Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto. La historia es de Lavender-Long-Stories.
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Hinata apoyó la cabeza en su pecho. Todavía estaba demasiado débil para permanecer de pie durante un tiempo prolongado y hacer esta tarea sola sería agotador, pero no pudo evitar sonreír ante su falta de conocimientos.
—No lo estoy haciéndolo bien, ¿verdad? —preguntó Sasuke.
Hinata soltó una risita.
Apoyada en la encimera, Hinata estaba encajada entre el pecho y los brazos de Sasuke, le guiaba en el amasado de la masa, y sí, lo estaba haciendo mal y estaban haciendo un desastre.
—Sigue mis manos —Hinata puso sus manos sobre las de él, pero él estaba haciendo que grandes cantidades de harina salieran volando por todas partes. Estaba segura de que tenía harina en el cabello.
Sasuke deslizó las manos hacia atrás, colocándolas en las caderas de ella y hundiendo la nariz en su hombro.
—Te compraré rollos de canela.
—Estoy intentando hacer los que dijiste que te preparaba antes —Hinata soltó una risita mientras caían.
Los brazos de Sasuke la rodearon con fuerza cuando cayeron al suelo y ella se echó a reír al chocar contra su pecho.
—¡Hay harina en el suelo! —Hinata soltó otra risita mientras su marido la levantaba y la dejaba sobre la encimera espolvoreada de harina.
—¿Qué te parece? —Sasuke sonrió.
Hinata le limpió la harina de la nariz.
—Creo que en el futuro deberías dejar que yo me encargara de hacer la masa.
La sonrisa de Sasuke no hizo más que ampliarse, mientras ella se acercaba a su rostro.
Sasuke no dudó en tomar sus labios, sus dedos se deslizaron por su cabello y ella sintió algo que ya había notado antes. Sasuke se sentía realmente atraído por ella, tanto que ni siquiera lo había pensado cuando ella se movió hacia él.
Hinata jadeó, echándose hacia atrás. Fue entonces cuando se dio cuenta de su error.
—Yo... No quería —Sasuke se separó de ella, retrocediendo hasta que su espalda golpeó el lavabo.
—No, yo... Yo lo hice —admitió Hinata, lo había hecho sin pensar. Solo sintió que debía hacerlo. Sintió lágrimas. Le estaba haciendo daño otra vez. No debería haberlo hecho.
—¿Hinata? —Sasuke le limpió la mejilla, aunque solo hizo una pasta con sus lágrimas y la harina—. No me importa. Te echo de menos y no te rechazaré. Sigo deseándote todos los días, pero sé que no puedo tocarte porque ya no tengo ese tipo de permiso.
El corazón de Hinata se apretó con más fuerza. Él extrañaba a su mujer, pero ella estaba aquí. ¿Por qué aún no podía recordar quién fue?
—Lo siento.
—No lo hagas —Sasuke se inclinó un poco para darle un ligero y suave beso.
Hinata respondió con la misma dulzura, pero solo le ocasionaron más lágrimas por el dolor que podía sentir a través de él.
—Creo que necesitamos un baño —Hinata soltó un sollozo.
—Tienes el cabello casi blanco —Hinata soltó una risita, secándose las lágrimas, pero solo se apelmazó más pasta que tenía en las mejillas.
—Sí —Sasuke la despeinó para que cayera una lluvia de harina—. Tengo que limpiar la cocina... —Hinata volvió a soltar una risita—. ¿Nos damos un baño y vamos a comprar comida?
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Había historias que Sasuke iba a guardarse para sí. Se burlaría de ella sobre la intimidad de pareja, pero nunca la haría sentir incómoda contándole lo que pasó en su noche de bodas o cualquier noche después de eso.
A Sasuke le encantaría que ella supiera lo atraído que se sentía por ella. De cada parte de ella. A veces se sentía mal conociendo todo de ella, cuando ella aún no le había dado ese permiso.
Se aseguraba de que cada centímetro de piel fuera amado, besado y sentido bajo sus manos y sabía lo que la haría retorcerse y lo que la hacía reír. Lo guardaba todo ese fuego bajo llave y solo dejaba salir el vapor con ligeros besos en su hombro cuando ella leía. Su piel no era realmente lo que le hacía desearla. Eran las miradas cálidas, el cuidado que ponía en todo, sus movimientos, su risa. Tenía que dejar de pensar en ello.
Era difícil no atacar su adorable rostro cuando ella lo miraba con ojos soñolientos y el cabello despeinado.
Sasuke suspiró frustrado. Esperaría hasta el fin de los tiempos, no necesitaba sexo, sin importar la frustración. La necesitaba a ella.
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—Odio esta cosa —refunfuñó Sasuke a su silla de ruedas.
—Sakura-chan dijo que pronto no la necesitaré —señaló.
—Preferiría llevarte a cuestas por la ciudad —resopló.
Hinata soltó una risita.
—No lo creo —hoy iban a ir juntos a la ciudad. Se prepararon para lo inevitable, ella puso su pequeño cuaderno sobre su regazo por si necesitaba una referencia actual, ya que aún no lo sabía todo. Tendría que tener cuidado a la hora de juzgar la situación.
La mayoría de la gente les lanzaba las mismas miradas que Sasuke describía en sus historias, de desaprobación o desinterés y a ella le parecía bien. Sin embargo, no le gustaban las miradas tristes, ella no era una rehén.
Se les acercaron algunos "amigos". En su mayoría, gente que ella conocía para preguntarle cómo estaba mientras ignoraban por completo a Sasuke. Él solo se apoyaba en el respaldo de la silla y lucía desinteresado, ella intentaba ser amable o incluirlo, pero él apenas decía monosílabos. Ella respetaba su deseo de ser distante.
Hinata trató de mantener una sonrisa, pero se estaba molestando con la manera en que la gente le hablaba. O bien como si fuera de cristal y no aguantara comentarios, algo como: "se lo diré cuando esté mejor", o bien como si fuera una rehén.
Para cuando obtuvieron lo que necesitaban, decidió que no quería interacción social por un buen tiempo. No quería ver más rostros incómodos de gente que recordaba amable. En lugar de leer el libro que Sasuke le dio, enterró el rostro en el hombro de Sasuke mientras estaban en el sofá. Entendía por qué había querido quedarse en la casa aquellos años. Que todo el mundo te tratara de cierta manera era molesto.
—¿No más salidas durante unos días? —Sasuke sonrió satisfecho.
—No, no más gente —gimoteó Hinata.
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A Hinata le gustaba oír hablar de todos los muebles que fabricó. Le interesaba mucho la perspectiva que él tenía de su trabajo. Aunque, sobre todo, él solo recordaba lo linda que se veía sobre dichos muebles, mientras intentaba armar algo, o cuando tenía pintura en la nariz, o cuando se lastimaba un dedo y soltaba una rara maldición.
El rostro de Hinata se iluminaba con cada detalle.
Era una experiencia extraña explicarle a alguien su propio trabajo. Sasuke no había hecho mucho más que trabajos serviles como lijar y pintar. Estaba seguro de haberlo hecho mal. Le mostró a propósito las muescas que había hecho en la madera. Ella se limitó a reírse de su frustración. No tenía ningún problema en que ella se riera de sus errores. Mientras ella se riera...
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Sasuke murmuró al ver a su mujer dormida, con el cabello en una trenza suelta, la boca abierta y una mano enroscada en la colcha. Recordaba mañanas como esta, aunque con menos ropa. Sin embargo, el cabello de ella hubiera estado suelto y sus labios hinchados por los besos, él tenía la misma sensación.
Sasuke se inclinó para besarle el hombro y volver a acurrucarse a su alrededor bajo las sábanas.
Aunque no era lo primero en su lista, esperaba volver a verla así algún día. Cubierta por nada más que mordiscos de amor sobre viejas cicatrices de batalla y sus zonas sensibles, con el cabello enredado, mirándolo con una frustración fingida y una clara atracción.
Sasuke intercambiaría el bienestar de su esposa por una vida llena de frustración sexual, pero eso no le impedía pensar en lo que ella le hacía sentir, incluso con solo mirarla durante las mañanas.
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Sasuke oyó a su nueva esposa chillar desde la otra habitación, seguido de un fuerte golpe y una carcajada. No estaba seguro de si debía preocuparse o no. Se dirigió al cuarto de baño y la encontró empapada y cubierta de burbujas.
—Creo que esto tiene que arreglarlo alguien que sepa lo que hace —Hinata soltó una risita al ver la vieja lavadora que habían tomado de otra propiedad del Distrito.
—¿No me vas a dejar comprar una nueva? —Sasuke la ayudó a levantarse.
—No voy a renunciar a esta tan fácilmente —Hinata soltó una risita, tirando de él hacia la espuma que cubría el suelo en lugar de dejarse levantar.
—Bueno, ahora los dos necesitamos un baño.
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Después de su "luna de miel", Hinata seguía realizando misiones, lo que le dejaba mucho tiempo libre. Sinceramente, no podía hacer muchas tareas domésticas y sabía que, si ella se enteraba de que pasó todo el tiempo entrenando, se enfadaría. Así que siguió el ejemplo de ella y desarrolló hobbies.
¿Era bueno en alguno de ellos? No.
¿Eran productivos? No.
¿Le hacía gracia verlo intentarlo? Sí.
¿Eso hizo que valiera la pena? Sí.
Sasuke intentó cocinar. Fracasó. Intentó con la jardinería, pero no pudo distinguir las plantas.
Intentó con la poesía, que fue posiblemente del que más se rio. No podía crear rimas ni hacer nada que no sonara angustioso y premonitorio.
Probó con obras de arte. No.
Sasuke se conformó con la investigación. Le parecía lo menos irritante porque podía pasar horas aprendiendo sobre algo. Pasó mucho tiempo en la biblioteca de la torre Hokage cuando ella no estaba, que se hizo normal que los que la conocían y lo veían allí, le preguntaran brevemente cuándo volvería Hinata.
El mayor problema de este hobby era que la gente sabía dónde encontrarlo, en concreto los molestos Kages, que seguían queriendo que fuera a misiones. Le prometió a su esposa que se mantendría alejado de los problemas, así que en gran medida lo ignoraba o tomaba los libros que le permitían sacar del edificio y se marchaba.
Hinata siempre parecía muy orgullosa cuando volvía y le preguntaba sobre lo que él había hecho. Después de las misiones, se bañaba y se sentaba en el salón, acurrucada sobre sus rodillas, escuchándolo hablar hasta que su largo cabello estaba casi seco.
Hinata sonreía, bostezaba, pero nunca le interrumpía más que para hacerle una pregunta. La estantería del salón se llenó de libros que ella traía de las misiones para que él descubriera nuevos temas.
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Hinata miró la estantería. No había pensado en su contenido ni le había prestado mucha atención, sobre todo porque esos libros no eran algo que ella quisiera leer. Todos los libros que le interesaban estaban en el dormitorio. Echó un vistazo a los lomos mientras su marido la observaba. Todos estaban apenas relacionados, algunos eran sobre historia, antropología, líneas sucesorias, especies, sellos, tipos de técnicas, y así sucesivamente.
—Los he leído todos —explicó Sasuke—. Excepto el que llevabas en la mochila cuando volviste —señaló el libro que estaba encima de la estantería, cubierto por el polvo.
—¿Por qué no? —preguntó Hinata.
—Los leo cuando no estás. Así que estoy conforme con no tener que leerlo más —Sasuke se pasó una mano por la nuca, enviando su desordenado cabello en todas direcciones.
Hinata no sabía si emocionarse o entristecerse.
Tenía esa sensación muchas veces. Lo que le contó sobre su tiempo juntos fue conmovedor. A él le importaba y, por lo que podía ver, a ella también, pero todo se agriaba por el hecho de que solo podía saber lo que él le contaba. Ella no podía recordar nada y eso le entristecía.
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Notas: Me encanta cuando hacen cosas de pareja juntos.
Naoko Ichigo
