Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto. La historia es de Lavender-Long-Stories.

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Comprar muebles sería innecesario. Hinata insistió en encontrar algo que pudiera utilizar de entre las casas del abandonado Distrito de los Uchiha, siempre y cuando a él le pareciera bien, y mientras se mantuvieran fuera de la casa de su infancia, ella podría explorar todo lo que quisiera. Encontró algunos de los trastos más viejos y deslustrados que él había visto, pero para ella eran tesoros. Resultaba extraño ver a una mujer que había crecido entre bellas artes, emocionarse por trastos viejos.

Era agridulce y dolorosamente tierno. Hinata nunca necesitó nada. Tuvo todo lo que podía necesitar. Sin embargo, se le negó lo que quería. Nunca se le habría permitido restaurar un mueble viejo o tener algo barato solo porque le parecía encantador.

Sasuke le prometió que ella podría obtener lo que quisiera, sin importar lo feo que él pensara que era, y lo llevarían a su casa para arreglarlo. Ahora mismo, solo tenían su vieja alfombra, la manta y algunas cosas de cocina de la antigua casa, pero ella no podía estar más contenta. Sonreía más que nunca.

Hinata insistió en hacer ella misma la mayor parte del trabajo, la mirada decidida en el rostro femenino combinada con su total falta de conocimientos, él no pudo negarse a que ella hiciera el trabajo. Sasuke se sorprendió de lo que ella podía hacer con los muebles abandonados que había dejado su clan. Lijaba, pintaba y arreglaba las patas que se tambaleaban. ¿Cómo sabía lo que hacía? Una mejor pregunta era, ¿debería haberla dejado ayudar con la construcción de la casa? Aunque ella insistía en hacerlo sola, estaba recién aprendiendo mediante el ensayo y error. Tal vez ella tuviera más paciencia con los errores que él.

Hinata transformaba las cosas viejas en nuevas, incluso desarmo una vieja cómoda y la convirtió en una banqueta con cajones para el recibidor.

Cuando acabó, la bañera estaba manchada de polvo, sudor y pintura, pero Hinata se veía tan más bonita con pintura en la nariz y una expresión de logro. Utilizaron la mayoría de los muebles. No pudo resistir la oportunidad de burlarse de ella mientras trabajaba, lo que hizo que fuera aún más divertido cuando terminaba la pieza. ¿Por qué no probar los muebles?

Su hermana descubrió por las malas que al menos debía llamar a la puerta antes de entrar, pero no le importó. Incluso parecía encantada, aunque se marchó rápidamente.

Durante la primera semana, ignoró todo. No salieron del Distrito y se escondieron durante la "luna de miel". Ambos sabían que, cuando salieran, se armaría un lío, pero durante un tiempo no importó.

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Hinata no sabía si sentirse avergonzada o desconsolada. No podía creer que su hermana los hubiera sorprendido mientras le traía cosas. Era algo terrible. Hanabi debería tener más modales. Tristemente, Hinata sabía que no había aprendido nada.

Su marido le sonrió y a su rostro se puso más rojo. Lo hacía todo el tiempo, la hacía sonrojarse para poder mirarla. Esperaba que eso no le hiciera daño. Ella ya le había causado bastante sufrimiento.

Hinata se impuso la misión diaria de asegurarse de que él supiera que ella estaba allí, evitando volver a cometer el error de salir de la habitación sin que él lo supiera, se aseguraba de que estuviera al alcance de su mano para tocarlo. Nunca lo hacía por demasiado tiempo.

Hinata no soportaba verlo herido. Era un hombre tan dulce y considerado, lo creyera o no. Sasuke se creía egoísta, le expresaba que quería quedarse con ella. No sabía por qué él pensaba que eso era ser egoísta, pero para ella significaba que, incluso aunque no lo reconociera, él se preocupaba lo suficiente como para no abandonarla y volver a su antigua vida.

Aquel pensamiento le hizo preguntarse sobre qué habría pasado si él hubiera huido al enterarse de su falta de recuerdos. Ya fuera por miedo o simplemente porque asumió que ella al no recordarlo no lo querría. ¿Qué hubiera pasado?

De todas formas, alguien se lo habría dicho, ya fuera Hanabi u otra persona, no podrían guardar ese secreto. ¿Habría acudido a él al saberlo?

Bueno, ella creía que lo hubiera hecho. Ya fuera para preguntarle por qué la dejó en el hospital o para saber si era verdad. Ella no hubiera dejado algo así. Ella no podía dejar que sus decisiones terminaran así. Ella tomó la decisión de estar con él por alguna razón.

—¿En qué estás pensando? —preguntó Sasuke.

Hinata se dio cuenta de que debía de tener una expresión extraña por el pensamiento. Sonrió y apoyó la cabeza contra él, sin responderle. Se alegró de que estuviera allí.

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El pequeño mundo feliz cayó sobre ellas cuando salieron a la ciudad. Hinata necesitaba pintura y comestibles, así como cualquier cosa que no pudiera hacer y su hermana no estaba disponible para hacer el recado. Sasuke la siguió alegremente hacia el infierno.

Al principio, solo hubo susurros y miradas extrañas. La aldea tenía la impresión de que habían roto o ya no eran amigos, dependiendo de cuánto supieran de la relación anterior. Así que todos se sintieron confusos al verlos juntos, porque ella enlazaba orgullosamente su brazo alrededor del de él.

Sasuke estaba seguro de que ella sencillamente ignoraba las miradas. Era observadora. Simplemente, no le importaba. Compraron pintura, telas y grapas y luego bebidas y comestibles para los días siguientes.

Los problemas surgieron cuando alguien se acercó a hablarles directamente, o más bien a ella.

Hinata —la llamaron, levantó brevemente la vista hacia él y luego la volvió a bajar. ¿Podrían ser más obvios?—. Nadie te ha visto en días. ¿Qué has estado haciendo?

Me estaba mudando, Hana-chan —le dijo Hinata a la mujer con la cabeza en alto—. He estado preparando la casa —levantó la pintura para dejar claro su punto de vista, revelando ambos anillos.

Deberías visitar a Kiba y a Shino. Te estuvieron buscando —la mujer se tensó cuando sus ojos vieron los anillos—. Sé que estás fuera de las misiones ahora mismo, pero incluso has faltado al entrenamiento.

Me aseguraré de hacerlo —Hinata asintió.

Cuando la mujer se marchó, Sasuke se inclinó hacia su nueva esposa.

¿Quién era?

Hana Inuzuka —respondió Hinata, terminando su compra—. Deberíamos irnos —Sasuke asintió. Podía sumar dos más dos. Kiba era difícil de tratar. Que su hermana fuera la primera en saber que se habían casado podría ser un problema.

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—Vino a la casa —señaló Sasuke.

—¿En serio? —Hinata no se sorprendió, aunque, en la historia, apenas se lo mencionaba, cuando lo había hecho, nunca era para algo bueno. Así que, conociendo a Kiba, se enfadó con ella por tomar grandes decisiones sin decirle nada.

—Te lo advierto. No lo manejó bien. Yo estaba... Más que enojado de que él viniera a aquí solo para gritarte —Sasuke se frotó la nuca.

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¡Hinata! —Kiba golpeó la puerta principal—. Sé que él te tiene ahí dentro. ¡Sal!

Sasuke abrió la puerta de golpe.

¿Qué yo qué?

¿Dónde está? —Kiba gruñó.

Ella estaba tomando una siesta —ambos lo habían hecho. Fue una siesta larga, por lo que probablemente lucía un poco desaliñado, eso no ayudaría a la mala opinión que el hombre tenía de él.

Kiba-kun, estás siendo muy ruidoso y grosero —Hinata apareció detrás de él, frotándose los ojos. Todavía tenía pintura en la mejilla y el flequillo apuntando en una dirección extraña. Sasuke la apartó de su última creación para acurrucarse en el sofá. Se durmieron al instante. Ella tenía las marcas de las arrugas de la camisa de él en la mejilla para demostrar lo fuerte que se habían abrazado.

Desapareciste, sin decir ni una palabra. ¿Por qué no te buscan los Hyūga? —Kiba exigió.

Los Hyūga saben dónde está. Solo que no pueden hacer nada al respecto —Sasuke se cruzó de brazos. La suave mano de Hinata se acercó a su espalda mientras se apoyaba en él.

Kiba-kun, estoy aquí por elección propia. No he salido mucho porque no quiero causar alboroto —explicó Hinata en voz baja.

¿Es verdad que te casaste? Ni siquiera nos lo dijiste, ni nos invitaste, ni ¡nada! —Kiba se puso más tenso al gritar.

Hinata frunció el ceño e intentó liberar la tensión.

Sasuke, ¿puedes esperar dentro?

No —Sasuke no rompió el contacto visual con el hombre.

Hinata suspiró.

¿Y bien? —ladró Kiba.

Cuida tu tono —espetó Sasuke—. Nos fugamos, lo que significa que no tendría sentido invitar a toda la maldita aldea, ¿verdad?

Somos sus amigos —Kiba le enseñó los dientes a Sasuke, provocando que Hinata se pusiera delante de él.

Sí, lo son, pero quería hacer esto sola —intentó explicar Hinata—. Sé que no lo aprobabas. Por favor, compréndelo, no quería que me dijeras que me estaba equivocado durante mi boda —la mirada de ella y la disculpa lo molestaron. Ella era demasiado indulgente, en su opinión.

Ni siquiera dijiste que te habías vuelto a comprometer —Kiba no dio marcha atrás.

Nunca dije que habíamos terminado —contraatacó Hinata.

Kiba gritó de frustración, revolviéndose el cabello y agitando el brazo hacia ella.

Esto es un error. Solo haces esto porque quieres sentirte deseada.

Hinata se apartó de él. Sasuke actuó.

Kiba, que estaba concentrado en ella y no en él, fue empujado fuera del porche.

Hinata, por reflejo, lanzó un brazo hacia delante para agarrarlo, pero Sasuke la rodeó con un brazo protector y evitó que fuera hacia su excompañero, pero fue más para que ella no saltara del porche y Kiba le hiciera más daño.

No vuelvas a decirle algo así —Sasuke apretó los dientes. Los brazos de Hinata se cerraron firmemente sobre los suyos—. Sal de mi Distrito.

Kiba le echó un vistazo al rostro de Hinata que estaba lleno de lágrimas y salió corriendo.

Hinata se giró entre su brazo para enterrar el rostro en su pecho.

No lo dice en serio.

Te creeré por ahora —Sasuke la llevo de vuelta al interior de la casa.

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—No lo hizo —Hinata jugó con sus anillos—. Cuando está herido, actúa como un animal. Si gruñir no funciona, va directamente a donde más te va a doler.

Sasuke suspiró.

—Pero eso no hace que esté bien —Hinata asintió.

—Es algo en lo que debería trabajar. Aunque Shino no suele ponerse a su nivel —Hinata lo defendió.

—Lo hizo.

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Unos golpes más suaves llamaron a la puerta, Sasuke abrió, insistiendo en que Hinata se quedara en el salón.

Si estás aquí solo para gritarle, vete —gruñó Sasuke.

He venido a disculparme y, si me lo permites, a hablar con ella —le dijo Shino con determinación.

Shino-kun —Hinata se asomó por detrás para dirigirse a él—. Adelante, por favor.

Sasuke se hizo a un lado para dejar pasar a su compañero, aunque no le hizo ninguna gracia.

No hemos terminado las sillas, por favor, acompáñame al salón —Hinata le hizo un gesto con el brazo para que se sentara en la mesa corta que había preparado.

Quiero que sepas que Kiba se dio cuenta de su error, pero no está totalmente equivocado al preocuparse —Shino se sentó donde ella le indicaba.

Hinata se sentó, haciendo un gesto a Sasuke para que se uniera a ella.

Lo entiendo, pero fue bastante mezquino.

Estamos preocupados. No nos has dicho nada de esto. Creíamos que habías perdido el interés —Shino inclinó la cabeza hacia Sasuke—. No te ofendas.

Sasuke no respondió.

No le informé a nadie. Teníamos que... Bueno, engañar a los Hyūga, no podía arriesgarme a que nadie lo supiera —Hinata admitió.

No lo hubiéramos comentado. Conocemos a los Hyūga —le aseguró Shino.

No queríamos correr riesgos. Si los Hyūga llegaban a pensar que intentábamos algo, la habrían retenido —Sasuke no iba a culpar a su mujer de querer protegerse.

La mirada de desaprobación de Hinata, hizo que decidiera calmarse.

Shino-kun, simplemente no queríamos correr riesgos. A Kiba-kun no le gustaba la idea de ser amigo de Sasuke y contarle lo del compromiso no terminaría bien, así que no podía estar segura de que no montaría una escena pensando que me estaba protegiendo.

Sasuke se frotó la sien. Era como si fueran sus hermanos mayores. ¿No era ella de la misma edad que ellos dos? Bien, podía estar equivocado.

No estoy enfadado contigo. Solo me preocupé cuando nadie supo de ti en unos días —Shino se levantó e inclinó la cabeza—. Siento la intromisión.

No, está bien, lo entiendo —Hinata se levantó de un salto para acompañarlo a la puerta.

¿Puedes hacernos el favor de alejar al perro de aquí a menos que vengan con la cabeza gacha? —Sasuke dijo desde su asiento.

Me aseguraré de que Kiba esté tranquilo antes de volver a reunirnos contigo —mencionó Shino.

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Naoko Ichigo