la mano libre, le aparto el flequillo. Las yemas de sus dedos se detuvieron para acariciar suavemente su sien y mandíbula. Ella no pudo evitar apoyarse en su palma fuerte y callosa.

No sabía que él pudiera tener una expresión tan cálida. Le sorprendió y le honró que estuviera dirigida a ella. Hinata nunca se vio a sí misma como alguien que pudiera ser tan apreciada como Sasuke parecía atesorarla.

El pulgar de él pasó suavemente por sus labios. El calor le recorrió la columna vertebral y se estremeció. Él sonrió.

Un golpe en la puerta los sacó de ese momento. Sasuke volvió a sentarse en la silla, encorvándose una vez más. No le soltó la mano. Una enfermera entró, empujando la cortina.

—¡Hola, Hinata-san! Oh. Hola, Uchiha-san.

Sasuke gruñó un saludo.

La enfermera lo ignoró, sacando un pequeño frasco de su bolsillo.

—Tengo tus medicinas para el dolor, ¿cómo está tu nivel de dolor?

Sinceramente, en los últimos minutos, no tuvo tiempo de preocuparse por el dolor. Trató de recordar cómo se había sentido antes de que Sasuke entrara.

—No muy bien —dijo. El cansancio la presionó.

—¿Crees que podría encender la luz, o estás demasiado sensible para eso?

Hinata frunció el ceño. La luz de la ventana ya le molestaba bastante.

La enfermera se mostró comprensiva.

—Ahí está la respuesta.

Sacó de su bolsillo una aguja y una jeringa envuelta en plástico. Entonando una pequeña charla, llenó la jeringa con la medicina del frasco y la introdujo en la vía.

—¿Quieres pedir ya el servicio a la habitación? No has comido desde la mañana y son... Oh... Casi las 16:45.

—Me aseguraré de que coma —dijo Sasuke en voz baja.

¿Su voz siempre había sido tan grave?

—Perfecto, gracias, Uchiha-san.

Sonrió alegremente a ambos mientras se deshacía de la basura en el cubo correcto.

—Tienes el timbre por si necesitas algo. Traeré una manta más cálida dentro de una hora, ¿bien?

—Gracias —respondió Hinata.

La enfermera dio unas palmaditas en el pie a Hinata a través de la manta y se dirigió a la salida de la habitación. Oyeron que la puerta se cerraba suave, pero firmemente tras la enfermera.

—¿Tienes frío? —preguntó Sasuke, poniéndose de pie y acomodando las mantas a su alrededor antes de obtener una respuesta.

—Solo por la noche.

Levantó los brazos, para que no le estorbaran mientras él la arropaba. Una vez hecho eso, se sentó en la cama y le puso una mano en la pierna.

—Creo que tenemos que hablar de muchas cosas —dijo—. Pero no sé por dónde empezar.

Ella juntó las manos.

—Probablemente, deberíamos empezar por el sello.

Él levantó una ceja.

—¿Por fin has conseguido permiso para compartirlo?

—No —se rio—. Pero creo que sería estúpido intentar ocultártelo, cuando ya sabes tanto.

—Siempre podemos echarle la culpa a Kakashi —sonrió con sorna.

Ella se tapó la boca con las manos y soltó una risita.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

El nuevo sello había estado en desarrollo durante mucho tiempo. Desde los exámenes chunin donde Naruto se enteró de la verdad del sello por parte de Neji. Cuando Naruto anunció que pondría fin al sellado de los miembros de la Rama Secundaria, Hiashi sabía que su tiempo era limitado.

Incluso si el contenedor de Kyūbi de gran boca no lograba hacer nada, al menos había plantado la idea en la cabeza de Neji. Y Hiashi estaría condenado si Neji pedía ayuda al consejo de la aldea. O, Dios no lo quisiera, a los Uchiha.

En primer lugar, tenían que averiguar cómo remover el sello de los miembros de la Rama Secundaria. Lo cual resultó difícil, porque los grandes secretos del sello se habían perdido con el tiempo y no confiaban en consultar a ningún otro maestro de sellado.

Ese proceso llevó años. En segundo lugar, necesitaban desarrollar el nuevo sello. Uno que no pudiera ser utilizado para dañar a nadie, pero que protegiera los ojos de los Hyūga de ser robados. Finalmente, acudieron a Tsunade en busca de ayuda, quien reclutó a Kakashi y a través de las conexiones de Naruto, también a Gaara y Baki.

Necesitaban voluntarios.

—Por supuesto, te ofreciste —suspiró Sasuke, pasándose una mano por el rostro.

—¡Claro que me ofrecí! —Hinata se erizó—. Neji aún se estaba recuperando de que le quitaran el sello anterior. ¿Y qué clase de futura líder del clan sería si no estuviera dispuesta a hacer lo mismo que le pediría al resto de mi clan?

Sasuke resopló, pero su pulgar seguía moviéndose de un lado a otro sobre su pierna cubierta. Así que no estaba demasiado enfadado.

—¿Y luego qué pasó?

Hinata se encogió de hombros.

—Ya lo has visto. Tuve una reacción muy mala. La Hokage cree que tal vez estaba alimentándose activamente el chakra en lugar de permanecer inactivo hasta que lo necesitara. Al principio, solo el alcance de mi Byakugan se vio afectado. Se volvió limitado. Lo cual estaba bien. Todavía podía ver más lejos que cualquiera de mi clan.

—Pero luego tus ojos empezaron a volverse más sensibles —adivinó.

Hinata asintió.

—Estaba entrenando a los que aún estaban en la Academia sobre cómo usar el Byakugan mientras estaba sellada y... Empezó a doler mucho.

—¿Alguna vez antes te había dolido usar tu dōjutsu?

Ella negó con la cabeza.

—Así es como supimos que algo andaba mal. Cuando... Cuando entraste en tu entrenamiento para ser cirujano, me quitaron el sello. No podíamos ponerles a los niños algo que pudiera hacerles algo tan terrible. Neji recibió la segunda versión del sello. Luego yo. Tsunade-sama pensó que estaba bien para ir a misiones.

Sasuke se cruzó de brazos.

—¿Y qué hay del ninja del Rayo?

Extendió las manos con impotencia.

—La Hokage pensó que el ninja del Rayo había acabado de buscarnos. Le aseguró a mi padre que el espía debió darse cuenta de que todos estábamos sellados y por eso escapó.

—Eso es lo más estúpido que he oído.

Hinata reprimió una sonrisa.

—Sospecho que Tsunade-sama va a estar en deuda con mi padre durante mucho, mucho tiempo.

—Más le vale —refunfuñó Sasuke—. ¿Por qué tenías que apartar a todos los Hyūga del ojo público?

—Mi padre no quería anunciar nada hasta que estuviéramos seguros de que el sello funcionara. Y todos íbamos a recibir el primer sello. Necesitaríamos de un largo periodo de recuperación cuando lo recibiéramos.

La mirada oscura de Sasuke se ennegreció aún más. Se levantó, de repente, sobresaltándola.

—Esto me está cabreando —admitió mientras se pasaba una mano por el cabello—. No puedo creer que hayas estado dispuesta a hacer todo esto.

Sus palabras picaron. Ofendida, dobló las rodillas para poder rodearlas con los brazos como una especie de defensa.

—¿No crees que estaría dispuesta a sacrificarme por mi clan?

Él detuvo su paso y la miró, sorprendido.

—No quise decir eso. Ojalá no tuvieras que sufrir tanto como lo has hecho —señaló la habitación que los rodeaba—. ¿Cuántas veces has tenido que ser hospitalizada o has necesitado curaciones rutinarias en el último año?

Ella murmuró y apoyó la barbilla en las rodillas.

Él se acercó y su voz se volvió seria, aunque ella no pudiera mirarlo.

—No envidio lo que hiciste. Lo respeto. Solo deseo que nunca te encuentres otra vez en una situación como esta.

Hubo silencio durante un largo momento.

—Hinata, mírame.

Ella lo miró. Él apoyó las manos en la cama, a ambos lados de las caderas de ella, y se inclinó. Tan cerca que ella podía sentir su calor.

Sus ojos oscuros se clavaron en los de ella con tal intensidad que le robó el aliento. Cuando habló, su voz sonaba ahumada y melosa.

—Recuerdo el aspecto que tenías, ahí tumbada, muriendo. Y fue lo peor que he visto. Y ahora sé que nunca, nunca te dejaré ir. ¿Entiendes? Moriré antes de dejarte morir. Eso no volverá a ocurrir.

Hinata se sintió impotente. Se aferró a la tela que le llegaba a las rodillas. Casi sentía como si hubiera olvidado como respirar.

—No era mi intención hacerte ver eso —dijo Hinata con lágrimas acumuladas en sus ojos—. Lo siento mucho.

Se acercó y tiró ligeramente de un mechón de su cabello.

—Pero estoy orgulloso de ti.

Para su horror, las lágrimas que se acumulaban en sus ojos cayeron por sus mejillas. Enterró el rostro en las rodillas. Él le pasó una mano por el cabello. Luego, se inclinó hacia ella y le dio un beso en la cabeza.

—Iré a buscarte algo de comer —comentó suavemente. Algo con una esquina afilada fue puesto junto a su cadera—. ¿Alguna preferencia?

Ella negó con la cabeza.

—Volveré —prometió él.

Una vez se hubo marchado, Hinata miró el objeto que había sobre la cama. Ver la caja de pañuelos la hizo reír húmedamente.

Realmente quería a Sasuke. Y por primera vez en su vida, estaba segura de que el hombre al que amaba, la amaba también.

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Naoko Ichigo